Ángel vengativo

5ª parte

            Marcos tenía claro que haría cualquier cosa por Ángela, incluso comprarse un spray de fijador del pelo, unas gafas de sol casi tan grandes como su cara y una camiseta negra con dibujos de heavy metal, botas de cuero y pantalones elásticos gastados.

            Faltó a todas las clases con dos ideas en su cabeza, ganar mil euros en una tarde e impresionar a esa chica tan temperamental. Él no había tenido más que amores platónicos en su pasado y ella había irrumpido en su vida provocando una revolución completa de su personalidad. No solo había conseguido que fuera capaz de hablar en público sino que había hablado con ella, que era la tía más buena de la universidad; puede que del mundo entero.

            Recorrió toda una calle comercial buscando la ropa que buscaba y cuando tuvo todo comprado se puso las gafas, se vistió de negro y fue derecho al metro, al punto de reunión donde había quedado con ella para ultimar los detalles... O mejor dicho para que le contara lo que tenía que hacer, que no le había contado nada hasta ahora.

 

 

 

            - Ven temprano -repitió ella en la salida del metro donde habían quedado-. Este imbécil..., no tendré tiempo de explicarle nada... Si es que llega y no se ha quedado a merendar en su casa.

            Ángela estaba frenética, no se podía llegar tarde a esa clase de trabajos, los jefes solían tener un carácter explosivo.

            Volvió a mirar el reloj y eran las cinco menos diez.

            Sacó él móvil y le llamó, pero su teléfono estaba fuera de cobertura.

            - Debí quedar con él a las cuatro... Le voy a matar.

            Caminó hasta los escaparates de las tiendas y volvió a fijarse en las mismas botas negras con cinco hebillas que costaban solo ciento cincuenta euros. Recordó el motivo por el que estaba allí esperando y dio una patada a la pared para descargar tensión.

            - ¿Qué tal me veo? -preguntó un tipo enorme con la pinta más rara que había visto en su vida. Llevaba unas gafas negras que compró en un chino, una cresta de gallo tan alta que su cabeza parecía una escoba de bruja. Tenía puesta una camiseta negra con una enfermera ensangrentada dibujada y un pantalón elástico dos tallas más pequeño de lo que debería. Además llevaba unas botas de cowboy marrones que rompían absolutamente la armonía del conjunto, como si un novio en una boda fuera con frac y zapatos de payaso.

            - Si te has comido a Alf escúpelo, te ha sentado muy mal.

            - ¿No voy como un tipo duro?

            - Recuérdame que te explique mejor las cosas Cobra.

            Marcos sonrió orgulloso por ese nuevo mote.

            - No vuelvas a llegar tarde o me largo sin ti.

            - Pero si son menos cinco.

            - ¡Te dije claramente que vinieras temprano!

            Exclamó exasperada.

            - No tenemos tiempo cierra la boca y escúchame con atención. Tienes que reunirte con un tipo en aquel bar de la esquina. No sé cómo es pero debería tener un maletín o un sobre. Esperará a una chica así que dile con discreción que te envía Ángela Dark.

            - Dios qué flipe, como las pelis de gángsters.

            La cara de pringao que tenía ese chico era única. Ángela no quiso ridiculizarle más porque se estaba jugando la vida por ella. Sin decir nada más se encaminó directo al bar y ella le detuvo agarrándolo por el codo.

            - Espera hombre -le dijo enojada.

            - ¿Me vas a dar un beso de buena suerte?

            - Escucha con atención, esto no es una película y deja de sonreír como si salieras en la tele.  No te voy a esperar, es demasiado peligroso. Llámame al móvil.

            Marcos asintió con la cabeza pero siguió mirándola.

            - Vamos llámame, no tenemos todo el día.

            - Ah, que te llame ahora... ¿para qué?

            - Tú hazlo -se desesperó Ángela.

            Obedeció y el teléfono de Ángela comenzó a sonar. Descolgó y se guardó el móvil en el bolsillo.

            - No cuelgues, guárdatelo y así estaré al tanto de lo que pasa.

            - Ala, que chachi -replicó él, asombrado.

            «¿Qué chahi? ¿Quién dice qué chachi? No escucho algo así desde hace diez años» -pensó ella.

            - Cuando te den el material vete a casa, no abras nada, no preguntes nada, si te piden una respuesta simplemente diles que tendrán noticias mías por el conducto de siempre. Ante todo, y te juro que te mataré si lo haces, no se te ocurra hablarme por el móvil mientras estés con ellos.

            - Entonces, ¿para qué lo llevo encendido?

            - Para escuchar todo, ya te lo he dicho idiota. Vamos, no pierdas más tiempo. Para despistar tienes que pasar frente al bar dos veces y pasar de largo, a la tercera entras.

            El chico asintió pero no se fue, se la quedó mirando con cara triste.

            - ¿Qué?

            - ¿No me deseas suerte?

            - Buena suerte -puso los ojos en blanco.

            - Prométeme que después de esto iremos juntos al cine.

            - No abuses de tu suerte -replicó ella sonriendo.

            El sonrió también pero con tristeza.

            - Ya voy, ya voy -se apresuró a decir al verla a punto de reprenderle de nuevo.

            Al fin se ponía en marcha, ella sacó el móvil del bolsillo y fingió hablar con una amiga mientras escuchaba.

            - Sí, tía es súper bonito, me encanta.

            Fingió escuchar una parrafada y asintió con la cabeza. Se encaminó al mismo bar siguiendo a su compañero en la distancia.

            - ¿Decías algo? -escuchó por el móvil.

            - Que no cojas el teléfono, ¿qué coño te pasa tío?

            - Tú me hablaste -protestó Marcos-. Y deja ya de gritarme o me voy a mi casa. Ya me estás cansando.

            Ángela se apartó el teléfono del oído porque su voz sonaba tan fuerte que su teléfono la distorsionaba.

            -¿Puedes decirme si tienes activado el manos libres? -inquirió, luchando por dominar su mal genio.

            - Claro que lo tengo, ¿sino cómo iba a escucharte?

            «Cuenta hasta diez y domínate Ángela, puedes seguir siendo amable» -se dijo.

            - Por favor, desactívalo. Se supone que no debe saber nadie que llevas el móvil encendido.

            - ¿Estás segura?

            «Dios, voy a matarlo».

            - Sí Marquitos, sí, estoy segura de que si sospechan que voy escuchando todo y resultan ser maderos te encerrarán y no pienso darte más consejos. Apáñate como puedas.

            - Qué, ¿la poli te busca? -la voz del chico se escuchó más baja-. Ya está, he quitado el manos libres, voy a entrar. Creo que he visto al tipo.

            Ángela suspiró al escuchar el ruido del bolsillo cuando guardó el móvil. Aguantó la respiración para escucharlo todo pero solo podía distinguir voces mezcladas.

            - ¿Es usted... Em... Esta aquí esperando... Em... El maletín es...?

            - Piérdete friki -dijo una voz masculina, áspera.

            - No lo entiende he quedado aquí con un... Verá... Eh... Eh... Eh... ¿Sabe lo que le quiero decir?

            Ángela suspiró sonriendo, imaginando  la cara de su amigo y la mirada asesina de su contertulio.

            - Me lo estoy perdiendo -susurró.

            - Oiga suélteme -se quejó Marcos.

            Ángela se alarmó, algo iba mal.

            - Lárgate chico, somos de la secreta, vete y no digas una palabra.

            «Maldita sea, era una trampa... Vamos Marcos, no digas nada más, lárgate de ahí, no menciones mi nombre, vamos sal de ahí...» -rogó ella temiendo por su amigo.

            - No lo entiende, he quedado con alguien aquí pero no sé quién es. Vengo de parte de...

            - ¡Que te marches chaval! -exclamó el que debía estar empujándole para sacarlo de la cafetería.

            - Espera, espera, dice que viene de parte de alguien -intervino la misma voz que al principio. Tráelo, puede que nos interese lo que tiene que decir.

            «Ay madre, ya la ha cagado.» -Ángela se desmoralizó.

            - ¿A qué has venido? -preguntó.

            - Había quedado con alguien de Internet -casi recitó como si hiciera una oración a algún dios-. Me tiene que pasar unas fotocopias de la universidad. Pero les juro que son sus apuntes, no son libros, no es nada ilegal agente, se lo prometo.

            «Buena respuesta» -suspiró Ángela.

            - Sácalo de mi vista -renegó el poli de voz áspera, de muy malas maneras.

            - Vale, vale, supongo que tendré que quedar otro día -replicó Marcos.

            El ruido de la calle volvió a intensificarse en el altavoz del móvil y eso significaba que había salido de allí. Ella cortó la llamada y volvió al metro directa a casa.

            «Genial, mi correo secreto está intervenido, se está acercando demasiado. Voy a tener que mudarme.»

 

Continuará

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Comentarios: 4
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 04 abril 2012 17:05)

    Puedes escribir aquí tus opiniones sobre la historia.

  • #2

    Lyubasha (jueves, 05 abril 2012 15:56)

    Hola:
    La historia está muy interesante, veremos qué pasa en el próximo capítulo :)
    Por cierto, el enlace de la página de entrada no funciona, cuando apreto en "ir directamente a la continuación" me lleva al capítulo cuarto.
    Un saludo.

  • #3

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 05 abril 2012 23:12)

    Gracias, ya está corregido.
    ^^

  • #4

    carla (martes, 10 abril 2012 17:35)

    jajajaja me hizo morir de la risa donde angela le dice que si se comio a alf jajajaja.... muy buena la conti ;)

Animal es el que abandona a su mascota.

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