Criaturas

2ª parte

            En ese momento escuchó un portazo. Alguien había entrado en casa y se sintió esperanzada, Tony había vuelto.

            Se levantó de la cama, impaciente por confirmarlo y salió de la habitación.

            - Cierra todas las ventanas, las persianas... - Tony estaba alterado mirando a todas las ventanas y las puertas de las terrazas.

            Brii le abrazó con fuerza y él se tranquilizó un poco al verla en ese estado. Ella lloraba aunque no sabía si de desesperación o de alegría de verle.

            - Ya está todo cerrado, solo faltabas tú - le dijo.

            Las perras bailaban a su alrededor, a dos patas, emocionadas por el encuentro. Después de un largo abrazo Tony comenzó a hacerles caso y las acarició locamente. Parecía que Thai y Duna sabían el peligro que había fuera y también se alegraban de verlo vivo. Aunque ellas siempre eran así de cariñosas.

            - ¿Qué son esas cosas? - preguntó Brii.

            - No lo sé - replicó él -. Pero he traído una en la mochila.

            - ¿Que? - se escandalizó ella.

            - Está muerta, está muerta - se quitó la mochila -. Cuando fui a trabajar con la bici, a medio camino, vi que se echaban encima de la gente. Lo primero que hice fue acelerar, pensando que era algún tipo de pájaro extraño del que debía alejarme lo más rápido posible. Pero luego vi más, el cielo estaba cubierto de ellas. Había miles. Entonces pensé en volver a casa, de inmediato, para avisarte pero había demasiados. Vi que uno de esos bichos atacaba a una chica dentro de su coche. Estaba tratando de meterse por el hueco de la ventanilla medio abierta y esa cosa rompió su cristal de un mordisco, se estaba metiendo y vi mi ocasión ya que si una de esas cosas me caía encima, estaría muerto. Dejé tirada la bici y mientras corrí hacia allá, saqué mi cuchillo de la comida y lo maté. La chica, me dio gracias mil veces y me invitó a subir al coche mientras ya recogía los restos de la criatura y los metía en mi mochila. Tuve suerte de que allí había mucha gente y ninguna de esas cosas vino a por mí. Quizás por el casco de la bici, ya que me fijé que todas atacaban a la gente directamente al cráneo. Entonces ella me preguntó a dónde podíamos ir y... una de esas cosas destrozó el cristal con el impacto de su cuerpo y se empotró en el cuerpo de la pobre chica. Yo estaba en el asiento de atrás cuando pasó eso. Salí del coche y saqué a esa pobre chica, entonces conduje hasta casa esquivando los coches estrellados, la gente que aún podía moverse con su coche conducía como loca. Tuve varios accidentes pero el coche podía continuar tras los golpes. De un modo u otro, es un milagro que haya logrado volver.

            Tony sacó la criatura y se la mostró. Tenía el abdomen destrozado pero el resto estaba intacto. Las tenazas salían de su cabeza y eran tan grandes como los cuchillos de cocina que usan los carniceros para hacer filetes. Además tenían terminaciones en forma de sierra. Con una mandíbula así podían romper hasta las puertas. Era tan grande como Thai y a pesar de sus alas membranosas, el resto de su cuerpo era peludo. Tenía, cuatro patas lo que desmentía por completo la teoría de los científicos de que era una avispa. Lo más inquietante era que las patas no tenían exoesqueleto sino que parecían garras. Las de atrás eran más fuertes que las de adelante pero estas últimas tenían unas uñas que parecían colmillos de oso. Ningún insecto tenía eso.

            - ¿Qué diablos son estas cosas? - preguntó Brii, aterrada.

            - No lo sé, amor, pero no estamos seguros en esta casa. Es cuestión de tiempo que rompan las persianas.

            - ¿Y dónde quieres que vayamos?

            - Solo hay un sitio más seguro que este. El cuarto de las herramientas del portal. No tiene ventanas.

            - ¿Quieres compartir refugio con ratas y cucarachas?

            - Ninguna rata va a tratar de clavarte estas cosas en la cabeza - rebatió él -. Créeme, he visto cómo entran en las casas del edificio de enfrente y tienen cristales y persianas más resistentes que nosotros. Si aún no han entrado es porque hemos tenido suerte.

            Como si lo que hubiera dicho fuera gafe, escucharon un fuerte estruendo en el comedor. Varios bichos estaban destrozando la persiana y uno de ellos se había estrellado contra el cristal. Lo había roto pero no había logrado meterse dentro porque tenían cristales dobles. La criatura quedó tendida en el suelo de la terraza medio muerta pero otras embistieron detrás de ellas y siguieron debilitando la puerta.

            Las perras corrieron hacia allá y ladraron como poseídas por mil demonios. Parecían decirles a las criaturas que en cuanto entraran iban a saber lo que era un buen mordisco.

            - ¡No! - gritó Brii -. Venir aquí ahora mismo.

            - Vamos al sótano, deprisa - urgió Tony, cogiendo en brazos a Duna, que ladraba a la puerta de la terraza del comedor sin cesar.

            Brii agarró a Thai y salieron del comedor cerrando la puerta. Si conseguían entrar tendrían que tirar también esa puerta, que era de madera maciza.

            Tony abrió la puerta lentamente, asomándose fuera y al no ver esas cosas salió fuera salió.

            - Espera, espera - exclamó Brii -. Ven aquí...

            Tony regresó ante la urgencia de su esposa.

            - ¿Qué?

            - ¿Tienes las llaves?

            - Emm - a veces Tony la conseguía sacar de sus casillas por su mala memoria, como en esa ocasión que se quedaba mirándola sin saber cómo decirle algo malo -. Vaya, no había caído en eso... De hecho, no recuerdo que nadie nos las haya dado.

            - El vecino de arriba siempre entra y sale cuando quiere con las herramientas de jardinería - pensó ella.

            - Tampoco tenemos sus llaves - replicó Tony.

            - ¿Quieres pensar un poco? - explicó -. Ese hombre no trabaja, está jubilado. Seguro que está en casa.

            - Si no han entrado ya y lo han matado.

            Un fuerte estruendo vino del salón y a continuación escucharon multitud de zumbidos. En apenas un instante comenzaron a golpear y arañar la puerta.

            - Ve a ver si está y pídele las llaves - pidió ella -. Cuando bajes me avisas... y no te quites el casco de la bici.

            - De acuerdo - aceptó él. Una de las cosas buenas de que a veces no fuera tan rápido pensando como ella, era que aceptaba en seguida sus instrucciones sin discutir. Se había enamorado de él por su buen corazón pero a veces la sorprendía con su clara capacidad de aprovechar la suerte y conseguir superar cosas realmente difíciles.

            Tony salió sin pensarlo, con el cuchillo en la mano, dispuesto a defenderse de cualquier cosa que le atacara. Brii lanzó plegarias a Dios, sintió que era el único que podía salvarlos a los dos. No sabían si esa pesadilla acabaría o morirían todos. ¿Sería el fin de la raza humana? Que triste debía ser haber muerto, como tanta gente, sin saber siquiera qué era lo que les había matado. Aunque bien pensado era lo mismo saber que no saber. La muerte no iba a ser distinta.

            Al cabo de un par de minutos Tony llamó con los nudillos a la puerta. Abrió y cogió a Duna, la más grande de las dos perritas. El vecino bajaba con él. Tenía un brazo manchado de sangre y una feísima herida en la cabeza.

            - Es una gran idea encerrarnos ahí abajo, pero no hay mucho sitio - dijo el hombre.

            - Vamos no hay tiempo para charlas - apremió Tony.

            - Si no tenemos suficiente sitio, sacaremos las herramientas - explicó ella.

            Salieron y bajaron las escaleras del trastero.

            - ¿Su familia no viene? - preguntó ella.

            - No queda ninguno. Tu esposo llegó justo a tiempo, cuando una de esas cosas me estaba abriendo la cabeza. No sé cómo diantres ha conseguido reventar la puerta de mi casa de una patada, tiene una fuerza exagerada.   

            - Tuvo suerte de no tener echada la llave - dijo Tony -. Escuché sus gritos y bueno, conseguí quitarle esa criatura de encima a golpe de cuchillo.

            - Bien, podemos abrir ya la puerta - urgió Brii, con Thai cargada encima que lamía su brazo.

            El vecino se apresuró a buscar la llave y cuando dio con ella la hizo girar en la cerradura. No era una puerta muy fuerte, pero tenían la ventaja de estar escondida y aunque no era un lugar seguro, era el más seguro que tenían disponible.

            Entraron en un cubículo de apenas cuatro metros cuadrados con multitud de herramientas y sacos ocupándolo todo. Los tres dentro ocupaban todo el sitio que había disponible y ni siquiera podían bajar las perras al suelo.

            Sacaron varios sacos y los pusieron a modo de barricada en las escaleras. Para criaturas que caminaran, eso podría entretenerlas pero no para esas cosas voladoras. Lo hicieron únicamente para tener sitio suficiente para aguantar dentro el tiempo que fuera necesario.

            - En el telediario decían que a la gente que muerden les inoculan huevos y de ellos salen montones de más bichos de esos en cuestión de horas - explicó el vecino -. Si eso es cierto, dentro de unas horas cada persona que han matado engendrará vete a saber cuántas criaturas nuevas. Si ya son tantas, imaginar cuando salgan todas... uggg...

            Se quejó de la cabeza y se puso las manos en ella. Le caía un hilo de sangre por el lado derecho del ojo y tenía el pelo lleno de sangre.

            - ¿Le ocurre algo? - preguntó Brii, preocupada.

            - No, no, estoy bien - dijo, débilmente.

            La miró a los ojos y cayó desplomado al suelo, muerto.

            Las perras se asustaron al sentir el golpe del cuerpo contra el suelo.

            - Oh, no, si estaba bien hace un instante.

            - Sácalo de aquí, amor, vamos, deprisa. Ayúdame.

            - ¿Crees que le van a salir esas cosas...

            Antes de decir eso el cuerpo se movió como por acto reflejo. Sus brazos tuvieron una contracción y luego las piernas. Se diría que algo le estaba hurgando en la cabeza como un elefante en una cacharrería.

            De repente se incorporó y pudieron verle la mirada perdida, seguía estando muerto... Pero, ¿por qué se movía?

            Intentó agarrarla y casi lo consiguió. Luego el vecino trató de levantarse con evidente dificultad.

            - Mátalo - ordenó ella, aterrada.

            Tony le clavó el cuchillo en la espalda pero el vecino seguía moviéndose. Luego le cortó el cuello y no brotó sangre. La tenía toda coagulada o no tenía.

            - Maldita sea, no muere - exclamó.

            - Échalo de aquí...

            Tony buscó entre las herramientas colgadas y vio unas enormes tijeras de podar. Las cogió y con ellas le cortó la cabeza de un fuerte tijeretazo. La cabeza cayó rodando y el cuerpo quedó inerte, al fin, cayendo inmóvil al suelo.

            Sin perder un instante, Tony arrastró el cuerpo fuera, donde aún no había ni una sola de esas criaturas. Cuando estaba acomodando el cuerpo en las escaleras las perras comenzaron a ladrar furiosas, Brii gritó y entró corriendo al trastero.

            - ¡La cabeza! - exclamó ella, aterrada.

            De ella estaba saliendo algo. Se abría camino como si fuera un huevo y esa cosa era una cría. Fue asqueroso ver cómo salía una de esas criaturas llenas de sangre y cubierta de lo que debían ser los sesos de ese pobre hombre. Brii habría vomitado si hubiera tenido tiempo de desayunar algo.

            Tony no perdió el tiempo, nada más asomar la cabeza de insecto por el agujero de su cabeza se la cortó con la tijera podadora y el bicho murió definitivamente. Luego, con cara de asco, le dio una patada como si fuera una pelota de fútbol y la sacó fuera. Cerraron la puerta y se abrazaron.

            Se acurrucaron uno junto a otro y esperaron los cuatro juntos a que todo aquello pasara, si es que pasaría algún día.

 

            Se quedaron dormidos.

 

            Cuando despertaron estaban en su cama, y sonaba la alarma de su teléfono móvil. En realidad estaba ella, Brii, sola con Duna y Thai a su lado. Tony se había ido a trabajar, como todos los días y se dio cuenta, aliviada, de que todo había sido una horrible pesadilla. Cuando trató de levantarse, notó que tenía todo el cuerpo agarrotado por el miedo y se sentía más cansada que cuando se acostó.

            - Vaya noche... otra pesadilla.

            Esta vez, no encendió la tele para ver las noticias mientras se vestía.

 

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Comentarios: 5
  • #1

    Guada (jueves, 03 febrero 2011 02:38)

    si fuera real si que daria miedo O_o

  • #2

    muymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuymuybuena (miércoles, 23 febrero 2011 02:52)

    esta muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy muy
    buena

  • #3

    Vanessa (jueves, 19 mayo 2011 04:34)

    buenisima!

  • #4

    carla (domingo, 03 julio 2011 00:49)

    Muy buena!! Wao! Me encanto!!

  • #5

    ZEROZX1 (sábado, 03 noviembre 2012 01:15)

    UN BUEN FINAL, TE RIFASTE

Animal es el que abandona a su mascota.

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