El investigador que interrogaba a las paredes

12ª parte

 

                Yuvén no quería dejar a Génesis pero quedarse en un club de alterne no le parecía demasiado correcto. Nunca antes había estado en uno.

                Después de curarle la herida de la cabeza y el corte de la mejilla le dejó solo. Le devolvieron la ropa limpia, se duchó y luego regresó a verle para preguntarle qué iba a hacer. Él se sorprendió de la pregunta.

                — Me quedo contigo.

                — Puedes irte cuando quieras, pero si quieres puede esperarme en el bar. Mi trabajo termina a las diez y media.

                — ¿Qué trabajo?

                — Me ocupo de la barra.

                Yuvén sonrió aliviado, sólo era camarera.

 

 

                A las 10:30 bajó al bar y se encontró el local repleto. Tuvo que abrirse paso a empujones para llegar a la barra y pedir un refresco. Se llevó un chasco al descubrir que el barman era Julián Tramontana y en cuanto le reconoció quiso alejarse.

                — Espera chico, te debo una disculpa. Los amigos de Calypso son bienvenidos. Para enterrar el hacha de guerra te invito a una copa. ¿Qué quieres?

                — Un refresco de limón.

                Julián soltó una risotada.

                — Marchando.

                Agarró una botella de ron y llenó medio vaso de tubo. Luego abrió un refresco con la chapa oxidada y lo terminó de rellenar.

                — Disfruta del espectáculo, te aseguro que nunca has visto nada igual.

                — ¿Qué es esto? No he pedido licor. ¿Quién es Calypso?

                Julián ya no le prestaba atención, atendía a un grupo de adolescentes que sacaban DNIs de dudosa credibilidad y que él ni se molestó en mirar.

                — Detesto el alcohol —susurró.

                Recordaba que cuando era pequeño y su padre volvía de trabajar, se echaba a sus brazos por lo mucho que le quería. Era muy alegre y casi nunca se enfadaba con él aunque se enojara con otras personas. Pero con el paso del tiempo se fue dando a la bebida los fines de semana. Cuando se iba con los amigos se emborrachaba y su madre se lo echaba en cara todos los días... Cada día llegaba más borracho y decía cosas más duras a su madre hasta que comenzaron a pegarse. Ella le respondía los insultos con bofetadas tan fuertes que le dejaban la cara marcada y su padre no se las devolvía nunca, se acaba la discusión y durante dos días no se hablaban. Después se reconciliaban y al llegar el fin de semana todo empezaba de nuevo, reconciliaciones y nuevas peleas... Entonces un día su madre llegó al límite de su paciencia y dijo que se marchaba de casa. Su padre enloqueció...

                — Maldito alcohol.

                Se llevó el vaso a los labios y lo probó. El líquido burbujeante se abrió paso por su sedienta garganta y le sentó de maravilla. A pesar de estar frío sintió calor en su interior y tuvo que mirarlo de nuevo con asombro y respeto.

                — Esto está bueno.

                Entonces empezó la música y se apagaron las luces del bar. La gente se entusiasmó y comenzó a silbar. Yuvén pensó que se burlaban de él, pero por el lado derecho de la barra, por encima de ella, apareció una mujer sorteando las copas y la enfocaron con luces fuertes mientras caminaba.

                Sus zapatos de tacón de aguja, de más de diez centímetros de altura parecían imposibles de controlar y lo hacía con tal naturalidad que parecía sencillo. Sus piernas llevaban medias casi transparentes que el chico no pudo dejar de mirar. Subió la vista hasta un pareo dorado abierto ligeramente a la derecha, bajo la tela se veía un tanga blanco que apenas cubría sus partes íntimas. La blusa era blanca, muy ceñida y solamente llevaba abrochados dos botones que la chica acariciaba con insinuación mientras caminaba al ritmo de la música. Todos en el local la miraban y la coreaban...

                — ¡Calypso!, ¡Calypso!

                Yuvén se quedó petrificado al ver su rostro. ¡Era Génesis!

                Y le excitaba verla tanto como le incomodaba que toda esa gente la estuviese deseando igual que él.

                Su asombro no acabó ahí, cuando dio la vuelta a la barra se había soltado uno de los botones de su blusa y al volverse le miró a él y le guiñó un ojo con la sonrisa más seductora que jamás había visto.

                — Esto tiene que ser un sueño —Susurró, pero no quería despertar.

                Cuando llegó a su lado se puso en cuclillas, la falda se abrió y no quiso mirar en su interior aunque un fuego abrasador le imploraba que lo hiciera. Se le secó la boca y su corazón latía tan rápido que parecía que se le quería salir del pecho. Dio gracias a Dios de que llevaba un pantalón holgado para que no se notara su petrificado miembro viril.

               Calypso ha elegido al favorito de la noche —rugió un altavoz con la voz de Julián—. Mala suerte para los demás.

                ¿Qué? ¿Le había elegido a él?

                Ella le ofreció la mano y él se la cogió pensando que bajaría y se quedaría a su lado pero ella tiró de él y le izó como si no pesara nada. Al verse objetó de todas las miradas se quiso morir.

                — Vamos, baila conmigo —pidió ella.

                Al verla moverse bailando salsa a cámara lenta tragó saliva. Era fácil imitarla y se forzó a no mirar a otra parte, lo que le excitó mucho más. Temía ver al resto de clientes mirándole con odio, pero ella sabía captar perfectamente su atención y no miró.

 

                Con su mano derecha subía un lado de su falda y con la otra  le sujetaba invitándole a bailar a su lado. Cuando su muslo terminaba y mostraba el tanga soltaba la tela y le invitaba con el dedo a arrimarse más a ella.

                Nunca en su vida había bailado antes y Génesis consiguió en unos minutos que lo hiciera en público.

                Por un momento miro al bullicio esperando que todos le detestaran pero ya nadie les hacía caso. Al menos diez mujeres más se repartían por entre la gente y bailaban para ellos dejándose tocar. Sus sostenes, tangas y medias rebosaban billetes de todos los colores.

                — Vámonos de aquí —le susurró ella al oído.

                Cogidos de la mano se deslizaron entre el gentío hasta la puerta del local. Génesis abrió un garaje donde había aparcado un precioso Jaguar con asientos de cuero gris y se metió dentro, en el asiento del conductor.

                Yuvén la acompañó de copiloto y cuando se sentó, ella arrancó el motor.

                — ¿Es tuyo? —Preguntó asombrado.

                — De mi jefe, pero no creo que le importe que demos un paseo.

                — ¿Puedes irte sin más? 

                — Ya lo has oído, te he elegido. Ahora me perteneces.

                Yuvén respiró entrecortadamente. No supo qué responder a eso salvo quedarse callado hasta que cayó en la cuenta de que no era algo excepcional para ella. Se dedicaba a acostarse con hombres, los elegía a diario.

                — ¿Haces esto cada día con un desconocido?

                — No estoy obligada a escoger a nadie —se limitó a responder.

                — Pero lo haces...

                Ella le miró sonriente.

                — ¿Quieres que elija a otro? No sé que piensas que hay entre nosotros, esto es lo que yo hago y quería compartirlo contigo. Si lo prefieres te llevo a casa.

                — ¿Cómo has caído en esto? Ni siquiera te obligan.

                Génesis aceleró y empezó a sortear coches a más de ciento cincuenta kilómetros hora. El chico se agarró al soporte de la puerta aunque no se sentía en peligro, apenas había tráfico a esas horas hacia Madrid. Sin embargo sí notaba que la estaba incomodando con sus preguntas.

                — Vamos a un lugar muy especial para mí —Indicó ella—. Si crees que corro demasiado dilo, me encanta conducir. Pero me falta paciencia.

                Yuvén volvió a mirar la aguja del velocímetro y tragó saliva, estaba subiendo y ya iba por 180.

                — Me gusta... , sigue, sigue.

                Confiaba en ella y si era una diosa no había lugar más seguro en el mundo. Además le estaba excitando ir tan deprisa en un coche así, con ella vestida de diosa griega.

 

 

                Llegaron al hospital donde estuvieron juntos y recuperó la consciencia. A Yuvén se le aceleró el corazón por los recuerdos tan variopintos que se agolpaban en su mente. Desde los más felices de su vida hasta los más angustiosos cuando pensó que le acusarían de su desaparición y asesinato.

                — Quiero repetir nuestro paseo —sugirió Génesis.

                — Eso sería fantástico —aceptó él, entusiasmado.

                Esta vez pasearían a la luz de las estrellas, sin tráfico y con ella plenamente curada y en su sano juicio. La otra vez le pidió que no le soltara la mano porque temía que saldría volando. Era incapaz de mantener los pies pegados al suelo sin un apoyo. Ahora le llevaba ella de la mano y el que creía flotar era él.

                — He recordado tantas cosas de mi pasado que he olvidado lo que hice justo después de renacer aquí. Seguro que crees que es una locura...

                — No hiciste mucho, la verdad.

                — Tú estabas conmigo, ¿verdad?

                — Sí, todo el tiempo. Me curaste.

                — No lo recuerdo. ¿De qué te curé?

                Yuvén sonrió. Caminaron hasta llegar a un parque y allí se sentaron en un banco de madera a la luz de una farola de tres luces.

                — No quería hablar, todo me asustaba. No dije una palabra en varios años.

                — Ah, ya recuerdo... —Susurró sonriente.

                — ¿Y cuándo desperté? Vaya, que extraño suena eso. Verás hice viajes en el tiempo después de recordarlo todo y...

                — ¿De verdad no te acuerdas?

                — ¿Dije a dónde iba?

                — Si lo hubieras hecho te habría encontrado antes.

                — ¿Dije otra cosa? A lo mejor no me entendiste, ¿recuerdas exactamente mis palabras?

                — No puedes volar, no viajas en el tiempo ni recuerdas lo que tú misma dijiste... ¿Qué te ha pasado?

                — No creo que quieras saberlo. Prefiero que mantengas tu imagen idílica sobre mí.

                — Eras tan inocente —susurró con pena.

                — Acababa de despertar de un larguísimo sueño, ¿qué esperabas?

                Yuvén no dijo nada más, aun seguía rumiando en su cabeza que el trabajo de Génesis era acostarse con un tipo distinto cada noche.

                — No tengo estudios, solo mi belleza. ¿Cómo querías que me ganara la vida?

                Yuvén negó con la cabeza, aun no lo asimilaba.

                — Necesito que me lo cuentes, ¿Qué te pasó?

                — Es muy simple y puede que te cueste creerlo.

                — Dímelo entonces.

                — Mis poderes eran un pesado yugo para mí. Me sentía indigna de unos dones que sólo yo tenía. Un día quise ser totalmente humana y normal. Dado que los poderes que tenía eran el fruto de mi alma pura e inmaculada decidí cambiar mi forma de vivir.

                — ¿Por qué?  — Preguntó Yuvén, decepcionado—. Pudiste conseguir lo que quisieras, ¡un empleo digno no esto!

                Yuvén estaba consternado pero Génesis no parecía arrepentida.

                — Un momento, acabo de recordar una cosa... Dijiste una última cosa antes de desaparecer.

                Génesis le miró con ansiedad.

                — ¿El qué?

                — Dijiste: "Mi padre ha muerto". Y desapareciste. ¿No lo recuerdas?

                Génesis perdió el foco en su mirada, aquella noticia pareció de suma importancia porque cambió instantáneamente su expresión de interés y suficiencia por una mueca de pánico.

                — ¿En serio no lo recuerdas? —Insistió Yuvén.

                — No, lo había olvidado...

                — No pensé que lo hubieras olvidado. ¿Es importante?

                — Eso lo cambia todo.

                Yuvén no lo entendía, pero el rostro de la chica era bastante descriptivo.

                — ¿Por qué? ¿Quién es tu padre?

                — Tienes que prometerme que nunca le contarás nada de esto a nadie.

                — No creo, no me creería...

                — ¡Prométemelo!

                — Está bien te lo prometo.

                — Es mejor que nos separemos, no me busques, no hables con nadie de mí, no vuelvas a mi local jamás. ¿Lo has entendido?

                Yuvén no lo entendía ni lo aceptaba, pero ella estaba asustada y eso significaba que debía aceptarlo.

                — Me quedaré contigo, no quiero ir a ninguna parte sin ti.

                — ¿Pero qué estás diciendo?

                — ¡Te quiero!

                Ella se quedó sin habla.

                — ¿Deja de desvariar? —Respondió.

                — No, te quiero desde el primer día que te vi entrar en el hospital.

                Génesis sonrió con asombro.

                — Estás loco, ¿crees que no estoy aburrida de escuchar eso? Mañana se te pasará.

                — ¿No sientes nada por mí?

                — ¿Es que no escuchas? Lo único que siento son ganas de estrangularte porque no escuchas.

                Yuvén se quedó sin palabras. Antonio tenía razón, nunca debió decir lo que sentía.

                — Será mejor que me vaya. Todavía podría coger el último metro...

                Miró el reloj, su muñeca temblaba.

                — No puedo dejarte ir solo a estas horas. Te puedo llevar a tu casa —se ofreció la chica.

                — Te lo agradecería.

                Génesis le puso la mano en el hombro.

                — Hazme caso, nunca menciones a nadie este encuentro. No te fíes de ninguna persona. Pero necesito que hagas un favor...

                — Lo que quieras.

                — Si sospechas que alguien inadecuado viene a por mí, llama al teléfono que tienes en tu móvil. Si recuerdas cualquier otra cosa, llámame, pero sólo si es importante.

                — ¿Y por qué iba a enterarme de algo así? ¿Qué más puedo recordar?

                — Necesito saber cualquier pista.

                — ¿De qué?

                — Olvídalo.

                — No confías en mí, ¿qué crees que te oculto?

                — Ay, Yuvén. Si no confiara en ti, habría dejado que te mataran.

                El chico tragó saliva y palideció.

                Regresaron al coche y en unos quince minutos se despidieron en el portal de su casa.

                Génesis le dijo adiós y él, buscando alguna excusa para no tener que despedirse, no dijo nada antes de perderla de vista.

 

 

 

 

                Era espectacular el poder mediático de Ángela. Al día siguiente de aceptar su trato llegó una orden policial que le daba bastante movilidad. Tenía libertad condicional bajo custodia. Si no encontraba a Génesis le volverían a encerrar y en caso contrario sería completamente libre y nunca más tendría que esconderse.

                Tardaron una hora en regresar a Barajas y en ese tiempo decidió que sólo tenía una persona a la que acudir, Fausta.

                La adivina gitana había demostrado ser mucho más que una pitonisa y ya le ayudó a encontrar a Génesis en el pasado, que fue cuando conoció a Yuvén. La encontró porque la sobrina, Rebeca, acudió a él para que la librara de un espíritu acosador... Una larga historia que documentó en el relato "La sombra de Verónica".

                Después de algunos rifirrafes con Fausta, la contrató por un tiempo para que le ayudara en situaciones que pareciesen callejones sin salida, pero desde que se casó con Brigitte no tuvo muchos casos y terminó despidiéndola.

                La bruja se enfadó tanto que le soltó una maldición: "Fuerzas muy poderosas y antiguas te están buscando. Cuando vengas a pedir ayuda no te la daré aunque me ofrezcas toda tu fortuna."

                Pero creyó que si le ofrecía el dinero suficiente le diría cualquier cosa y que con el tiempo debía haberse olvidado. Puede que siguiera enojada con él ya que acertó cuando le avisó de que alguien muy poderoso le acechaba, Ángela —aunque de antigua no tenía nada, estaba en la flor de la vida.

                Pero qué demonios, había que intentarlo, ¿a quién más podía acudir?

                Llamó a Brigitte para contarle lo sucedido, omitiendo el nombre de Génesis, y ella se alegró de que todo fuera tan bien por el momento. Quiso decirle que seguía pensando que su empresa era imposible pero no fue capaz de quitarle la ilusión que le dio saber que estaba libre. Y no quiso extenderse mucho ya que estaba libre pero no le dejaban verla ni contarle nada. Ignoraba quién era Ángela y por qué tenía tanto interés en Génesis. Sospechaba que el viejo Alastor estaba detrás de todo eso, pero no entendía por que le había mandado a esa mujer si es que era tan secreta su búsqueda.

                Lo único que podía hacer era encomendarse a la bruja gitana y que ella y Ángela se entendieran. Aunque también deseaba que no demasiado.

Comentarios: 14
  • #14

    Adrián (martes, 24 junio 2014 21:31)

    Continuación

  • #13

    Tony (sábado, 21 junio 2014 22:47)

    Ariel, supongo que te refieres a la sobrina de Fausta. Pero ella no tenía trabajo por lo que no entiendo tu duda.

  • #12

    Ariel (jueves, 19 junio 2014 04:12)

    No esperaba esto Tony, creo.entender o responder una o dos preguntas pero luego me hago 4 preguntas y quedó confundido, Nos dijiste que Rebeca ocultaba algo, algo que tenía que ver con su profesión

  • #11

    Patito (miércoles, 18 junio 2014 19:16)

    Continuacion

  • #10

    yenny (miércoles, 18 junio 2014 17:34)

    Nunca he visitado esos sitios, aunque no niego que tengo curiosidad de saber como son pero si es como describes Tony creo que no aguantaría mas de un par de minutos, me encanto el vestido que sale en la foto jeje muy sexy quiero uno

  • #9

    Alfonso (miércoles, 18 junio 2014 04:49)

    Para los que nunca han visitado uno de estos antros, os diré que las mujeres que encuentras ahí no valen la pena, a menos que solamente estéis buscando un rapidín. En mi juventud solía visitar estos lugares de poca monta para buscar una relación mas las chicas que frecuentan estos sitios únicamente buscan tíos con pasta o un momento de placer. Yo tenía otra idea de Génesis pero veo que me he equivocado.

    Por cierto, los únicos hombres que conozco que aseguran nunca haber estado en uno de estos lugares o bien ya tienen pareja o son bastante introvertidos u homosexuales. Aunque no dudo que haya una excepción a la regla...

    Espero la continuación.

  • #8

    tony (martes, 17 junio 2014 22:21)

    Jajaja, yo no sé los demás pero nunca he estado en uno. Eso sí, Eclipse 2 está a escasos 3 km de mi casa por eso sé que existe.
    Para quitaros la idea de la cabeza os diré que en la próxima parte pasan muchas cosas y antes de plantearos la visita a ese antro, deberíais leerla.
    La verdad es que "parece" que la historia está a la deriva pero me estoy ciñendo a lo que preveí desde el principio.

    Al final todo encajará, os lo aseguro.

    Gracias por vuestros comentarios.

  • #7

    Jaime (martes, 17 junio 2014 21:57)

    Me he quedado con sentimientos encontrados después de leer este parte y ya no sé por qué rumbo se ha ido este relato... Según se había explicado en la continuación de «Amnesia», Génesis recuperó la memoria por completo al morir Alastor, entonces, ¿por qué Génesis no recuerda su encuentro con Yuvén? Génesis parecía más lúcida al despertar del sueño que ahora...

    ¿Por qué una diosa como Génesis, con el conocimiento de los dioses antiguos y mano derecha de Jesús, ¡se ha convertido en una puta!? ¿No podría haber ido Génesis con Jesús para que le ayudase? Tal vez estoy confundido porque la personalidad de Génesis en historias anteriores era muy diferente a la actual. Por ejemplo, cuando Antonio y Génesis se concieron ésta buscaba la salvación (o santidad) de Antonio, ella y el resto del mundo y ahora se ha sumido en uno de los pecados más viles (al menos de acuerdo con los dogmas de la Iglesia Católica).

    Por otra parte, cuando Antonio contactó con Génesis por encargo de Yuvén, ésta parecía enterada de que Antonio corría peligro. ¿Ya se olvidó Génesis de él? Probablemente toque a Génesis tocar fondo para poder rehabilitarse.

    En conclusión, siento que muchos detalles no la historia no cuadran. Espero que al menos las dudas y agujeros lógicos se disipen al terminar esta historia. Esta vez no daré pronósticos, más bien trataré de meditar cómo armar el rompecabezas.

    Por cierto, ya me esperaba comentarios guarros de algunos mientras leía esta parte, y ¡veo que no me equivoqué! No voy a Madrid con frecuencia pero un día de estos iré al club Eclipse 2 para contaros lo maja que es Calipso.

  • #6

    yenny (martes, 17 junio 2014 21:03)

    Tony ¿Por qué siempre los hombres dicen yo solo se porque me lo contaron? nunca admiten haber ido --! de que sobreviviran esos club si "nadie va"

  • #5

    yenny (martes, 17 junio 2014 20:05)

    Este parte creo que me dejó mas confundida, espero que en la siguiente se explica porque Génesis hace todo esto y quiero saber como Fausta recibirá a Antonio después del despido.

  • #4

    CECILIA (martes, 17 junio 2014 18:41)

    Estoy sorprendida con Genesis, no puedo creer que esté bailando en un club, es algo que no esperaba, sin embargo, tengo la esperanza que lo hace para un buen fin y no lo hace por necesidad o por gusto. en fin estare ansiosa esperando la siguiente parte, esto va cada vez mas interesante.
    saludos Antonio y que tengas bendecida semana!!!

  • #3

    Tony (martes, 17 junio 2014 08:47)

    Si te digo la verdad, yo nunca he ido a un club, todo lo que cuento me lo han contado.
    Por cierto Eclipse 2 exite, como tantos otros. :-D

  • #2

    Chemo (martes, 17 junio 2014 08:00)

    El relato me excitó sobremanera. Si vos conocéis el bar donde trabaja Calypso, pasadme el número y la dirección. ¿El bar está en Madrid? Puede que me eche una paja y eche mano a los privados del bar Eclipse. Una vez que Génesis me conozca, Yuvén no tendrá la más mínima ventaja contra mí. Jaja

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 17 junio 2014 00:43)

    Gracias por llegar tan lejos y disculpar la tardanza.
    podéis comentar vuestros pronósticos a ver quién se acerca más.

Animal es el que abandona a su mascota.

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