El investigador que interrogaba a las paredes

1ª parte

Nota: Aunque no es necesario leer historias previas, es altamente recomendable haberse leído las siguientes para disfrutar completamente de este relato:

 

Todas

 

Espero que os guste.

 

Antonio J. Fernández Del Campo

 

 

Antonio miraba con frustración el monitor de su ordenador. En la pantalla aparecía un cartel de texto que ponía: "Operación rechazada".

            — Joder... —susurró.

            — No hables así —le reprendió Brigitte, su esposa.

            Estaba sentada a su lado mientras hacía punto de cruz en un babero, donde ya se podía leer "Char".

            — ¿Por qué no me coge las claves?

            — Las habrás escrito mal  con esos dedos de babuino.

            — Que no, ya he probado tres veces.

            — Cálmate e inténtalo más tarde.

            Respiró hondo y trató de tranquilizarse haciendo caso a su esposa. Si no podía transferir dinero desde Suiza, estaban arruinados. Todos los meses trataba de mover quince mil euros a una cuenta más pequeña para sus gastos y llevaba dos semanas intentando hacerlo.

            — ¿Puedes ver esto un momento? —Le pidió a su mujer—. Mira, me pone un mensaje en un idioma que parece alemán. Lo he tratado de traducir con internet pero dice algo como "credenciales obsoletas".

            — A ver.

            Se asomó y vio que la pantalla mostraba un menú y un listado de tres cuentas bancarias. En la parte de arriba parpadeaba un letrero con fondo rojo: "Eingegriffen".

            — Uy, eso es nuevo —frunció el ceño—. Significa algo así como "intervenido" pero...

            — ¿Como que intervenido? —Se alarmó Antonio.

            — Deberías llamar al teléfono que te sale ahí.

            — ¿Puedes hacerlo tú? A mí los idiomas... En especial el alemán...

            — ¿Tienes tus datos ahí?

            — Me los sé.

            — Apúntamelos.

            En un papel anotó su DNI "real" y las claves online.

            Brigitte llamó y comenzó a hablar en alemán con un operador, una conversación que Antonio no entendió en absoluto.

            Después de unos minutos en los que le dio sus datos y habló fluidamente con una voz similar a si estuviera poseída por Adolph Hitler, colgó un poco decepcionada.

            — Dice que la cuenta ha sido bloqueada  por la policía. Que suele ocurrir cuando hay sospecha de robo.

            — ¿Qué?

            Antonio no sabía cómo entender eso.

            — No me podía decir mucho más porque al parecer es un aviso del sistema y el chico no tenía permisos para acceder al origen del aviso.

            — Pero le has dicho que la desbloquee.

            — ¿No te estoy diciendo que no podía?

            — ¿Y entonces qué? —Antonio estaba frenético.

            — ¿No te preocupa que te roben?

            Antonio soltó una risotada histérica.

            — Soy yo, los traspasos son de una cuenta a otra que tienen distinto titular.

            Brigitte se quedó seria.

            — Vaya, qué complicado... Bueno ya está, he llamado. Ahora déjame terminar esto.

            — Llama otra vez y diles que...

            — No pueden hacer nada.  ¡Ah, sí!,  que te tienes que presentar en la central de Suiza, identificarte y hacerlo personalmente. Es lógico, ¿no crees?, ¿cómo saben si el que llama es el titular?

            — Eso no puedo hacerlo —protestó, pálido—. Podría ser una trampa para pillarme. Llevan años buscándome.

            — ¿No te dieron por muerto?

            — Sí, eso creía. Pero puede que lo dijeran en las noticias para que me descuidara.

            Su mujer dejó su tarea y le miró con preocupación.

            — ¿Y qué pasaría si no arreglas esto?

            — Pues no lo sé... Se acabaría mi sueldo mensual de quince mil euros.

            — ¿No puedes llamar a la gestora que lleva los alquileres para que te manden el dinero a otra cuenta?

            — No lo sé...

            Cuando montó el negocio de "cobrar sin dar un palo al agua" lo hizo pensando en no ser rastreado. La lotería sirvió para comprar propiedades por toda Europa, de las cuales tenía alquiladas casi todas. Se hizo pasar por Antonio Jurado, que por entonces estaba limpio, y creó la cuenta de Suiza que ahora le ponía trabas.

            El problema era que no podía aparecer ni por el banco ni por la gestoría que manejaba sus cuentas. En su día compró sus servicios pagándoles un diez por ciento de sus ingresos, pero no tenía ni idea si la policía les habría contactado.

            En definitiva, si era una trampa y aparecía por allí, podían caerle veinte años de cárcel o más si incluían la evasión de impuestos durante 20 años.

            ¿Y si alguien se hacía pasar por él?

            — Yo no puedo ir, pero tengo un amigo que haría cualquier cosa por mí.

 

 

 

 

 

 

            Yuvén tomaba café en el restaurante donde invitó a Génesis a unas fresas con nata.

            De eso habían pasado varios meses y  nunca volvió a verla cuando se curó de repente y "se fue". Esa historia prefería olvidarla ya que casi perdió su puesto de trabajo y estuvo enzarzado en juicios durante dos meses.  Era irritante que todo el mundo se obstinara en hacerle la pregunta que se hacía él mismo: ¿Dónde estaba la paciente 499?

            Antonio Jurado le prometió mantenerle informado de su paradero si es que sabía algo nuevo, pero era imposible que la encontrara.  Él lo vio con sus propios ojos, esa chica tenía poderes increíbles, podía volar y viajar en en el tiempo con tan solo pensarlo. A todos les contó que se fue y le culparon por ello. Lo cierto es que simplemente dejó de estar ahí pero ni la policía ni sus compañeros de hospital le creyeron.

            Si lo contaba como lo había visto estaría invitando a la clase médica a que firmaran su encierro de por vida. Ya lo hicieron antes y necesitó años de reclusión para que le declarasen "en recuperación". Le dieron un documento que acreditaba un 10% de minusvalía y gracias a él consiguió trabajo en el hospital. Tuvo que admitir, para evitar su encierro, que se despistó y no sabía hacia dónde fue.

 

            Esa mañana le había llamado Antonio Jurado y quedó con él en esa cafetería. No le dijo para qué quería verlo pero sólo por poder preguntarle si sabía algo de Génesis, hubiera acudido al mismísimo infierno a encontrarse con él. Era un tipo difícil de encontrar, casi tanto como ella.

 

            Llegó veinte minutos tarde y al verlo sentado le saludó con la mano, sonriente. Cerró el paraguas y lo sacudió, hasta ese momento no se dio cuenta de que diluviaba.

            — Perdona no he podido llegar antes, el trafico está espantoso y he tenido que aparcar a quince minutos de aquí.

            — No importa —respondió.

            A lo mejor le despedían, su jefe era muy meticuloso con el tiempo invertido en "tomar café", pero estaba feliz.

            — ¿Alguna noticia nueva? —Se interesó, tratando de controlar su ansiedad.

            — ¿Noticia? Ehm, el Madrid ganó ayer al atletic y Alonso quedó cuarto en la carrera de ayer... No sé, no veo mucho las noticias.

            ¿Le estaba tomando el pelo?

            — He venido porque necesito un favor —continuó.

            — ¿Un favor?

            — Te pagaré bien, pero esta vez sólo puedo pagarte los gastos hasta que termines la gestión. Luego te daré cinco mil, ¿te apuntas? Te aseguro que es legal.

            — Pero...

            — ¿Cómo? Te parece poco. Macho yo también tengo problemas económicos.

            — ¿No sabes nada de Génesis?

            Antonio le miró circunspecto. Al fin entendía lo que quería de esa reunión.

            — Lo cierto es que no sé nada. La única vez que la vi fue ella la que vino a mí.

            — Entonces lo siento, no puedo ayudarte.

            — Puedes ganar cinco mil en un día.

            — El dinero no me interesa.

            Antonio se llevó la mano a la frente, frustrado.

            — Escucha solo tienes que ir a un banco y hacerte pasar por mí.  Espera... Creo que no es buena idea.

            Antonio se quedó mirando al infinito como escuchando. Después volvió a mirarle, preocupado y negó con la cabeza. No debí venir.

            — Olvídalo, no te he dicho nada.

            — ¿Qué ha pasado?

            — Nada. ¿Quieres un café? Te invito.

            — Ya me tomé uno. ¿Te ha hablado? ¿Génesis te ha dicho algo?

            Antonio le miró con preocupación.

            — Sí.

            — ¿Qué te ha dicho?

            — Que te estaba metiendo en un lío del que no podría sacarte.

            «Puedes ser acusado de falsificación de documentos, intento de robo y posiblemente de todos mis... Otros delitos. Pero no necesitas saber tanto.»

            En lugar de asustarlo lo que consiguió fue que Yuvén se entusiasmara.

            — ¿Has hablado con ella?

            — Bueno, Isis no habla. Es difícil de explicar...

            — No me importa cómo lo hace, sólo que puedes comunicarte con ella.

            — Sí, eso sí.

            — Haré lo que me pidas si después haces de intermediario entre nosotros.

            — Te acabo de decir que no quiero que lo hagas.

            — No, me has dicho que ella no quiere que lo haga.

            Antonio negó con la cabeza.

            — No creo que se preste a tener una entrevista contigo usándome de intermediario. Lo normal es que la escuche cuando ella quiere decirme algo, siento que de algún modo sabe todo lo que me pasa.

            — ¿Crees que nos está viendo ahora?

            Yuvén examinó el local con ojos achinados quizás buscando una cámara.

            — A ver, no entiendes nada —le desengañó Antonio.

            — Lo entiendo perfectamente.

            — ¿Cómo demonios vas a entenderlo si yo mismo no sé cómo lo hace? Céntrate y olvídate de Génesis, es un camino sin salida. No vas a encontrarla por mucho que te obsesiones.

            — Tú lo hiciste.

            — ¡Ella me encontró a mí!

            Su potente voz resonó tan fuerte que hizo temblar los ventanales de la cafetería y todos los presentes se los quedaron mirando.

            Antonio miró a su alrededor, retador, y los curiosos lugareños agacharon la cabeza.

            Luego dedicó su atención a Yuvén y le vio entusiasmado. ¿Es que no le escuchaba? ¿Estaba hablando con una pared?

            — Por eso quiero ayudarte —aclaró el chico—. Es mi amiga, una vez me salvó cuando estábamos internados juntos en el hospital de Huesca. Vamos, no habrías acudido a mí si no me necesitaras. Sé que puedo hacerlo y si algo pasara, ella vendrá a salvarnos.

            Antonio negó con la cabeza y sonrió. Sin dinero estaría expuesto y no tardarían en atraparle, pero lo que le preocupaba más era que estaba a punto de ser padre y no quería perderse ni un solo día del crecimiento de su hijo Charly.

            Ese chico estaba lo bastante loco como para ayudarle a recuperar su identidad y su fortuna y podía tener razón, si algo pasaba quizás ella apareciera.

            — No tienes remedio... Pero suena tan descabellado que podría funcionar.

 

Comentarios: 8
  • #8

    Tony (sábado, 20 septiembre 2014 18:21)

    Es cierto que los monstruos suelen provocar el fin de las historias personales, pero en este caso creo que sin ser creíble al menos no quiero caer en los tópicos. Son situaciones extremas que nos cuesta imaginar y por tando escribir sobre ello es un reto importante para cualquier escritor. Espero no fracasar en el intentento.

  • #7

    najt (viernes, 19 septiembre 2014 23:44)

    Es fabulosa diversion intriga y drama .

  • #6

    Hernan Aponte (domingo, 08 junio 2014 20:51)

    Excelente antonio! Una historia compuesta de drama, diversion y suspenso!

  • #5

    yenny (domingo, 30 marzo 2014 18:32)

    Buen comienzo, espero con ansias la próxima parte, quiero saber quién mas aparece en la historia.

  • #4

    Alfonso (sábado, 29 marzo 2014 01:21)

    Se ve interesante la historia. Esperemos que no defraude.

  • #3

    Jaime (sábado, 29 marzo 2014 01:19)

    ¡Por fin! ¡La primera historia de Antonio Jurado del año! Y como siempre, el relato se queda en lo más interesante...

  • #2

    melich (viernes, 28 marzo 2014 18:44)

    buena entrada!!! ya estaba esperando la nueva historia!!

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 28 marzo 2014 15:47)

    Sé el primero en comentar. Y sino, comenta igualmente que leo todos los comentarios por igual.

Animal es el que abandona a su mascota.

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