Ángel de la muerte

7ª parte

 

            - Cierra la tapa - replicó Ángela, poniendo énfasis en la última palabra para que captara el doble sentido de su frase.

            - ¡Dame el arma! - gritó él -. Puedo hacerlo, ya maté una vez, ¿recuerdas?

            Ángela se acercó al baúl y lo cerró de un golpe. Escuchó un gemido de dolor y levantó la tapa. La estúpida chica había dejado un pie fuera y al cerrar tan fuerte se lo había debido lastimar. Se lo metió para dentro obligándola a encogerse más, haciéndole daño al tocarla, y volvió a cerrar. Luego corrió el cerrojo y se encaró con Fredy.

            - Tengo que hablarte en privado... Seguramente estás deseando saber qué planes tiene tu padre para ti.

            Fredy miró de reojo el arcón y aceptó de mala gana.

 

            Una vez abajo Ángela se sentó en un taburete y se encendió otro cigarrillo mientras Fredy la miraba con los brazos cruzados, con evidente chulería.

            - ¿Voy a ser miembro de la mano negra? - preguntó el chico.

            - Tu padre quiere que mueras - explicó ella, impasible.

            Fredy cambió completamente la expresión de su cara.

            - No puede ser, estás mintiendo - replicó el chico, enojado.

            - ¿Puedes cerrar la boca un momento?  Necesito pensar.

            El chico paseó de un lado a otro, impaciente. Ángela vació su mente y trató de imaginar lo que le diría Frank en un momento así. Sin embargo tenía la extraña certeza de que Frank jamás habría aceptado el trabajo de haber sabido que tenía que conocer al cliente en persona. Había cometido demasiados errores e iba a ser difícil salir limpia y cobrando después de ese trabajo.

            - Cuando me pasaste el teléfono me dijo que no quería que dejara a nadie vivo. Pero tú estás tan contento porque seguro que sabes algo que yo no sé.

            - No sé de qué hablas - se defendió él.

            - Quiere que me mates, quiere que te inicies matando a tu asesina. Lo sé porque no sabes mentir, eres un bocazas.

            - ¿Cómo… demonios lo sabes?

            - Quiero ayudarte, no tengo intención de matarte todavía así que espero tu colaboración porque vienen de camino tus adorados matones de negro. No piensan dejar alma con vida.

            - Es imposible, mi padre...

            - Ese idiota de tu padre cree que voy a dejarme matar, pero te juro que me va a pagar hasta el último euro.

            - Vienen a reclutarnos no a matarnos.

            Ángela negó con la cabeza, estaban olvidándose de un factor importante en toda la ecuación y Frank la estaría advirtiendo sobre ello si no tuviera tanto ruido fuera de su cabeza. Las ganas de matar a ese chico se hacían cada vez más incontrolables.

            - No debemos olvidar a ese detective, cuando descubra la nota va a estar furioso y es un hombre sin identidad, no debemos subestimarlo, podríamos haber despertado a un enemigo al que no podemos manejar ni predecir.

            No estaba hablando con el chico, hablaba con Frank. Necesitaba escuchar lo que tenía que decir.

            - El detective no sabe nada, nunca podría llegar hasta vosotros a menos que hable con Marco… - dedujo Fredy.

            Ángela levantó la mirada despacio hacia el chico. Acababa de romper su burbuja, de tener todo bajo control. ¿Cómo que si había hablado con Marco? ¿Acaso había alguien más que conocía esa casa?

            - ¿Marco ha llegado a conocer este lugar? – preguntó ella, visiblemente enfadada aunque contenía la voz para no gritar.

            - Le hicimos aquí la iniciación. Pero dudo que sepa cómo llegar, solo le trajimos una vez.

            - ¿Marco sabe que tú mataste al chico de la acampada? – preguntó, queriendo controlarse.

            - No me vio nadie, pero sabe que soy de su grupo. Además puse la huella de la mano negra en la tienda de Mónica y nosotros nos hacemos llamar así. Sí, seguramente lo sabe. Pero no dirá nada, sabe lo que puede pasarle si lo hace.

            - ¿Quién más… - Ángela apretó los puños -… sabe de vuestro grupo?

            - Nadie, bueno, mi padre…

            - Tu padre no mencionó que todos los tuyos sabían lo que habías hecho, todo sería más fácil si ese idiota hubiera sido más claro desde el principio.

            - Si no te hubieras dejado engañar por ese idiota... - gritaba el chico -. Ahora estamos en un buen lío.

            - Genial, ahora yo tengo la culpa - replicó ella -. ¡Por Dios! No tenías que matar a nadie. ¿Esto era solo un juego? - exclamó ella, burlándose de él -. ¿Ahora qué vamos a hacer?

            Fredy no respondió, se quedó callado.

            - Encima ese detective lo primero que hará será ir a ver a Marco – susurró ella, pensando en voz alta -. Seguro que nos encontrará.

            - No es idiota, se marchará – explicó Fredy a voz en grito -. Nunca se atreverá a enfrentarse a nosotros mientras la tengamos.

            - Voy a limpiar la sangre - dijo ella, harta de soportar a ese estúpido -. Cuando se seque no habrá quien la limpie.

            Subió por las escaleras y fue derecha al cuarto donde estaban el cadáver y la chica. Recordaba haber visto un baño por allí. Abrió la puerta del final del pasillo, donde tenían el baúl y algo la golpeó por detrás haciéndola caer al suelo, dentro de la habitación.

            - ¿Dónde la tenéis? - susurró un hombre que la apuntaba con su arma a la cara. Al verlo se quedó asombrada, era el detective.

            - Dios qué susto - dijo la chica, enojada -. ¿Cómo nos ha encontrado tan pronto? - preguntó, como si no pudiera creer lo que veía. Había subestimado a ese hombre, de alguna manera había interrogado a Marco y ése había hablado… Pero no habían pasado ni tres horas desde que secuestraron a su mujer. Ese tío era muy bueno.

            - No te importa, ¿dónde la tenéis?

            - Está en ese baúl – señaló, esperando desestabilizarlo por sembrar la duda de que pudiera haber muerto.

            Esperaba que se derrumbara y pensaría que había muerto. Al final la sangre no fue tan inútil después de todo.

            - ¿Qué le habéis hecho? Eres Clara, ¿verdad?

            Ella parpadeó varias veces. Para haber llegado tan lejos no sabía quién era ella. Lo que significaba que pensaba que su mujer había muerto y que esa era su sangre.  Aún así todavía no había disparado. No era tan peligroso después de todo.

            Le llamaba la atención esa reliquia que cargaba en las manos, se trataba de una Lemat, una vieja pistola utilizada en el salvaje oeste. Ignoraba que todavía existieran ejemplares funcionales.

            - Increíble, me pregunto si esa antigualla aún dispara - dijo, asombrada.

            - Muy bien Clara, abre el baúl sin hacer ruido. Como hagas cualquier movimiento extraño comprobarás que funciona perfectamente.

            Admiró la Lemat durante un segundo y asintió con la cabeza.

            - Yo no quería hacerlo, pero Fredy se empeñó - se disculpaba ella, haciéndose pasar por la cobarde Clara.

            - ¿Fredy mató a Max? - preguntó él, sorprendido.

            Descorrió el cerrojo del baúl y abrió la tapa con dificultades, le gustaba aparentar debilidad ya que eso le daría confianza a ese hombre. Entonces, chasqueó la lengua y se escondió detrás de la puerta, escondiéndose.

            - Cierra la tapa y no te muevas - le dijo a Clara, entre susurros.

            Ángela escuchó un frenazo fuera de la ventana y luego otro. Habían llegado los matones, el tiempo se les acababa.

            Ella le miró enojada, no tenían tiempo que perder, tenía que eliminar a Fredy y debía obedecer a ese estúpido mientras el escuadrón de la muerte se preparaba para entrar. No tenían ninguna posibilidad si no les ponía al corriente, pero bien pensado, no le importaba que ellos murieran. Solo importaba la misión y nunca la cumpliría si dejaba vivo a ese detective, a Fredy, a Brigitte o a Marco. Lo peor era que la sartén estaba en la mano del detective ilegal.

            - Lo siento, mi amor - se disculpó el detective de forma patética ante el baúl.

            Los pasos de Fredy se acercaban a la habitación despacio pero seguros. Ángela suspiró aliviada, puede que le diera tiempo a hacer su trabajo.

            - ¿Con quién hablabas? - preguntó, enfadado.

            - No quiero que hagas un solo ruido - susurró Antonio, apuntándole a la espalda con su Lemat.

            - Es él - añadió Clara.

            - Es imposible que nos encontrara tan pronto - replicó el chico, asombrado -. Nadie sabía donde estábamos.

            - Como le hayas hecho algo a mi mujer te juro que nadie más te encontrará.

            Ángela deseó ver que cumplía sus amenazas pero no lo haría, no a menos que Fredy le diera un motivo.

            - ¿Y ahora qué, tipo duro? - preguntó Fredy -. ¿Nos matarás? ¿Crees que me das miedo? No puedes detenernos, eres un criminal como nosotros. Mi padre te conoce, Antonio Jurado. Si la policía te encuentra aquí te culpará de...

            - Eres un bocazas - insultó, enojada, cansada de su charlatanería sin control-. ¿Quieres que sepa demasiado?

            El detective la miró, extrañado. Luego lanzó una mirada cargada de odio al muchacho.

            - Ponle las esposas al bocazas de tu novio - ordenó, sacando unas del bolsillo de atrás del pantalón.

            - No es mi novia - protestó el Fredy, asqueado.

            - ¿Sabes qué es lo que me impide matarte, chico? - preguntó Antonio -. Nada – luego la miró a ella -. Ponle las esposas a éste antes de que decida demostrarte lo bien que dispara este trasto.

            Ella obedeció y le puso las esposas a Fredy.

            - Saca a mi mujer de ahí - la ordenó, cuando había colocado las esposas al otro.

            Ángela abrió el baúl de nuevo. Desató a su mujer y le quitó la funda de almohada de la cabeza y la mordaza. La ayudó a levantarse pero la habían metido demasiado deprisa, le habían golpeado el tobillo con el borde del baúl y ahora le costaba caminar. Cuando se vio libre, fue a abrazar a su novio o esposo y Ángela quiso vomitar.  Ese parecía un buen momento para actuar pero la Lemat apuntaba a su cabeza. El hombre no la quitaba el ojo de encima.

            - Gracias a Dios, estás viva - dijo él.

            - Mi príncipe, siempre al rescate - ¿era posible tener que contemplar en tanta tontería? Se preguntaba Ángela.

            - Vámonos de aquí... En casos como este, me encantaría ser inspector de verdad. Encerrar a estos cabrones de por vida me haría sentir bien... pero no puedo hacerlo.

            - Sácame de aquí -pidió su mujer.

            - ¿Quién es el muerto? - le preguntó él, apuntándola de nuevo a la cabeza.

            - Me gustaría ver tu cara cuando sepas su nombre - alegó Fredy, orgulloso.

            - Como se lo digas... - amenazó, enojada.

            - Saca al muerto, encanto - rogó Antonio apuntándola a la cabeza y jugueteando con el gatillo.

            - Su padre está de camino hacia aquí, deberíais huir - replicó, retadora.

            - No necesitas ver al muerto - siguió riéndose Fredy -. La muerta es Clara, no quería intervenir en un secuestro, nos iba a delatar... Tuvimos que despacharla.

            Antonio la miró asustado. Ángela se quedó boquiabierta al escuchar que se adjudicaba el asesinato de su amiga. Se le iba la fuerza por la boca y estaba regalando demasiada información a los que tenían el control de la situación. Sería difícil escapar viva de esa casa pero ella tenía menos posibilidades que la pareja que tenía delante, que solo necesitaban saber que era una asesina con la orden de matarles para que apretara el gatillo y su vida terminara ahí.

            - ¿Quién cojones eres tú entonces? – preguntó.

            Ángela no respondió.

            - No me lo ha querido decir ni a mí - rió Fredy -. Esta zorra ha venido por encargo de mi padre, es una as...

            Ángela actuó por acto reflejo, sacó su pistola y le disparó a la cabeza. Ese bocazas ya había hablado suficiente por diez vidas.

            Luego, le apuntó a él. Era la única manera, enfrentarse y ver quien salía vivo del jaque. Ambos se quedaron mirando un par de segundos sabiendo que cualquiera que apretara el gatillo decidiría la muerte de los dos.

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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