El caso más importante de su vida

6ª Parte

            La familia de Verónica llegó un martes por la mañana. Al verla en ese hospital psiquiátrico decidieron trasladarla inmediatamente a un hospital privado. Al parecer habían vendido una propiedad muy cara en Argentina para poder pagarle el tratamiento más adecuado a su hija. Sin embargo no parecían muy contentos de verla. Preguntaban una y otra vez a los médicos si era posible que les recordara cuando despertara y les respondían que no podían saber si despertaría, mucho menos en qué estado podría hacerlo.

            Cuando les hicieron pagar las monumentales facturas del hospital mental, indignados hicieron los papeleos para llevarla a una clínica privada que cobraba lo mismo pero era un lugar mucho más moderno y con especialistas de gran renombre.

 

            Antonio se mantuvo cerca de ellos en todo momento. No quería perder de vista a Verónica y se informó sobre todo lo que le pudieran contar sus padres. Estos le confesaron que desapareció justo después de tener una fuerte discusión con ella porque se había quedado embarazada y quería abortar. Ellos le dijeron que con el dinero que cuesta un aborto podían darle un hogar al niño y le suplicaron que no lo hiciera, pero sin su permiso, y siendo menor de edad fue a hacerse el aborto.

            Ella y su novio desaparecieron desde ese día. Dijeron que habían sospechado de la clínica clandestina, que algo pudo salir mal y que hicieron desaparecer a su hija, pero la policía no hizo nada porque todos los indicios señalaban a una fuga con su novio. Ambos habían dejado claro en sus trabajos que nunca volverían y no dijeron a nadie a dónde iban.

            Antonio comprendió la preocupación de esa pareja y les prometió que haría todo cuanto estuviese en su mano para averiguar qué había pasado durante el tiempo que había estado desaparecida.

            Eran promesas vacías y volutas de humo, como el de sus cigarrillos, ya que no tenía ningún hilo del que tirar. Sin embargo así se ganó la completa confianza de la familia.

 

            Con el paso de los meses, Verónica seguía en coma. El nuevo hospital tenía un equipo de especialistas neurológicos que estaba estudiando el cerebro y necesitaban pacientes como ella para sus tesis. Los padres de Verónica se opusieron ya que sabían que por otro estudio le habían causado el coma en otro hospital. Sin embargo el catedrático que llevaba esos estudios parecía saber muy bien lo que hacía.

            - Estamos estudiando qué pacientes están en coma, sin consciencia y qué pacientes están atrapados en sus cuerpos sin poder comunicarse con el exterior. No se hace ningún daño a los pacientes, se le ponen sensores sobre la piel y se estudian los impulsos nerviosos que se producen en su cerebro a partir de estímulos externos. Se les pregunta algo y, si hay reacción, es un síntoma de que podría escuchar sin poder demostrarlo.

            El hospital les ofreció residencia gratuita en el centro de investigación y les aseguró que su hija estaría perfectamente cuidada ese tiempo. Quizás por eso, porque aliviaría sus gastos, ellos firmaron el consentimiento.

            Durante semanas le hicieron toda clase de estudios y finalmente la descartaron porque, según ellos, no había respuestas emocionales. Que ningún paciente había vuelto de un coma tan profundo después de tanto tiempo. Incluso les tentaron con la posibilidad de quitarle el suero y dejarla morir alegando que sería menos carga para todo el mundo.

            - Es mi hija - le confesaba la madre, con lágrimas en los ojos -. Si me hubiera visto o hubiera hablado con ella me sentiría mejor, pero siento que la tortura de perderla es mucho peor ahora que la tengo delante y no puedo decirle lo mucho que la echamos de menos. A veces deseo que todo se acabe y no sé qué hacer. ¿Deberíamos firmar?

            - Señora, es duro lo que están pasando tanto económicamente como emocionalmente – reconoció Antonio -. Si me viera en una situación similar puede que pensara durante un minuto que todo se acabara. Pero, ¿sabe qué? Después de ese minuto me enojaría conmigo mismo por haber... simplemente... dudado de mi amor por esa persona.  Cuando se quiere a alguien, uno aprovecha cada segundo que Dios le da. Y aunque se sepa que la muerte va a llegar, esta nunca es bienvenida y lo normal es que nadie la busque.

            La mujer siguió llorando a moco tendido y asintió con la cabeza.

            - Tiene usted toda la razón - le dijo -. Nunca firmaré ese documento.

            Sin embargo al día siguiente le llamó por teléfono y le dijo que habían cambiado de idea, y que iban a firmar. Le preguntó por qué había decidido eso y ella contestó que no podían soportar el dolor. Después de insistir, ella le confesó que no tenían mucho más dinero y que pronto se quedarían en la ruina. No podían soportar semejante carga económica, lo habían vendido todo y su pensión por jubilación era de broma.

            Aquello fue como un jarro de agua fría para Antonio. Se dio por vencido y no les intentó convencer más. Le quitarían el suero al día siguiente y la dejarían morir sin más. Por alguna razón, esa noticia fue dolorosa para él. Había incubado esperanzas de verla despertar algún día pero esas esperanzas se habían volatilizado.

            Aquella noche no pudo dormir. Verónica iba a morir en cuanto le quitaran el suero, no tardaría ni tres días en hacerlo. Quería evitarlo como fuera, pero no se le ocurría la manera, sus padres no podían pagar nada más.

            Dando vueltas en la cama y sudando por los nervios, pensó que si dejaba morir a esa chica se acabaría ese caso para siempre y posiblemente nunca averiguaría la verdad. Ella era la única persona capaz de resolver sus dudas... ¿Era eso o a fuerza de verla en el hospital todos los días sentía un cariño muy profundo por ella?

            Las conversaciones que mantenía con Juan, el chico que la conoció al otro lado del espejo, eran conmovedoras. Ella no era mala, solo había sido víctima de una vida trágica y llena de baches. Se había enamorado de la persona equivocada, había vendido su alma por amor y ahora que había sido traída de vuelta al mundo de los vivos estaba a punto de morir por falta de dinero.

            - ¡Maldita sea el cochino dinero! - Exclamó -. ¡Yo lo pagaré todo si es necesario!

            Cuando dijo eso se sintió mucho más tranquilo. Claro, ¿por qué no lo había pensado antes? Era el caso más importante de su vida, no podía dejar que terminara tan mal y sabía que le saldría caro. Puede que se le fuera la mensualidad de uno de los pisos de lujo que tenía a su nombre. No podría ahorrar tanto como ahora pero merecía la pena el esfuerzo.

           

 

 

            No quiso que los padres supieran de su generosa propuesta. Habló con el director del hospital y le dijo que él quería hacerse cargo de todos los gastos generados por la paciente Verónica. Incluso les dio el dinero que los padres ya habían pagado para que se lo devolvieran. La única condición que exigió fue tener libertad plena de entrar y salir a la hora que él quisiera del hospital y por supuesto, que guardaran el secreto. Incluso debían decirle a su familia que el Estado estaba corriendo con todos los gastos para que no indagaran sobre su benefactor.

            Sin embargo los padres se enojaron con el médico que les contó la buena noticia, cuando éste les informó de todo. Le llamaron estafador y le dijeron que se libraría de la denuncia pertinente porque les iban a devolver todo su dinero.

 

Al menos, Verónica se salvó.

           

 

            Ocho meses después de entrar en coma, Antonio recibió una llamada a su teléfono móvil. Era la madre.

            - Verónica ha despertado, por favor venga inmediatamente, no quiere... vernos.

Animal es el que abandona a su mascota.

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