El cuadro

1ª parte

 

 

 

 

            La fiesta de Halloween era algo que no le gustaba celebrar. Aunque le gustaban las historias de miedo Yenny era muy asustadiza y no soportaba la oscuridad.

            El 28 de octubre fue con una amiga a comprar ropa a un centro comercial y antes de volver pasaron por una tienda de frutos secos y en el escaparate vieron una imagen que usaban para dar el ambiente tétrico de la fiesta que se avecinaba, como tantos otros locales. El cuadro era de una niña de aspecto inocente en blanco y negro. Era muy bonito Yenny se acercó a verlo con detalle.

            —¿Qué pasa? —Preguntó Elena, la amiga que la acompañaba.

            —Que cuadro más bonito, ¿te imaginas lo que está pensando esa niña? Así me gustan a mí las historias, con un toque de tristeza pero con aire gótico, romántico y sin el gore que hacen tanto ahora. Un relato puede dar mucho más miedo sin recurrir a las vísceras, a los monstruos, al susto fácil y las muertes gratuitas.

            —¿Tú estás loca? —Barruntó Elena, mirando la imagen con cara de horror.

            —¿Por qué? —Preguntó extrañada—. Este cuadro inspira todo eso...

            —¡Pero si es horrible!

            —¿Qué? Es precioso.

            —Anda tía, tú estás mal de la cabeza...

            Siguieron caminando y Yenny dio un grito de horror.

            —¿Qué te pasa ahora? —Protestó Elena.

            —Mira, ¡el cuadro ha cambiado!

            La niña se había transformado en un horrible ser demoníaco que parecía capaz de alimentar las peores de las pesadillas.

            Elena no dejó de pensar que estaba loca hasta que, regresando a la parte izquierda del cuadro, vio que aparecía la niña dulce y melancólica de la que habló Yenny un momento antes.

            Al descubrir el truco, pues era un cuadro "mágico" que usaba el efecto 3D para producir ese efecto, rompieron en carcajadas y siguieron su camino.

 

 

            Alfonso silbó al ver alejarse las dos bellezas que reían en el escaparate.

            —Qué pena que no entraran —comentó a su compañero.

            La rubia me molaba.

            —Mira que me daba mal rollo ese cuadro, pero la gente se da cuenta de que existimos.

            —Hasta ahora no entra nadie, lo miran, se ríen y se van. ¿De qué nos sirve?

            —No sé pero no quiero venderlo, atrae la atención.

            El dueño lo sacó del escaparate y cambió su precio de dos euros a cinco.

            —¿Quién va a querer comprar eso? —preguntó Alfonso, jocoso.

            —Ya, pero por si acaso.

 

            Antonio Jurado pasaba frente a la tienda con su hijo Charly en brazos y se quedó mirando el cuadro con extrañeza. Señalaba un globo con la forma de Patricio, el amigo de Bob Esponja y repetía insistentemente: ¡Ay! ¡Ay!

            —¿Quieres el globo?

            El pequeño se entusiasmó celebrando que le había entendido y lo festejó moviendo alegremente las piernas.

            Al pasar a la parte derecha Antonio se sorprendió y pestañeó varias veces.  Acababa de ver un rostro demoniaco y de repente era una dulce niña del siglo XIX.

            —Eh, amigo, ¿cuánto vale ese cuadro?

           Emm, no lo sé... Tengo que preguntarlo —respondió Alfonso.

            No se movió de la caja esperando que se aburriera y se fuera.

            —Ajá, así que estáis aquí —dijo una hermosa mujer que sorprendió al cliente por detrás.

            —Charly quiere un globo —replicó rápidamente Antonio.

            —Ya, y ¿para qué preguntas el precio de eso?

            —Por saber...

            —¿Cuál quiere?

            —Ese de Patricio.

            Charly señaló otro con la forma de Dora la exploradora.

            —Mejor ese, creo.

            Alfonso lo cogió y se lo entregó al pequeño.

            —Son cinco euros.

            —¿Y el cuadro?

            —Tony, da igual —protestó su mujer.

            —Sólo quiero saber lo que cuesta.

            —Mira, aquí tengo otro —respondió el chico—. Vale dos euros.

            —¿Sólo? Me lo llevo —Se alegró Antonio.

            —Toma —le entregó el que tenía en la mano donde se veía un hombre y su aspecto de zombi según el ángulo.

            —No, este no. El otro.

            —Es que no puedo cogerlo está muy escondido ahí atrás.

            —Que va, hombre. Yo lo cojo —insistió el persistente cliente.

            Antonio no le dio tiempo a buscar más excusas. Simplemente se acercó al escaparate, metió la mano y cogió el cuadro. Debía medir 30x40 centímetros, era el doble de grande que el resto y lo cierto era que ninguno parecía tan real como ese.

            —Son cinco euros. Es por el tamaño.

            —Ni hablar, es muy caro —protestó la mujer.

            —Pero lo ponemos en la puerta en nuestra fiesta de Halloween —propuso Antonio.

            —Si no lo quiere no importa, voy a ponerlo...

            —No, no, me lo llevo. Tenga.

            Sacó su cartera y pagó.

            —Va a quedar chulo.

            —Ya veremos —protestaba la mujer.

            Alfonso miró a su jefe con miedo. Había hecho lo posible por no venderlo pero ese tipo era demasiado cabezota.

            —Lo intenté.

            —Ya, estamos a una semana de Halloween y nuestro mejor reclamo ha volado... Llama a la fábrica y pídeles tres de esos más. Lo mismo hasta los vendemos.

            —Buena idea.

 

 

 

            Chemo cuadraba el inventario con los albaranes en la fábrica de artículos de broma cuando sonó el teléfono.

            —¿Quién llama a estas horas?

            Miró el reloj, eran las nueve de la noche y él estaba allí por saturación de trabajo ya que su horario era hasta las siete.

            —Artículos de Halloween, dígame —mientras contestaba pensó que el negocio estaba mal y no podía negarse a atender a un cliente.

            —Hola buenas, soy Alfonso, trabajo en una tienda del...

            —Si va q venderme algo olvídelo, estoy muy ocupado.

            —No, si lo que quiero es comprarle más cuadros cambiantes. Ese de la niña gótica.  ¿Me puede mandar tres de los grandes?

            —¿Se refiere a la demonio?

            —Justo esa.

            —Lo siento, no nos quedan. Ha tenido un éxito inesperado, pero los otros modelos si están en Stock.

            —¿Cuánto tardarán en reponer?

            —Hicimos un pedido a Perú que es  donde los hacen, eso tarda al menos dos semanas en llegar. Es más fácil que los pida usted.

            —Vaya, eso es demasiado tiempo... Está bien, gracias.

            Cuando colgó su jefe le miraba con evidente enfado.

            —Lo que no me explico es cómo le dejaste ir a cogerlo. Alfonso, necesito gente más espabilada. Me vas a hundir el negocio.

            El chico se mordió la lengua. Si no hubiera sido su jefe y hubiese trabajos a elegir le habría mandado a freír espárragos.

 

 

            Yenny y Elena llegaron a casa a las diez de la noche. Se despidieron en la calle y cada una fue a su casa, pues vivían cerca. El camino estaba pobremente iluminado y la chica rubia se perdió en la distancia a buen ritmo dejando a Yenny en una calle desierta en la que sólo había una farola en medio.  El resto se sumía en la penumbra. Por eso no le gustaba llegar tan tarde.

            Caminó con prisa temiendo que los coches aparcados escondieran algún susto inesperado. Más de una vez un gato callejero la había hecho gritar de horror. Pero ahora estaba asustada de por sí. Creía que aquel cuadro se fijó en ella y sentía que alguien la seguía.

            Cuando llegó a la mitad de la calle, donde alumbraba fuerte la farola se regañó a sí misma auto convenciéndose de que era imposible lo que estaba pensando y que a la mañana siguiente le parecería una tontería.

            Sin embargo el resto del trayecto pareció aumentar por cada segundo que se lo pensaba.

            Al principio caminó, luego elevó los pies y coló sobre sus zapatos hasta llegar a su portal. Sacó las llaves del bolso con nerviosismo y las metió en la cerradura giró y vio el reflejo de la niña en cristal de la puerta, mirándola con una sonrisa dulce.

            —¡Ah! —Chilló de terror.

            Abrió apresuradamente y se coló dentro con la respiración agitada y sudores fríos.

            Respiró hondo sintiéndose segura la luz interior de la escalera y fue al ascensor. No dio dos pasos cuando alguien empujó la puerta del portal sin poder abrirla. Dio un brinco por el susto y miró atrás por si conocía al que estaba fuera.

            Sin embargo, no había nadie.

 

 

            Era el día de Halloween cuando Chemo recibió decenas de llamadas quejándose por su cuadro de la niña. La gente se había vuelto loca y aseguraba que su fantasma les acecha por las noches. Al principio lo tomó como publicidad favorable para su negocio pero cuando le exigían que les devolviera el dinero y se llevara sus cuadros, tuvo que negarse... Como si él no comiera.

            Estaba tan harto de la noche fantasmal que fue a casa de su novia a pasar un buen rato con ella y olvidar tanta estupidez.

            Vanessa era una chica que conoció en la discoteca, morena, alta, un tipazo de modelo y por si fuera poco guapísima y simpática. Llevaban juntos dos semanas y aún no había encontrado ningún defecto en ella... Excepto que le sentaba fatal verla hablar con otros tíos. Pensaba que nadie pasaría por alto lo buena que estaba y que no existía hombre heterosexual en la Tierra que no quisiera beneficiársela. Pero esos celos le gustaban a Vanessa. Decía que era muy tierno por su parte.

            Él no entendía que querer arrancarles los ojos a los tíos con los que hablaba fuera algo bueno pero prefería que ella siguiera pensando eso.

            Llamó a la puerta con los nudillos mientras, luego sacó el móvil y se miró con la cámara frontal. Su pelo alborotado estaba como a ella le gustaba. Se examinó los dientes, blancos nacarados y finalmente se lanzó un guiño para darse confianza a sí mismo. Si tenía que convencer a las mujeres de que no existía un hombre más atractivo y viril, había que empezar creyéndolo de si mismo.

            Justo cuando apagó la cámara del móvil le pareció ver algo detrás de él. Se volvió asustado y...

Comentarios: 11
  • #11

    Tony (lunes, 13 febrero 2017 12:52)

    Prueba de código para Jimdo

  • #10

    Carmen (sábado, 07 noviembre 2015 14:46)

    Una sugerencia: Pon historias con distintos finales que dependan de la elección de cada lector. No necesariamente debe haber un único final bueno. Siento que esto haría la historia más interesante.

  • #9

    Yenny (jueves, 05 noviembre 2015 17:26)

    Continuación, quiero saber que pasó con Chemo.

  • #8

    Jaime (martes, 03 noviembre 2015 02:39)

    La historia se ve interesante. Si salgo en la siguiente parte, supongo que seré el creador de los cuadros malditos. Jeje

  • #7

    Alfonso (lunes, 02 noviembre 2015 01:20)

    Por qué siempre me tocan los jefes mala leche. Parece que Chemo se lleva la mejor parte del relato. Tony, a ver si publicas la siguiente parte pronto, me he quedado intrigado.

  • #6

    Chemo (lunes, 02 noviembre 2015 00:57)

    Soy muy joven para morir. Siquiera dejadme conocer más íntimamente a Vanessa. Prometo dejar de vender cuadros malditos. Jeje. Aunque no pienso regresaros el dinero a quienes me los han comprado.

    Por cierto, buena historia. Siento que puede dar para más de tres partes.

  • #5

    Ariel (domingo, 01 noviembre 2015 16:41)

    Un cuadro así quedaria muy bien en mi cuarto, que bueno que no sea una historia corta

  • #4

    Tony (domingo, 01 noviembre 2015 01:06)

    No va a durar mucho. Quería hacer una parte única pero se acortaba demasiado. Quizás tampoco sean dos, pero dudo que pase de tres partes.

  • #3

    Vanessa (domingo, 01 noviembre 2015 00:24)

    Apenas es el primer capítulo y ya estoy enganchada.
    Puedes tener por seguro que ya que estoy aquí, no me iré pues me encanta y tengo ganas de que comience el nudo de la historia.
    Ponerme como personaje me ha sorprendido bastante, es un honor. Gracias.

  • #2

    Yenny (sábado, 31 octubre 2015 21:48)

    Nooo Tony, no asesines a Chemo deja que se beneficie a Vanessa.
    Pensé que iba a ser un cuento corto, pero se ve interesante espero con ansias la siguiente parte,

  • #1

    Tony (sábado, 31 octubre 2015 18:06)

    Por favor, no te vayas sin dejar un comentario.

Animal es el que abandona a su mascota.

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