Atravesando el espejo

6ª Parte

(Anteriormente)

            ¿Por qué Dios deja que ocurran cosas malas? No puede evitarlo. El mal busca la destrucción de lo que su mente creadora se empeña en preservar. Cuanto más empeño pone Dios en hacer algo perfecto, más empeño pone el Diablo en destruirlo. Cuanto más empeño ponen las personas buenas en ayudar a los demás más se empeñan las malas en aislarse y buscar esa soledad. Cuanto más aman las personas buenas más lejos se encontraban de esa cruda y horrible realidad ya que ayudando a otros se unen y la soledad desaparece. Menos conscientes son de "La verdad".

            Esa certeza le causó un gran dolor y se forzó a volver a dormir, retornar a su sueño eterno. Su mente regresó a lo que él había sido, un chico joven llamado Juan que pretendía escapar del infierno. ¿Cómo se puede escapar de un lugar que no existe? Sabía que podía usar su poder creativo para hacer un nuevo paraíso, buscarle una solución a su problema. Podía hacer lo que le diera la gana porque era Dios. Podía devolverle la vida a Juan, podía hacer que fuera un sueño y así pudiera contarles a todos lo que había visto. Pero no quería que la gente supiera la Verdad porque entonces perderían toda esperanza. Tenían que ser buenos porque todos son la misma persona solitaria, el "Yo soy". El único ser que realmente existe. Si Juan pegaba un puñetazo a Luis, se estaba golpeando a sí mismo. Juan debía volver a la vida y contar todo lo que pudiera al mundo. Muchos cambiarían para bien, al conocer la historia, tratando de salir de su aislamiento y buscando compañía en los demás, otros muchos para mal, decidiendo que toda su vida era el sueño de alguien y que no significaba nada en absoluto.

            - La creación debería decidir qué hacer con esta Verdad - se dijo -. Quizás así Verónica deje de auto condenarse. Quiero que ella siga viviendo y continúe esa maravillosa historia, que es su vida. Quizás Juan cambie y empiece a ser más amable con la gente. Quizás un asesino en potencia gane algo de amor hacia sus víctimas y se arrepienta a tiempo, viéndose a sí mismo dentro de ellas. Los solitarios podrían dejar de serlo, dado que tienen toda una eternidad para estar solos.

            Su pensamiento se centré en Verónica, ese pensamiento hermoso, esa chica que en su dolor había conseguido hacerle olvidar por un tiempo que en realidad Pedro no existía. Al cometer la injusticia de llevársela al infierno y convertirla en su consorte maligna pretendía saltarse sus propias reglas de justicia. Era una maldad ideada por él mismo para saber si realmente merecía la pena ser siempre justo. El infierno le aliviaba porque aquellas personas que se auto castigaban le recordaban que merecía la pena mantener esos pensamientos hermosos que vivían en el Cielo en amor y compañía eternas. En el dolor, esas criaturas trataban de olvidar su desesperación, el dolor era el mejor síntoma de que no estaban solos. Querían sufrir para que sus vidas cerraran el círculo de dolor que habían provocado, manteniéndose bien lejos de la realidad más terrible. La de la eterna soledad.

            Juan era un chico obstinado, se empeñó en salvar a Verónica de su eterna condena. La había llegado a amar de forma muy pura, cosa que no era extraña dado que era una de las criaturas en las que más amor había puesto en crear. En su mente Juan era un estúpido ciego que merecía un castigo eterno por haber creído que podía juzgar mejor que él cual era el mejor destino de Verónica. Ella era su brazo para atraer al infierno a aquellos que osaran cuestionar su existencia. Dudar de ella era como dudar de la vida, era como dudar de Dios, era como dudar de todo.

            Sin embargo sabía que la raza humana tenía capacidad de juicio porque él se la había dado. En su mundo perfecto nada pasaba sin una razón, todo era juzgado y los jueces eran los propios juzgados. Juan había dicho a Verónica una verdad que hacía que se planteara de nuevo su eterna condena injusta. ¿Debía liberarla? Pedro la ataba al infierno, pero Pedro realmente no la amaba. Se aferraba a ella por miedo, su miedo a la soledad. Verónica no debía permanecer más tiempo bajo su mandato férreo y Pedro tendría que sufrir aún más.

            En cuanto a Juan, no era justa una muerte así. Podía seguir condenando personas injustamente para así provocar un desequilibrio que lograra finalmente que la creación perdiera consistencia y Dios perdiera interés en ella. Pero eso le daba miedo. De vez en cuando le gustaba jugar según las reglas porque a pesar de saber que estaba sólo, la creación era lo único en lo que podía centrar su atención. Además, si rompía las reglas por hacer algo mal, Dios tenía libertad para romperlas haciendo el bien y sabía que eso le encantaba. Aun así decidió que esta vez liberaría a Juan y dejaría que contara su historia porque sabía que muchos más incrédulos tendrían curiosidad y volverían a invocar a Verónica desde el espejo.

            Pero ahora tenía una pregunta que no sabía dar respuesta:

            ¿Liberaría a Verónica? No ella era demasiado preciosa para desembarazarse de ella. Le traía tantas almas que ni el más corrupto sacerdote podía superarla. Sin embargo estaba demasiado limitada… Como siempre, decidió que merecía un poco más de su poder. Le concedería más libertad, merecía poder campar por el mundo a sus anchas. Eternamente joven y hermosa así le buscaría a él, que también tenía su propio cuerpo inmortal en el mundo. Deseaba romper todas y cada una de las reglas con ella.

 

 

Continúa aquí.

Animal es el que abandona a su mascota.

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