Amnesia

Nota: Esta es la continuación de Mirada perdida.

1ª parte

 

            Abrió los ojos y examinó su entorno. Era un lugar cuadrado y de color blanco. A su lado había un extraño ser, una cosa brillante que se enganchaba a su brazo con una finísima trompa por la que veía salir un líquido transparente. Le dio tanto asco que tiró de ella y salió una púa de tres centímetros que escupió un chorro de sangre al soltarse de su piel. A continuación brotó más líquido rojo de su herida, se asustó y chilló con fuerza pensando que iba a morirse.

            Una de las superficies más pequeñas que le rodeaban se movió repentinamente y una criatura vestida de blanco, que no sabía de dónde salió, fue directa hacia su posición.

            Emitió unos extraños ruidos por  la parte de arriba de su cuerpo, que curiosamente se abría y cerraba al mismo tiempo para hacer ruido y respirar.

            Sus extraños orbes incrustados en la esfera más alta de su cuerpo parecían apuntar hacia su posición lo que le provocó miedo.

            Puso una de sus extremidades sobre su brazo y se dio cuenta de que estas terminaban en los mismos alargados tubos móviles que podía apreciar en sus propias extremidades.

            Los sonidos que salían de la extraña criatura eran irritantes. Pero lo que más le asustó fue que recogía la trompa del animal esquelético y con ella en la mano gritaba con más fuerza. Alguien más vino corriendo con una plataforma plateada sobre la que llevaba cilindros transparentes. La criatura cogió uno de ellos y cuando vio en su extremo otro aguijón brillante similar al de la criatura tubular se asustó aún más. Como le habían sujetado sus brazos, no podía moverse y el de los aguijones aprovechó para clavarle uno en el pliegue del codo. Luego empujó el émbolo y le inyectó el veneno hasta que el contenido desaparecía por completo del tubo de plástico.

 

 

 

 

 

 

            Despertó de nuevo aunque esta vez sólo miró a su alrededor moviendo el cuello. Algo fuerte sujetaba sus brazos y piernas.

            ¿Qué lugar era ese? ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Quién era? Que pudiera formularse esas preguntas le hizo sentir bien, tomar consciencia de su existencia era algo que nunca había hecho antes.

            Se fijó que el extraño ser que tenía al lado, el de la trompa transparente estaba de nuevo succionándole la sangre pero no se movía en absoluto ni respiraba. Se limitaba a estar de pie junto a ella. El único movimiento que veía eran unas diminutas bolitas transparentes que aparecían en un tubo de cristal y caían a una sustancia que se acoplaba a la perfección al cilindro que la sostenía. Cuando la esfera entraba en contacto con la superficie, esta la engullía. El proceso se repetía una y otra vez lo que resultaba fascinante. ¿Acaso las bolitas de arriba no se daban cuenta que si bajaban serían engullidas? ¿Por qué seguían bajando? Se quedó mirando el gotero con curiosidad obsesiva.

            - ¿Cómo te encuentras? -Le preguntó alguien, justo en frente. Ni siquiera sabía de dónde había salido.

            Se lo quedó mirando con intriga preguntándose cómo era posible que hubiera entendido la pregunta.

            - Veo que has declarado la paz a las agujas -siguió hablando la curiosa criatura-. Debe ser duro despertar y no recordar absolutamente nada.

            Ignoraba si el propósito de esos sonidos tenía algún fin y se lo quedó mirando con interés.

            - ¿Cómo te llamas?

            Estaba intentando averiguar algo que superaba con creces el alcance de sus conocimientos.

            - ¿Cómo te llamas? -Respondió con su misma entonación, para escuchar una posible respuesta. Quizás si la criatura respondía entendía mejor la pregunta.

            - Alucinante -exclamó el ser, que ahora miraba hacia sus ojos como si viera algo diferente en ellos que antes de repetir su sonido-. Eres capaz de hablar.

            -Alucinante -repitió tratando de recordar la respuesta a esa pregunta.

            Seguía entendiendo lo que decía pero le llamó la atención que a pesar de ello no estaba diciendo nada. Pensó que era ridículo emitir sonidos sin un fin y decidió que por ese motivo era una criatura estúpida. Igual que esas bolas brillantes que aparecían en el tubo de cristal para dejarse caer en esa sustancia transparente que las engullía a todas.

            - Suero -explicó la criatura-. Y lo tienes porque hace años que estás en coma. Tu cerebro ha estado muerto y milagrosamente a vuelto a la vida.

            Le miró con sorpresa. ¿Qué eran años? ¿Qué era coma? ¿Y cerebro?,¿y muerto?...

            - Me llamo Yuvén -continuó hablando-. Y llevo años tratando de llegar a ti. Haz cualquier gesto para que sepa que entiendes lo que te digo.

            No comprendía lo que decía y pero sí que esperaba alguna respuesta por su parte. ¿Qué era un gesto?

            - Yuvén -vocalizó lentamente y con dificultad.

            El sujeto abrió los ojos hasta el límite de sus cuencas y se puso en pie.

            -  ¿Me has entendido?

            Qué individuo tan raro. ¿Acaso no llevaba tiempo ahí sentado, a su lado tratando de comunicarse?  ¿Qué esperaba? Si buscaba una respuesta, ¿Por qué se sorprendía al recibirla?

            - Yuvén -repitió elevando el brazo hacia él. Como no sabía nada de su propia identidad luego puso la mano en su pecho y notó algo que ese ser no tenía: Unas protuberancias blandas que sobresalían a ambos lados de su pecho.

            - ¿No sabes quien eres? -Respondió con decepción esa criatura-. Esperaba que lo supieras. Apareciste en la gruta de Lourdes hace un año. Estuvimos juntos en el hospital, yo era otro paciente. Al verte me empeñe en ayudarte hasta que supiera quién eras y qué te había pasado. Me obsesioné tanto que olvidé mi propio mal.

            Puso su extremidad sobre la suya y sonrió.

            - Te cogía de la mano a diario, como ahora, y tú no la apartabas. Espera un momento. Mira esto.

            Se levantó y cogió un trozo de cristal brillante de la mesilla de al lado. El objeto reflejaba todo con gran nitidez. Se preguntó cómo una cosa tan fina era capaz de imitar lo que le rodeaba con tanta precisión, parecía que había otro mundo detrás.

            - Tranquila, sólo es un espejo.

            ¿Cómo supo lo que pensaba? Sin decir nada más, el individuo colocó ese fascinante objeto ante sus ojos. Vio una cara ovalada, una nariz, unos ojos, pupilas de color similar al cielo, pelo oscuro que caía revuelto sobre sus hombros. En definitiva, una cara completamente desconocida aunque mucho más simple que la del personaje que se empeñaba en comunicarse con ella.

            - ¿Yuvén? -preguntó con la mano en el pecho.

            - Nadie sabe tu verdadero nombre -explicó el muchacho.

            - ¿Quién? -Preguntó ella, esperanzada.

            - No, nadie es que no hay quien lo sepa, no es una persona. Podemos inventarnos un nombre para ti mientras no lo recuerdes -propuso él como si no tuviera importancia.

            - ¿Podemos? -le veía hacer ruidos pero no entendía gran cosa.

            - Claro y cuando lo recuerdes puedes elegir el nuevo o el viejo. ¿Qué dices?

            Ella frunció el ceño, si él era Yuvén y podía cambiarse el nombre. ¿Para qué servían entonces? Ya era bastante difícil recordar el primero. ¿Y si alguien decidía cambiar de nombre a los dedos, por ejemplo? ¿Cómo se iba a enterar el resto de los alguienes?

            - Si puedes entender lo que digo es que tu memoria está recuperándose muy rápido. Quizás recuerdes todo mañana o dentro de una semana.

            Ella asintió aunque no estaba segura de haberlo entendido. Recordar era una palabra difícil, que era el acto de comprender ciertas cosas. Pero le costaba creer que pronto lo entendería todo.

            - ¿Te gusta Eufrasia? -Propuso su parlanchín acompañante, sonriendo.

            Al escuchar esa palabra sintió un apetito repentino. Su mente se llenó de imágenes de una fruta regordeta cubierta de semillas y de un color llamativo. Sus papilas gustativas le mandaron a su cerebro un antojo de fluidos ácidos y dulces.

            - Me encantan las fresas -pronunció con dificultad.

            - Ja, ja, ja, no hablaba de comida. Pero es asombroso que hayas construido una frase tan pronto.

            - No hay fresas -dedujo ella con tristeza, aburrida de tantos ruidos sin sentido.

            - Estábamos eligiendo un nombre, recuerdas.

            - ¿Yuvén? -ese era el único que conocía.

            - Ese es mío, estamos eligiendo el tuyo -replicó el individuo.

            Le daba miedo preguntar, se sentía mal por ser tan ignorante.

            - ¿Qué es eligiendo? -preguntó, arrugando la nariz.

            El tal Yuvén emitió un suspiro y no respondió. Se limitó a sonreír con tristeza. Sintió lástima por él y repitió lo que le hizo tanta ilusión antes.

            - Me gustan las fresas -pronunció ella sonriente.

            - Está bien. Prometo llevarte a comer a un sitio que las ponen muy dulces y ricas con nata y azúcar. Pero no... No estás lista para salir.

            No se había alegrado igual, ese Yuvén era muy extraño.

            - Me gustan las fresas -insistió buscando sorprenderle con el mismo tono alegre de antes. Si había alguna posibilidad de que pudiera comerlas, insistiría hasta conseguirlo.

            - No me dejarán sacarte ahora -desengañó Yuvén -menos emocionado todavía-. No puedes ni caminar.

            - ¿No puedo? -Intentó levantarse pero esas correas de tela no la dejaban moverse-. Quiero.

            El individuo la cogió por las muñecas y las toqueteó con las manos con graciosa habilidad. En cuestión de segundos las telas toscas se habían separado y vio libres sus extremidades superiores y luego las inferiores. Puede que emitiera ruidos con poco sentido, pero era hábil.

            - Intenta levantarte -ofreció el amable Yuvén-. Vamos, quiero ver si tienes fuerzas.

            Volvió a cogerla por las manos y tiró hacia él. Empujó con el estómago y sintió una alegría inmensa cuando todo su tronco se desplazó hacia delante.

            Sin saber cómo, en un abrir y cerrar de ojos estaba totalmente vertical, sujeta por las manos de Yuvén. Con él todo parecía sencillo.

            - Cielo santo, no pesas nada...

            Pero al verla así su expresión cambió por completo. Sus ojos parecían empeñados en salirse de sus cuencas.

            - ¿Cómo has hecho eso? -Preguntó con el pulso acelerado y bastante asustado.

            - Caminar -propuso ella sonriente.

            - ¡Estás volando! -Exclamó el médico mirando hacia sus pies.

            - ¿Dónde? - Repitió ella al ver que el suelo estaba  a más de diez centímetros.

            El doctor cerró los ojos y se cayó como un muñeco de trapo. Preocupada, se agachó y sintió la superficie inferior de ese lugar. Era una sensación cálida y decidió que debía caminar ya que, al parecer, estaba prohibido flotar. Aunque le preocupada Yuvén, éste no se movía.

            - Me gustan las fresas -apremió ella, moviendo al chico por los hombros.

            Éste se despertó a su contacto y la miró como si viera a otra persona. Ya no parecía tan amable.

            - ¿Fresas? Puedo caminar -ofreció sonriente palpando el suelo con los pies en cuclillas.

            Al parecer dijo algo muy gracioso porque el hombre sonrió al escucharla y al fin se levantó.

            - ¿Puedes volar? -preguntó-. Si digo esto me volverían a encerrar.

            - No, pies sobre el suelo.

            - Qué bien -se extrañó el muchacho, que no salía de su asombro.

            - ¿Fresas con nata y azúcar? -Preguntó, sonriendo.

            - Supongo que... Tendré que buscarte otra ropa. Espero que no nos digan nada. No puedes salir con esa bata de hospital.

            - ¿Dónde? -Preguntó-. Oh, muchos enfermos.

            De repente se sintió triste y sus ojos se humedecieron.

            - Estás recordando con asombrosa velocidad. Y decía Cluvert que jamás recordarías como atarte los zapatos.

            - Clu... -esa palabra era difícil de repetir- ¿Jamás lo recordaré? ¿Qué es atarse zapatos?

            - Cuando te traiga unos te lo enseñaré.

 

 

 

 

            En cuanto se puso las extrañas telas en su cuerpo y esas bolsas en los pies, estaba orgullosa de haber sido capaz de ponerte todos esos zapatos sin ayuda del chico.

            Salieron de aquel habitáculo blanco y descubrió que ahí fuera había muchísimas criaturas. Unas no se movían, se limitaban a estar pitando junto a otros enfermos y a pesar de ello estos dormían plácidamente. Otras esperaban ser tocadas para reaccionar, lo supo cuando chocó con alguien y le espetó: ¡Cuidado!

            Otras simplemente estaban ahí sobre grandes cantidades de arena medio enterradas en un tiesto. Las más curiosas eran unas diminutas criaturas que emitían sonidos estridentes por sus bocas y una de ellas le fascinó tanto que al pasar a su lado se la quedó observando fijamente. Entonces, cuando sus miradas se cruzaron dejó de chillar. ¿Eso era lo que quería? ¿Atención? se la concedió, al fin y al cabo no parecía peligroso. Cuando ese pequeño notó que le contemplaba sonriendo, amortiguó sus gritos y se la quedó mirando, incluso devolviéndole la sonrisa. Apenas la alcanzaba a la cintura y tenía todos sus miembros proporcionalmente más pequeños y regordetes.

            - No mires tanto a los niños, llamas demasiado la atención -susurró Yuvén.

            - ¿Llamo a quién? -Se preguntó, estupefacta.

            - No... -el chico suspiró, resignado-, digo que la gente nos mira, pórtate bien por favor.

             Preguntándose por qué nadie les decía a esos seres diminutos, llamados niños, que ellos sí estaban  haciendo mucho ruido y ella no.

            - Vamos, luego te explico lo que quieras, tenemos que entrar ahí.

            Pulsó un círculo en la pared y éste se iluminó. Tenía mucha prisa pero, al parecer, después de pulsar ese extraño círculo no le importó quedarse quieto mirando una superficie de metal que adornaba la pared que tenían delante. De pronto sonó una campanilla y la superficie metálica se movió dejándoles ver un habitáculo diez veces más pequeño que donde la habían tenido durmiendo.

            - Vamos -ordenó Yuvén, que la condujo al interior de ese lugar.

            - No, no hay salida -protestó-. No vamos.

            - Ssss, luego te explico, entra y no armes jaleo.

            Aunque no quería introducirse en ese lugar, confiaba en él. Hasta ahora era el único al que entendía, le había prometido fresas con nata y estaba hambrienta. Dio varios pasos con inseguridad y una vez dentro las planchas de acero les encerraron. Inmediatamente después el suelo desapareció y se golpeó la cabeza con el techo.

            - Intenta no volar, por favor -ordenó Yuvén, asustado-. Vamos, pon los pies en el suelo.

            - No muevo, mueve casa-protestó nuevamente ella, asustada -. ¡Está cayendo!

            - Estamos bajando hasta la salida del hospital -replicó él sin asustarse-. Haz lo que yo, no intentes volar ni alejarte de mí, y sobre todo mantén los pies en el suelo ¿entiendes?

            - ... Entiendo -respondió, feliz consigo misma de recordar el vocabulario humano.

 

Comentarios: 7
  • #7

    katti (jueves, 21 febrero 2013 20:08)

    Esta cheverisima esta primera parte, desde que pusiste proximanete amnesia, sabia que la historia se trataba de Genesis, espero que la termines pronto...!

  • #6

    Tony (miércoles, 20 febrero 2013 14:50)

    Yuvén es el único superviviente de mirada perdida, que se esconde bajo la cama porque ella le dice que se vaya. Luego se supone que es trasladada y él se cura porque se obsesiona en ayudarla... bueno son cosas que hay que contar en este relato así que no me adelanto.

  • #5

    lulu69 (miércoles, 20 febrero 2013 14:19)

    Está muy bien, pero en Mirada Perdida termina con que estan todos muertos menos ellos dos, creo que se refiere a Yuvén. No entiendo muy bien el comienzo...

  • #4

    Diana (miércoles, 20 febrero 2013)

    wow buen comienzo pero necesito mas alimenta mi curiosidad tony has creado un monstruo que se alimenta de tus historias. asi que alimentame!!!!!!!!!!!!!!! ja ja ja

  • #3

    Jaime (martes, 19 febrero 2013 19:43)

    Continuación, por favor...

  • #2

    Angelo (martes, 19 febrero 2013 17:29)

    Jajajajajaja guao ha estado super entretenido esta es la version humana de Isis si no me equivoco verdad? Pues muy buena excelente parte espero la continuacion.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 19 febrero 2013)

    Ya podéis comentar si os ha gustado el comienzo. Ya sabéis que podéis influir en el trascurso de la historia con vuestras aportaciones.

Animal es el que abandona a su mascota.

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