Diario de Olivia

6ª parte

Aunque les habían dicho que se podían ir a casa, sus padres seguían esperando en la puerta de su habitación. Era bastante difícil escabullirse entre las enfermeras de modo que con ellos allí, mucho más. A las dos horas de decidir marcharse empezó a plantearse la posibilidad de utilizar la ventana y acabar con su vida, sin embargo solo fue un pensamiento fugaz, fruto de su ira contenida.

La llevaron a rehabilitación y vio de lejos a sus padres, aún impacientes por volver a hablar con ella. No lo soportaba, ¿por qué tenían que seguir allí? Entonces recordó que en los hospitales prohibían las visitas a partir de ciertas horas y entonces se verían obligados a marcharse. Entonces aprovecharía, cuando solo estuviera la enfermera de guardia.

En los ejercicios se empleó a fondo, cuando el fisioterapeuta le decía que descansara ella quería seguir, notaba que sus piernas respondían poco a poco y necesitaba que estuvieran lo más fuertes posible. El chico le explicó que era mejor ir despacio porque las prisas podían ser malas. Le explicó que los músculos necesitan reposo para recuperarse de los esfuerzos. Aún así no le hizo caso y se empeñó en continuar. Caminó entre las paralelas, sosteniéndose con los brazos, levantó pesas de un kilo e hizo estiramientos. El fisioterapeuta estaba asombrado porque al final de la sesión era capaz de caminar casi sin su ayuda.

- A este ritmo podrás caminar sin muletas antes de una semana - le dijo.

- Lo conseguiré mucho antes - replicó ella, en apenas un susurro.

Cuando la devolvieron a su cuarto sus padres seguían allí. Su madre se puso en pie e hizo ademán de acercarse a ella, pero la miró con tanto odio que ésta se detuvo en seco y se sentó de nuevo, visiblemente dolida.

- Tengo entendido que no quieres ver a tus padres - le dijo el enfermero -. Debes entender que están preocupados y que...

- ¿Acaso tienes idea de lo que ha pasado entre nosotros? - preguntó ella, furiosa. Al ver que el chico se callaba, continuó -. Entonces ocúpate de tus asuntos.

Cuando se tumbó en la cama, él salió sin despedirse. Había sido muy agradable con ella toda la tarde y ella le había tratado como a un idiota, seguramente le había asustado. No sería la primera vez ni seguramente la última.

Respiró aliviada por la soledad y cerró los ojos. Si quería escapar esa noche, debía reponer fuerzas.

Solo quería dormir, descansar lo justo para que a media noche pudiera irse de allí. Sin embargo su mente volvió junto a Olivia y continuó espiando su pasado, esta vez más prudente, asegurándose de que ningún espejo pudiera reflejarla. Necesitaba salir de ese hospital y alejarse de sus padres como fuera.

Olivia hacía sus deberes del colegio totalmente concentrada y entregada a su tarea. Hacía ejercicios de física y no se le daban mal. Tenía entre manos ejercicios de fuerza de gravedad y energía cinética y cuando terminó cerró su cuaderno y habló con su ángel secreto.

- Acabé - dijo -. Tenías razón, es más fácil cuando entiendes lo que estás haciendo.

«Claro, aprenderse las fórmulas sin entender su significado, no vale de nada» - contestó él, en su mente.

- ¿Puedo preguntarte una cosa? - dijo ella.

«Por supuesto»- resonó su voz interior.

- ¿Quién eres realmente? - preguntó Olivia -. No eres un fantasma, ¿verdad?

«Los fantasmas son gente muerta»- replicó él -. «Yo estoy vivo.»

- ¿En serio? El otro día vi un fantasma justo detrás de mí, en un espejo.

«Te equivocas»- replicó él -. «Era una persona viva de otro tiempo.»

- ¿Sabes quién era? - preguntó Olivia, intrigada.

La voz de su cabeza no respondió. Verónica sí que estaba verdaderamente intrigada. Ese ángel, o lo que fuera la había visto, sabía quién era. Entonces, ¿por qué ella no podía verlo a él? Quería que respondiera, necesitaba escucharle decir su nombre.

«Se llama Emilia»- respondió, finalmente el ángel.

Olivia frunció el ceño y suspiró.

Verónica se quedó pálida. Hacía casi veinte años que nadie la llamaba así. Su nombre completo era Emilia Verónica.

- Qué nombre más feo - dijo Olivia -. Tenía un amigo que se llamaba Emilio y como nombre de chico ya me parecía espantoso. Eso me pasa por preguntar, como si supiera quién es esa Emilia. ¿Es tu novia del más allá? ¿La enviaste como prueba?

Estaba celosa, no había más que ver su interior agitado e incómodo. Su ángel se había tomado demasiado tiempo en contestar y ella estaba muy interesada en saber de él.

«No tengo nada que ver con ella»- declaró -. «Ni siquiera ella tiene que ver con ella misma.»

- ¿Cómo? No entiendo - protestó Olivia.

«No debería hablarte de ella, es una persona atormentada que busca aquí respuestas y no es aquí donde las va a encontrar. Vaga sin rumbo por el espacio tiempo, nos escucha ahora, nos ha espiado en el pasado y el futuro tratando de encontrarlas.»

- ¿Qué busca aquí? - preguntó Olivia.

«Tú sí encontraste la respuesta.»

- Me da pena - dijo la niña -, porque parecía perdida, sin una razón para existir. Pensé que era peligrosa por su modo de mirarme, sin sentimientos, como si estuviera vacía por dentro. Parecía un fantasma, te lo digo en serio. Creía que lo era.

Verónica sintió furia al escuchar esa definición de sí misma. ¿Vacía por dentro? ¿Parecía un fantasma? ¿Cómo podía creer esa mocosa que la conocía por intercambiar unas pocas frases con ella?

- Hace frío aquí - dijo Olivia, sintiendo escalofríos repentinos.

«No la juzgues»- dijo su voz interior -.«Ella escucha cada palabra que decimos. No sabes nada de ella.»

- ¿Es mala? - preguntó la niña.

«La bondad y maldad es relativa. Algunas personas que se pasan la vida haciendo cosas terribles terminan en el cielo.»

- Tengo miedo, no quiero que nos escuche. ¿Puedes hacer que se vaya?

«Solo nos escuchará hasta que encuentre la respuesta a la pregunta que realmente la atormenta»

- ¿Qué pregunta?

«Ella cree que necesita saber quién soy yo y cómo sé tantas cosas.»

- No creo, ella te llamó Juan.

«Eso es lo que sospecha»- replicó él -. «Pero no está segura.»

- ¿Y quién eres?

La voz de su interior fue apenas inteligible pero Olivia la escuchó con tanta claridad que hubiera jurado que cualquiera allí lo habría oído.

«Yo soy.»

Verónica se quedó estupefacta. Su mente fue a parar a un recuerdo relativamente reciente, una imagen atroz, de cuando tenía que soportar las penurias del infierno. Cuando estaba siendo torturada y violada por cuantos demonios se le acercaban, uno detrás de otro, hasta que llegó uno que era aparentemente inofensivo; el menos aterrador ya que parecía un humano. No tenía cuernos ni cola con tridente, ni alas correosas rojizas, como el resto de fauna infernal. Era un simple hombre de rasgos perfectos y caminaba desnudo. Ella estaba sufriendo tanto que le suplicó ayuda, le pidió que la liberase de esa terrible tortura. Aunque él no la hizo el menor caso y la violó salvajemente hasta casi hacerla perder el sentido por el dolor. Después de eso, al verla llorar completamente enloquecida, soltó sus cadenas, y con un gesto de su mano borró todos los estigmas de sufrimiento de su cuerpo.

Se sintió infinitamente agradecida y le preguntó quién era.

- Yo soy.

La respuesta tenía la misma entonación, el mismo significado que había imprimido en la sencilla respuesta de Olivia. Con el tiempo, descubrió que ese hombre era el primer demonio, Lucifer. Desde aquel día se sometió a él, permitió que se la considerase su "novia" para evitar ser violada por el resto de demonios y archidemonios, sin dudar ni por un instante en obedecer sus órdenes. No sabía cuánto tiempo había sido torturada, humillada y tratada como un despojo, pero sí sabía que no quería volver a sufrir esa tortura ni un instante más.

Cuando superó aquellos terribles recuerdos, su mente se centro de nuevo en Olivia. Ella estaba en el mundo real. No en el otro lado del espejo. Por tanto, ese ángel tenía que ser Dios. El Gemelo era su reflejo, en el otro lado del espejo.

- La pregunta es... - se dijo casi sin respiración, consciente de que ese ángel, Dios, la escuchaba.

Comenzó a temblar y apretó los dientes. Se abrazó a sí misma y lloró abiertamente, desconsoladamente, terriblemente dolida y desencajada por tantos recuerdos nefastos y finalmente se atrevió a preguntar:

- ¡¿Por qué me has hecho sufrir tanto?!



Animal es el que abandona a su mascota.

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