Ángel vengativo

12ª parte

            — Ángela Dark —dijo Alfonso con seriedad—, te presento a mi mentor, el señor Alastor.

            Como si se materializara de la nada apareció una figura humana entre ambos y lo hizo rodeada de un halo luminoso. Se trataba de un anciano simpático y de sonrisa traviesa que la miraba desde las sombras más oscuras del local, ahora visible con luz propia como si fuera un dios.

            — Tu habilidad para sobrevivir es sorprendente —añadió Alfonso—. Por eso tuve que pedirle ayuda, no puedo confiar en simples humanos para acabar contigo.

            — Encantado de conocerla, señorita Dark —intervino Alastor—. Me gusta su estilo y soy un gran admirador suyo. Le pido disculpas por todo lo que ha tenido que pasar, tenía que saber hasta dónde llegaban sus habilidades y tengo que confesar que ha superado mis expectativas más optimistas.

            — ¿Todo lo que ha pasado es culpa suya? Y el asesinato del contable...

            — Un señuelo, todo era una trampa para acabar contigo —explicó Alfonso.

            — Sí, nuestro amigo se aprovechó de la situación para tapar algunos asuntos personales —explicó Alastor sin mirar a su colaborador.

            — La verdad es que no esperaba que sobrevivieras —se excusó Alfonso.

            — Me has fallado y no tolero tantos errores —acusó el viejo.

            Ángela se sorprendió al ver retroceder a Alfonso, asustado.

            — Una mujer te ha puesto en jaque, Alfonso, una simple chiquilla ciertas habilidades. Suponía que eras el mejor y lamento comprobar que no es así. Debes morir.

            Le señaló con el dedo y un disparo silencioso le alcanzó entre ceja y ceja. Ángela se quedó estupefacta al descubrir que ella fue la que había apretado el gatillo. El cuerpo de Alfonso cayó al suelo levantando una nube de polvo bajo su peso.

            — ¿Lo ves? —alabó el viejo—. Llevas la oscuridad en la sangre, eres una extensión de mi brazo. No podría estar más orgulloso de ti si fueras mi hija.

            — ¿Has intentado matarme y ahora estás orgulloso de mí?

            Alastor seguía brillando en la oscuridad como un fantasma, tenía que admitir que le intimidaba. Éste se paseo por el oscuro recinto y la miró de arriba a abajo como si no necesitara luz para verla con todo detalle.

            — Puedo curarte las cicatrices y como dijo Alfonso puedo hacerte inmortal.

            — Aun suponiendo que fuera posible, estoy segura de que el precio sería muy elevado. Pero temiendo en cuenta que al último que le prometiste eso acaba de morir, dudo que cumplieras tu parte.

            — Te he estado probando porque necesito al mejor. Estoy harto de secuaces inútiles. No te necesito porque yo solo me basto para cualquier empresa que me proponga pero en tu caso me siento superado porque, con tus escasas posibilidades eres asombrosamente eficaz. Me pregunto hasta dónde llegaría con tu potencial...

            — Dudo que se le levante con la edad que tiene, no creo que tenga ningún "potencial"—se burló ella riéndose.

            Alastor se elevó como un fantasma, enojado y con los ojos chispeando por la cólera.

            — He sido amable contigo Ángela Dark, te estaba ofreciendo mi legado, cosa que nunca antes había hecho con ningún otro ser humano. Y ¿te atreves a burlarte de mí?

            — Al último que llamé impotente no se lo tomó tan a la tremenda —replicó ella, perdiéndole el respeto.

            — He visitado a tu amiga, en el hospital, Lara Emmerich —dijo él, como si no la hubiera oído—. He sido testigo de cómo te admira y creo que es fascinante que después de lo que le has hecho siga teniéndote aprecio. Le conté todo lo ocurrido, al fin y al cabo nadie la va a creer y va a terminar pudriéndose en la cárcel o en un manicomio. Y así conseguí que me lo contara todo sobre ti. Además los policías que estaban al lado no podía saber lo que estábamos hablando ya que la pobre no puede hablar y es gratificante poder comunicarse con alguien cogiéndole la mano y transmitiendo tus pensamientos, algo que te gustará probar... Por no mencionar que mi fuerza es ilimitada, puedo volar o materializarme donde desee en cualquier momento...

            — ¿Y también sabes chupártela? —inquirió ella, riéndose—. Tiene mérito que puedas, ya que a tus años...

            Alastor la miró enojado. Comenzó a flotar en el aire mientras su cuerpo se iluminaba con más intensidad. Era increíble, ese hombre estaba volando y de sus manos estaban surgiendo pequeños relámpagos azules que lamían el suelo. Al parecer no le había sentado muy bien que le insultara y ahora parecía prepararse para atacarla. Pero al enojarlo se vio libre de su influencia y aunque resultaba aterrador verle relampaguear en el aire, pudo apuntarle con su pistola y sin dudar un momento le disparó a la frente.

            — Lo siento pero yo no quiero vivir para siempre —añadió, orgullosa y segura de que había acabado con él.

            Sin embargo los relámpagos siguieron acumulándose y el agujero de la bala solo sirvió para que brotara luz deslumbradora desde su interior. La cólera de Alastor hizo que la nave abandonada se iluminara como si fuera pleno día.

            — Quieras o no, tu carcasa mortal se someterá a mí —exigió Alastor señalándola con el dedo.

            Ángela no entendía cómo podía seguir vivo y le apuntó con su arma de nuevo, disparándole por todo el cuerpo y provocando que saliera más luz de su interior. Entonces Alastor abrió la boca y se quedó deslumbrada con su radiante poder. Se tapó los ojos con el brazo izquierdo, temiendo quedar cegada y de repente la luz cesó.

            El contraste la había dejado completamente ciega y no sabía exactamente qué había pasado.

            Cuando al fin vio algo se sorprendió por que no esperaba ver una ventana frente a ella, sino una puerta. ¿Dónde estaba el cuerpo de Alfonso?

            Entonces vio a su propio cuerpo brillar en la oscuridad como si estuviera fuera de sí misma. A su cuerpo se le iluminaron los ojos y era como verse en un espejo donde su reflejo tenía vida propia. Cuando comprendió lo que estaba pasando empezó a sentir dolor en la cabeza, en el hombro, en el estómago, en las piernas... En cada uno de los lugares donde le había disparado a él. Al ser consciente del cambio sufrió un colapso mental que la hizo navegar por los límites más peligrosos de la locura. El dolor evocaba en su mente imágenes confusas, distorsionadas, comenzó a ver la materia como un rompecabezas y entendió a su propia esencia como un vehículo de materia cambiante, limitado por sus propias reacciones químicas y esclavo de ellas. Cada uno de los compuestos que formaba su cuerpo estaba deteriorándose al romperse el delicado equilibrio que había alcanzado, el líquido que nutría sus complejas estructuras neuronales se estaba perdiendo y en cuestión de segundos la compleja maquinaria sobre la que residía comenzaría el proceso de descomposición.

            Sin embargo sabía exactamente qué estaba ocurriendo y detuvo los cambios químicos como si pudiera detener el tiempo. Sabía exactamente dónde estaba cada molécula antes de que los proyectiles atravesaran su cuerpo. Como artesano experto puso cada uno de los átomos en su lugar separando el plomo de las balas y cerrando las heridas con precisión absoluta. Cuando su vehículo estaba completo de nuevo dejó que funcionara unos segundos y al comprobar que los procesos químicos se desempeñaban con normalidad devolvió a su preciada maquinaria el silencio y detuvo el tiempo, para que no envejeciera.

             Todo ese esfuerzo le privó de todas las fuerzas y tuvo que descansar.

 

 

            Cuando Ángela abrió los ojos de nuevo vio al viejo Alastor ante ella, sonriente y sin un rasguño. Hasta su ropa estaba intacta.

            — He estudiado cada reacción química del cuerpo humano buscando la forma de eternizar la vida, pero en el diseño mismo de la ésta trae como consecuencia la muerte —explicó el viejo—. Cada especie tiene un tiempo de caducidad que varía en función de las veces que se reproducen las células del cuerpo. Nada de lo que se pueda comer sirve para alargar la vida y lo único que se puede conseguir es sortear las enfermedades o problemas que podrían acabar la vida drásticamente. Mi reloj biológico me dice que con cien años estaré ciego y con ciento diez mi corazón se detendrá irremediablemente.

            Ángela había creído que solo había tenido una alucinación pero con lo que le estaba contando, sabiendo lo que ella misma había experimentado en las carnes de Alastor, su mente absorbía cada detalle que le explicaba como una esponja, con sumo interés.

            — Ahora que sabes lo que soy, tan poderoso como un dios, he compartido contigo mi esencia y mientras yo exista tú no podrás morir.  A cambio podré ver todo cuanto tú veas y sentir lo que tú sientas. Como puedes ver, ahora ya no tendrás cicatrices —señaló su hombro y Ángela pudo ver su piel perfecta en su hombro. Tampoco pasó por alto que a pesar de que no había luz podía ver absolutamente todo sin colores.

            — Ahora formas parte de mí.

            — ¿Qué rayos me has hecho?

            — No te preocupes, ya te darás cuenta del regalo que te he hecho. 

            Ángela frunció el ceño extrañada.

            — ¿Tengo su esencia dentro? Vaya me siento... Fuerte, ligera,... Podría ser interesante.

            — Nuestra reunión ha terminado —agregó complacido Alastor.

            Le apuntó a la cabeza, sabiendo que ahora tenía toda su fuerza y podía manejarla a su antojo.

            — Y tú viejo —sonrió complacida ante la mirada sorprendida de Alastor—. Gracias por compartir conmigo tu secreto. Pero no quiero compartir algo así con nadie. Figúrate, todos me tomarían por loca.

            Le disparó a la cabeza las cuatro balas que le quedaban y sintió pinchazos en su propia cabeza por cada uno de los impactos.

            — He venido a vengarme y no me marcharé mientras la escoria se arrastre por este mundo.

            Fue hasta ellos, inmóviles en el suelo, Alfonso y Alastor, un par de chiflados con demasiados aires de grandeza. Ahí tirados no parecían más que basura. Ahora que sabía cómo funcionaba su poder, tal y como suponía, no podría curarse tan pronto. Tenía mucho estropicio que arreglar así que tenía que acabar con él antes de que pudiera regenerarse. No tenía mucho tiempo.

            — Por un momento creí que me habían robado el cuerpo y que tendría que ser un viejo mugriento el resto de la eternidad.

            Apiló sobre ellos trozos de madera podrida y sacó un pañuelo del bolsillo.

            — Deberías darme las gracias, viejo, por acabar con sus sufrimientos. Ya no tendrás que preocuparte de tus experimentos químicos para mantener esa momia en pie. Entiende que lo más interesante de la raza humana es que puede morir, especialmente para aquellos que queremos quitar de en medio a gentuza sin escrúpulos como tú. ¿Quince mil años? Qué ridiculez, tampoco ha sido tan difícil quitarle de en medio. Me pregunto... —hizo un gran esfuerzo por volcar una estantería de madera llena de cajas de cartón sobre su cuerpo—... Cómo ha podido sobrevivir tanto tiempo. Ahora sí que me siento en paz, ahora sí puedo pasar página y seguir adelante. Ahora ya no necesito demostrar a nadie que soy la mejor asesina del mundo.

            Encendió una cerilla y la dejó caer sobre la madera cubierta de telarañas y cajas llenas de polvo. El fuego se extendió perezoso por maraña de basura pero las telas de araña y la suciedad acumulada con el tiempo ardieron rápido prendiendo los cuerpos y sus ropas. En cuestión de minutos ambos cuerpos eran una pira funeraria de un metro de alto. Ángela sintió que algo dentro de ella chillaba y se estremeció asustada. No sabía hasta qué punto la había intoxicado con su esencia. Sintió que un sudor frío salía por sus poros mientras el fuego devoraba al viejo y a su marioneta, Alfonso Uriarte.

            Como el fuego se extendió por la nave salió de allí y se encontró con la mujer y la niña mirando el incendio con temor, desde la distancia.

            — Lárguense o las mato —gritó mostrando su pistola descargada.

            Ambas corrieron asustadas hacia la universidad dejando sola a Ángela. Vio con satisfacción cómo el tejado de la nave vencía y las tejas grises caían estrepitosamente para luego comenzar a arder aún más fuerte. La deslumbradora luz del fuego comenzó a lanzar nubes de humo negro al cielo que se camuflaban con la oscura noche.

 

 

 

 

            Volver a la universidad al día siguiente fue toda una experiencia. Sus compañeros la reconocieron por las noticias y todos querían felicitarla por la mentira que habían publicado.

            El incendio de la nave abandonada aparecía en una esquina de la portada de los periódicos con el título "Alfonso Uriarte muere en un incendio". Leyendo la noticia completa vio que la policía sospechaba que estaba siendo extorsionado por algún mafioso y que había preferido inmolarse con su chantajista antes que seguir pagándole.

            Lo que más le sorprendió fue que encontraran los dos cadáveres calcinados, incluido el cuerpo de Alastor. Durante toda la noche había creído que el viejo se habría salvado ya que sus cicatrices no habían reaparecido y sabía el poder que tenía ese hombre para curarse a sí mismo. Nunca pensó que moriría del todo.

            — La investigación de un suceso o actitud extraña a veces tiene la solución más sencilla —explicaba el profesor mientras pensaba en ello—.  Darles la razón y así ellos mismos se dan cuenta de sus errores.

            Ángela asintió apuntándose el consejo en su cuaderno y miró a su izquierda encontrándose el sitio de Marcos vacío.

            Suspiró... Y por primera vez echó de menos a su amigo. Sin Marcos las clases serían aburridas ya que no tenía con quien comentar cosas graciosas y tenía que tomar apuntes, aunque en realidad solo apuntaba aquello que le interesaba. El día se hizo largo pero terminó pasando, como todos los demás.

 

 

            Después de las clases pensó que tenía que disculparse ante Lara Emmerich y fue a verla al hospital.

            La tenían vigilada dos policías y en principio pensó que era por seguridad. Pero al entrar en la habitación se dio cuenta de que era para que no pudiera escapar. La habían esposado a la cama y aun tenía puesto el aparato de respiración artificial.

            ¿Por qué la había disparado? Se preguntó arrepentida, al verla en tan delicado estado de salud. Según el viejo, aún así la respetaba y le tenía cariño... Y para ella, en su mente solo fue un movimiento estratégico de ajedrez con el que dejaría desprotegido al rey, pero ahora no había partida, solo una mujer que le había salvado la vida debatiéndose entre la vida y la muerte por su culpa.

            — ¿Cómo está? —preguntó a uno de los policías.

            — Los médicos han operado el pulmón y podrá vivir muchos años en la cárcel —respondió el de la izquierda—. No se olvide de ir a declarar el jueves, es la primera vista para su juicio.

            — ¿Declarar? —inquirió—. No tengo nada contra ella, Es inocente.

            — A mí no tiene que darme explicaciones —replicó el agente—. Lo que sea dígaselo al juez.

            Ángela estaba sorprendida del cambio completo que había experimentado la sociedad con respecto a ella. Había acabado con todos sus enemigos, la policía la respetaba, la gente la miraba con admiración y todo por una mentira. Se preguntó cuánto tardarían en darse cuenta de la farsa y estaba tentada de marcharse a otra ciudad para no estar localizable cuando eso ocurriera.

            — Mire, ha despertado —indicó el otro policía señalando a Lara.

            Ángela se acercó a ella y la vio mirándola con odio, incapaz de hablar.

            — Bienvenida de nuevo — dijo Ángela—. Ey, no me mires así, que te he salvado la vida... Aunque no te lo creas.

            Lara gimió y apretó los puños.

             Entiendo cómo te sientes, yo también vivía para la venganza, pero ese capítulo ha terminado en mi vida. Ya no están los que iban por nosotras, así que recupérate y olvida nuestra alianza. Seguramente cuando volvamos a vernos querrás matarme así que te deseo suerte. 

            — Intenta escribir algo —indicó el policía al ver el movimiento de sus manos sobre las sábanas.

            Ángela no estaba segura de querer saber lo que tenía que decir pero no pudo impedir al poli que le pusiera un cuaderno en la mano y un lapicero.

            — Vamos, ahora puedes —invitó el agente.

            Lara agarró el trozo de madera y garabateó letras difíciles de entender. Cuando no pudo escribir más por acabarse la hoja, Ángela la arrancó del cuaderno con una mueca de decepción: "Te mataré A". 

            — Estos terroristas no saben decir basta —protestó un policía.

            — Mira, sigue escribiendo en la sábana —indico el otro.

            Los tres miraron atentamente mientras escribía. Cuando terminó, Lara clavó el lápiz encima como queriendo escenificar su sed de venganza y luego la miró a ella con tanto odio que la hizo sentir un escalofrío.

            — ¿Lastor? —preguntó un policía extrañado—. ¿Qué querrá decir esta chiflada?

            Ángela se quedó petrificada al comprender lo que quería decir. Sus cicatrices no habían vuelto y el viejo había muerto.

            ¿Podía estar segura de que era realmente Ángela Dark?

 

 

 

FIN

 

 

 

 

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Comentarios: 7
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 09 mayo 2012 16:30)

    Ha llegado el final. Comenta lo que te ha parecido.
    Espero que hayáis disfrutado de la historia, gracias por leerla.

  • #2

    Bellabel (miércoles, 09 mayo 2012 17:25)

    Gracias, excelente trabajo.

  • #3

    Lyubasha (miércoles, 09 mayo 2012 17:54)

    Acabo de leer el relato y me ha gustado mucho, y eso que por lo general no suelen gustarme las historias en las que aparece Alastor. El final me ha sorprendido y me ha dejado intrigada. ¿Será Ángela Alastor?...

  • #4

    carla (viernes, 11 mayo 2012 07:16)

    O.o wtf paso ahi? :D exelente

  • #5

    yenny (jueves, 17 mayo 2012 00:05)

    Me quede con la misma expresion de Carla O.o, un final impredescible creo que es necesaria una continuacion lo mas pronto posible.

  • #6

    ZEROZX1 (viernes, 02 noviembre 2012 16:05)

    MUY BUENA LA VERDAD ES UNA DE LAS POCAS COSAS QUE ME AN AGRADADO, DEFINITIVAMENTE DEBE HABER MINIMO UNA RESEÑA O CONTINUACION DE SI ES O NO ANGELA.
    FELICITACIONES UN MARAVILLOSO TRABAJO.

  • #7

    CECILIA (jueves, 06 marzo 2014 20:34)

    WOOOOW, EXCELENTE, NUEVAMENTE FELICITACIONES ANTONIO...

Animal es el que abandona a su mascota.

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