Criaturas

1ª parte

            - Cortamos la emisión para alertarles de una extraña invasión de unas criaturas por todo el país - resonó en la tele -. Les recomendamos encarecidamente que no salgan de sus casas hasta que el ejército tome el control de la situación. Hasta el momento no podemos precisar las víctimas mortales porque, según los testigos presenciales, una vez que esas cosas muerden, al poco rato la víctima se transforma en muchas de esas cosas. Los científicos aseguran que no puede tratarse de una especie de este planeta porque no se sabe de nada parecido, excepto los parásitos. Pero no hay ninguno tan violento, tan grande y que se extienda de forma tan rápida.

            Brii frunció el ceño, incrédula.

            - Hoy debe ser el día de los inocentes.

            Se acababa de levantar de la cama, su marido se había marchado veinte minutos antes y pensaba en sacar a las perras a dar su paseo de las mañanas. Luego se iría a trabajar, como de costumbre. Era jueves, un día más que empezaba de esa forma tan extraña. Por curiosidad se asomó por la ventana por si veía algo de lo que habían dicho.

            Lo que vio la hizo despertarse de golpe. Una mujer corría cuanto podía por el parque y unas cosas voladoras, del tamaño de palomas la perseguían implacablemente. Eran cientos, de color oscuro. Parecían insectos ya que tenían bastantes patas con las que atacaban mientras sus alas membranosas las sostenían en el aire. Se quedó con la boca abierta cuando una de esas criaturas se le enganchó en la cabeza a la pobre mujer y con su boca, semejante a la de una avispa gigante, le clavaba las mandíbulas en el cráneo y la mujer caía desplomada. Las demás cosas dieron cuenta de la mujer, mordiéndola sin piedad. Algunas simplemente se posaban en ella como si hubieran conseguido un triunfo y ese fuera su nuevo reino.

            - Dios mío - se llevó las manos a la boca...

            Cogió el teléfono y marcó el 091.     

            - ¡Vamos! Vamos - se dijo impaciente.

            - En este momento todas nuestras líneas están ocupadas. Por favor intente llamar más tarde.

            Brii cerró los ojos y trató de tranquilizarse. Tenía que ser una pesadilla porque era imposible lo que estaba viviendo.

            - La policía no... Tony... - de repente recordó que su marido estaba ahí fuera y que podía estar muerto.

            Le temblaron los dedos mientras buscaba su número en la agenda del teléfono móvil. Vio su foto un instante y suspiró, elevando una plegaria al cielo, para que le contestara desde su puesto de trabajo y hubiera llegado bien.

            El teléfono dio un tono tras otro, y otro, y otro...

            - Le informamos que el número marcado está apagado o fuera de cobertura.

            - No, no, no... - Brii estaba aterrada -. No puedes morir así... ni siquiera te miré por la mañana. Casi ni recuerdo tu beso...

            Volvió a asomarse a una ventana que había al otro lado de la casa. Donde tenía aparcado el coche. Soltó un reniego al recordar que lo habían dejado un poco lejos y luego se preguntó de qué le iba a servir coger el coche.

            Las perras se acercaron a ella y se le subieron a las rodillas, de pie, impacientes por salir a la calle.

            - No podemos salir... - les explicó -. Es demasiado peligroso...

            Pero no pensaba en ellas en absoluto. Pensaba en Tony. Él iba siempre en bici a trabajar, vivían ambos cerca del trabajo y ella se llevaba el coche. Él siempre cogía la bici o iba en metro, según le apeteciera. Ese día, precisamente, fue en bici.

            Quiso ir a buscarlo, pero ni siquiera sabía el camino hacia su trabajo y si no había logrado llegar no le sería muy útil que ella fuera a buscarle ya que llevaría tiempo muerto.

            Miró hacia el coche. Estaba a más de cincuenta pasos, una vez fuera del portal. Entonces una de esas cosas se posó junto a la ventana y comenzó a atacar el cristal con sus tenazas. Trató de morderlo y dio unos golpes tan fuertes que parecían capaces de estallarlo. Brii soltó un grito histérico y como acto reflejo cogió la tira de la persiana y la cerró de golpe. La madera cayó con fuerza sobre la cosa y la dejó bastante maltrecha. Aunque tenían las patas muy duras, el abdomen parecía tan blando como el de un insecto. De todas formas resistió la presión y aún debajo de la persiana siguió moviéndose, aunque no tenía fuerzas para liberarse.

            - ¿Qué diablos eres? - le preguntó al ver que tenían una cabeza poco más pequeña que el puño de un bebé, con unas antenas enormes hechas como de bolas negras, unos ojos ovalados con muchos colores y toda la superficie de la cabeza cubierta de pelos blancos y tiesos como agujas. Si no era un insecto era algo muy parecido, no cabía duda.

            - ¡Guau, guau! - ladró una de las perras.

            En principio pensó que ladraba a la criatura que tenía atrapada en la persiana pero el ruido de cristales rotos la sacó de esa ilusión y supo que esas cosas estaban dentro de casa.

            - ¡Duna!, ¡Thai! ¡Venir aquí, bebes! - No podía parecer tranquila, estaba muerta de miedo. Esperaba que las perras obedecieran y no se dejaran morder por esas cosas... pero las conocía bien. Probablemente ya estaban muertas.

            - ¡Bebes! - insistió, llorando -. Vamos, venir aquí.

            Sostenía la puerta de la habitación por si veía aparecer una de esas cosas, para cerrarla antes de que entraran. Escuchó las pisadas de duna ir en su dirección y después las de Thai. Suspiró aliviada y esperó a que aparecieran por la puerta del salón. Duna la miraba como si no pasara nada, con su boca abierta, la lengua fuera y como si fuera a jugar con ella por haberla llamado. Thai fue más tranquila, con sus pasos graciosos y siguió a Duna con cierta desgana.

            - Vamos, entrar, deprisa - les suplicó.

            El zumbido de una de las criaturas sonó desde el salón y la vio aparecer por la puerta antes de que ni siquiera Duna hubiera llegado. Brii agarró a Duna por el collar y tiró de ella con fuerza. La criatura no le dio opción a cerrar la puerta porque se metió dentro de la habitación antes de que pudiera cerrar la puerta. Sobrevoló haciendo círculos a su alrededor y Brii estaba paralizada por el pánico. Los dientes le castañeaban mientras las perras saltaban a la cama y ladraban a esa cosa. Al parecer las tenía miedo. Las perras la estaban conteniendo y por eso, seguramente, seguía viva.

            Buscó algún objeto contundente con la mirada pero lo único que vio fueron las chanclas de Tony, que una vez más no las había recogido antes de marcharse. Agarró una y con todas sus fuerzas se la tiró a esa cosa. Falló por muy poco pero luego le tiró la otra y esta vez acertó de lleno. La criatura cayó haciendo círculos en el aire pero en lugar de rematarla decidió que debía cerrar el agujero por el que había entrado. Corrió al comedor y se sintió satisfecha de que había varias de esas cosas sobrevolando la terraza pero ninguna conseguía ver el agujero por el que se podía entrar. Al igual que los insectos, estúpidamente se golpeaban con el cristal que seguía en su sitio una y otra vez.

            Agarró la tira de la persiana y la bajó de golpe. Esta era mucho más alta y más pesada y pilló a una de las cosas justo en el cuello, arrancándole la cabeza en el impacto contra el suelo. No le dio ningún asco ver su sangre salpicada en el cristal.

            Volvió a la habitación pasando junto a la cocina, agarró la escoba y la enarboló como si fuera una espada. La cosa de la habitación empezaba a remontar el vuelo, huía de las perras. Sin pensárselo dos veces la golpeó con el palo y sintió con placer casi erótico que la daba de lleno y que en el golpe casi logró partirla por la mitad. Cayó pesadamente en el suelo y solo movió las patas. No sabía si vivía o no de modo que para asegurarse le clavó el palo de la escoba en el centro del abdomen.

            Cuando se sintió a salvo, recordó que había otras ventanas. Fue corriendo a revisarlas y vio que ya estaban bajadas.

            Entonces volvió a prestar atención a la televisión. Estaban haciendo un reportaje, en directo, de lo que estaba pasando en pleno centro de la ciudad.

            - Buenos días a todos - decía la reportera, desde el interior de una furgoneta -. Como pueden ver parecen insectos. Pero según el biólogo, Francisco Narváez, aquí presente, no conoce semejante especie. ¿Puede explicarnos lo que está ocurriendo?

            La cámara se movió bruscamente al que se sentaba detrás de ella. Había un hombre despeinado que iba en pijama. Esos reporteros se tomaban muy en serio su trabajo si se habían molestado en ir a buscar a un biólogo con esas cosas rondando por todas partes.

            - Se trata sin duda de la familia de las vespinae. Nunca había visto ejemplares tan grandes y con esos colores. Además ese extraño modo de reproducción no existe en la naturaleza. Bueno sí, en las larvas de algunos insectos. Pero éstos suelen poner sus huevos en fruta. Además los huevos suelen tardar en eclosionar un...

            - Disculpe, doctor - interrumpió la presentadora, visiblemente impaciente-. ¿Que familia es la vespinae?

            - Avispas - aclaró -. Una rara especie de avispas. Se conocen algunas que son capaces de manipular a los anfitriones. Usan orugas para que éstas hagan lo que ellas quieran. Es la única especie animal, aparte del hombre, que utiliza la genética para sus propios fines ya que inocula en las orugas un virus que hace que su voluntad se someta a ellas.

            - ¿Cree que estas avispas buscan hacer lo mismo?

            - No, en realidad... eso es lo más extraño que recuerdo referente a las avispas. El comportamiento de estas parece anárquico y sus huevos son capaces de eclosionar en cuestión de minutos. Mi teoría es que al ser capaces de modificar el ADN de los virus que inoculan, éstos las han infectado a ellas y de algún modo se han vuelto más grandes y hacen lo que están viendo ustedes.

            - Entonces, ¿descartaría usted la hipótesis de que se trate de una especie invasora alienígena?

            - Por supuesto, tienen demasiado parecido con las avispas para no ser de la misma familia.

            - Gracias, Doctor Narváez. Les dejamos, por ahora. Devolvemos la conexión.

            La presentadora volvió a salir y comenzó a hablar de nuevos casos en diversas regiones españolas e incluso de Francia y Portugal. La plaga se extendía como la pólvora por el mundo y nadie parecía capaz de pararlo.

            - Tony, Tony, Tony... - recordó Brii, mordiéndose las uñas, meciéndose sobre sí misma como una demente sobre sus pies.

            Las perras estaban llorando de impaciencia. Necesitaban salir, pero eso no le preocupaba en absoluto. Si se hacían pis en casa lo podían limpiar, fuera no iría, nunca saldría.

            - ¿Podéis estaros calladas? - les dijo, con la voz temblorosa -. ¿Qué puedo hacer?

            Se fue hacia la cama y se tapó con el edredón hasta la cabeza. Cuando sintió el calor que le daba, se sintió a gusto y poco a poco comenzó a ser consciente de la situación. Probablemente nunca volvería a ver a Tony, probablemente el  mundo cambiaría radicalmente después de aquello, si es que sobrevivían a aquella plaga. Lloró desconsoladamente y rezó insistentemente: Por favor, que todo sea una pesadilla.

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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