5ª parte

            Cuando despertó el calor era sofocante. ¿Había un incendio? Abrió los ojos y se encontró tumbada en un suelo arenoso lleno de piedras negras. A su alrededor había personas que se agredían con hierros candentes y chillaban de dolor. Parpadeó varias veces y su corazón se aceleró... ¿Seguía en el infierno?

            Entonces notó una mano sobre su hombro que la despertó. Seguía en el hospital y la persona que la había tocado era su madre.

            - Solo es una pesadilla, cariño - dijo.

            - ¿Mamá?

            - ¿Por qué no nos dijiste nada? - preguntó dolida.

            La mujer apretó la mano de Verónica contra su boca y comenzó a llorar abiertamente. Ella sintió ganas de llorar de la emoción de verla después de tanto tiempo pero no tenía lágrimas, hacía años que había perdido cualquier rastro de sentimiento en su corazón...

            - ¿Dónde estuviste tantos años? - preguntó su padre, que estaba justo detrás -. No tienes ni idea de las noches que hemos estado en vela, pensando que te habían matado ¿Por qué no nos dijiste nada?

            Verónica no respondió. Ni siquiera sabía si deseaba verlos. Sin embargo sintió ganas de llorar al tenerlos delante, quería decirles todo lo que había imaginado durante años, cada vez que imaginaba aquel encuentro. Se sentía como si nunca hubiera salido de su casa o como si todo ese tiempo fuera una larguísima pesadilla, sin embargo sentía demasiado dolor al recordar su despedida.

            - No la agobien, es un shock muy fuerte despertar y ver que sus padres no han muerto como ella creía - dijo la enfermera intentando apaciguar los ánimos.

            - ¿Dijo que habíamos muerto? - preguntó su padre, un tanto enojado.

            - Sus recuerdos deben estar confusos - explicó la enfermera-. Deben darle tiempo.

            - ¿Qué pasó, mamá? ¿Cómo me habéis encontrado?– preguntó ella.

            - ¿Que no recuerdas nada, hijita? – dijo ella con su claro acento argentino.

            - No.

            - Oh, vaya, pues te puedo contar hasta donde sabemos. Hace... muchos años trabajabas en una empresa de La Plata y comenzaste a verte con un chico. Salieron juntos y de esa relación quedaste embarazada. Nunca hubiéramos intervenido si no hubieran tenido ese desliz, pero querías abortar. Dijiste que eras demasiado joven para criar un niño y nos pediste dinero para la operación. Nos negamos, tu padre acababa de salir de la cárcel y era una operación costosa. No teníamos apenas ni para comer. Además tú sabes que nunca aprobaré esos abortos, que para mí es un asesinato y te ofrecí todo mi apoyo para cuidar al niño. No lo entendiste y te enojaste con nosotros, te fuiste a una clínica clandestina y allí te perdimos la pista. Cuando te fuiste me dejaste un teléfono y llamé al día siguiente. Tú estabas muy nerviosa y me preguntaste cuándo te iban a dejar salir de allí. Justo entonces colgaste y no volvimos a tener noticias tuyas. Al día siguiente dijeron que te fuiste en un colectivo. Desde ese día te hemos buscado, denunciamos a la clínica porque pensamos que te habían matado con sus malas artes y su falta de higiene. No conseguimos pruebas y dado que no tuvimos más pistas, ... no supimos nada hasta hace ocho meses. Te dimos por muerta, mi niña.

            - ¿Cómo me encontraron? – insistió ella, recordando poco a poco todo mientras su madre hablaba. Aquella historia pertenecía a los oscuros recuerdos que nunca quería evocar.

            - La policía investigaba una muerte en un hospital psiquiátrico. Un doctor había practicado una extraña técnica contigo y te indujo al coma. Misteriosamente el doctor murió de un infarto y quedó el caso cerrado al no haber pruebas de nada anómalo. Sin embargo tú quedaste en coma y el centro no tenía medios económicos para mantenerte con vida. Solicitaron al juez una orden para dejarte morir. Dado que no tenías ningún responsable, el juez ordenó una investigación sobre tu origen y de algún modo que no sé ni entiendo consiguieron identificarte. Se pusieron en contacto con nosotros en Buenos Aires y vinimos a reconocerte. Cuando vi que eras tú te abracé y lloré porque después de tantos años te encontraba en ese horrible lugar, en coma. ¿Quién sabía qué cosas horribles te habrían sucecido para llegar a estar así?

            Verónica seguía sin querer hablar con ellos. Agradecía que su madre fuera así de charlatana porque sin tener que preguntar casi nada le había contado todo lo que había pasado durante todos esos años. Sus palabras le recordaron un pasado que había borrado completamente de su cabeza antes de emigrar a España con Samuel y todo lo que tuvo que pasar para alejarse de su antigua vida, incluyéndoles a ellos.

            - ¿Dónde estuviste antes de ir a ese sanatorio? - preguntó su padre, con hosquedad-. ¿Qué pasó en la clínica de Buenos Aires?

            La chica miró con fastidio a su padre. ¿Todavía tenía la cara dura de venir a exigirle respuestas él, que se había pasado la vida en la cárcel y por su culpa habían sido una de las familias más desgraciadas? Quiso responder pero no abrió la boca.

            Suspiró fastidiada y cerró los ojos. No solo no respondería, no tenía intención de desenterrar aquellos recuerdos nefastos.

            - Creo que es mejor que se vayan - dijo la enfermera -. Necesitará poner sus ideas en orden y tiene que hacer ejercicios de rehabilitación.

            - No puede echarnos, acabamos de llegar - protestó su padre -. Además por lo que pagamos deberían darnos hasta masajes tailandeses.

            - Nadie te ha pedido que pagues nada - le acusó Verónica liberando todo el odio contenido durante años.

            - Cariño... - dijo su madre, dolida.

            - ¿Cómo te atreves a hablarnos así? – recriminó su padre.

            - Por favor, cállate – suplicó su madre, con miedo.

            - Tiene que contarnos la verdad – dijo él -. ¿Por qué se marchó tan lejos? ¿Por qué no nos dijo nada? ¿No te das cuenta de que le importa un carajo lo mal que lo hemos pasado?

            - Fuera de aquí – dijo Verónica, roja de ira -, no quiero veros, no quiero que paguéis nada, no os necesito, fuera de mi vista, ¡¡fuera de mi vida!!

            Verónica sufrió un ataque de tos al quedarse sin aire en los pulmones. La tensión se hizo tan densa que parecía que podía cortarse con cuchillo. Nadie respondió ni supo qué decir,... salvo su padre.

            - Te dije que no era buena idea venir a verla tan pronto – dijo la madre .

            - Lo digo en serio, no quiero ni veros - escupió Verónica, consumida por la ira, sin apenas voz.

            - Pero,... no lo entiendo - dijo su madre -. ¿Qué te hemos hecho? ¿Acaso tienes idea de lo que hemos pasado durante todos estos años sin saber nada de ti?

            - ¿Que yo os he hecho? - recriminó Verónica, consumida por el odio -. Te voy a decir lo que vosotros me hicisteis. Me disteis la espalda, me dijisteis que mientras tuviera ese novio no me molestara en volver. Que si abortaba... Me denunciaríais a la policía... ¿Y aún así esperabais que se me pasara el enfado? ¿Que después del aborto volviera a casa como si nada hubiera pasado? ¿Pensasteis que para mí fue fácil matar a mi hijo? Me sentí destrozada y no sabía a donde ir. Mi novio, Samuel, pidió un adelanto en el trabajo, a mí me pagaron en mi compañía un mes anticipado y con ese dinero conseguimos pagar la operación. Y con el resto pagamos un pasaje clandestino a un barco que viajaba a España. Me sentí tan dolida con su rechazo que me juré olvidar mi pasado para siempre.

            - Sabía que ese canalla tenía la culpa... – gruñó su padre.

            - Ese «canalla»se llamaba Samuel y él sí que lo sacrificó todo por mí. Dejó su trabajo, sacó todos sus ahorros, me ayudó a resolver mi problema y se vino a vivir conmigo a España. No era el mala vida que decíais.

            - ¿Dónde está ahora «tu hombre»? - preguntó su padre, con malicia.

            Verónica no estaba dispuesta a darle el gusto de decirle lo que había pasado.

            - ¡Vete de aquí!, ¡vete y no vuelvas! - gritó Verónica, fuera de sí.

            - Está bien, está bien - intervino la enfermera, con una sonrisa forzada, cogiendo por las mangas a sus padres y tirando con fuerza de ellos sutilmente fuera de la habitación -. Está claro que el horno no está para bollos, así que cálmense todos y dejen descansar a nuestra pequeña.

            Verónica sentía que su pecho ardía con llamas más intensas que las que había visto en el infierno. Se dio cuenta de todo el odio que tenía acumulado dentro, hacia sus padres, y se sorprendió. Supo que había sido tan mala por su culpa. No halló ni un solo rastro del viejo cariño que un día les había tenido y se dio cuenta de que al no poder quererles a ellos le costaba muchísimo poder querer a nadie más. Eran como un tapón en su corazón que obstaculizaban cualquier intento de encariñarse con nadie. Si ni siquiera sus padres le dieron su apoyo cuando les necesitó, quién más lo haría.

            Apretó los párpados y se instó a respirar, a calmarse y pensar las cosas mucho más tranquila. Había pasado mucho tiempo y al fin había explotado después de tantos años guardándose el rencor. Trató de recordar aquel día donde tomó la drástica decisión de escapar y... su mente estaba en blanco. Sin embargo había miedo, decepción y especialmente odio hacia sus padres por haberse puesto en su contra. No podía recordar nada de aquellos días salvo una clínica, una enfermera con las manos manchadas de sangre y la angustiosa sensación de que no podría volver a casa nunca más.

            No, no volvería a verlos... siempre se decía eso cuando pensaba en sus padres. Pero sabía que tendría volver a verlos mientras estuviera en ese hospital. Eso solo de dejaba una salida:

            Escapar.

 

Animal es el que abandona a su mascota.

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