Ángel vengativo

4ª parte

            Llamaron a la puerta y escucharon un lejano "adelante".

            - ¿Tienen algo para mí?

            - La anamnesis de los dos -respondió el compañero de Ángela-. Las tenemos por escrito.

            - Está bien, léanla delante de sus compañeros, primero usted señor... "Alf".

            Todos se rieron estrepitosamente y el profesor se hinchó orgulloso como un palomo en celo.

            Ángela vio la cara colorada de su compañero y se mordió la lengua por no explotar. Ese chico tenía razón, nadie recordaba su nombre y todos recordarían su mote toda la vida.

            - Estudididio -tartamudeó nervioso- de la enfermedad de neurosis obsesiva.

            Carraspeo con dificultad.

             - Primera pregunta: ¿Sexo? Masculino.

            - ¡Con la mano! -se escuchó  una voz al fondo de la clase.

            Otra vez rieron todos exageradamente. Al parecer cualquier distracción era bien recibida por el alumnado.

            - Silencio por favor -pidió el profesor, sonriendo-. No es necesario que lea los datos personales.

            - ¿Momomotivo de la visita? -tartamudeó, aun más nervioso-. Falta de seguridad en mí mismo.

            Al darse cuenta que se había tomado en serio su propio cuestionario, sus compañeros comenzaron a guardar silencio.

            - ¿Antecedentes conflictivos? Sin hermanos y sin apenas trato social.

            - ¿Cuántos gatos te has comido Alf? -preguntó de nuevo el de atrás, protegido por las carcajadas de la clase.

            Esta vez el profesor no intervino.

            - ¿Situación familiar? -prosiguió sin esperar a que se callaran-. Padres separados, casi nunca les veía.

            - ¡No me extraña! -croó el mismo de antes.

            - Un momento -le detuvo el profesor-. Por favor, a la próxima gracia tendré que echar a más gente. Veremos si se siguen riendo si tienen que responder el mismo cuestionario de su compañero.

            Se hizo el silencio casi al instante.

            - Puede continuar -invitó.

            - ¿Por qué cree que necesita un psicólogo? -se preguntó a si mismo-. Porque me da miedo hablar con desconocidos, con chicas, con público en general...

            - No entiendo por qué tantos rodeos -replicó el profesor-. Hay que ir directo al grano.

            - Debía ser un cuestionario para todo el mundo, para diagnosticar o no la enfermedad o cualquier otra.

            - Está bien, está bien, siéntense, no quiero perder los quince minutos que quedan de clase escuchando sus vidas.

            Se sentaron, para alivio de Ángela, que no tuvo que leer todas las bobadas que se había inventado en el suyo. Volvió a encender el móvil para grabar la clase y siguió escuchando sin enterarse de gran cosa.

 

 

            Cuando llegó la hora de salir, su nuevo amigo le cedió todo un taco de folios garabateados. Al menos había cincuenta.

            - Mañana o cuando puedas me los traes. Gracias por lo del mote, ahora me llamarán así hasta el fin de los tiempos.

            Se levantó y salió de clase sin más, aparentemente enojado.

            - ¿Y qué se supone que voy a hacer con estos jeroglíficos? -se preguntó decepcionada.

 

 

            Se fue a casa con intención de leerse esos cincuenta folios pero cuando intentó descifrar el primero se dio cuenta de que parecía escrito en otro idioma. Además las pocas frases que entendió tenían palabras que no había visto en su vida y por si fuera poco, las definiciones del diccionario eran igual de crípticas.

            - Creo que me he equivocado de carrera -se dijo, desesperada.

 

 

 

            Durante la siguiente semana siguió asistiendo a las clases y continuó sentándose cerca de su amigo Alf, al que siempre olvidaba preguntarle su nombre. Un día se enteró cuando pasaban lista. Se llamaba Marcos, pero ya se había acostumbrado a llamarle Alf y no cambió su hábito.

            Con el paso de las semanas se fue acostumbrando al idioma de los psicólogos, como los llamaba ella, y sin darse cuenta podía seguir las clases sin dificultad, grabándolas con el teléfono móvil.

            Los profesores que apuntaban fórmulas en la pizarra eran los más aburridos ya que todo le sonaba a chino. Decidió que esas asignaturas eran una pérdida de tiempo y terminó faltando a esas.

            Un día se acordó de su email secreto donde recibía los encargos de su antiguo jefe, Luis. Desde un locutorio se conectó a su cuenta midiendo el tiempo. Si la poli vigilaba la cuenta podía llegar en quince minutos.

            En cuanto abrió el correo vio un solo mensaje. Se quedó pálida al leerlo.

            - No debo abrirlo, no me fío -se dijo mientras hacía click sobre el email.

      Ángela Dark, hemos sabido que tu mentor ha sido asesinado y te has quedado sin mecenas. Anteriormente has trabajado para mí y estoy francamente satisfecho de tu capacidad de realizar trabajos discretos.

 

            - ¿Quién eres? -se preguntó, a mitad del mensaje.

 

 

      Si estás interesada contesta este email para recibir las instrucciones. Son veinte mil por adelantado y veinte mil al completar el trabajo. Recibirás toda la documentación necesaria por este medio.

 

            No había firma.

            - Qué cabrón el Luis, nunca me pagó por adelantado.

            Cerró el correo y se fue del locutorio aun en shock. Un trabajo más, se le abrían las puertas de continuar con su forma de vida, uno solo más y podría terminar la carrera completa sin bajar su nivel de vida.

            Lo malo era que eso apestaba a podrido. No sabía quien era el remitente, no sabía a quién querían que matara, no sabía si en cuanto la vieran aparecer aparecerían treinta maderos apuntándola a la cabeza...

            Al salir del locutorio recapacitó. No tendría otra oportunidad de volver a su antigua vida y adoraba el riesgo, el no saber si viviría hasta el mes siguiente. La nueva vida que había pensado para ella apestaba y no tenía una sola cosa por la que mereciera la pena vivir.

            Al no ver policía por ninguna parte volvió a entrar y se disculpó con su nuevo "jefe". Aceptó el encargo y le pidió que le dijera hora y lugar para encontrarse.

 

 

            Como la cita era por la tarde decidió ir a la universidad por última vez para despedirse de Alf. Llevaba detrás de ella todo ese tiempo para que le devolviera los apuntes y ella siempre los olvidaba. Se hubiera sentido culpable si se los hubiera quedado.

            Ella siempre llegaba a las nueve y media, entrando a mitad de la primera clase y el profesor ni siquiera se interrumpía en su charla aburrida, como de costumbre.

            - Hola Alf -susurró cuando de sentó a su lado.

            - Hola Angy -respondió sonriente-. No te has perdido nada, está explicando lo mismo que el otro día.

            - Voy a dormirme, qué pesado, no me enteraría ni aunque lo repita ocho veces -era la asignatura de filosofía, con diferencia la más aburrida.

            - Según él no terminó de explicarlo ayer.

            Ángela no contestó, miró al profesor con cara de aburrimiento y trató de prestarle atención.

            De todas las clases esa era la que más gente faltaba. No hacía más que recitar su propio libro y lo hacía tan mal para que todos lo comprasen y ni aún así lo vendía porque todo el mundo lo compraba en fotocopias o se lo compraba a alguno de segundo.

            Ella sí compró el libro tenía que rellenar con algo su despacho, si es que lo abría algún día. Además, era lo primero que pagaba por estar en una clase y el profesor la tenía simpatía porque la había visto cargar con el los primeros días.

            - Vámonos de aquí -susurró de repente, harta de ese rollo-. Necesito ver el Sol.

            Alf sonrió y asintió con la cabeza entusiasmado.

 

 

 

 

 

            - Marcos, ¿estás seguro? No me parece buena idea entrar ahí -dijo ella, algo extrañada.

            Se habían alejado hacia el campo y estaban atravesando un camino de tierra que tenía un edificio abandonado con los cristales rotos y múltiples pintadas en las paredes. No había un alma por allí salvo ellos dos.

            - ¿Por qué me llamas así? Es la primera vez que me llamas por mi nombre -replicó él un tanto decepcionado.

            - Tal vez así te des cuenta de que no me gusta este sitio.

            Ángela no tenía miedo por que la llevara a una nave industrial en ruinas, por una zona donde no había visto a un ser en al menos una década. No quería tener que darle una lección a su único amigo de clase si es que se pasaba de la raya.

            - Aquí nadie nos verá, siempre soñé escaparme de clase con una chica a un sitio así. Es una fantasía que tengo desde pequeño.

            Ángela tuvo que pestañear un par de veces, confundida.

            - ¿Así cómo?

            - Así, abandonado.

            - Ah.

            Se sorprendió porque se dio cuenta de que el único amigo que tenía había resultado algo rarito.

            - Y ahora que estamos contemplando esta obra de arte -se burló-, qué piensas hacer.

            - Hablar -replicó él, sonriente-. Nunca antes he podido hablar con una chica y menos tan guapa.

            ¿Hablar? ¿Eso era todo? Definitivamente Alf era un poco retrasado, aunque le aliviaba saberlo.

            - Pues habla -invitó.

            - Te quiero -se lanzó Marcos con las manos en los bolsillos y mirando al suelo.

            ¡Qué! Aquello era peor que si se hubiera echado encima de ella como un violador.

            - Pues que bien -replicó ella, nerviosa por lo que eso significaba-. Te felicito.

            - ¿Eso es todo?

            Sonrió nerviosa.

            - ¿Todo de qué?

            - ¿Me felicitas?

            - Ha tenido que costarte un huevo decirme eso... Con lo taimado que eres y sabiendo de sobra que no eres más que una mascota peluda para mí.

            - Una mascota peluda -repitió sonriendo como un tonto.

            - Por eso te llamo Alf -explicó Ángela sonriente.

            - Al principio no me gustaba que me llamaras así pero luego comprendí que era un nombre cariñoso. No lo decías con desprecio sino como...

            - Ya que estamos contándonos cosas así -interrumpió ella-, trapicheos de nuestra cabeza, vamos, creo que es un buen momento para decirte que lo dejo.

            Marcos se la quedó mirando inmóvil como una estatua con cara de circunstancias, como si le hubiera hablado en chino.

            - ¿Vas a dejar a tu novio por mí? -inquirió.

            Ángela soltó una carcajada tan fuerte que le costó respirar. La cara esperanzada de su amigo se transformó en vergüenza al instante.

            - No tengo novio, idiota -explicó Ángela cuando consiguió dejar de reír-. No me refería a eso. Lo que voy a dejar es esta mierda de carrera que, sinceramente, tiene menos futuro un judío en un bar de talibanes.

            Marcos frunció el ceño.

            - No necesito trabajar con pirados -siguió hablando ella-, en una sola tarde puedo ganar el salario de cualquier trabajador en dos años.

            - ¿Y es legal? ¿Puedo trabajar contigo?

            Ángela se le quedó mirando un instante con una sonrisa enigmática.

            - No -respondió-. Y ahora que lo dices… Sí, puedes ayudarme. No lo había pensado pero de hecho te necesito.

            - ¿Es peligroso? -preguntó intrigado.

            - Pues la verdad es que sí.

            - Cuenta conmigo -aceptó-. ¿Qué tengo que hacer?

 

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Comentarios: 2
  • #1

    yenny (miércoles, 28 marzo 2012 00:33)

    Esta interesante la historia auqnue esta parte esta muy corta, recien puedo entrar a la pagina despues de estar ocupada estos dias, sigue asi Tony cuidate espero que tengas mas tiempo para escribir.

  • #2

    carla (martes, 03 abril 2012 20:54)

    :)

Animal es el que abandona a su mascota.

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