Ángel de la muerte

8ª parte

 

 

            - Ahora estamos igualados - dijo, sonriente.

            - Con esas balas no me harías ni cosquillas, y un disparo de esto te reventaría - aclaró él, con bastante razón.

            - En eso estoy de acuerdo, por eso prefiero disparar a la cabeza. Como ves no fallo nunca - se envalentonó ella, sonriente, refiriéndose al chico y la muerta del baúl.

            El detective apartó a Brigitte y la puso detrás de él.

            - ¿Piensas matarme? - preguntó él.

            - Solo quiero largarme de esta casa. Apesta a fiambre y ya he cumplido mi misión.

            - ¿Qué misión?

            - Cariño, si te digo eso tendría que matarte. Pero aún me sirves vivo.

            - ¿Por qué? - preguntó.

            - Si no dejas filetes a los perros, estos te persiguen. Ya lo entenderás, no tengas tanta prisa. Ahora si me disculpas, tengo que salir de aquí.

            Tenía que dejar a alguien vivo y con potencia de fuego para entretener a los matones de James Beckett. Estaba segura de que ellos limpiarían la zona y le ahorrarían el trabajo de tener que matarlos.

            Se subió al alféizar de la ventana sin dejar de apuntale y la abrió. Había más de cinco metros de altura y abajo había rocas. Al estar en un lateral pudo ver la rueda de un coche negro en el frente de la casa. Se colgó del reborde superior de la ventana y salió como un murciélago, con las piernas por delante, sin hacer ruido y pegada al techo. No quería que la vieran esos tipos. Desde allí pudo ver que los cinco miembros del escuadrón de la muerte estaban cogiendo armas de un maletero. Vio que su coche estaba justo detrás de ellos pero sería un suicidio intentar llegar hasta allí en línea recta. Deseó que tuvieran suficiente entretenimiento con esos dos que había dejado abajo.

            Bajó por la parte de atrás de la casa y se fue hasta un prado, bordeando el edificio hasta alcanzar su coche. Escuchó disparos a sus espaldas, la función había comenzado. Si esos tíos eran tan buenos como James aseguraba, no dejarían restos reconocibles del detective y su esposa.

            Se asomó por encima de la valla de piedra y vio que tres se habían quedado fuera vigilando las salidas. Con los disparos no escucharían ni acercarse un tractor de modo que se escurrió con sigilo y se metió en su coche. Lo arrancó y salió de allí provocando una densa humareda de polvo y piedras levantadas por sus ruedas. En un trompo dio la vuelta a su coche y  se puso de frente hacia la carretera. Escuchó disparos a su alrededor pero ninguno le alcanzó. Aceleró lo que pudo haciendo saltar el coche con los baches, de forma preocupante y exagerada, hasta que llegó al asfalto. Luego aceleró durante unos cien metros y vio otro camino que tenía una casa junto a la carretera. Se metió detrás, asegurándose de que nadie la seguía. Seguramente irían tras ella pero tardaban tanto en aparecer que dejaban claro que no eran tan buenos como aseguraba su jefe.

            Entonces un BMW negro pasó a toda velocidad, dentro iban dos hombres y detrás pudo ver a un chico joven con cara de asustado, ¿les había llevado hasta allí Marco? No podía ser otro. Sonrió complacida, sabiendo que ellos se encargarían de acabar el trabajo.

            Esperó un poco más por si salía el otro coche y en cinco minutos no lo vio aparecer, ni el otro coche volvía.

            Estaba a salvo y había cumplido su parte del trato, solo tenía que ir a cobrar su dinero al bar de Luis. Los chicos malos de su cliente terminarían con los testigos que quedaban y todo se había terminado. Tomaría la dirección contraria a ese maldito pueblo.

 

            Cuando llegó a su apartamento recordó que aún tenía un video que ver. Estaba agotada y se le cerraban los ojos, pero aún así no quería perdérselo ya que había tardado más de la cuenta en verlo. Conectó su ordenador y luego se metió en el disco duro virtual que tenía alojado en un servidor Web.

            Allí estaba el vídeo con todas las secuencias grabadas por sus cámaras con detección de movimiento.

            Lo puso y vio que Lara salía enseguida del quirófano. Luego revisó concienzudamente el suelo y pasó la mano por toda la pared. Al no encontrar nada se quedó sentada en la arena, apoyada contra la pared y durante media hora no hizo nada sino lamentarse allí.

            - Vaya aburrida - dijo, fastidiada.

            La hora de las cámaras marcaba las siete de la tarde cuando Lara se levantó y fue al quirófano. Con el tubo que sujetaba el suero, que debía ser bastante pesado, fue directa a las cadenas de la puerta. Al principio parecía que no sabía lo que hacía pero luego entendió. Pasó el tubo por entre la cadena y la puerta y luego tiró con fuerza. Como no conseguía nada, apoyó su pierna contra la puerta y tampoco logró nada. Era una cadena de acero, pensó, solo un súper hombre podría romperla. Sin embargo Lara no se dio por vencida y cuando parecía que iba a rendirse subió la otra pierna a la pared y aplicó toda la fuerza de su cuerpo.

            Ángela estaba asombrada, nunca se le ocurrió que pudiera intentar eso.

            Entonces se rompió algo y Lara salió despedida hacia atrás. Las cadenas seguían en su sitio, se había roto el tubo con el que hacía palanca. Suspiró al ver que sus esfuerzos no sirvieron de nada. Vio como Lara sollozaba en el suelo, llevada por la desesperación. Luego, en media hora, debió comprender que no había gas y volvió a reptar por el suelo mucho más despacio y meticulosamente, buscando de nuevo la llave. Esa parte la aceleró ya que no era divertido.

            Cuando terminó fue pasando la mano, azulejo a azulejo, golpeando cada uno y tratando de despegarlos con las uñas. Consiguió encontrar varios medio sueltos y cada vez que los soltaba sonreía ilusionada, esperando haber encontrado lo que buscaba. Al no haber más que telarañas y suciedad arrojaba el azulejo contra la pared, con frustración.

            Eran las diez de la noche cuando no había revisado la mitad de la  habitación. Ángela le dio al botón de Fordward y vio que justo a las once y media ella desistía completamente. Aún le faltaba un buen trozo de pared por revisar pero ella se quedó en el suelo, rendida ante el cansancio, la sed y la desesperación.

            Avanzó aún más hasta las once y cincuenta y cinco y vio que Lara había cogido uno de los pedazos del hierro que había roto y lo metía en el hueco de la puerta que se podía abrir por la cadena. Hizo palanca y trató de doblar o romper la propia puerta. Por esa apertura no hubiera pasado ni un ratón, pero con su esfuerzo logró abrir una rendija más grande en la parte donde aplicó la palanca. No le serviría de nada, el reloj marcaba las once y cincuenta y nueve.

            - Adiós Lara - susurró, complacida -. Esperaba mucho más de ti.

            La explosión hizo imposible ver lo que ocurría. Se vieron rocas desprenderse del techo pero la imagen se cortó y no hubo más vídeo. Nadie podía haber sobrevivido a eso.

 

            Ángela se fue a la cama con mal sabor de boca. La película no había salido tan bien como esperaba, debería haber metido más factores en el juego para que no se pasara tres horas llorando sin hacer nada. Había vengado a su padre y no se sentía mejor por ello. La verdad, le hubiera gustado que Lara le diera más guerra, se había imaginado persecuciones como en las películas. Pero ella había aprendido demasiado y Lara no era más que una poli inexperta.

            Entonces el video continuó en el PC. Había olvidado apagarlo y por lo visto había más grabación después de unos minutos de falta de señal. Volvió al salón para ver qué había. La cámara se había mantenido en su sitio y estaba grabando lo que antes era aquella sala. Podía ver fuego disperso por los escombros y donde antes estaba la puerta con las cadenas vio que Lara trataba de salir de debajo de una enorme estructura de piedra.

            - Ayuda... - decía.

            Al ver eso Ángela pasó el video para adelante. Lara no podía salir, aceleró el video y no salía de allí después de horas y horas de agónica soledad. Llegó el amanecer y Lara seguía moviéndose bajo aquella estructura, cada vez más debilitada. No estaba muerta, ¿por qué tenía que sobrevivir? Cierto que no aguantaría más de dos días y nadie iría a socorrerla. Se imaginó a sí misma en esa situación y no pudo soportarlo más. Ni a su peor enemiga le deseaba una muerte así. Frank le había mostrado que su oficio podía ser muy despiadado pero no tenían por qué ser crueles. Lo mejor era disparar a la cabeza y luego al corazón, por si sobrevivía al primer disparo, que no sufriera mucho tiempo. Así mató a Clara y se quitó el peso de la culpabilidad al hacerlo. Así, seguramente no sintió nada al morir.

            Pero la detective Emerich estaba sufriendo. Nadie la encontraría allí, moriría desesperada, sola, y esa no era forma de acabar para una mujer de acción.

            Apretó las mandíbulas y las manos,  cerró los ojos y suspiró.

            - ¡Joder! - renegó, levantándose y cogiendo las llaves del coche.

 

 

            Condujo a toda velocidad. El sueño que tenía había desaparecido por saber que Lara seguía con vida. Durante el camino pensó en matarla de un disparo en la cabeza pero no le gustaba la idea. Lara estaba débil e indefensa, quizás debería salvarla. Podía utilizar el gato del coche y sacarla de allí. Con suerte podría caminar en una semana y volverían a darse caza la una a la otra.

            No, no podía dejar que muriera así. ¿Qué sentido tendría su vida si la persona que la motivó a ser lo que era ahora, moría de forma tan horrible? Se sentía como en una final de ajedrecistas en la que uno de ellos da jaque mate al otro en el segundo movimiento. Eso no era lo que ella esperaba de ese enfrentamiento.

            Aparcó junto a la casa, que tenía el tejado hundido y los muros laterales casi intactos, con alguna qué otra grieta. Intentó abrir la puerta principal pero estaba completamente atascada. Eran las cuatro de la mañana y había luna llena por lo que no necesitaba demasiado la linterna. Se veía todo como si estuviera recubierto por un manto de plata brillante.

            Suspiró y negó con la cabeza, el muro debía sobrepasar los cuatro o cinco metros. Era demasiada altura para subirlo haciendo Parkeur. Lo bueno era que podía coger impulso. Había bastante terreno despejado delante de la casa. Además podía ayudarse por las ventanas para darse el impulso final hasta arriba. Se alejó unos diez pasos y corrió con todas sus fuerzas hasta el muro. Brincó como si quisiera estrellarse contra la casa y luego usó las piernas como palancas con las que su cuerpo salió despedido hacia arriba. Uno, dos, tres pasos en la pared, igualó su record en vertical. Su velocidad ascendente se volvió nula y, con sus dedos, se sujetó en la cornisa de la ventana de arriba. Luego trepó pasando sobre la apertura y, como un canguro se lanzó hacia arriba buscando el borde superior del muro. La mano izquierda no alcanzó pero se estiró un poco más para llegar con la derecha y sus últimas falanges se sujetaron de la pared. Después subió con agilidad y se encaramó sobre el muro, examinando el interior de la casa por si había una forma sencilla de poder salir de allí. No podría volver pegar ese salto para salir ya que no había donde correr para coger impulso. Identificó los muros interiores, vio que había una ventana despejada con posibilidad de apertura y había suficientes escombros para salir sin problemas. Luego buscó la sala central de arena, donde estaba sepultada su enemiga.

            Quiso llamar a Lara para asegurarse de que no bajaba por nada, ya que no tenía sentido bajar si había muerto, pero pensó que quizás no debería delatar su presencia, además igual no tenía fuerzas para gritar y eso no significaba que hubiera muerto. Aún no había decidido qué hacer con ella.

            - He venido hasta aquí - se dijo -. No voy a irme sin verla muerta.

            Se descolgó de la pared en el lado interior de la casa y caminó por el inestable tejado chamuscado que había sobre las ruinas. Alcanzó la puerta de las cadenas y caminó sobre su muro interior. Alumbró al otro lado de la puerta y allí estaba Lara, aparentemente inconsciente. Saltó con pequeños brincos por los escombros y  aterrizó justo al lado de donde estaba Lara.

            Le tocó la frente y sintió que ardía.  Examinó los restos que había sobre sus piernas y se dio cuenta de que no las tenía aplastadas sino presionadas contra el suelo. El peso del muro no descansaba sobre sus piernas.

            - Sabía que vendrías hija de puta - dijo Lara, tirándole un puñado de tierra a la cara.

            Se quedó ciega un par de segundos, el tiempo que tardó la detective en salir de su propia tumba aunque no aprovechó su ocasión para golpearla o herirla.

            Tras el sobresalto, Ángela consiguió abrir un ojo mientras tenía el otro lleno de tierra. Lara cojeaba pero tenía agarrado el tubo de metal del quirófano. La muy zorra podía haber salido en cualquier momento y no lo hizo para atraerla desde donde quiera que estuviera. Sabía que si la veía con vida, acudiría para rematarla. A pesar de todo, se había descuidado y la pilló por sorpresa, otro fallo de principiante, había estado a su merced, podía haberla golpeado con el tubo mientras estaba ciega, pero no lo hizo.

            Fue un error mortal ya que le dio tiempo a sacar su pistola y apuntarla a la cabeza.

            - Me quitas un peso de encima - contestó Ángela, admirada por el ingenio de su rival -. No me gustaba nada la forma en que te iba a matar. Un enfrentamiento será tu final adecuado.

            - ¿Sabes qué? - preguntó Lara -. Te mataría encantada si fueras una simple asesina sin escrúpulos. Pero mataste a ese pobre diablo porque alguien te pagó para hacerlo y necesito su nombre.

            - No puedes hablar en serio - dijo Ángela, sonriente -. Estás muerta, solo tengo que apretar el gatillo.

            Lara tiró el tubo de hierro al suelo. ¿Se había vuelto loca?

            - ¿No lo entiendes? - preguntó retadora -. Después de que me mates irá a por ti. Tú eres la única que sabe todo lo que ha montado, que puede hundir sus negocios y su carrera en la miseria. Tu podrías encerrarle de por vida.

            - Te equivocas, ese cliente pagó y no he vuelto a saber más de él -contestó, empezando a dudar.

            Pero Lara tenía razón, atando los cabos sueltos, su último trabajo había sido una trampa que hubiera acabado con su vida si no fuera porque fue más astuta que su cliente. ¿Y si ese cabrón de James Beckett fue el que ordenó el asesinato del contable? Recordó frases sueltas cuando se entrevistó con él...«Me dedico a limpiar rastros»… «Le dije que no soy un criminal que trabajo para el gobierno, que mis hombres no son asesinos sino la mano oculta de un poderoso personaje político».     

            - No puede ser – dijo, con la boca abierta por el asombro.

            - Ayúdame a meterlo entre rejas - suplicó Lara -. Sé que no somos amigas, precisamente, pero en lugar de tirarte arena podía haberte golpeado, matado y no lo he hecho. No me faltan motivos, me has tirado encima una casa de dos pisos. Detesto pedirle algo a la persona que más odio y, no lo niegues, tú me odias igual. Pero estamos solas en esto y tenemos un enemigo común.

            Ángela se enfureció, apretó la culata de su arma y disparó. Todo encajaba a la perfección.

            Lara cerró los ojos y contuvo la respiración. Después de un par de segundos, al sentirse ilesa, volvió a abrirlos.

            - Tenemos un asunto pendiente tú y yo -recordó Ángela, apretando los dientes -. Mataste a mi padre y nunca lo olvidaré...

            - Era un asesino, estoy segura de que  tú también le habrías matado en mi lugar.

            - Pero no estaba en tu lugar. Yo le quería y, al matarle, me robaste la vida que iba a tener. Después... - la chica de negro se contuvo y evitó dar más detalles sobre su vida. Detestaba mostrar sentimientos.

            Guardó su pistola y le tendió la mano. Lara se la estrechó con temor y respeto.

            - Después liquidaremos nuestras cuentas. Por ahora, cuenta conmigo.

 

 

 

 

 

FIN

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Comentarios: 9
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 14 agosto 2011 10:43)

    Por favor comenta qué te ha parecido la historia.

  • #2

    Lyubasha (domingo, 14 agosto 2011 12:44)

    Hola Tony:
    Me gustó mucho la historia y esta vez también volviste a sorprenderme con el final. Además, gracias a este relato, he comprendido varias cosas de "La mano negra" que antes no entendía.
    Felicidades.

  • #3

    yenny (domingo, 14 agosto 2011 18:48)

    Opino lo mismo que Lyubasha fue una sorpresa no me esperaba este final esta muy bueno.

  • #4

    Carla (domingo, 14 agosto 2011 19:07)

    Buenoo!! Las ultimas partes estuvieron un poquito flojas, pero realmente sorprendiste con el final!

  • #5

    Vanessa (domingo, 14 agosto 2011)

    me gusto
    y estoy de acuerdo con Lyubasha :D me fascino la historia!!

  • #6

    Mike (miércoles, 17 agosto 2011 01:16)

    muy buen final, excelente!!!!

  • #7

    ZEROZX1 (jueves, 01 noviembre 2012 01:07)

    MUY BUENA LA HISTORIA ESTA ES UNA OBRA POR LA CUAL PAGARIA POR LEER MERESE ESTAR EN UN FILM MUY BUENA.

  • #8

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 01 noviembre 2012 09:20)

    La historia de Ángela y Lara no termina aquí, la siguiente es "La última misión del ángel"

  • #9

    CECILIA (martes, 04 marzo 2014 21:59)

    FASCINADA CON LA HISTORIA, EXCELENTE COMO SIEMPRE....

Animal es el que abandona a su mascota.

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