Ángel vengativo

10ª parte

            Tuvo un momento de pánico incontrolable cuando vio que la inmensa bola de fuego pasaba sobre su cabeza buscando alimento con voracidad, alcanzando más de cuatro metros de altura.

            El recuerdo de la explosión en el bar, donde sufrió quemaduras en casi todo su cuerpo se apoderó de su mente y mientras llovían restos humeantes no pudo dejar de temblar. Docenas de alarmas de coches comenzaron una melodía funesta que anunciaba a los cuatro puntos cardinales que el terror había vuelto a las calles de Madrid.

            Cuando pudo calmar el temblor de sus manos su ropa estaba tiznada de negro y se quedó asombrada por estar ilesa. Sin embargo Alf había desaparecido en la explosión sin dejar rastro.

            - Mira que le avisé. Si es que no podía terminar bien ese chico -susurró medio irritada pero a la vez tocada y dolida.

            Puede que no le quisiera como un novio pero como amigo le había cogido cariño.

            Se levantó con dificultad ya que los nervios convertían sus piernas en dos columnas de goma y al ver que no había nadie cerca se quitó la chaqueta chamuscada y buscó su coche... Un amasijo de hierros candentes que un minuto antes estaba aparcado a la puerta de su casa. El otro coche ya no estaba.

            - Fácil vino, fácil se fue... –susurró refiriéndose a la casa de sus sueños, ahora convertida en un puto agujero negro humeante.

            Se alejó de allí corriendo y salió de la urbanización mientras vio llegar dos camiones de bomberos con las sirenas puestas. Ahora sí empezaron a asomarse vecinos para fisgonear dónde había sido la explosión.

            - ¿Qué ha pasado? -le preguntó uno al verla correr.

            - Ni idea amigo, yo solo estaba haciendo footing.

            Y pasó de largo como si no fuera con ella la cosa.

            Mientras buscaba una calle transitada se puso a pensar en lo que había pasado. Alfonso había preparado a la opinión pública para poder anunciar el atentado contra su ella. Ahora solo tenía que decir que los terroristas a los que lideraba Lara se habían vengado y así habría acabado con las dos únicas personas que conocían su vínculo con esa misteriosa organización. Podía decirse que habían intentado extirparla del mundo como un tumor maligno, como un asesinato quirúrgico. Pero habían fallado y tenía tan solo unas horas para contraatacar antes de que averiguara que los restos mortales de la explosión no eran los suyos.

            Para entonces Alfonso Uriarte ya tenía que estar muerto.

 

 

 

            No podía volver a su antiguo apartamento por si lo vigilaban, tenía una oportunidad de sorprender a ese cerdo y sabía que sería complicado. Aun así no tenía opción y había que atacar de frente, un estilo que no le gustaba porque dejaría pistas por todas partes.

            Cogió el metro hasta la parada de Arturo Soria y desde allí caminó hasta la casa chalet de Alfonso Uriarte.

            -En lugar de llamar disparó a la cerradura y de una patada abrió la puerta exterior. Antes había tomado la precaución de cubrirse el rostro con una de las mangas de su blusa, dejando al descubierto el hombro con la cicatriz y cubriendo su identidad ante posibles testigos.

            Se había disfrazado de venganza, había dejado de ser Ángela Dark y se había transformado en el fantasma de todas las víctimas de ese hombre que se escudaba en la justicia.

            Al romper la puerta saltó la alarma y aparecieron dos guardias uniformados delante de ella con sendas metralletas y protegidos por chalecos antibalas.

            Disparó sobre uno y le alcanzó en el brazo. El otro se escondió tras la pared que protegía la puerta de la vivienda y sacando el brazo con su arma disparó una certera ráfaga que hubiera dejado a la chica como un colador si no se hubiera protegido a tiempo tras un árbol.

            - Maldita sea -rugió ella pensando que no le debían quedar más de doce balas en su pistola dorada.

            No tenía tiempo que perder, asomó un codo en un lado y cuando escuchó que el arma se amartillaba para disparar salió por el otro lado y sorprendió al agente disparando al lado equivocado. Apuntó certera y le alcanzó la ceja derecha dejándolo inmóvil.

            El agente herido disparó una ráfaga errática pero no necesitó esconderse, con otro disparo silencioso entre ceja y ceja lo inmovilizó igualmente.

            Avanzó por el jardín corriendo y se apoyó en el muro temiendo que alguien la esperase justo por la puerta. Vio el ventanal a su izquierda y disparó para romper los cristales. Al escuchar disparos desde dentro destrozando esa ventana se decidió por la puerta y rodó por el suelo al pasillo de entrada hasta apoyarse en una pared protegida de la metralleta.

            - Mamá -lloró una niña de unos cinco años desde arriba de las escaleras.

            Ángela apuntó a la cría y durante dos segundos le tembló el dedo en el gatillo.

            - Vete niña, métete debajo de la cama -ordenó.

            De no haber obedecido no quería pensar en lo que habría hecho.

            Se asomó un instante al salón y sorprendió al agente cargando el arma mientras caminaba hasta la  puerta.

            - Veo que no queda nadie más -dijo Ángela, apuntándole a la cabeza-. Tira el arma hacia mí muy despacio, no he venido a buscarte a ti sino a Alfonso.

            El vigilante obedeció sabiendo que un movimiento en falso significaría su muerte.

            - Retrocede, lo estás haciendo muy bien.

            - No dispare, me caso en un mes -suplicó el muchacho que ahora parecía un cachorrito asustado.

            - En ese caso, si quieres llegar a ese día ponte las esposas y mientras ve contándome dónde se esconde el cobarde de tu jefe.

            - Ha salido -explicó mientras se colocaba el artilugio en sus respectivas muñecas.

            Ángela recogió la metralleta recién cargada y pensó un par de segundos qué hacer.

            - Ven conmigo -ordenó.

            No quería matarlo, solo era un peón, pero tampoco podía perderlo de vista.

            - Vamos sube y busca a la niña. Te sigo de cerca así que no hagas ninguna tontería.

            - Por el amor de Dios -rogó el chico-, sólo es una niña inocente.

            - Yo tampoco comí la manzana prohibida y según la Biblia me toca pagar como al que más. Espabila o tendré que cancelar tu boda.

            - Teresa, vamos guapa sal que solo estamos jugando.

            - Eso, esperaremos a tú padre en el salón -Ángela habló amablemente a ver si salía.

            - ¿Y mamá? -preguntó una vocecita desde una habitación.

            Estaba a mitad de la escalera cuando vio salir de otra habitación el enorme cañón de una escopeta apuntando hacia ella. Ángela reaccionó saltando como una pantera hacia delante y empujando a su colaborador forzoso al suelo. El estallido del arma destrozó pared y escaleras pero no alcanzó a ninguno de los dos. Ángela se levantó apuntando a la persona que había disparado. Era una mujer y al fallar había dejado caer el arma mientras lloraba suplicante.

            - Joder muévete hija de puta -ordenó indicando la habitación de su hija con su pistola.

            Entraron los tres y la niña saló de la cama llorando por el pánico a abrazar a su madre.

            - En diez minutos llegará la policía - advirtió el guardia-. Si no quiere morir debería marcharse inmediatamente. Cuando suena la alarma...

            - Qué ingenuo eres, la poli siempre llega tarde. Vamos daros prisa y al garaje, seguro que podemos dar un paseo, hace una noche fantástica.

            - Deje a mi hija, ella no tiene culpa de nada.

            - ¿Usted sí? -inquirió muy seria.

            - No...

            - Cállese y obedezca. Si todo sale bien no les pasará nada.

            - Coja todo el dinero -insistió la mujer.  

            - ¿Dónde lo guardan? -preguntó interesada-. Podría darme una alegría.

            - En nuestra habitación, tenemos una cajita con el efectivo, pero no es mucho.

            - Vamos a ver cuánto me alegraré -dijo, indicando con el arma que abriera camino.

            Fueron los cuatro y en una cajita de cartón, dentro de un cajón estaba el dinero, apenas trescientos euros en billetes de cincuenta y veinte.

            Ángela los aceptó decepcionada, quería que pensaran que era una vulgar ladrona pero con eso ni denunciarían el robo.

            Luego los condujo al garaje y vieron aparcado un coche. El otro no estaba lo que ratificaba la versión de que Alfonso estaba fuera.

            - Tú te quedas - le dijo al guardia esposado-. Quiero que le cuentes todo a tu jefe. Señora, usted conduce. Teresa, cariño, como llores o me enfadaré y tendré que hacer daño a tu mamá y luego a ti.

            Lo dijo porque la niña estaba iniciando un berrinche desde el asiento de atrás.

            - Abre el garaje, ah y enhorabuena por tu boda.

            El chico no supo si sonreír por la extraña amabilidad o simplemente porque estaba a punto de salvarse en cuanto las perdiera de vista. Abrió la puerta y vio alejarse el coche con una tremenda satisfacción y alivio por estar vivo.

            En cuanto tuvo libertad corrió al salón y marcó el número de teléfono de Alfonso.

            - Diga -respondió la voz altiva de su jefe.

            - Al habla Roberto Pérez, señor vuelva inmediatamente, su mujer y su hija... Están bien,  pero una mujer con el rostro cubierto y quemaduras en el hombro ha llegado de repente y ha matado a los otros guardias, se las ha llevado, señor.

            - ¿Qué? Cielos, Teresita... Maldita sea… No se mueva de donde está, llegaré en cinco minutos.

            Y colgó.

            Roberto buscó por sus bolsillos las llaves de las esposas y se las quitó. Pasaron cinco minutos y la policía no llegaba, en diez apareció un coche por la puerta del garaje, era Alfonso con sus dos guardaespaldas.

            Fue a esperarlo en posición de firme y cuando le vio parar abrió servicialmente la puerta.

            - ¿Qué puede decirme? ¿Sabe a dónde se llevó a mi familia?

            - Se llevó el dinero y se fueron en el coche de su mujer. Supongo que llamará para negociar un rescate.

            Alfonso sacó una pistola de su chaqueta y le apuntó a la cabeza.

            - En ese caso me pregunto por qué estás vivo todavía, pedazo de inútil.

            Disparó desparramando sus sesos por el garaje dejándole tendido en el suelo con una mirada de terror perpetuo.

            - Jodidos novatos, no valen para nada.

 

 

 

 

 

 

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Comentarios: 4
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 03 mayo 2012 08:21)

    Escribe aquí tus comentarios, otros lectores los agradecerán para saber si merece la pena o no seguir leyendo y yo me motivaré a poner la continuación lo más pronto posible.

  • #2

    Bellabel (jueves, 03 mayo 2012 20:22)

    Va muy bien la historia, cada vez se pone más interesante. GRACIAS :)

  • #3

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 03 mayo 2012 21:03)

    Gracias por comentar, Bellabel, esto cada día está más desierto, cada vez comenta menos gente.

  • #4

    carla (viernes, 04 mayo 2012 21:47)

    *-* la proxiimaaa parteeeeeeeee!!! Va muy bien :)

Animal es el que abandona a su mascota.

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