El fantasma del espejo

3ª parte

           

            Dos días después Verónica intentó llamar a Pedro. No había logrado olvidarlo y sentía que sin él su vida carecía de sentido. Se había tomado medicación contra la depresión pero no servía de nada. Necesitaba verlo aunque fuera una vez más. La operadora le respondía que el número marcado estaba desconectado o fuera de cobertura y lo siguió intentando todo el día. Finalmente, decidió dejarlo y probar al día siguiente a otra hora ya que posiblemente lo mantenía apagado mientras estaba con su novia.

            El día siguiente tuvo el mismo resultado desde primera hora de la mañana. Decidió que si no le cogía el teléfono podría verlo en la cafetería en la que solía vero. Había dejado de ir allí porque habían decidido dejar de verse y no le pareció correcto frecuentar los mismos sitios. Pero él debía seguir bajando. Entonces vio que sus compañeros bajaban sin él y se preocupó. ¿Por qué no bajaba con ellos?

            Se acercó a uno y le tocó en el hombro.

            - Disculpa, Pedro no baja hoy a tomar café. Es amigo mío y... esperaba verlo con vosotros.

            El chico, que debía tener poco más de veinte años, la miró con tristeza. Miró a los otros y estos agacharon la cabeza.

            - ¿No ha venido a trabajar hoy? ¿No ha querido tomar café?

            - Pedro no ha venido hoy -dijo el chico.

            - Murió en un accidente de tráfico hace dos días -dijo otro-. Se mataron él y su novia.

            Verónica parpadeó varias veces antes de desmayarse.

 

 

 

            Después de aquel día Verónica no perdió nunca la mirada triste y nostálgica. No dejó de pensar en Pedro ni un instante y la inseguridad de no saber si al morir seguía amándola, o si tenía culpa por lo sucedido, era más dolorosa que pensar que nunca la había querido. En su desesperación buscó ayuda en psiquiatras pero éstos solo la drogaban. Estas drogas no servían de nada porque aunque hacían que todo le importara menos, seguía con el dolor incrustado en el pecho.

            Con la duda permanente de si Pedro aún la amaba cuando murió, un día decidió visitar a una médium. Una amiga del trabajo le había dado su teléfono y le aseguró que había sabido leer su mano y ver su futuro. Decidió que si alguien podía hablar con los muertos sería ella.

            Quedó con la gitana para una sesión de espiritismo y se presentó allí una hora antes de la cita.

            - Necesito hacerlo cuanto antes - le dijo ella a modo de saludo, cuando le abrió.           

            - Pues espérese ahí fuera, estoy con otro cliente.

            La médium cerró la puerta y Verónica se quedó sola, en el descansillo de la escalera. La médium había previsto esas esperas ya que había una banqueta junto a su puerta por si alguien, como ella, tenía que esperar.

            En ese tiempo, llegó una mujer obesa de raza negra y se sentó a su lado. Venía bailando y escuchando música africana en los cascos. Seguramente no hablaba castellano así que Verónica desechó toda posible conversación con ella.

            - ¿Se está retrasando? -dijo la mujer, con acento cubano.

            - ¿Disculpe? -se sorprendió Verónica.

            - Digo que si se está retrasando. En el folleto dice que si se retrasa no cobra, ¿entiendes? ni se te ocurra pagarle.

            - No, no se ha retrasado. Yo tengo hora a las siete.

            - ¿A las siete? -se escandalizó la mujer-. Yo tengo cita pa las seis y cuarto y casi llego tarde.

            Dicho eso se abrió la puerta y salió una mujer mayor, sonriente y dándole las gracias a la médium repetidas veces.

            - Siguiente -dijo la gitana.

            Verónica se fijó que vestía como las clásicas gitanas de cuento. Con su pañuelo de colores en el pelo, pendientes con forma de aro de cebolla de color rojo, maquillada exageradamente con las líneas de los ojos tan marcadas que parecía una máscara, su vestido era parecido al de una bailarina de sevillanas y llevaba unos zapatos rojos de charol con talón altísimo y punta picuda. Era de unos cincuenta años y su mirada daba miedo. Parecía que podía leer los secretos más ocultos de su corazón.

            La mujer que acababa de llegar se levantó y le guiñó el ojo a Verónica.

            - Te lo dije guapa. Esta mujer es más puntual que el reló de la Puerta del .

            Verónica sonrió y se quedó sentada y se sintió ridícula esperando ahí como una supersticiosa. ¿Desde cuando creía en fantasmas? No creía, pero quería creer que Pedro sí vendría porque tenía que contarle qué le había pasado y si seguía amándola o no. Al margen de las supercherías que creyera la gente, ella quería creer en eso.

            El tiempo pasó muy despacio y pronto llegó otra mujer. Esta vez otra gitana con aspecto de enferma y débil. Esta no le dirigió la palabra antes de entrar a las seis y media. Así estuvo hasta que el reloj marcó las siete. Puntualmente la puerta de la gitana se abría, repitiendo "siguiente" con desgana hasta que llegó su hora.

            Verónica se puso en pie y entró en la sala donde la médium recibía las visitas.

            - Siéntate, princesa.

            - Gracias -dijo ella, sonrojada por el cumplido.

            Obedeció y ocupó la silla que estaba frente a la bola de cristal.

            - ¿Qué te trae por aquí?

            - Verá, quiero que invoque a un fantasma.

            - ¿No vas a contarme tu historia o la historia del fantasma? Tenemos tiempo, no hay más clientes después de ti.

            - Bueno, es un... amigo que murió hace unos meses en un accedente de tráfico con su novia. Tengo cosas que preguntarle. ¿Usted sabe invocar a los fantasmas?

            - Claro que sé -dijo la gitana con tono aburrido-. ¿Cómo se llamaba?

            - Pedro,… no me sé sus apellidos.

            La gitana soltó una carcajada.

            - ¿Te imaginas la cantidad de pedros que acudirían si digo "Oh, yo te invoco, Pedro nomesé Susapellidos"?

            - Lo siento, no le conocí mucho tiempo.

            - ¿Era tu amante?

            - No...

            - ¿No era tu amante, tenía novia y tú quieres hablar con él tan impaciente que llegaste una hora antes de tu turno?

            - Verá, es que tengo que preguntarle una cosa importante.

            - ¿Tenía una cuenta bancaria y quieres su código secreto? Te lo digo porque esas cosas no funcionan así, los muertos no recuerdan combinaciones, ni dicen números de lotería que van a tocar. Si fuera así no perdería el tiempo con vosotros aquí y sería millonaria.

            - No es nada de eso -dijo Verónica enojada-. Necesito saber qué le pasó, por qué tuvieron el accidente y si yo tuve la culpa. Si me sigue amando... si me seguía amando, mejor dicho -las últimas frases las dijo con apenas un hilo de voz. Apenas podía hablar porque había vuelto a llorar. En realidad lo hacía a cada rato cuando estaba sola pero eso la gitana no lo sabía y ésta, al verla, la miró con compasión.

            - Cariño, no te preocupes. Este tipo de casos es mi especialidad.

            - ¿En serio?

            - Vamos a llamar a ese Pedro -la animó, con un gesto, que le diera las dos manos.

            Verónica las extendió y sintió el contacto abrasador de los dedos de la médium. Esta cerró los ojos y comenzó a canturrear una canción que parecía india. Después de varias repeticiones de lo que parecían mantras, abrió los ojos como si estuviera ida y dijo:

            - Yo te invoco Pedro, tu amiga Verónica espera tu llegada. Ven a esa sala y hazte notar.

            Luego cerró los ojos y se concentró. Verónica miró a todas partes y no vio que nada se moviera. La gitana abrió los ojos y Verónica sintió terror cuando se los vio abiertos.

            - ¿Quién osa molestar a los muertos? - dijo, con la voz tan grave como tambores africanos.

            Se le pusieron los pelos de punta al ver esos ojos con un brillo rojizo que iluminaban toda la sala con el color de la sangre. Si eso era un truco, era lo más conseguido que había visto nunca. Sin embargo algo le decía que no era ningún truco.

            - ¿Quién eres? -se atrevió a preguntar ella.

            - Soy el dueño del alma de la persona que habéis invocado, el Diablo.

            Verónica quiso levantarse pero la gitana la tenía agarrada tan fuerte que fue incapaz de soltarse.

            - Busco a Pedro, él era un buen chico, seguro que su alma no está contigo y está en el cielo.

            - Tengo el alma de Pedro -dijo el Diablo. Al decirlo, a la gitana le salió humo de la boca-. Si quieres hablar con él tendrás que pagar un precio muy alto.

            - Necesito hablar con él. Haré lo que sea necesario -dijo ella, decidida.

            - Está bien, en ese caso...

            La gitana agachó la cabeza como si el espíritu que la poseía se hubiera marchado. Luego volvió a levantar la cabeza y volvió a abrir los ojos.

            - ¿Verónica? - dijo la gitana con la voz de Pedro.

            - Oh, Dios mío,... eres tú... ¿mi amor qué te ha pasado? -dijo ella.

            - Verónica, pensé que no volvería a verte más.

            - Pedro, recuerda tu accidente -insistió Verónica.

            - No puedes imaginar lo que he deseado volver a ver tu rostro -Pedro no entraba en razón.

            - Por favor, Pedro, necesito que recuerdes.

            - ¿Mi accidente? Oh, mi accidente...

            - Necesito que me digas algo.

            - ¿Estoy muerto?

            - ¿Me amas? ¿Te estrellaste por culpa mía? -insistió ella presintiendo que no duraría mucho la sesión.

            - ¿Que si te amo? Eres la mujer de mi vida. Te amo con todo mi corazón.

            - ¿Y no amas a Belén?

            - Oh, Belén se marchó. Ella fue a la luz sin decirme adiós. Alguien… un hombre, se la llevó de mi lado.

            - ¿No seguiste a la luz? ¿Por qué?

            - Ella no quería verme más. Y yo no podía ser feliz en ninguna parte sin ti. Prefiero condenarme al infierno.

            - No digas eso, ve a la luz y yo te seguiré....

            - ¡Eso es imposible! - gritó repentinamente la gitana con la voz del demonio.

            - ¿Qué? -Verónica luchó por liberarse de nuevo.

            - Tu vida me pertenece.

Dijiste que pagarías lo que fuera. ¡Nunca dije que fuera una ganga! -se escuchó una risa escalofriante y aterradora.

            Verónica sintió que las manos le quemaban horriblemente. La boca de la gitana se abrió y a través de ella vio las llamas rojas y amarillas del infierno. Como una boa, la boca la engulló llevándosela al otro plano de la existencia.

 

            Cuando la gitana abrió los ojos y salió de su trance, solo quedaba frente a ella una silla vacía y humeante.

 

 

 

            Verónica se levantó, aturdida y desorientada. Hacía calor allí, pero no estaba sudando. Era una sensación extraña y desagradable.

            Aquello no era el mar de fuego que había visto en la boca de la vidente. Era una llanura tan extensa que no veía el final por una bruma que ocultaba lo que había en la distancia.

            - Pedro -siseó, esperanzada de que él podía estar por allí.

            - Estas lejos de casa - murmuró el viento, con voz ululante.

            - ¿Quién eres? - preguntó asustada.

            No hubo una respuesta razonable, la voz seguía diciendo cosas que no podía entender.

            - ¿Dónde estoy? - insistió.

            Al no tener respuestas coherentes, caminó si rumbo claro por si llegaba a alguna parte.

            Miró al cielo y se preguntó dónde estaba el Sol. Lo cubría un manto rojizo que daba una luz extraña al paisaje yermo.

            Pasaron horas y sus piernas ya no podían dar un paso más.

            Se dejó caer y se tumbó boca arriba. Quizás no debió hacerlo, porque al mirar al cielo vio centenares de criaturas aladas dando vueltas a su alrededor, como buitres. Al tumbarse, las criaturas descendieron en picado.

            Verónica se levantó sacando fuerzas del pánico y corrió con dificultades, desesperada porque no había dónde ir.

            - Pedro, ayúdame - dijo, desesperada.

            Cayeron como rocas volcánicas e hicieron temblar el suelo. Uno tras otro plegaron sus enormes alas rojas y sus cuerpos deformados y musculosos mostraban una desnudez nauseabunda. Verónica corrió lo que le permitieron sus piernas pero no dio ni tres pasos antes de caer.

            Las criaturas aladas superaban los dos metros de altura y tenían rostros desfigurados y llenos de maldad.

            Uno de ellos se arrodilló junto a Verónica y le abrió de piernas con brusquedad. Arrancó su ropa y se inclinó sobre ella para penetrarla.

            Ella le golpeaba con los puños y, con los golpes, se quemaba al tocar su abrasadora piel.

            Cuando supo que no podría librarse de la tortura soltó el grito de pánico más agudo que había dado en su vida.

            Entonces el monstruo se apartó, sin llegar a mancillarla. Sorprendida, dejó de chillar, creyendo que fue ella la que le había espantado.

            - Alguien ha hecho un nuevo pacto - dijo una voz agradable y joven.

            Ella se levantó, cubriendo su desnudez con las manos,  por la violencia con la arrancaron su falda, y vio a un chico de unos treinta años, guapo y con barba oscura.

            - Pedro te ha entregado a mí - añadió-. Si es que aceptas mi propuesta.

            - ¿Quién demonios eres? ¿Qué lugar es este?

            El hombre tenia una forma física envidiable y estaba desnudo, aunque sus patas eran similares a las de una cabra y su miembro viril estaba camuflado en su denso pelaje. Los demás monstruos eran similares, aunque muy deformados, rostros horrendos, manos enormes con afiladas garras, pezuñas  grandes.

            - Tienes que elegir - evitó responder el hombre -, ¿quieres que yo, y solo yo, tenga poder sobre ti?

            Ella entendió lo que pasaría si se negaba. Se marcharía y la dejaría a merced de sus bestias.

            - Quiero ver a Pedro - insistió-, y seré tuya.

            Lo que debía ser el demonio negó con la cabeza mientras respondía.

            - Él eligió no volver a verte para que te librara de ellos. No me hagas enojar o su sacrifico será en vano.

            Verónica sollozó desesperada y no se atrevió a negarse, asintiendo con la cabeza.

            - No temas- añadió el Diablo-, a partir de ahora todo el mundo te temerá a ti.

 

 

 

EPÍLOGO

           

 

            Pasaron semanas de aquel suceso cuando un grupo de niñas de catorce a dieciséis años jugaban en la habitación de una de ellas a la Ouija.

            - ¿Hay alguien ahí? - preguntó una de ellas con voz fingidamente grave.

            Todas las demás se rieron.

            - ¿Manifiéstate?

            Un libro se cayó de la repisa e hizo un ruido que las asustó a todas. Estas rieron y desconfiaron unas de otras.

            - Vamos, seguir preguntando, seguro que ha sido el fantasma.

            - ¿Quién eres?

            El vaso de la Ouija se movió lentamente de una letra a otra escribiendo una palabra: Verónica.

            Algunas se asustaron al ver que era un nombre real lo que aparecía después de lo que parecía un movimiento caprichoso del vaso.

            - ¿Qué es lo que quieres, Verónica?

            Las niñas empezaban a asustarse porque el vaso se movía sin que apenas lo rozaran ellas con sus dedos. Todas querían soltarlo, aterradas.

            "Quiero a una de vosotras".

            - ¡Ah! -gritó una de ellas cuando entendieron el mensaje.

            Se levantaron todas y encendieron la luz entre risas y saltitos.

            - ¡Ha sido alucinante! -gritó una de ellas-. ¿Cómo lo habéis hecho? Casi me hago pis encima.

            - No ha sido un truco, tengo miedo -dijo otra.

            Entonces un libro cayó y unas tijeras que tenía encima se quedaron abiertas, con la punta hacia arriba. Cuando las niñas vieron la tijera se miraron aterradas y salieron corriendo de la habitación. Les contaron todo a sus padres, los cuales estaban jugando al póker y éstos no le dieron la menor importancia.

            - Los fantasmas no existen -decían-. Si tenéis sueño iros a dormir.

            Las niñas se fueron a sus respectivas camas. Eran primas y una de las hermanas las había invitado a pasar el fin de semana juntos y había preparado camas para todos.

            Solo una niña tenía que volver al cuarto de la Ouija. Ésta, antes de acostarse se cepilló los dientes y se enjuagó la boca. Cuando volvió a mirarse al espejo vio detrás de su espalda a una mujer de pelo castaño oscuro y con los ojos ennegrecidos como si estuviera muerta. El grito que salió de su garganta rompió el cristal en mil pedazos.

            Los padres corrieron a ver qué pasaba y cuando llegaron la encontraron desangrada.

            Por lo que dedujo la policía, ella misma había cogido un cristal y se había cortado la garganta porque no encontraron huella alguna.

 

 

            Dicen que no se debe jugar con los espíritus. Que los que invocan al más allá sin el debido respeto sufren la visita de la novia del diablo, Verónica, llevándose al infierno a uno de ellos. A los demás les entran locuras inexplicables a las que la medicina moderna no encuentra cura. Solo en ocasiones, rituales de exorcismo cristiano consiguen que esas personas vuelvan a su estado natural.

 

FIN

 

 

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Comentarios: 13
  • #1

    BUENISIMOOOOOOOOOOOOOOOO (jueves, 17 febrero 2011 03:19)

    buenisimoooooooooooooo largo pero buenisimoooooooooooooo i la imagen del final jajajajaja XD

  • #2

    ana paula (lunes, 18 abril 2011 18:48)

    hayyyyyy que miedo por dios me estoy expresando tengo miedooooooooo!!!!

  • #3

    belen (lunes, 18 abril 2011 18:57)

    cuando leeia la historia senti un ruido de miedo senti que alguien me miraba pero era mi niñera estubo largo e increible yo si fuera tu no lo leeria para nada sino te daria pesadillas a la noche y encima estoy sola en mi casa mi madre esta trabajando ella trabaja muy lejos pero no tengo miedo y les digo que alos q le da miedo esta historia es un maricon

  • #4

    VALKA (viernes, 13 mayo 2011 15:26)

    MUY BUENA HISTORIA GENIAL..

  • #5

    J .Jorge Bco (sábado, 25 junio 2011 07:50)

    esta con ganas la historia, me dejo asi D: jaja

  • #6

    carla (martes, 05 julio 2011 20:45)

    Increible! Ya la habia leido hace meses, pero no comente! Ahora la lei de nuevo pues quise saber como se veria si leia uniendo la historias que tienen que ver con veronica(como las de antonio) y en orden, y estuvo excelente como siempre! Fue fascinante!

  • #7

    yenny (lunes, 01 agosto 2011 19:24)

    Buena historia y ha quedado muy bien esta mucho mejor esta versión.

  • #8

    carla (lunes, 01 agosto 2011 23:26)

    Wow las imagenes quedaron increible.

  • #9

    Vanessa (sábado, 06 agosto 2011 02:06)

    me gusta mas esta version k la otra y las imagenes jijiji

  • #10

    sally (miércoles, 02 noviembre 2011 03:38)

    q historia x dios la maz xvr m a gustado muxisimooo =)

  • #11

    Lorena Mihaela (viernes, 19 octubre 2012 16:21)

    A estado muy bien, me he sentido un poco decepcionada por la muerte de Belen y Pedro...Aunque la historia estubo super, super bien!Me encanto!

  • #12

    najlepszy sex telefon (miércoles, 11 enero 2017 20:38)

    śrubka

  • #13

    tanie kurwy (martes, 05 septiembre 2017 14:41)

    niegniazdowanie

Animal es el que abandona a su mascota.

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