Ángel vengativo

9ª parte

            Después de que Alfonso la consiguió nuevos papeles legales en los que al fin podía llamarse Ángela Dark con propiedad, le facilitó tarjetas de acceso a diversos almacenes ocultos repartidos por Madrid. Todos ellos tan bien camuflados que parecían llenos de drogadictos, okupas o gitanos. Así adquirió una nueva pistola nacarada con cañón dorado que en el mercado negro habría costado una fortuna. Además se le podía acoplar el silenciador con el que podía matar a cualquiera sin el menor ruido, como si usara una cerbatana.

            El primer día había pensado que en cuanto la soltara le mataría. Pero no tardó mucho en entender que era quien pagaría su sueldo el resto de su vida. Un sueldo por no hacer gran cosa y que por cada trabajo podía darse un capricho. Pero lo mejor era que ya no tendría que esconderse nunca más de la poli. Y por si fuera poco, le habían asignado un chalet en un pueblo a las afueras de Madrid donde lo único que tenía que pagar era lo que comiera, las facturas de luz, agua gas… Totalmente libre de hipoteca o alquiler. Por una vida así habría matado a su mismísimo padre.

            Conseguir la dirección de Lara para un hombre que lo controla todo era un juego de niños. Hasta sabía lo que declaraba a hacienda y los días de vacaciones que había pedido.

            Dado que era su prueba de acceso a su nuevo empleo quiso hacerlo de forma rápida y limpia para impresionar a su nuevo jefe.

            Entró en el apartamento de Lara y esperó dentro de un armario.

            Lara no tardó en llegar, sabía perfectamente su rutina. La vio desvestirse y sintió envidia por su cuerpo sin cicatrices. Quería matarla, no humillarla, de modo que salió del armario cuando aun tenía puesto el pantalón y el sostén, sin hacer el menor ruido y la apuntó a la cabeza con su flamante pistola.

            — Hola, colega.

            Lara se asustó y se volteó con los reflejos de un gato.

            — Dios, qué susto me has dado.

            — No pretendía asustarte.

            — ¿Averiguaste algo sobre el que intentaba matarnos?

            — A eso he venido, la búsqueda ha terminado.

            En ese momento Ángela seguía apuntando a Lara.

            — Entonces ¿ya sabes quién financia a Alfonso Uriarte?

            — Creo que no me importa... Vaya, veo que te has estado informando por tu cuenta.

            — Lo supe cuando te detuvieron. Él mismo vino a la comisaría a identificarte cuando se organizó tu captura.

            — Las cosas han cambiado  —el tono de Ángela cambió y amartilló la pistola para que Lara se diera cuenta de que no había venido a charlar.

            — ¿Ah no? —preguntó su víctima sonriente.

            — Me ha ofrecido el puesto de su mano invisible. Solo me ha puesto la condición de matarte y tú y yo seguimos con una deuda pendiente. Cuando me salvaste y dejaste que te sacaran piel de la espalda te ganaste un tiempo de gracia. Pero ya no te necesito, es hora de ajustar nuestras viejas deudas.

            Ángela apuntó a varias zonas de su cuerpo y finalmente eligió el corazón.

            — No lo hagas —pidió Lara—. Es una trampa. Así trabaja ahora ese hombre, la mejor manera de matar a alguien sin que nadie pregunte es contratar a un asesino y ya conoces a estos tipos, para no pagar después matan al asesino. Tú lo has visto, entre las dos podemos atraparlo pero si me matas también será tu fin.

            — Así era Beckett y el ministro, no él.

            — No, es mucho peor. En cuanto aprietes el gatillo estarás firmando tu sentencia de muerte.

            — Te equivocas —contradijo apretando los dientes.

            — Creí que éramos amigas —susurró Lara, derrotada como si fiera lo último que diría.

            — La última persona que me dijo eso me traicionó —pronunció Ángela con odio.

            Era tan fácil, solo tenía que apretar el gatillo. Visualizó la escena y pudo ver cómo Lara caía de espaldas sobre su mesita de cristal. Esta se rompía en pedazos mientras ella la miraba suplicante.

            Le comenzó a sudar la mano que sujetaba la pistola y no encontraba valor para forzar el gatillo y liberar el proyectil.

            — Tienes que estar dispuesta a todo para ser la mejor —recitó una de las lecciones de Frank.

            — He averiguado que Alfonso trabaja para un tipo muy escurridizo llamado Alastor —explicó Lara, que parecía incapaz de rendirse, siempre tenía que decir la última palabra—. Pero es muy peligroso, la persona que me contó de su existencia murió misteriosamente ayer. Soy la única que conoce ese nombre y por eso te han ordenado matarme. ¿No lo entiendes? Es otra trampa, volverán a traicionarte, no eres parte de nada. Solo un peón.

            Lara trataba de salvar la vida, pero ella le abrió los ojos y lo comprendió todo.

            Toda su vida había sido letal y lo único que la había motivado de verdad era la venganza. Ahora entendía que era como una cortina de humo que le nublaba el juicio.

            — No puedo ser la mejor si espero que un pez gordo encubra mis fallos si meto la pata...

            Lara la miró esperanzada.             Ángela guardó la pistola tras el pantalón y se sintió como si estuviera rechazando la oportunidad de su vida. No se dio cuenta de que Lara había recogido su propia arma y la encañonó respirando agitadamente.

            — Ahora despacio coge tu arma con la punta de tus dedos y tírala al suelo.

            — Acabo de perdonarte la vida... No aprendo la lección, ¿eh?

            — Confiaría en ti si no te hubiera creído capaz de disparar, pero por un momento pensé que no lo contaba.

            Ángela cogió su pistola sin seguir sus instrucciones y apuntó de nuevo a Lara, que no supo qué hacer.

            — Bajaré el arma si tú lo haces primero —pidió Ángela—. Te puedo prometer una cosa y es que no pienso volver a la cárcel.

            — Dime, si no piensas matarme qué piensas hacer. Te perseguirán hasta en el extranjero tanto si lo haces como si no.

            — Nadie sabrá dónde encontrarme, cosa que sería imposible trabajando como una marioneta de ese tipo del que hablas. Al intentar apretar el gatillo me di cuenta de que me dolería tu muerte y nunca podría vengarme de la persona que casi me mata. No sé quién es su superior pero estoy segura de que las órdenes no vinieron de tan arriba. Si mato a Alfonso Uriarte —esbozó una sonrisa—, iré luego a por ese hombre del que hablabas, si es que existe.

            — Debería detenerte —opinó Lara—. No puedo dejarte matar a más gente.

            — No lo harás, al menos hasta que acabe con ese cerdo que te quiere ver muerta.

            Lara bajó el arma y al hacerlo Ángela disparó alcanzándola en el centro del pecho.

            — Estamos en paz — expuso la asesina sin el menor sentimiento.

            Lara dejó caer el arma, la bala había atravesado su pecho de lado a lado, perforando el pulmón derecho y rozando la columna vertebral.

            — Hija de puta —fue capaz de decir antes de caer de cara en su moqueta.

            Ángela marcó el 091 y pidió una ambulancia urgente.

            — Vivirás —pronosticó—. Si es que la ambulancia llega a tiempo... Solo así puedo presentarme ante Alfonso con opciones de matarlo.

            Volvió a guardar la pistola y salió del apartamento. Nadie había podido escuchar el silbido de la bala por el silenciador así que cogió el ascensor dejando la puerta abierta para que los sanitarios supieran donde ir y una vez dentro supo que nadie la relacionaría con el disparo.

            Regresó a su nueva casa y se encontró que había un coche aparcado en la entrada. Era de noche y estaba iluminada con velas que marcaban un camino hacia la puerta a través del jardín.

            — ¿Qué demonios?

            Sacó su pistola y abrió la puerta ocultándose de la entrada.

            Asomó la cabeza y vio que las velas continuaban hasta la sala de estar. No sabía qué pensar, ¿qué clase de loco haría semejante cosa?

            Camino tan silenciosa que ni escuchó sus propias pisadas.

            Se asomó de repente apuntando con su arma y lo que vio la dejó helada.

            Había un hombre desnudo esperando en el sillón. La miraba sonriente y su cuerpo era joven y algo musculoso. Aunque estaba algo relleno le pareció atractivo. Tardó diez segundos en reconocerlo y cuando lo hizo su pistola casi se cae de su mano por la sorpresa.

            — ¿Marcos?

            Se había cortado el pelo con bastante acierto, dado que ya no parecía un teleñeco, y sin la ropa de cinco años de uso que solía llevar no parecía él. Se había bañado en perfume y la luz de las velas hacía atractivo su físico, que tumbado disimulaba bien su grasa corporal. Su pene en cambio era una broma de mal gusto, tan pequeño que apenas se distinguía en su mata de pelo negro.

            — ¿Qué demonios haces aquí?

            — Leí el periódico —aseveró sonriente—. Es impresionante, todo el mundo habla de ti. ¿Te lo puedes crees? Llegué a pensar que eras tú la asesina, lo has hecho increíblemente bien.

            — ¿Qué es lo que dice el periódico? ¿Que entres desnudo en mi casa? ¿Se puede saber en qué estás pensando, Alf?

            — Suponía que no lo sabías y lo traje para que lo leyeras. Sale tu foto y todo, eres famosa. Y vine para que me perdonaras… Creí que esto te haría reír.

            Señaló la mesita y vio un ejemplar encima. Ángela no salía de su asombro.

            — ¿Puedes vestirte? No sé si matarte por depravado o por allanamiento de morada.

            Cogió el periódico y lo comenzó a leer con interés.

            — ¿Cómo has entrado? —inquirió mientras buscaba la noticia.

            — Cuando llegué estaba abierto. Creí que estarías aquí y como vi que era por la mudanza y que los empleados se habían marchado coloqué un poco las cajas y me fijé que en una había muchas velas. Me acordé de la película "El paciente inglés" y pensé que sería una buena idea...

            Ángela le miró como quien mira a un perro sarnoso. Ella había visto esa película y ningún hombre desnudo esperaba al final de las velas.

            — ¿Cómo supiste dónde vivo?

            — Fui a la comisaría y me encontré al agente que me había dicho que tenía que entregarte, me explicó todo, que ni él sabía quién eras.

            — Puedes vestirte mientras hablas.

            — Le dije que era tu novio y que tenía que pedirte perdón ya que todo este lío estropeó las cosas entre nosotros.

            Ángela leyó el titular de la noticia mientras escuchaba hablar a Marcos: "Importante operación policial termina con una peligrosa célula terrorista islámica".

            Su nombre abría la noticia con su foto de frente. Como subtítulo figuraba "Ángela Dark, de criminal más buscada a heroína en operación secreta."

            — Como un favor personal me dijeron dónde vivías... —comentó Marcos.

            Por fin comenzó a vestirse, se sentía tremendamente incómoda mientras mostraba sus partes minúsculas.

            —... Y me dijeron que te pidiera perdón con flores y una docena de rosas , pero cuestan cuarenta euros ¿sabes? No tengo mucho dinero y no sabía cómo te tomarías verme aparecer.

            — No somos novios, Alf. Y date prisa en vestirte.

            El chico cerró la boca, seguramente dolido por ese nuevo rechazo. ¿De dónde sacaba las ilusiones? Ella siempre le había rechazado sin la menor ambigüedad.

            Leyó la noticia mientras se vestía. Le costó concentrarse en lo que leía porque no podía dejar de pensar qué esperaba que ocurriera cuando ella apareciera. Pero era imposible saber lo que pasaba por la cabeza de ese chico. Quizás veía demasiadas películas pornográficas.

 

            Ángela Dark fue la heroína que puso fin a uno de los episodios más sangrientos del terrorismo en España en los últimos años. Como agente de la ley no le importó arriesgar su vida infiltrándose en la peligrosa célula de Al Caeda de la que Lara Emmerich era líder.

 

            Luego hablaba de Ángela, del sacrificio personal y la entrega en alas de la justicia que hasta mantuvo su identidad secreta cuando fue detenida para poder completar su misión con éxito. Como si adornar el artículo con frases grandilocuentes hiciera más auténtica la mentira.

            Dejó caer el periódico, recuperada del shock. No hacía ni dos horas que había visto a Lara tendida en el salón de su casa en un charco de sangre y en ese periódico de esa mañana ya se daba por muerta a Lara. Y a ella la trataba como una heroína.

            — Joder ni que hubiera muerto en acto de servicio...

            Espero no haberte asustado con mi atrevimiento, no soy así es que...

            — ¿De dónde demonios han salido estas velas? —cortó ella—. ¿Y estas cajas?

            — ¿No son tuyas?

            Ángela cogió una de velas y con ella alumbró una de las otras cajas.

            — Espera que encuentro la luz —ofreció gustoso Marcos.

            Justo encendió la luz cuando abrió la caja y pudo ver lo que había dentro.

            — Quieto —ordenó ella.

            Demasiado tarde, la luz iluminó por completo la caja y por entre las velas que quedaban se veían cilindros más gruesos.

            — ¡Cooorre Alf, corre por tu vida!

            Ella no le esperó, ni siquiera miró atrás. Salió por la puerta de un salto y rodó por la carretera hasta toparse con el muro de la casa del otro lado de la calle.

             Marcos salió caminando mirándola como si estuviera loca.

            — ¡Sal de ahí estúpido!

            — ¿Por qué? —preguntó él con tranquilidad, abotonándose la camisa mientras aparecía por la puerta caminando.

            La nueva casa de Ángela respondió a su pregunta cuando aún no había cruzado el marco de puerta. Estalló con una violenta explosión lanzando un hongo de fuego hacia el cielo como en una pequeña explosión nuclear. Ángela se cubrió la cabeza con las manos mientras sentía que los restos de Marcos llovían sobre ella y el fuego los carbonizaba antes de tocar el suelo.

 

Comentarios: 2
  • #2

    carla (viernes, 04 mayo 2012 21:39)

    :D

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 01 mayo 2012 09:55)

    Por favor comentar aquí lo que os está pareciendo la historia.

Animal es el que abandona a su mascota.

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