Diario de Olivia: Anosognosia

11ª parte

 

Una mano suave acarició sus mejillas. Sus dedos eran frescos y la tocaron como una forma de adoración. Verónica abrió los ojos y se encontró un rostro joven frente a ella, un chico de apenas diecisiete años mirándola con asombro, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

            - ¿Juan? - preguntó ella, confusa. Era tal como cuando lo vio por última vez.

            - ¿En serio eres tú? - le dijo él, asombrado.

            - Pero... ¿cómo me has encontrado? - se preguntó ella.

            - El inspector me vino a buscar. Él sabe todo...

            Verónica se quedó pálida. ¿Todo? ¿A qué llamaba "Todo" ese chico?

            - Es imposible, es un policía - replicó ella.

            - He tenido tantas ganas de conocerte,... creía que eras un simple fantasma - dijo él, sin hacerle caso.

            - Tú me trajiste de vuelta, ¿recuerdas? - rectificó ella.

            - No, en realidad eso había pensado pero al no encontrarte pensé que no volviste de verdad - terció él.

            - ¿Cuánto tiempo hace ya de eso?

            - No mucho. Siento haberte culpado de mi enfermedad - se disculpó el chico.

            Verónica le miró intensamente, se preguntó si estaría soñando. ¿Cómo podía saber ese detective que se conocían? Lo ignoraba, aunque quizás fuera más fácil de lo que pensaba, pero le inquietaba que supiera de ella tanto como para haber llegado hasta él.

            - Escúchame, tienes que mejorarte - le pidió Juan.

            - Sabes qué - replicó Verónica -. No sé qué va a ser de mí cuando salga de este hospital. Mis padres se empeñarán en llevarme consigo y voy a tener que acompañarlos a Argentina.

            - ¿Tus padres son de allí?

            - Yo lo soy - corrigió la chica -. Cuando vine conseguí un empleo y me dieron papeles mientras tuviera trabajo. Ahora estarán deseando deportarme, ya que saben quién soy.

            Juan se preocupó y la cogió de la mano.

            - ¿Qué demonios haces? - le preguntó ella, soltándose de golpe.   

            - Perdona, no era con mala intención - se disculpó él, asustado por su reacción.

            - No me toques.

            - Lo siento.

            - ¿Ya has empezado a salir con... - ella quería preguntarle si ya estaba con Olivia, pero se dio cuenta de que eso ocurriría en el futuro y él no debía saber nada hasta que todo sucediera por sí solo.

            - ¿Sí ya qué?

            - Nada. Me ha... alegrado verte. ¿Puedes irte? Quiero descansar.

            - Pero si acabas de despertar - protestó él.

            - Déjame, no me gusta la compañía de la gente, deberías saberlo.

            - Yo creí que para ti, yo no era uno más...

            Verónica le miró inquisitiva y se dio cuenta de que estaba poniéndose rojo de vergüenza.

            - ¿Por qué no?

            - Me dijiste que éramos amigos - respondió él.

            - Yo no tengo amigos. Aunque si tuviera, supongo que tú serías lo más cercano a eso. ¿No te das cuenta de que nunca antes nos habíamos visto? Somos unos desconocidos.

            - Tú sabes que no es verdad - replicó él -. Hemos viajado al infierno juntos.

            - No fue por mi voluntad.

            - Fuera lo que fuese, me sacaste de allí - replicó él -. Te debo la vida.

            - No, tú me sacaste a mí.

            - Bueno, razón de más para ser amigos. ¿No te das cuenta de que no le puedo contar a nadie lo que hemos visto juntos?

            - Yo tampoco puedo y no me traumo - contestó ella, seca.

            - Creía que eras un fantasma - dijo él -. Pero eres real, podemos ser amigos.

            - A veces me gustaría serlo, un fantasma, quiero decir - refunfuñó Verónica -. ¿Crees que por estar viva de nuevo soy libre? Tú liberaste mi cuerpo, pero mi alma sigue en posesión del Diablo. Aún... puedo matar a través de los espejos.

            El rostro de Juan se ensombreció.

            - He oído decir que tú mataste al médico que te trataba en el psiquiátrico.

            - ¿Quién dice eso? - preguntó, asustada.

            - Son rumores que escuchó el detective, en el hospital.

            - Maldita sea, Juan, no se lo digas a nadie. De todas formas, nadie puede demostrar eso.

            - ¿Fuiste tú? - preguntó, horrorizado.

            Se levantó de la cama y se alejó de ella.

            - Quería freírme el cerebro y casi lo consigue - se defendió -. Juan qué pasa... ¿tú sabes de sobra quién soy? No es el primero que mato.

            - Era el padre de Sara - replicó, respirando agitadamente -. Ese detective tenía razón. Eres una asesina sin escrúpulos, creí que habías cambiado al regresar.

            Verónica se sintió vulnerable otra vez. Esta vez en su corazón. Le había confiado demasiadas cosas y él todavía no estaba preparado para escucharlas.

            - ¿Qué es todo esto?

            Juan se desabrochó la camisa y le mostró un micrófono que llevaba pegado.

            - Él me dijo que viniera a interrogarte, le dije que si eras realmente tú, ya no matabas desde tu regreso; pero no me creyó. Y... tenía razón... eres un monstruo.

            - ¿Qué estás diciendo? - replicó ella, asustada -. Nadie te va a creer, todo el mundo sabe que estoy loca. ¿Cómo va a demostrar nada...

 

            Juan salió de la habitación corriendo y la dejó sola con su angustia. ¿Qué quería decir? Se sentía como si la hubieran acorralado.

            Verónica se intentó levantar. Quería seguirle pero sus piernas aún estaban muy débiles. Cuando logró ponerse en pie se encontró al detective justo frente a ella. La miraba sonriente y cuando entró en la habitación cerró la puerta tras él.

            - Vaya, vaya, todos estos años buscándote y resulta que no eres un puto fantasma.

            - ¿Qué quiere decir? - preguntó ella, nerviosa.

            - ¿Recuerdas esa niña que mataste en el baño hace cinco años? Ella solo había jugado con la Ouija con sus amigas. ¿La recuerdas?

            - No, lo siento - se echó el pelo hacia atrás, nerviosa.

            Claro que la recordaba, una de sus muchas víctimas. Pero era parte de sus obligaciones como alma castigada en el infierno. No pensó que alguien podría intentar buscarla.

            - ¿Y recuerdas ese hombre que murió misteriosamente en su casa cuando te invocó porque quería verte con sus propios ojos?

            - No sé de qué me habla - replicó ella.

            - Es inútil que mientas, ya no tengo ninguna duda. Eres tú, "La Verónica", la famosa fantasma del espejo. ¿Sabes cuántas personas quieren acabar contigo? Voy a presentarme como es debido. Me llamo Antonio Jurado y soy detective paranormal. Me han contratado multitud de personas para acabar contigo y créeme, no te queda mucho tiempo.

            - Se equivoca, yo no he hecho daño a nadie - replicó ella, maldiciendo a sus piernas por estar tan débiles.

            Entonces se acordó del interruptor de la enfermera pero vio que alguien había cortado el cable.

            Estaba completamente sola.

            El detective sacó una especie de cuchillo ceremonial de su manga derecha y se acercó a ella despacio.

            - ¿Está loco? Le cogerán, no podrá justificar...

            Él sonrió,  pletórico, como si no le importara en absoluto.

            - ¿Acaso crees que voy por ahí diciendo mi nombre auténtico? Soy el mejor cazafantasmas que existe porque estoy fuera de la ley. No tengo identidad. Ya sabes, para cazar un fantasma debes convertirte en uno de ellos.

            - ¡Mama! - gritó ella, histérica -. ¡Papá!

            - Es una pena que hagan tan buenas estas puertas - dijo Antonio -. No se oye ni el desfile de un ejército cuando estas se cierran. El hospital está lleno de gente y hay demasiado ruido como para que un murmullo hueco llame la atención.

            - ¿Qué quiere de mí?

            - Acabar contigo,... ¡Monstruo!

            Verónica vio venir el cuchillo hacia su estómago y cerró los ojos instintivamente. Solo tenía un instante para usar su poder, tenía que salir de su cuerpo y entrar en ese hombre para detener ese cuchillo.

            La urgencia del momento le propició una concentración excepcional y salió de su cuerpo justo a tiempo antes de que el cuchillo se clavara en su piel. Desde el plano astral pudo detener el tiempo antes de ver cómo la mataban. Nadie la iba a salvar salvo ella misma, si no hacía algo, iría al infierno en apenas un momento después.

            Buscó algún espejo y no vio ninguno, era la única forma que tenía de intervenir en el mundo real. Ni siquiera el cuchillo de ese hombre tenía brillo, parecía de plástico. Seguramente lo usaba para entrar en edificios con detectores de metales.

            En su mirada vio la misma determinación que vio la primera vez que se encontraron. Le había juzgado mal, pensó que tendría la mente cuadriculada pero era ella la que no tenía ni idea de con quién estaba hablando. Recordó aquel beso, y sintió curiosidad por saber qué le había motivado a hacer eso con alguien a quien pretendía matar.

            Había una forma de tener todas las respuestas y era entrando en su mente.

            Pero no pudo hacerlo. Era como una estatua de piedra, se vio incapaz de penetrar su escudo físico y pronto se dio cuenta de que era una persona preparada para enfrentarse a toda clase de entes espirituales. Tenía amuletos y tatuajes que le protegían de invasiones y lo que le daba poder real para evitarlas era su fe ciega en esos símbolos. Su fe era una barrera impenetrable para ella. No podía ver lo que pensaba, no podría detenerlo.

            Pero sí podía hablar con Juan. Debía estar ahí fuera, era su única esperanza.

            Entró en él apenas lo pensó y Juan corría desesperado por el pasillo, sintiéndose traicionado por sus sentimientos. Una parte de él la odiaba, la consideraba un monstruo merecedor de la peor de las muertes. Pero otra parte le decía que la había traicionado y era su amiga, alguien que de algún modo y, aun sabiendo lo que había hecho, era importante para él. En el fondo de su corazón, la quería pero su parte justa, su mente, le decía que lo mejor era que la matara.

            - No lo entiendes, idiota - le dijo en su cabeza -. Si me mata nunca más seré dueña de mis actos. Habrá más muertes, muchísimas más porque entonces sí seré un fantasma sin alma. Y te juro que como no hagas algo, el próximo en morir serás tú.

            Juan se detuvo en seco. Al volverse hacia atrás vio al detective entrar en la habitación y le miró indeciso.

            - ¡Me va a matar! - le increpó ella, enojada.

            - Te lo mereces - susurró él.

            - ¿Para eso me salvaste? ¿Vas a dejar que me mate?

            - Creí que cambiarías...

            - Y lo hice - replicó -. Pero necesito más tiempo. No quiero volver, no dejes que me lleven al infierno otra vez.

            - Lo siento... Si hay una forma de salvarte.... yo no puedo ayudarte.

            Verónica recordó una de sus últimas conversaciones con él. El le pedía una curación para su enfermedad y ella le había dicho exactamente lo mismo.

            El muchacho se dio la vuelta de nuevo y se marchó hacia los ascensores. Verónica no pudo seguirle, sabía que sería inútil. No tenía mucho tiempo, podía seguir deambulando por el pasillo del hospital buscando alguien que la ayudara pero nadie podía.

            Sus padres estaban comiendo en la cafetería del hospital y hablaban, descorazonados de si había merecido la pena todos los sacrificios que habían hecho por ella. Su madre dijo, como una autómata, que debían hacerlo todo porque era su hijita querida. Pero en el fondo de su corazón estaba tan dolida por el rechazo que había sufrido que no lo sentía.

            - Mama, voy a morir - le dijo, llorando, desesperada.

            No la escuchó, no quería escucharla. Ni siquiera quería recordar lo último que habían hablado.

            No le quedaba nadie más.

            "Vuelve a casa, pequeña, te hemos echado de menos" - era el Gemelo, su voz y su risa se escuchaba mucho más fuerte desde el plano astral.

            - No quiero volver - replicó.

            "No puedes evitarlo, eres mía. Todos te han dado la espalda y ahora pagarás por tus pecados"

            - Puedo parar el tiempo, puedo evitar la muerte deteniendo este momento para siempre.

            "No puedes concentrarte toda la eternidad" - cada vez escuchaba más fuerte su voz -. "Estás despertando y lo sabes. Saborea tus últimos instantes de libertad".

 

 

            El cuchillo se hundió hasta la empuñadura, rasgando su hígado, sus músculos, sus intestinos, y comenzó a sangrar por la boca.

            - Lo siento - dijo, aterrorizada, sintiendo que la vida se le escapaba por los labios y la herida.

            - Díselo a alguien que se lo crea - replicó el hombre, con una expresión de odio en su rostro.

            Cayó al suelo sin fuerzas y sintió el golpe de su cara contra los fríos azulejos. El detective se marchó de la habitación y la dejó agonizar a solas. La vida se le escapaba lentamente, como la sangre que empapaba su bata y recorría los azulejos que componían el suelo. Se sintió mareada, apenas le quedaban unos segundos escasos de vida.

            - Dios mío... - susurró, desde el suelo, con los ojos encharcados en lágrimas -. Perdóname.

 

 

 

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Comentarios: 8
  • #1

    tonyjfc (jueves, 25 noviembre 2010 14:42)

    Si tenéis algo que comentar, escribir aquí.

  • #2

    katherin (jueves, 25 noviembre 2010 21:21)

    wolazzzz q xvr ta el relato....
    interezantizimo!! ojala se publiq al toke el resto!!
    felicitaciones

  • #3

    x-zero (jueves, 25 noviembre 2010 23:16)

    :S no me digan que este es el final!
    espero que no u.u

  • #4

    Angelo (jueves, 09 diciembre 2010 03:44)

    no puede ser el final !! GUAO al principio me parecio aburrido este relato , pero tomo un rumbo muy interesante , as sabido unir muy bien las historias felicidades tony sigue así, espero la otra parte con ansias . :D

  • #5

    nay (lunes, 13 diciembre 2010 18:02)

    muy bueno de verdad. sigue asi esperare su continuacion..

  • #6

    guada (domingo, 30 enero 2011 17:07)

    que buena historia, termino bien pero quisiera saber si continuará

  • #7

    Tony (lunes, 31 enero 2011 00:33)

    La continuación se llama "La violeta muerta" y pronto la tendréis disponible.

    Hay una historia paralela que tiene mucho que ver con esta y es "El caso más importante de su vida". Leerla ya que entenderéis mucho mejor esta historia.

  • #8

    carla (martes, 05 julio 2011 20:34)

    Hace mucho que lei esta historia, y me encanto. Pero al leerla de nuevo uniendola con las demas y atando los cabos sueltos, la verdad es que te la luciste!! Digo, waoooo.... Increible!

Animal es el que abandona a su mascota.

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