Diario de Jill Valentine

Día 9

            No quedan cinco días para escapar, tenemos solamente hasta mañana al amanecer. Cuando atravesé la chimenea de "pega" encontré una habitación que parecía el cuartel general de alguna clase de ejército clandestino. Las insignias de Umbrella delataban a qué ejército pertenecía. Había papeles con instrucciones a unos investigadores, no recuerdo cómo los llamaba... Algo así como inspectores... Pero no de los de hacienda, sino personas encargadas de supervisar el comportamiento de los "sujetos de prueba" que no eran otros que los zombis y toda esa nueva fauna que me he ido encontrando. Incluso mencionaban al Némesis, que según las notas es un experimento más que curiosamente no está infectado y temen que llegue a estarlo por que sino perderían el control. Lo han programado para destruir a todos los STARS y es por eso que cada vez que se recupera de sus heridas vuelve a buscarme... No porque se haya enamorado de mi y pensara que no tenía nada que hacer conmigo y por eso tratara de matarme.

            Vaya, es un alivio que vuelvo a tener sentido del humor para bromear sobre estas cosas. Y más con el día que llevo. Salí de aquella sala y me encontré con Nikolai, iba a matarle pero parecía muy nervioso y estaba muy parlanchín así que traté de sacarle más información.

            — Veo que sigues viva, estoy fascinado por tu talento de supervivencia — me dijo.

            — Tú tampoco lo haces mal, te dábamos por muerto y no es la primera vez.

            — Bueno, es necesario tener ciertas dotes si quieres sobrevivir a esta misión tan compleja. Nuestras instrucciones son estudiar a todos los especímenes y comprobar su efectividad en combate. Piensan enviar varios ejemplares al ejército.

            — ¿Me estás diciendo que tenías planeado que los zombis y mutantes masacraran a todo tu equipo? Déjame decirte que no te ha salido muy bien.

            — Al contrario, estoy sorprendido. Nosotros somos prescindibles, lo importante es enviar el informe de campo a mis supervisores.

            — Vamos, Nikolai —le reprendí—. A mí no me engañas, te jode que te hayan utilizado de diana y tus hombres estén muertos. ¿Por qué no dejas de ayudar a esos desalmados y te unes a mí para encontrar un modo de salir de aquí?

            — Es nuestro trabajo, ya sabíamos a lo que veníamos. No tengo ninguna intención de ayudarte en nada.

            Le apunté con mi pistola pero un temblor que me resultaba familiar sacudió la casa. Miré al techo y a las ventanas y cuando me quise dar cuenta Nikolai había desaparecido.

            Encontré una llave de candado por ahí y recordé que una de las salidas, al otro lado del lago, tenía una gruesa cadena. Me dirigí hacia allí inmediatamente y mientras atravesaba el cementerio el temblor se hizo más fuerte y un enorme gusano, de más de diez metros de largo, con cuatro colmillos del tamaño de un brazo y cientos de pequeños incisivos en el interior de su garganta, apareció de la nada y al hacerlo, su enorme peso echó abajo el suelo del cementerio y caí entre polvo y escombros a un pasadizo de los que el gusano debió de haber hecho. Ahí abajo tuve que agotar mi arsenal para librarme de esa bestia. Me alcanzó en dos ocasiones y he tenido que vendarme el brazo y la pierna por los profundos cortes que me hizo con sus colmillos.

            Luego encontré una entrada a las alcantarillas y dentro vi a un superviviente... Bueno, sería más correcto decir que era un sujeto de laboratorio que aún tenía un poco de humanidad antes de tener que matarlo. Era un zombi, sí ya lo era cuando le vi, Pero aún no había muerto como humano. Me pidió ayuda y me quedé petrificada al constatar que uno zombi pudiera hablar. Le salía un líquido negro asqueroso por las orejas y por los ojos. Se interponía entre la salida y yo y tuve que hablar con él.

            — ¡Apártate o disparo! —le amenacé.

            — Tengo que salir de aquí —dijo—. Por favor, ayúdame.

            — ¿Quién eres? —pregunté, manteniendo las distancias.

            Caminaba como zombi, parecía uno y hablaba igual que un retrasado mental... Además seguía caminando hacia mí.

            — Me perdí en las alcantarillas —relató—. Iba a escapar por el parque cuando un soldado me apuntó con su arma.

            — Sí, eso me lo puedo creer —recordé la falta de inhumanidad de Nikolai.

            — Me encerró en una sala y me inyectó un líquido azul. Desde entonces me siento terriblemente mal, por favor, necesito un médico.

            — No, ya es tarde para ti.

            Era cuestión de segundos y pensé que yo querría que me lo hicieran a mí. Yo también estuve contagiada y hubiera preferido que alguien hubiese metido una bala en mis sesos antes que sufrir la transformación de humana a zombi.

            Le disparé mientras aún veía ciertos sentimientos en sus ojos... Y me dolió como si hubiera disparado a un amigo. Esos cerdos de Umbrella tenían ese cuartel general vigilado y si alguno llegaba por accidente le usaban para convertirlos en sujetos de prueba. Conocer eso de primera mano por una de sus víctimas me convenció... Si volvía a ver a Nikolai le reventaría la cabeza en cuanto abriera la boca.

            Llegué al parque y vi que la puerta daba a un río sobre el que pasaba un puente de madera colgante. Debía ser una parte antigua donde no permitían el paso a la gente y que habían dejado abandonada por falta de recursos. Las tablas crujían por mi peso y tuve que moverme con mucha cautela, agarrándome con fuerza a las cuerdas. A mitad del puente vi que delante de mí una tabla se rompía por un tentáculo que me resultó familiar. Que ya no contaba volver a ver, pero que tampoco me sorprendió mucho por la cantidad de veces que he tenido que destruir y siempre reaparecía.

            — STARS —escuché desde debajo de mis pies.

            Se me heló la sangre cuando, apoyado en sus nuevos tentáculos el Némesis salió de debajo de las tablas y se interpuso en mi camino. Vi que armaba su arpón, el mismo que usó para contagiarme y que no tendría tiempo de derribarle antes de que me alcanzara. Tampoco podía esquivarlo en un lugar tan estrecho así que tuve que elegir, si empujarlo con todas mis fuerzas o saltar al río. Como una pistola no le hace ni cosquillas pensé que empujarle sería igual de inútil así que salté.

            El agua era profunda y justo donde caí había una salida de alcantarilla que apestaba a mierda procesada y fermentada. Como tenía que esconderme cuanto antes de ese monstruo, no dudé en meterme ahí y esperé a ver a dónde iba. Creí que saltaría detrás de mí pero se quedó arriba y se marchó sin dejar de repetir esa palabra, que es la única que sabe.

            En la alcantarilla había docenas de zombis, no tenía munición así que pensé que allí acababa mi viaje. Por suerte el destino quiso que Carlos reapareciera y me salvara la vida. Usó su fusil de asalto para acabar con todos y me dio munición suficiente. Le conté que había visto a Nikolai y no le dio importancia, al parecer sus planes cambiaron desde la última vez que le vi.

            — He escuchado por radio que el misil lo lanzarán al amanecer. No tenemos tiempo para buscar a ese traidor...

            — Según él, tú le traicionaste.

            — Sí, claro, evidentemente él sigue la misión... Ese imbécil no se da cuenta de que nos han utilizado como ratones en una jaula de serpientes. No importa, Jill, lo único que cuenta ahora es salir de Raccoon. Si quiere morir, que se muera aquí con sus estúpidos experimentos. Debemos separarnos, no sé a donde salen las alcantarillas pero tienen muchas bocas. Si encuentras algo nos encontraremos allí, sólo pega un grito y acudiré.

            — De acuerdo —acepté.

            — No sabía... Que la misión era matar a los supervivientes, Jill —se disculpó Carlos—. Sino nunca habría aceptado.

            — Eres distinto a Nikolai, eso es obvio —le dije, sonriendo—. Vamos démonos prisa.

            Y se marchó. No tengo mucho tiempo para escribir pero estaba tan cansada que he decidido tomarme este descanso con el fin de afrontar las últimas horas con más energía. Son las nueve de la noche y, si Carlos está en lo cierto, puede que nunca vea amanecer de nuevo... La verdad me cuesta creer que podamos escapar con todo el tiempo que llevamos tratando de salir y que siempre encuentras una nueva puerta con una cadena más gruesa. Ya lo veía imposible cuando creía que aún tenía cinco días... Pero no me rendiré. Mientras tenga un aliento de vida voy a darlo todo para salir de esta.

 

 

 

Comentarios: 3
  • #3

    naruto7 (viernes, 12 octubre 2012 08:25)

    espero que la siguente parte no se a la ultima y espero mas partes

  • #2

    Bellabel (jueves, 11 octubre 2012 16:33)

    :) No quiero que la siguiente parte sea la ultima. Pot favor escribe mas.
    Saludos. xoxoxo

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 11 octubre 2012 14:03)

    ¿Será la próxima la última parte?
    Si tienes ganas de más no dudes en comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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