Atravesando el espejo

2ª Parte

(Anteriormente)           

 

Como si los elementos estuvieran a su merced, varios fragmentos de pared se fueron acumulando en la abertura de abajo y formaron unas escaleras que flotaban en el vacío. Unas interminables escaleras que descendían hasta el corazón de las llamas del infierno.

            - Tienes que escucharme, no te invoqué en serio. Pensé que no aparecerías. ¿cómo iba yo a imaginar que estaba vendiendo mi alma al diablo? No creía nada de lo que decía Susana, no tengo culpa de nada, déjame en paz, suéltame, no quiero seguir.

            Mientras protestaba se veía arrastrado escaleras abajo directo al infierno. A pesar de que había infinidad de escalones, se acercaban al mundo de tinieblas y llamas mucho más deprisa de lo que parecía.

            - ¿Nunca has pensado rebelarte? No es justo ni que tú estés aquí si no estás muerta, ni que yo haya muerto tampoco. ¿No hay un Dios justo que evite estas cosas?

            - Dios no tiene nada que hacer en el infierno.

            - Eso es mentira, Dios está en todas partes - dijo él, esperanzado con sus palabras.

            - No lo has entendido, ¿verdad?

            - ¿Qué tengo que entender? No quiero ir al infierno.

            - Dios está en el cielo, el Diablo gobierna el infierno. Ninguno se mete en el lugar del otro.

            - Dios está en todas partes.

            - Para que lo entiendas, te lo explicaré. Imagina que tienes el número 3. ¿Qué pasa si pones un igual a 0 junto a él? Tienes una ecuación errónea. Tienes que poner tres menos tres igual a cero.

            - ¿Qué quieres decir?

            - Ahora piensa en infinito. Dios es el infinito y el diablo es el menos infinito. Para que exista un equilibrio en la creación, la ecuación debe estar igualada. Para que exista lo positivo, el mundo real, tiene que haber un negativo, el otro lado del espejo. Estos no son otra cosa que ventanas que nos muestran el otro lado. Para que haya cielo, tiene que haber infierno, el calor y el frío se igualan, la luz y la oscuridad tienen que neutralizarse.

            - Los espejos solo reflejan la luz, no hay nada detrás.

            - Exacto, toda la luz que entra, sale invertida - explicó ella-. Es por eso que si le muestras un espejo a un endemoniado, el mal tiende a volver al espejo. Por eso están los mitos de los vampiros que no se ven reflejados en los espejos. Es porque ellos vienen del infierno y no son reales a pesar de que consiguen causar esa ilusión a los mortales.

            - ¿Me estás diciendo que los vampiros existen? - preguntó Juan, incrédulo.

            - Solo te estoy diciendo por qué los espejos están rodeados de tantos misterios.

            - Mierda, para, detente - le suplicó Juan, con lágrimas en los ojos -. Por favor, no quiero seguir.

            - Acaso crees que alguien quiere - dijo ella, impasible, bajando los escalones lentamente.

            - Juntos podemos revelarnos, salir del infierno.

            Ella señaló hacia arriba y Juan se fijó que entre las nubes grises volaban criaturas semejantes a dragones. Eran formas físicas con cuerpos musculosos y rojos. Sus cuernos eran negros y su rostro era demoníaco. Subían y bajaban en desorden. Los que subían llevaban las garras vacías y los que bajaban llevaban cuerpos ensangrentados hacia abajo.

            - Pronto descubrirás que tu condena no es estar encerrado en el infierno. Todos pueden entrar y salir.

            - Tú no eres como ellos.

            - Ellos son demonios, yo solo soy una humana.

            Esa revelación no le consoló en absoluto. Sentía que su mano tenía una fuerza imparable y le resultaba imposible resistirse a su avance.

            - ¿No hay ni siquiera un poco de amor en el infierno? ¿No tienes un poco de compasión por tus víctimas?

            - El amor es la causa de tanto dolor - explicó ella.

            Juan no entendió muy bien aquella categórica afirmación. Sabía que en la vida real el amor tenía dos caras, la de la felicidad y la del sufrimiento. ¿Quería decir que el cielo se quedaba la felicidad del amor y el infierno la parte del dolor?

            Las escaleras se terminaron en una planicie oscura en la que las piedras sangraban. La planicie estaba como esculpida con formas extrañas y entre dichas formas se veían grietas de sangre. Entre esas formas se veían huecos que les permitían ver que mucho más abajo estaba el fuego. Juan se fijó bien en una de las formas de las piedras que pisaba y distinguió una cara distorsionada. Su terror fue mayúsculo al ver que abría los ojos y le miraba con un sufrimiento extremo mientras exclamaba suplicando piedad. El suelo entero estaba formado por caras en aquella planicie que flotaba a cierta distancia sobre el océano de fuego. Fueron despertando todos los que estaban lapidados en aquel suelo sangriento a medida que pasaban sobre ellos. Sus pies les aplastaban y ellos respondían maldiciendo e insultando. Algunos trataban de morderle y lo hubieran conseguido si no les recubriera una membrana gris.

            - Aquí están los justos que nunca creyeron en Dios - explicó Verónica mientras avanzaban pisando sus cabezas -. Ahora están tocando continuamente la realidad que les acoge. La única realidad en la que pueden creer.

            Juan se quedó sin habla. Aquella planicie era inmensa y cada paso que daban pasaban por encima de tres almas condenadas, suplicando piedad. Lloraban y suplicaban una nueva oportunidad. Otros trataban de morderle cuando ponía el pie sobre ellos y cuando se alejaba le lanzaban maldiciones horribles.

            - Pobres desgraciados - siseó Juan, sobrecogido.

            - ¿Por qué? Comparado con los de abajo, estos no sufren. Ten en cuenta que el único bien del infierno es saber que hay muchos otros que están peor que tú.

            - Menudo consuelo.

            - Es fruto del odio y el desprecio por los demás. El cielo es casi idéntico que el infierno pero reflejado. Por ejemplo el único mal que hay en el cielo es saber que hay otros que están peor que tú. Si te das cuenta lo único que distingue el cielo y el infierno es el amor que guarde cada uno por los demás. Estos sufren porque están unidos para siempre a gente que destestan. En el cielo es un abrazo perpétuo a gente que amas.

            El pánico estuvo a punto de dominarlo cuando escuchó eso. Para él sería una tortura estar abrazando a mucha gente para siempre. Llegaron a una grieta que descendía hacia la oscuridad y el fuego. Verónica no se detuvo y comenzó a descender por una rampa de arena que atravesaba el suelo de ánimas lapidadas unas contra otras. Saber que esa era la parte menos terrible del infierno hizo que Juan forcejeara con Verónica para lograr liberar su mano.

            - ¡Por favor! Déjame marchar. No volveré a dudar de Dios. Tienes que soltarme, no quiero pasar la vida siendo torturado.

            Verónica ni siquiera se volvió hacia él. Continuó su descenso agarrando su mano y arrastrándolo contra su voluntad. Juan quiso tener un hacha capaz de cortarle su propia muñeca. Quería correr y huir de allí…

            Miró hacia atrás y vio que las escaleras por las que habían descendido ya no estaban. Estaba en el infierno para bien o para mal. Y si había algo más terrible que saber que ese era su destino era el no saber cuán dolorosa sería su condena eterna.

            El descenso por aquella cuesta de arena parecía interminable ya que ahora apenas escuchaba el ensordecedor clamor de aquellas pobres almas condenadas a ser un "ladrillo". Sus gritos eran insoportables incluso para los propios condenados ya que los que no lloraban y gemían suplicando piedad, lo hacían suplicando silencio.

            - Yo creía que si existía el infierno sería un lugar solitario, vacío y sin luz. No pensé que tendría que compartirlo con tanta gente - dijo, algo más calmado, aliviado de ir dejando atrás a toda aquella gente.

            - El cielo es muy parecido al infierno, pero éste se nutre del sufrimiento de los condenados - dijo ella -. Por ello Dios nunca interviene aquí. Ese nivel, en el cielo es muy similar. Gentes que han creído en Dios y le han confiado su alma. Personas que han probado la sangre de Dios y que se han entregado a su perdón. La diferencia entre los condenados y los salvados de primer nivel es que en el cielo no se odian unos a otros y están unidos en un abrazo de amor interminable que les llena de gozo.

            - Eso es imposible, Dios tendría piedad de toda esta gente. En algún momento tienen que haber pagado sus culpas.

            - ¿Tuviste tú piedad de las tres cuartas partes del mundo que pasaba hambre? ¿Acaso te hubieras cambiado por un etíope o por un desgraciado al que se le cae la casa encima? ¿Cuántos de estos pobres que han sufrido calamidades han tenido un tiempo límite para sufrir?

            - ¿Por qué tiene que haber alguien que sufra?

            - Esa no es la pregunta correcta. La pregunta sería… ¿A quién condenarías si tuvieras que hacerlo?           

            A medida que descendían por ese sendero de tierra roja las paredes se volvieron sólidas y dejaron de ver hombres incrustados en ellas. Por suerte, en aquella zona no había nadie más, solo Verónica y él.

            - No entiendo porqué necesita el cielo que el infierno esté lleno de almas, sufriendo.

            - Lo sabían los egipcios, los griegos, los romanos, los judíos… Lo sabes tú - replicó ella, sin detenerse.

            - No, no lo sé. Dímelo.

            - Para que uno tenga más de lo que necesita, hay que quitarle lo necesario a varios.

            Juan se quedó pálido con esas palabras. ¿Cuántas cosas había disfrutado en vida? Entendió que nunca se le había ocurrido que por el mero hecho de tener dinero para vivir hasta fin de mes, comprarse ropa e incluso caprichos innecesarios, estaba siendo tremendamente injusto. Muchos se dejaban la piel para ganar lo justo para alimentar a su familia y él nunca había ganado dinero ya que vivía a costa de sus padres, como todos los jovenes de su edad, o casi todos.

            - ¿Y por qué Dios no ha hecho que haya mucho más de lo necesario para que todos tengan de sobra?

            - Es el hombre el que no se molesta en equilibrar la balanza. Dios quiere que compartamos todo, ¿acaso no te lo han dicho los profetas? ¿No te lo dijo el hijo de Dios? Si compartes, hay suficiente para todos y encima sobra. Lo dice el evangelio, en la multiplicación de los panes y los peces.

            - ¿Todo el cristianismo es real?

            - Por supuesto.

            - Pero eso es imposible, los sacerdotes viven en la pomposidad, viven de su charlatanería.

            - Eligieron esa vida y son tan humanos como tú. Lo que predican, la mayoría de las veces es correcto. Lo que no significa que ellos mismos se libren de las tentaciones mundanas o incluso duden de la existencia de Dios. Los médicos dicen que no fumes y muchos de ellos fuman varias cajetillas de tabaco diarias. ¿Acaso no confías en sus diagnósticos por ello?

            - ¿Qué hay que hacer para salvarse e ir al cielo? - preguntó Juan, más por curiosidad que por tener oportunidad de salvarse.

            - No te puedo hablar de los que se salvan, solo de los que se condenan.

            Dicho eso llegaron a una inmensa puerta que parecía de plomo. Un ser con cuernos tan largos como espadas, de largos, estaba esculpido en dicha puerta… No, no estaba esculpido. Era un demonio, haciendo de puerta.

            - Déjanos entrar - ordenó Verónica.

            El demonio abrió los ojos y se puso en pie, dejando una diminuta apertura (en comparación con su tamaño). Una apertura más que suficiente para que pudieran pasar.

            Cuando pasaron bajo la enorme bestia, el espectáculo de fuego se hizo más intenso. Un mar de llamas se extendía frente ellos abarcando todo cuanto captaba su vista. A pesar de la cantidad de fuego, Juan no sintió ni calor ni deslumbramiento.

            - ¿No es injusto que unos pocos vivan felices a costa de los demás? Hasta Dios lo hace, ¿por qué condenar a quién lo hace en vida? 

            - Estás aquí y no has entendido nada - renegó Verónica, enojada -. Cada persona ocupa el lugar que ella misma cree que merece. Ningún condenado al infierno está obligado a permanecer en él. Si están aquí es porque quieren. No puedes encontrar amor donde no lo hay. El odio y el rencor es como la polilla que te corroe por dentro y no puedes sacártelo porque cuanto más lo intentas más dolor te causas a ti mismo.

            - Sigo sin entenderlo. ¿Cómo es posible que no huyan de aquí entonces?

            - Porque ellos mismos se odian y se castigan por sus abominaciones en vida. Su rencor hacia ellos mismos les obliga a castigarse eternamente.

            - Eso es casi una forma de amor, ¿no? Se arrepienten y castigan, ¿no merecen ser perdonados algún día?

            - Te equivocas, es el lado doloroso del amor. Cuando mueren abren los ojos a Dios, a quiénes son realmente y ven con claridad el daño que han hecho. Sienten amor por todo cuanto ha sido creado y se vuelven conscientes del daño causado, un daño que ya no pueden reparar. Es por ello que sabiendo lo que han hecho se autocastigan para tratar de calmar el dolor que sienten en sus atormentadas almas.

            - Como cuando gritas a un ser querido y justo después muere… Que te sientes culpable toda la vida.

            Verónica asintió.

            - También consuela que muchos compartan tu agonía. Especialmente si son gente que piensas que merecen el mismo castigo.

            Continuaron caminando sobre el camino que se aproximaba al océano de fuego. Del magma se elevaban lenguas de llamas y en ellas se veían espíritus consumidos por el dolor. Pronto se acercaron al amarillento líquido lo suficiente para distinguir sumergidos a infinidad de personas retorciéndose de dolor, torturados eternamente por el fuego eterno.

 

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Animal es el que abandona a su mascota.

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