Ángel de la muerte

3ª parte

            Era su presa, llevaba años deseando reencontrarse con ella pero no sabía dónde estaría. Ahora tenía un sobre con su foto actualizada, su dirección y lo que era más importante, si la mataba cobraría dinero. No podía creer la suerte que había tenido de modo que lo planeó todo con detallismo enfermizo.

            El primer paso era volver a la vieja casa de su padre, que en la actualidad estaría llena de ratas y telarañas porque ella no había querido volver desde que Lara asesinó a todos allí. Había tenido miedo de la casa, pero ahora se había convertido en el escenario perfecto para su venganza.

            Compró cadenas y candados, estaba dispuesta a volver a desafiar a Lara, pero esta vez solo estarían las dos.

           

 

 

            Lara salió del bar donde había pasado la última noche la víctima del asesinato. Habían pasado tres días desde que el comisario le exigió que cerrara o archivara el caso y como no tenía suficiente información para ninguna de las dos cosas, no se acercó ni por la comisaría. Tenía tres mensajes de texto, el primero instándola a que fuera inmediatamente a su despacho. Como no le cogía el teléfono no tenía otro modo de comunicarse con ella. Los otros dos mensajes decidió leerlos cuando resolviera el caso.

            Ahora que había preguntado al camarero, sabía que Ernesto no se fue solo a casa. En todo ese tiempo averiguó que vivía solo, sus vecinos no sabían casi nada de él pero unos amigos suyos le dijeron que solía ir a ese bar a tomar unas copas. Curiosamente el camarero lo recordaba perfectamente porque se fue con una chica morena, joven y muy guapa. Una chica que había tenido problemas de infancia y, contándoselos, había ligado con él. Ahí se acababa todo, ni el camarero sabía el nombre de la chica ni le dio una descripción satisfactoria, un retrato robot de una mujer perfecta, sin defectos en la cara y de la que había dado dos detalles. El vestido negro y un colgante rojo con forma de estrella de mar. Es decir, no tenía casi nada y era el último hilo del que podía tirar.

            Derrotada, decidió ir a ver al comisario al día siguiente para firmarle los papeles para archivar el caso. Ya era tarde y se fue directa a casa desde el bar.

            Se puso el telediario mientras cenaba y se bebió una coca cola. Después se tumbó en el sofá para terminar de ver la película pero se quedó completamente dormida y no pudo ver el final.

 

            Cuando despertó se encontró en una casa con la que soñaba a menudo. Se levantó apresuradamente y buscó la pistola en su cinturón pero lo que encontró fue una mano seca y putrefacta en su lugar. Le habían quitado la pistola para meterle esa cosa asquerosa, le dieron ganas de vomitar.

            Se escucharon risas en los altavoces. Se fijó en su entorno y se dio cuenta de que estaba en la primera habitación donde empezó el juego de supervivencia, el que tuvo que soportar a los catorce años. La risa era de mujer, sospechaba que de Ángela.

            - ¿Cómo me has encontrado? - preguntó, asustada.

            - Una inspectora de policía no pasa desapercibida - respondió por el altavoz.

            - ¿Qué quieres? - preguntó otra vez.

            - Quiero superar a mi padre, quiero hacer una película nueva, pero esta vez no tienes ni idea de las sorpresas que te esperan. Antes tenías que derrotar a un asesino que iba a intentar matarte en cada una de las salas. Ahora vas a tener que usar tu ingenio. Cada habitación tiene un candado y la llave la tienes escondida en alguna parte de la misma. He colocado unas bombonas de argón en cada habitación que, adivina, están herméticamente cerradas. Bueno, puede que no tanto, pero te aseguro que si en diez minutos no sales de esa sala, morirás asfixiada. Si no encuentras la llave vas a sufrir mareo, náuseas, vómito, inconsciencia y hasta la muerte. Te voy a dar una pista... Si escapas de esa sala, el gas seguirá extendiéndose por lo que conseguirás algo más de tiempo para la siguiente llave. Buena suerte y espero que dures lo suficiente como para que tenga valor esta película.

            La voz de Ángela dejó de escucharse y Lara trató de oler el gas del que había hablado. Pero no olía a nada en especial, quizás estaba mintiendo pero lo cierto era que empezaba a sentirse mareada. Examinó la habitación con detenimiento y vio que era el mismo quirófano sucio, pero mucho más viejo y oxidado que como lo recordaba. Buscó en todos los cajones y no vio nada parecido a una llave, mientras examinaba cada rincón de la sala, cada resquicio de la pared y cada grieta del suelo, supo que iba a morir. Si por un casual lograba encontrar esa llave, la de la siguiente sala sería imposible, recordaba que había sacos llenos de restos humanos podridos pero sobre todo recordaba que solo había una bombilla y era una sala muy espaciosa. Nunca encontraría la llave allí.

            Estaba perdiendo los ánimos cuando levantó un azulejo del suelo, que estaba medio levantado, y encontró la primera llave.

            - Bien - se dijo, esperanzada.

            Corrió a la puerta, empezaba a tener ganas de vomitar. Abrió el candado y retiró las pesadas cadenas de la puerta. Luego la cerró tras ella, esperando que así el gas tardara más en extenderse. Eso le daría bastante tiempo si es que solo salía de la enfermería. Pero no podía contar con ello así que se dio prisa por buscar la llave cuanto antes. Esta vez no había sacos colgados, recordó que la policía fue bastante expeditiva recogiendo pruebas y dejaron esa sala completamente vacía, lo que complicaba las cosas. Esa tenía unos cinco mil azulejos en las paredes y en el suelo había tierra. Podía haber enterrado la llave en cualquier sitio o haberla escondido tras un azulejo. Jamás la encontraría a tiempo. Eso la hizo perder todas las esperanzas de sobrevivir. ¿Por qué iba a ponérselo fácil Ángela? Un momento... Recordó lo primero que le dijo por el altavoz. "Una inspectora de policía no pasa desapercibida". ¿Cómo sabía que era inspectora? Acababa de averiguar que una mujer joven, como debía ser Ángela, era la responsable del asesinato. Bien pensado el retrato robot que le habían hecho tenía un aire a la niña que conoció en esa misma sala, diez años atrás. Repasando las pistas que tenía, la víctima había sido asesinada con una pistola muy pequeña, una pistola de mujer. Además el camarero le dijo que esa chica había mencionado que su padre se dedicaba al cine, un género muy arriesgado y murió haciendo su última obra. Se le encendió una bombilla en su cabeza al recordar que ella había matado a su padre mientras filmaba aquella macabra película para millonarios perversos. Ella era su asesina, por eso la había encontrado. En realidad fue ella quien encontró a Ángela, sin querer.

            Tenía que salir de allí a toda costa, debía encontrarla. Seguía sin pruebas que pudieran servir para encerrarla pero al menos sabía el nombre de la sospechosa principal. Con eso quizás tuviera algún hilo más donde tirar aunque no se le ocurría ninguno. Entonces se percató de que, si sus sospechas eran ciertas, Ángela nunca la permitiría salir con vida de allí. Lo que significaba que se iba a asegurar de que no llegara a escapar. Eso significaba que ahora debía estar sentada en la sala de video mientras ella se arrastraba por el suelo buscando la llave entre la arena y sabía dónde encontrarla. Si lograba salir de allí, sabía dónde encontrarla.

           

 

 

            Ángela ni siquiera estaba en la casa, había dado su misión por concluida. Dejó las cámaras grabando movimiento y emitiendo el video a una página Web personal y dejó tres bombonas de butano soltando gas en la cocina, cerrando todas las puertas. Había preparado un mecanismo para que a las doce de la noche se encendiera un mechero. No solo mataría a la asesina de su padre, sino que podría verlo tranquilamente en su casa ya que estaba guardando el video en un disco remoto a salvo de incendios inesperados.  Sería una gozada verla morir desde el sofá de su casa, además cumpliendo órdenes.

            Se reunió con Luis en el bar habitual y éste sonrió al verla.

            - ¿Lo has hecho?

            - Parecerá un accidente - dijo ella, esbozando una sonrisa.

            - ¿Aún vive?

            - Se puede decir que no. Es más fácil que sobreviva una rata al matarratas, que ella a mi trampa. Esta misma noche lo echaran en la tele... en la mía, al menos. Un video en primera plana de la explosión y su muerte. Si quieres te invito a ver la peli.

            - Te lo tengo dicho, pequeña. Solo puedo notificar los trabajos realizados cuando están hechos. No puedo pagarte hasta que me enseñes ese video.

            Ángela se quedó seria.

            - No me jodas - replicó, dame mi dinero o tendré que quitártelo yo misma.

            Luis la miró con resignación, negando con la cabeza.

            - Sabes que soy la teta de la que mamas... ¿A quién pretendes engañar? Nunca me harías ni un rasguño.

            - Necesito el dinero Luis.

            - ¿Qué has hecho con los últimos veinte mil?

            - No es eso y lo sabes. Tengo dinero de sobra, pero necesito ese dinero para poder seguir confiando en ti, Luis. Tú confías en mí, entonces puedes pagarme. La inspectora morirá esta noche y si no, te lo devolveré. Un gesto de buena fe, ¿entiendes? No pienso hacer de recadera ni una sola vez más hasta que se me pague.

            Luis negó con la cabeza suspirando. Metió la mano en el bolsillo y sacó un sobre blanco.

            - Aquí tienes, los cincuenta mil. Pero... - puso la mano encima del sobre -. Prométeme que te pondrás inmediatamente con el siguiente objetivo.

            - ¿Otro? - preguntó, sorprendida.

            - En este caso pagan cien mil euros. Pero ten cuidado, Ángela, este cliente no quiere fallos. No te puedes dejar ningún fleco.

            Luis dejó el sobre del dinero y se metió la mano en otro bolsillo. Ángela lo recogió y contó los billetes concienzudamente.

            - Está bien - dijo, guardándose el sobre en el bolsillo delantero del pantalón.

            Sobre la mesa extendió dos fotografías. Uno era un hombre mayor, como de cincuenta años. La otra foto era de una chica joven.

            - No me gusta matar a niñas - dijo ella, molesta.

            - No te preocupes, quizás solo tengas que matarle a él. Pero ahí no queda la cosa, al parecer han contratado a un par de detectives privados, para investigar un caso que la policía ya ha dado por resuelto. Si descubren la verdad o se acercan, no lo dudes y acaba con ellos.

            Ángela sonrió entusiasmada. Un caso complejo, lo resolvería en una tarde o dos y se llevaría cien mil euros. Cada día le gustaba más su trabajo.

            Recogió el sobre y se lo metió en el bolso.

            - Buena suerte y ten mucho cuidado. He trabajado poco con este cliente pero por lo que he oído en mis círculos, no solo no te pagará si la cagas, sino que irá a por ti por saber demasiado.

            - Qué simpáticos - respondió mientras salía hacia su coche.

 

Continuará

Animal es el que abandona a su mascota.

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