Ángel de la muerte

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Aunque no es necesario leerlas para entender esta historia, sí es recomendable haberlas leído antes de empezar este relato.

 

La casa (Historia interactiva)

1ª parte

            El bar estaba tranquilo. El camarero limpiaba las copas y las dejaba en su sitio mientras tres clientes bebían en silencio, apoyados en la barra. Entonces entró una morena con minifalda negra, con un tipazo de modelo y caminó lenta y sensualmente a la barra. Se sentó junto a uno de los habituales del bar, junto a un tipo introvertido que ahogaba sus penas en whisky y que, en todos los meses que iba a ese bar, nunca había cruzado palabra con el camarero. Sin embargo la chica más maciza que había entrado en mucho tiempo se sentó junto a él y le habló.

            - Cuando tenía quince años vivía con mi padre en una finca, lejos de cualquier ciudad - dijo ella, mirando al infinito -. Él era cineasta, aunque sus películas eran para un público muy específico. Me prometió que si el negocio funcionaba, me convertiría en una estrella cuando fuera mayor. Pero murió en una de sus mejores obras... Un accidente, supongo. Era un género arriesgado y cuando juegas con fuego, te sueles quemar alguna vez.

            Ella fumaba un cigarrillo y tenía los ojos negros y tristes, como si tuviera más años de los que realmente aparentaba. No debía tener más de veinticinco y era muy guapa. Su nariz era ligeramente respingona, sus ojos profundos y sus labios eran finos pero carnosos. Su pelo caía liso hasta sus hombros, sin llegar a tocarlos, un pelo castaño casi negro. Su vestido era ajustado y negro, con tirantes en los hombros y con cierto brillo.

            - ¿Y no has pensado en seguir intentando ser actriz? - preguntó el hombre que estaba sentado a su lado.

            - No - respondió ella sin mirarle -. Los servicios sociales me dieron en adopción a una familia que tenía dos hijos. Tuve la mala suerte de que mi padrastro era un borracho aficionado al juego, no entiendo cómo no lo supieron los responsables de adjudicarme a una familia, supongo que no había muchos padres que me quisieran. A los dos años de vivir con ellos, me di cuenta de que mi padre era un cerdo pederasta que violaba a mis hermanas. Por alguna razón me fui librando de eso hasta que debí parecerle más atractiva. Cuando trató de violarme le golpee, con un jarrón de cristal, y me fui hasta la puerta del vecino y le supliqué que me abriera la puerta. Mi padrastro me siguió y cuando me vio en la puerta me agarró del pelo y me dio varios puñetazos. Entonces la puerta del vecino se abrió, era un tipo alto, de mirada triste pero decidida. Sacó una pistola de no sé donde y disparó a ese cerdo entre ceja y ceja.

            - Menuda historia - replicó el tipo -. Parece sacada de una película.

            - Cuando lo mató, le pedí que me dejara vivir con él. Dijo que se tenía que marchar, que ahora la policía iría detrás de él y no podía tener cargas. Le besé, fue como un impulso que no pude evitar - la chica se volvió hacia él y le miró a los ojos -, me había salvado y para mí era un super héroe. Él sonrió y me llevó con él. No volví a saber nada de mis hermanas aunque estoy segura de que estarán mejor sin ese hijo de puta.

            - ¿Te fuiste con un asesino? - preguntó el tipo del bar, sorprendido.

            - Sí, pero, ¿por qué no vamos a un sitio más tranquilo? Me gustan los hombres que saben escuchar.

            - Claro, tengo el coche aparcado ahí fuera.

            El hombre pagó su cuenta y se levantó, abriéndole la puerta del bar. Luego abrió el coche con el mando a distancia y le abrió la puerta a la chica, que se sentó en el asiento del copiloto y dejó que el hombre cerrase tras ella. El camarero observó toda la escena con expresión de fastidio y preguntándose cómo un tío borracho que no soltaba una palabra, se terminaba marchando con la chica más impresionante que había visto en su vida. Se dijo a sí mismo que eso era imposible, a menos que ya se conocieran de antes.

 

 

            Al día siguiente, leyendo el periódico en la sección de sucesos encontró una foto del mismo coche. El titular era bastante sensacionalista.

 

     Esteban Gutiérrez asesinado a la puerta de su casa.

 

     Se ha encontrado esta mañana el cadáver del contable del ministro del interior, José Pérez Casanueva, que estaba citado a declarar en un importante juicio. La policía le identificó a la puerta de su casa, en su coche, presuntamente asesinado por algún delincuente que debió asaltarle nada más aparcar y le disparó a quemarropa, quitándole todo el dinero que llevaba encima. El juicio por el que estaba citado se suspenderá por falta de testigos.

     La oposición del gobierno se ha pronunciado al respecto acusando al ministro de interior de tener algo que ver en el asunto. Por su parte, Casanueva ha exigido al partido de la oposición que se retracte de las calumnias tan graves de las que se le ha acusado.

     Entre tanto, el presidente del gobierno, Guillermo Sastre, ha dado a la policía todos los recursos para esclarecer la verdad sobre lo sucedido asegurando que: "La verdad será la prioridad absoluta de nuestras fuerzas de seguridad. No se escatimarán esfuerzos para llegar al delincuente o delincuentes responsables del homicidio. Por otro lado, confío plenamente en los miembros de mi gabinete y cualquier acusación contra ellos deberá ser contrastada con pruebas o se enjuiciará por perjurio a aquellos que quieran manchar el buen nombre de mis colaboradores."

 

 

 

            El camarero le enseñó la foto a uno de los que estaban allí, un habitual que llegaba tan temprano como él y que conocía de toda la vida.

            - Mira esto, Juan - le señaló el periódico -. Juraría que este es el coche del tipo que se fue ayer con aquella morenaza. ¿Te acuerdas?

            - Sí, claro - se mofó el hombre -. Ni que fuera el único coche del mundo.       

 

 

 

 

            Lara llevaba tres días sin dormir. No era por preocupaciones, ni porque durmiera demasiado, simplemente su cuerpo le pedía emociones. Cuando le pasaba eso, tendía a tomar decisiones estúpidas e impulsivas. La primera vez dejó la universidad para preparar las oposiciones de la policía. La última fue cuando se presentó para inspectora. Sus jefes decían que era muy buena, pero también aseguraban que estaba un poco loca. Más de una vez se había quedado apuntando a alguien a la cabeza, amenazante y a punto de disparar incluso cuando había soltado el arma hacía rato.

            Ese día le asignaron un sencillo caso de asalto callejero en el que las pruebas indicaban claramente que la víctima, Esteban Gutiérrez, había sido atracado en su propio coche y le habían metido dos tiros, uno en la cabeza y otro en el cuello por robarle la cartera.

 

            Cuando llegó a la escena del crimen, el coche estaba precintado para que los periodistas no pudieran fotografiar al cadáver y lo primero que hizo fue preguntar a sus compañeros  de la policía qué había pasado.

            - Fue esta noche, Lara - explicó Benjamín, un policía calvo y con barba que tenía suficiente rango como para no tener que vestir uniforme -. No hay nada que ver, Lara, está muy claro, es un asalto callejero.

            - Perdona Benji, pero me han asignado el caso a mí. Tú no eres quien para dar por concluido nada.

            Le molestaba que esos tíos la tomaran por una pardilla sin experiencia y solo por eso le llevó la contraria. Efectivamente parecía un caso sin importancia, pero había leído que ese hombre era vital para un importante juicio y que esa muerte suponía la exculpación automática del imputado, un importante político. Si había sido un asalto, era demasiada casualidad, había que investigarlo más a fondo.

            - ¿Habéis hablado con la prensa? - preguntó.

            - Sí, claro, vamos a tomar café. Los forenses se pasarán horas estudiando el escenario del crimen. Si hay algo ya nos lo harán saber.

            - Ir vosotros, me quedaré a echar un vistazo.

            Lara se acercó al coche y vio el cadáver de la víctima sobre el volante. La sangre manchaba su ropa y las balas ni siquiera debieron atravesarle porque no habían alcanzado la otra puerta. Buscó casquillos por el interior del coche y le sorprendió no encontrarlos.

            - Disculpe - le dijo a uno de los que recogía las pruebas -. ¿Ha encontrado casquillos?

            - No. No hay nada que se pueda considerar una prueba.

            - ¡Por favor! - exclamó ella -. ¿Alguien puede tomarse en serio este caso? Han asesinado a un hombre, espabilar y buscar bien por toda la calle.

            El aludido la miró furioso pero no replicó. Obedeció y dio instrucciones a los suyos para que volvieran a buscar en un radio algo mayor.

            Lara estaba furiosa, si era cierto que no había casquillos, era evidente que no se trataba de un simple atraco. El asesino le había matado y había tenido la sangre fría de llevarse los casquillos. Eso implicaba que no era un simple drogadicto, sino que podía ser un profesional o, al menos, alguien que había matado más de una vez.

            Se puso los guantes de plástico y se acercó al asiento del copiloto, el asaltante debió abrir esa puerta cuando estaba aparcando porque el coche estaba medio salido de su sitio. Debió sorprenderle con la pistola y sin darle la menor oportunidad le disparó al cuello y luego a la sien derecha.

            - Un calibre muy bajo - susurró, al ver los diminutos agujeros del cuello y la cabeza -. ¿Qué delincuente lleva una pistola tan pequeña para intimidar?

            En la alfombrilla del copiloto Lara distinguió que había tierra. No debía ser importante, pero olía a algo más, a parte del muerto. Sí, ella detestaba el olor a tabaco y allí olía a ceniza de tabaco. Abrió los ceniceros y no vio nada, de modo que estaba claro que ese hombre no fumaba. Tampoco debían hacerlo las personas con las que solía ir. No podía ser que los agentes hubieran echado cenizas en el escenario de un crimen. Sacó su lupa y buscó por el asiento de cuero negro. Había partículas blancas del tamaño de un grano de arroz, parecía papel de cigarrillo quemado.

            - Eh, venir aquí - ordenó a uno de los agentes -. Recoger con mucho cuidado estas cenizas. Puede que el asesino estuviera fumando, a ver si averiguáis qué marca era.

            - ¿Cómo? - el hombre se extrañó -. Eso es imposible inspectora, es solo un trocito de papel quemado, se deshará con las pinzas. Además todas las marcas usan el mismo tipo de papel.

            - ¿Por qué coño todo el mundo quiere discutir conmigo hoy? Haz lo que te he dicho, joder.

            El agente miró al cielo, como si suplicase que le concedieran paciencia y obedeció a regañadientes.

            - Mira a ver si encuentras más cenizas en la alfombrilla. Eso puedes ser una pista crucial.

            - ¿Buscamos a un delincuente fumador? - se mofó el policía.

            - Estúpido, buscamos a alguien que fue con él ayer por la noche en el coche y que pudo ser el asesino. Esto no tiene pinta de ningún atraco.

            - Pues eso dígaselo al comisario - renegó el agente -. Dice que quiere el caso cerrado antes de las doce y que no perdamos el tiempo con un simple asalto callejero.

            Lara lo comprendió todo, el comisario ya había decidido lo que había pasado. Detestaba que le pasaran por encima, que le concedieran casos que ya habían resuelto los listillos de más arriba. Contuvo su mal genio y se fue a su coche, con determinación, dispuesta a tener dos palabras con el comisario.

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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