Diario de Jill Valentine

 

Día 6

 

            Al fin está listo el tranvía-teleférico. Conseguí el fusible de la central eléctrica, donde había más de una veintena de zombis. Entré por una puerta de servicio y al verme, fueron detrás de mí. Cerré la verja y éstos la empezaron a empujar. Iban a destrozarla pero por suerte vi un interruptor para hacer pasar corriente por toda la valla del complejo y lo activé antes de que la echaran abajo. Quedaron reducidos a cenizas. Además quedó claro su nulo instinto de supervivencia dado que los que no se electrocutaron en cuanto vieron que tenían campo libre fueron y se engancharon a la verja para morir igual que sus compañeros. Esto demuestra que esas cosas sólo tienen de humanos su forma. Hasta un perro o una ardilla tiene más sentido común y más alma que ellos. Después de ver eso ya sólo siento asco cada vez que me cruzo con uno y que, si un día me vuelvo así, desearía que alguien me apuntara a la sien y me volara la tapa de los sesos.

            Por la fuerza de sus empujones, la valla cedió y al final consiguieron atravesarla varios de ellos. Tuve que liquidar a cada uno con mis armas según iban entrando. Una vez tuve el fusible volví al tranvía. Lo malo fue que por el camino hubo un temblor de tierra que me sorprendió. Fue cuando estaba llegando al tranvía, por un callejón que pensé que me ahorraría un buen tramo de vueltas, se abrió el suelo y me engulló entre los escombros. Me golpee tan fuerte que perdí el sentido.

            Cuando desperté estaba en un sótano que parecía un queso comido por ratones. Me pregunté qué pudo hacer esos agujeros tan enormes y no me atreví a meterme por ellos por miedo de acabar en el estómago de algún monstruo asqueroso. Ya he visto cómo afecta el virus T a los perros, a las ranas y las arañas… Imaginé que los gusanos también eran capaces de mutar en alguna forma horrible. Busqué una salida de allí pero las puertas estaban cerradas con llave. Encontré una escalera que subía a la superficie justo en frente de un agujero que parecía reciente. Trepé por ellas pero una especie de trozo de carne enorme con forma de culebra me golpeó y me hizo caer al sótano de nuevo. Antes de levantarme vi que se trataba de una simple lombriz de tierra con colmillos y un apetito feroz.        Era ciega pero podía sentir mis movimientos ya que si me movía se giraba hacia mí. Tenía el diámetro hombre rechoncho y sabía que si venía directa me podría tragar de un bocado. Me quedé quieta y ni siquiera respiré. El monstruo pasó por encima de mí, clavó sus dientes en la pared y comenzó a engullirla como si estuviera hecha de chocolate. Se fue internando por la pared hasta que la perdí de vista. El temblor de tierra lo provocaba ella. Cuando al fin me moví, cogí una granada y la solté en el agujero. Luego salté a la escalera y subí hasta arriba. La explosión casi me hizo caer, pero me sujeté bien y levanté la tapa de la alcantarilla para poder escapar antes de que me alcanzara la llamarada. Creo que algún pelo se me quemó en esa fuga tan precipitada.

 

            Después de la temeridad que hice, me quedé sentada junto a la boca de la alcantarilla, respirando agitadamente y me entraron ganas de llorar. Podía haber muerto con esa bomba. ¿Es que estoy perdiendo la cordura como esos zombis? Tengo que tener más cuidado, ¿por qué tenía que matar a ese gusano? ¿Acaso esta ciudad va a ser mejor sin él? No queda nadie a quien salvar.

            Carlos está reparando el tranvía con el fusible que le traje. Pronto saldremos de aquí… Y no puedo evitar que me tiemblen las manos. Me estoy acostumbrando tanto al peligro que ya no sé lo cerca que camino de la muerte.

 

 

Más tarde

 

            Pusimos en marcha el tranvía pero... El monstruo que maneja armas nos localizó y saltó sobre el techo del vehículo. Lo abrió con sus garras o lo que sea que tiene y se metió dentro. Su armadura estaba destrozada pero no parecía debilitado ni herido. Cuando me vio repitió otra vez "STARS" y me apuntó con una bazuca. No tuve tiempo a reaccionar, pero Michail, el amigo herido de Carlos no sufrió la misma parálisis y le disparó una bala de rifle a la cabeza.

            El monstruo trastabilló, dejó caer su arma y los dos pensamos que al fin estaría muerto definitivamente. La bala le había atravesado el cráneo y sus sesos bañaban la pared del fondo del vagón. Sin embargo cantamos victoria demasiado pronto. Ni siquiera llegó a caer. Vimos, estupefactos, cómo se regeneraba la piel, el cerebro, los huesos y en menos de un minuto volvía a repetir "STARS" como si no le hubiera pasado nada.

            - Corre - gritó Michail -. Yo estoy perdido pero vosotros podéis salvaros, vete y desengancha este vagón. Me ocuparé de que esa cosa no se vuelva a regenerar más.

            Me dijo eso mostrándome dos granadas. En principio quise negarme pero ver a ese monstruo recogiendo el lanzamisiles me hizo recapacitar y sólo pude decir una última cosa a ese hombre, todo un héroe.

            - Gracias.

            Salí como alma que lleva el diablo y una vez en el otro vagón traté de desenganchar el de Michail. Por desgracia el mecanismo era complejo y no conseguí hacerlo. Encima los nervios me jugaron una mala pasada y no se me ocurrió otra cosa que intentar separar los vagones a disparo limpio de escopeta. No logré más que agarrotar más el brazo que sujetaba a la bola del otro vagón, de modo que cerré la puerta y corrí hasta Carlos.

            - ¡Al suelo! - le grité.

            Justo en ese momento el vagón de Michail hizo explosión y rompió todos los cristales del nuestro. Vimos cómo al fin se quedaba atrás, convertido en un amasijo de hierros humeantes y sentí lástima por ese chico que había dado la vida por salvar la nuestra.

            - ¿Qué demonios ha pasado ahí atrás? - me preguntó Carlos, enojado.

            - Ese monstruo nos encontró. Michail se encargó de detenerlo.

            Él comprendió a la primera. Su mirada seguía posada en la bola de fuego y humo que dejábamos detrás.

            Entonces un pitido agudo, como de una alarma nos alertó a los dos. Nos levantamos y fuimos a ver el panel de mandos. La luz roja parpadeaba junto al rótulo "Frenos".

            En la pantalla del ordenador aparecía un mensaje inquietante.

            "Peligro, error en los frenos."

 

            - ¿Qué demonios... ? - dijo Carlos.

            Intentó mover la palanca del freno pero el tranvía no reducía en absoluto la velocidad. Íbamos cuesta abajo y cada vez más deprisa. El indicador decía que nuestra velocidad ascendía a 50, luego a 55, 66 millas por hora...

            - Esto no me gusta - refunfuñé.

            - Busca algún freno de emergencia. Tenemos que parar o descarrilaremos - explicó Carlos, aunque era obvia tal afirmación.

            Busqué un freno de emergencia y dí con uno. Sin embargo tiré de él y no pasaba nada, ni siquiera un intento de frenado. Cuando supe que estábamos perdidos miré a Carlos y éste me miró asustado. No tuvimos mucho tiempo antes de que el tren se saliera de la vía y se empotrara contra un muro. El impacto nos hizo rodar por el suelo y perdimos el conocimiento los dos.

 

            Cuando desperté me encontré entre los hierros humeantes, con el hombro dislocado y con unas nauseas horribles. Quería vomitar pero llevo más de diez horas sin probar bocado. Me alegré de que pudiera caminar. El dolor del hombro era insoportable de modo que reuní valor y me lo golpee contra uno de los hierros del vagón para encajarlo en su sitio. Solté un grito de dolor que debió escucharse hasta en New York.

            Sé que ahí fuera hay peligro, quiero salir pero antes quería anotar mis progresos porque sé que en el estado de debilidad actual y sin armas (la escopeta se estropeo en el accidente y la pistola está hecha trizas), soy como un ratón en medio de un nido de serpientes.

Comentarios: 5
  • #5

    Denis (lunes, 22 octubre 2012 21:50)

    ESTA MUY BUENA LA HISTORIA DE JILL! :D

  • #4

    carla (viernes, 24 agosto 2012 21:35)

    :) continuacion :)

  • #3

    naruto7 (miércoles, 25 julio 2012 23:00)

    sigue entretenida pon la continuación pronto por favor

  • #2

    Mario (miércoles, 25 julio 2012 20:22)

    se ha vuelto una bazofia tremenda!

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 25 julio 2012 19:48)

    Si te está gustando, pide aquí la continuación.

Animal es el que abandona a su mascota.

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