Antonio Jurado

11ª parte

            El teléfono sonó a los tres días.

            - Vendrá esta noche, dijo que tengamos su dinero preparado en efectivo - le dijo la voz del dueño -. Venga con su estampilla, por favor.

            Obviamente se refería al nuevo billete de quinientos euros.

            - Muchas gracias, iré inmediatamente - respondió.

            Era su primer caso y estaba nervioso, acudió un par de horas antes de la noche, por si tenía la buena fortuna de que ella no acudiera al amparo de la oscuridad. Temía verla de noche, ya sabía la colosal fuerza que tenía.

            Se preparó para el encuentro, compró un machete de la longitud de un codo y estuvo practicando en el hotel, cortando muslos de pavo con un golpe seco y contundente. Lo afiló hasta que podía cortarlos de un solo tajo, con hueso y todo. Se mentalizó que lo más difícil iba a ser resistirse a sus encantos. Seguramente ella le cautivaría, se sentiría como si estuviera matando a la única hada de la creación y aún así debía hacerlo, tenía la obligación moral de detener a esa asesina.

            El bar era lo más decadente que había visto en su vida. Tenía aspecto de taberna antigua de películas medievales y, con las antorchas que iluminaban su entrada, parecía la puerta a una película de vampiros. El local estaba atestado de gente, la mayoría con disfraces de vampiros, unos con colmillos de plástico, con lentillas fosforescentes, algunos tenían colmillos tan buenos que parecían reales. Tuvo la sensación de que estaba dentro de un aquelarre vampírico. Se sintió raro por no llevar su capa, sus lentillas o sus colmillos y eso era lo último que pretendía si quería sorprenderla. Quién más y quien menos aparentaba ser uno de esos chupa sangre y él parecía una bombilla blanca en medio de luces rojas.

            - Por favor, está asustando a mis clientes - le reprendió el dueño del local, no sin una mueca de burla -. ¿Dónde está el billetito?

            - Cuando la vea se lo daré - dijo.

            - De acuerdo, póngase cómodo, podría llegar en cualquier momento o no llegar hasta última hora de la noche.

            Antonio apretó los labios con fastidio. ¿Dónde iba a esperar? Solo podía permanecer allí, en la barra, mientras la gente pasaba los brazos por encima de él cogiendo sus consumiciones o pagándolas.

            - Aquí estaré bien.

            - ¿No le interesan unos colmillos, unas lentillas, una copa...? - preguntó el dueño.

            - Sí, déme colmillos y lentillas, y por favor póngame un refresco de limón.

            - Vaya, parece que le prohíben beber en horas de trabajo.

            - No quisiera estar borracho cuando ella aparezca. ¿Tienen mucho trato? ¿Qué le pareció?

            El hombre indicó a una de sus chicas que le trajeran lo que había pedido.

            - Me debe treinta libras - contestó -. Bueno, cuando la contraté pensé que era menor de edad, pero como estaba tan buena hice la vista gorda. Dijo que necesitaba dinero y yo no me meto en la vida de mis empleadas. Nunca protestó por su trabajo, hacía las horas que fueran necesarias, con eso yo estaba más que contento.

            - ¿No intimó con ella? - preguntó Antonio, quitándose la gabardina por que empezaba a asfixiarse por el calor y el humo del tabaco que le envolvía.

            - No, las relaciones con mis empleadas son exclusivamente profesionales. No quiero tener problemas con ellas.

            - Está bien - Antonio trataba de ponerse las lentillas amarillas y el dueño le miró como sintiendo pena.

            - Váyase al baño, allí podrá hacerlo sin que se le caigan.

            Así lo hizo, se fue al baño y se puso los colmillos de plástico y las lentillas. Estas últimas le costaron un poco más de la cuenta porque nunca se había puesto lentillas. Se preguntó por qué hacía eso y se auto contestó diciendo que nunca la pillaría por sorpresa si destacaba tanto entre la gente.

           

            Estuvo esperando toda la noche en la barra, tomando un refresco detrás de otro. Sam no apareció a la hora del cierre del local, a las seis de la mañana. Había visto toda clase de personas, pandillas y hasta había visto a un periodista que había hecho preguntas a personas al azar. Pudo escuchar una de ellas y así se enteró de que algunos se habían quitado sus colmillos auténticos y se habían hecho coronas atornillables. Por el día se ponían los colmillos normales y por la noche los de vampiro. Incluso hicieron una demostración al periodista, que parecía bastante seguro de que ese era el secreto de aquella misteriosa chica pelirroja.

            Cuando cerraron el local, tuvo que marcharse. Se había gastado más de doscientas libras aunque, al menos no tuvo que pagar los quinientos euros - que al cambio no había mucha diferencia.

            Una vez en la calle, todavía no había amanecido. Había una densa niebla y la calle estaba desierta. No había ruidos, eran las seis de la mañana. Fue aburrido esperar a que pasara un taxi que le llevara a su hotel. A pesar de ser una calle de doble carril para cada sentido, apenas pasaban coches y los que pasaban eran jóvenes conduciendo a altas velocidades. Le recordó un poco a la calle Velázquez, de Madrid, salvo que allí las casas eran con tejado en uve y en Madrid eran rectangulares con fachadas de piedra y balconadas de hierro de metro y medio de ancho. Los portales eran similares al del piso donde había ido con Sam, unos portones imponentes de madera con barrotes negros de metal. Se preguntó si a esa chica le gustaba ese tipo de zona para vivir y se respondió a sí mismo deduciendo que ella vivía donde más presas pudiera acechar.

            - Sigues siendo virgen - le dijo la voz de Sam, a su espalda -. Hueles delicioso, como siempre.

            Antonio se volvió y la miró, asustado. Esperaba que ella no le hubiera reconocido por su cambio de aspecto. Sam iba vestida con pantalón vaquero, camisa blanca y botas de tacón medio alto. Toda la noche esperando a una vampiresa y al final se había vestido completamente normal, sin cosas extrañas. Estaba claro que el mundo se había vuelto loco, los vampiros no lo parecían y los humanos querían parecer payasos en lugar de vampiros.

            Cuando ella le vio, esbozó una sonrisa complacida.

            - Vaya cambio, chico, estás guapísimo.

            - ¿Cuántos has matado? - preguntó Antonio, con nerviosismo.

            - ¿Hemos estado meses sin vernos y solo se te ocurre preguntarme eso? - preguntó Sam, sonriente.

            - Casi me matas, no me hables como si fueras amiga mía.

            - Aquí estás, ¿no? Te saqué de la cárcel y te ha ido bien desde entonces. Sabía de sobra que sobrevivirías si comías algo, pero que podías morir si te quedabas dormido, por eso te avisé de que a la tercera nadie sobrevive. Tenías que reponer líquidos inmediatamente y yo me tenía que ir. Además, ya te dije que a veces veo el futuro.

            - ¿Y viste este futuro? - preguntó él.

            - ¿Te refieres a si vi que me ibas a matar hoy? - preguntó ella, sonriente -. Vi que venías a intentarlo pero yo te decía que no había llegado mi hora y me dejarías marchar.

            - Pues... visión equivocada - replicó él, metiéndose la mano en el interior de la chaqueta y empuñando el machete.

            - Solo maté a ese chico - respondió ella con cierta tristeza -. No suelo matar a nadie a menos que ponga en peligro mi secreto.

            - ¿Te refieres al del periódico?

            - ¿A quién sino? Me hiciste entender que siempre estaría en peligro mientras dejara cadáveres a mi paso. Y no necesito matar para alimentarme así que los elijo bastante borrachos y evito morderles, les corto con una uña en el cuello y bebo su sangre, tranquilamente, cuando pierden el sentido. A mí no me afecta el alcohol así que puedo permitírmelo.

            - He venido a acabar contigo - dijo Antonio, decidido.

            - Y yo no quiero morir todavía así que no te pongas pesado - replicó ella, enojada.

            El detective sacó su mano con el machete y con un rápido gesto de muñeca atacó directamente al cuello de Sam.

            Antes de que pudiera rozarla, el machete se partió por la mitad y, debido al golpe, salió despedido de su mano. La chica se había limitado a poner el brazo delante y con la fuerza del golpe se partió la cuchilla. No le hizo el menor daño, su piel parecía de piedra.

            - Eres increíble, así cómo quieres que me fíe de ti - le regañó ella, jocosa.

            Antonio tuvo miedo, estaba completamente a su merced.

            - ¿Vas a matarme? - preguntó, asustado.

            Ella se acercó a él y éste se quedó helado, petrificado por el miedo. Sintió sus labios en sus mejillas dándole un frío beso.

            - Cuando esté lista para morir, serás tú quien me mate. Lo juro - le susurró Sam al oído -. Pero estoy cogiéndole el gusto a la vida. Puede que nunca te necesite.

            Antonio cerró los ojos al sentir que sus labios helados descendían hasta su cuello. Esperó que le mordiera en cualquier momento. Luego, dejó de sentirlos.

            Abrió los ojos y Sam había desaparecido.

            Suspiró profundamente y se sintió ridículo por haber intentado acabar con ella y haber fracasado.

 

            Volvió a su hotel y después de unos días sin más pistas de ella, decidió volver a España. Aunque dominaba el inglés, prefería estar en España a pesar de que los casos de fantasmas podían ser más frecuentes en Inglaterra. Allí cuatro de cada diez ingleses creía en ellos y uno de cada diez aseguraba haber visto uno.

            En España era uno de cada cien el que creía en ellos así que temía que no fuera fácil conseguir casos. Aún así echaba de menos su tierra. Algún día, cuando no pudiera quedarse más tiempo en su país natal, viajaría a Estados Unidos, puede que a Perú, Argentina o Venezuela. Era difícil saber dónde acabaría o dónde moriría.

            Su vida había cambiado para siempre. Estaba claro que estaba viviendo el comienzo de su verdadera vida y sonrió satisfecho. No podía ser más interesante.

 

 

FIN

Comentarios: 5
  • #5

    Tony (viernes, 22 abril 2016 03:02)

    Si ves el índice sabrás el orden de las historias, en general y por cada personaje.

  • #4

    karen batres (viernes, 22 abril 2016 02:51)

    me encanta estas historias, pero me encantaria conocer las secuelas

  • #3

    carla (martes, 05 julio 2011)

    Me atrapo desde el principio. Me encantan estas historias. Muy buena!

  • #2

    x-zero (jueves, 05 mayo 2011 20:13)

    exelente, como siempre *_*, esta vez no alle fallos, la hisyoria es simplemente buena :D, esperare tus siguientes historias c:

  • #1

    Tony (jueves, 05 mayo 2011 15:00)

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Animal es el que abandona a su mascota.

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