El investigador que interrogaba a las paredes

17ª parte

            «Debes contactar con Verónica como sea» —recordaba insistentemente la voz celestial.

            — Se supone que ella está en el cielo... Ya no acude a mis llamadas ni a las de nadie. Pero me avisó una vez que había que eliminar a Alastor.

            Se concentró en vaciar su mente para escuchar su respuesta. Dibujó su imagen en su cabeza y la llamó.

            — Verónica, ¿puedes oírme?

            «Sí puedo»... «Aquí estoy». «Crees que no vendría». «A tu servicio siempre, como no tengo motivos para odiarte, voy a ayudarte,...

            Antonio frunció el ceño. Estaba claro que no era ella, su mente le jugaba una mala pasada.

            — Hace demasiado tiempo que no la escucho —pensó—. ¿Cómo podría estar seguro de que es ella?

            Ese pensamiento le encendió la bombilla. Ahora que Verónica era libre la podía llamarla tres veces, siempre que estuviera lejos de cualquier espejo.

 

 

            — Señora, el señor Jurado ha vuelto —escuchó por el altavoz de la puerta.

            — Dejarle pasar.

            Se abrió la hoja blindada y ella le recibió sonriente. Antonio no estaba tan feliz, se mostraba serio y seguro de sí mismo.

            — Tengo dos condiciones para ayudarte.

            Ángela miró a sus hombres y con un gesto de la mano cerraron la puerta y les dejaron solos.

            — ¿Cuáles?

            — La primera que no volveremos a acostarnos.

            Ángela le miró disgustada.

            — Nunca te obligué.

            — Sí lo has hecho, nada de tocamientos ni miraditas, quiero que me respetes como hombre casado que soy.

            La mirada de Ángela demostraba que esa condición le gustaba muy poco pero la podía aceptar. ¿Por qué le costaba tanto conseguir un polvo regular?

            — ¿Y la segunda?

            — No quiero que tus guardaespaldas vengan detrás de nosotros.

            Miró a la puerta tras la que estaban Héctor y Aquiles y sonrió porque sin duda le habían escuchado.

            — Pasa, hablemos adentro —ofreció, servicial. Fueron al exterior del ático, donde el agua de la piscina rielaba con el viento con atrayentes tonos azules reflejando los rayos del Sol y fueron a los sillones de mimbre, a la derecha de la misma.

            — Eres muy valiente diciendo eso delante de esos dos. ¿Por qué lo pides?

             Me hacen sentir como un prisionero, contigo puedo estar a gusto pero no me fío de ellos. Cada vez que me miran creo que quieren matarme y no es fácil concentrarse cuando te sientes amenazado.

            — Tengo que admitir que Héctor me pregunta a menudo cuándo podremos librarnos de ti. Le has calado.

            — Eso incluye a mi mujer, que ninguno de los dos se acerque a mi casa. Acabo de llamarla y le he dicho que se marche lejos, pero debes prometerme que no la seguirás. No puedo pensar si temo por su seguridad.

            — ¿Algo más?

            — No, eso es todo.

            — Teniendo en cuenta que si le cuento nuestro secreto a tu mujer te puedo arruinar la vida y que matarte con un chasquido de dedos sería tan fácil como aplastar un mosquito, me halaga que aun así me quieras ayudar. Especialmente sabiendo que si pudieras elegir a quien quieres ver muerta entre Génesis y yo, me elegirías a mí.

            — No quiero que muera nadie más. Creo que el poder que tienes no te ha cambiado, ya eras así, aunque puedes cambiar para bien. No creí que te importara nadie, pero cuando Lara te dijo que no le importaba que la mataras vi en tu mirada un cambio significativo. Descubrí que la primera prisionera fuiste tú. Esa oscuridad te consume y te obliga a hacer cosas que no quieres, como... Matar, acostarte conmigo...

            Ángela sonrió con picardía.

            — ¿En serio crees eso? ¿En tan poca estima te tienes? Quizás sea parte de tu atractivo... Detesto a los soberbios.

            — Me halaga que te guste, pero hay algo demoníaco en eso que te da poder, no estás poseída, es lo que no entiendo. No sé qué es pero a veces necesitas ser mala, pera regenerar el poder. Mi misión es muy similar a la tuya, encontraré a Génesis para que saque ese veneno de dentro.

            — ¿Y si yo no quiero?

            — Te está consumiendo. Claro que quieres... Este es el trato, te ayudo a encontrar a Génesis, la auténtica.

            — Tengo que matarla, ¿por qué harías tal cosa? Además nunca me dejarán tener el control completo de la organización si no lo hago.

            — ¿Qué? ¿No mandas tú?

            — En lo que a matar a Isis se refiere tengo todo el poder.  Pero ni Héctor ni Aquiles están dispuestos a contarme nada más hasta que no la elimine. Dicen que ella es la única capaz de acabar con La organización.

            — Vaya, ¿es una especie de prueba? ¿no será que te han contratado para matarla como un trabajo más y luego no piensan pagarte?

            Ángela recordó de repente a su mentor, Frank. Tenía catorce años y le acompañaba en su primera misión peligrosa en el País vasco. La organización terrorista ETA había encargado el asesinato de su número uno, un asesino sin ideales que perseguía la violencia sin ningún otro objetivo que asustar a los vascos y que pagaran sus tributos. Los propios etarras lo habían elegido porque en su momento les pareció el mejor ariete contra el gobierno central. Ese hombre fue el cerebro de los golpes más sanguinarios de Barcelona y el cruel asesinato de Miguel Ángel Blanco, el cual supuso un varapalo para la economía de ETA ya que muchos se envalentonaron y dejaron de pagar. Nadie se atrevía a cuestionar al líder pero se pusieron de acuerdo en que tenían que eliminarlo en silencio como un accidente. Así que contrataron a Frank.

            — ¿Qué piensas? —Preguntó Antonio al ver su expresión de tristeza.

            — Está bien, acepto tus condiciones —dijo, pensativa—. La verdad es que a mí también me jode que esos tipos tengan que estar siempre encima.

            Se encaminó al interior y fue derecha a la puerta donde estos hacían guardia.

            — Tomaros el día libre, ya os llamaré cuando os necesite.

            Héctor miró a Aquiles con desaprobación.

            — No nos moveremos de su lado, señora —habló el rubio, por los dos.

            — ¿Perdón?

            — Ese hombre, Antonio Jurado, intenta engañaros para quedarse a solas y así podría intentar mataros.

            — Sé defenderme sola.

            Ella se volvió a mirar a Antonio. Por primera vez desde que era la "jefa" de la Organización se dio cuenta de que era tratada como una inútil. Necesitaba un pilar robusto en el que apoyarse y esos dos mastodontes, aunque antipáticos  e insoportables, habían trabajado muy bien hasta ahora.

            En cambio Antonio era sibilino, ni sus mejores amigos se fiaban de él y su mujer había sido traicionada. Pero por alguna razón confiaba más en él.

            — No le caéis bien —susurró—. No sé por qué, con lo simpáticos que sois —bromeó con una media sonrisa—. Largo, ya.

             Como ordene, señora —avísenos si nos necesita.

            Con un movimiento de cabeza indicó a Héctor que le acompañara. El aludido arqueó la ceja derecha y le siguió.

            Una vez les escuchó lejos cerró la puerta, se volvió hacia Antonio y le miró expectante.

            — No creo que se alejen demasiado —indicó éste—. Pero me conformo.

            — ¿Qué haremos ahora?

            — Seguir con el plan. Antes dime, ibas a contarme algo sobre Fausta.

            — Ah, sí, seguro que te interesa saber que su corazón ya no latía cuando llegamos a su casa. Dudo que sea la última vez que nos la encontremos.

            — ¿Está viva?

            — ¿Tú no escuchas? Te acabo de decir que o era un fantasma o algún hijo de la noche le concedió la inmortalidad.

            — Rodrigo — dedujo él.

            — Supongo,  ¿sabes qué? Me aburro. Caigamos en la trampa —dijo Ángela, sonriente.

 

 

 

 

            Yuvén lloraba en su celda cuando Lara entró a verlo. Era un chaval de lo más deprimente, siempre que lo veía estaba triste, cabreado o en este caso llorando. Aunque ella, en sus circunstancias habría cometido barbaridades.

            — ¿Puedes dejar de llorar un momento? Tengo que hacerte muchas preguntas.

            Yuvén clavó si mirada en ella y se limpió el rostro con las mangas. A juzgar por lo sucias que las tenía, lo había hecho muchas veces.

            — No quise dispararla, se lo juro, no sé qué me pasó, estaba confundido.

            — No he venido a hablar de eso, lo importante, y por suerte para ambos, es que la pistola no tenía balas. No te lo tendré en cuenta y saldrás de aquí en cuanto respondas a mis preguntas.

            — ¿Sobre qué?

            — ¿Cómo se llamaba tu amiga?

            — Génesis... Calypso... No sé, sospecho que ninguno es el verdadero.

            Yuvén se mostraba colaborador y sumiso.

            — Cuéntamelo todo sobre ella.

            — No me contó demasiado, pero según tengo entendido...

            — Quiero que me cuentes lo que tú sepas de ella no lo que hayas leído o te haya dicho no se quién. Cuándo la conociste, que hablasteis, de donde te dijo que venía...

            — Ah,... Pues la conocí en el hospital de Huesca, "San Francisco de Asís".

            — Ese es de Madrid. No hay ninguno llamado así allí, ya te he investigado.

            Yuvén la miró extrañado.

            — No lo sé, en ese lugar estaba muy desconectado del mundo, salí del ensimismamiento gracias a ella. Creo que tiene razón, nunca supe el nombre del otro sitio.

            — Haz un esfuerzo.

            — Hasta ahora creía que era ese, lo siento, no puedo decirle más. ¿A qué viene tanta pregunta? Estoy harto de que todo el mundo quiera que le dé respuestas y nadie me las dé a mí.

            — ¿Quién más te ha preguntado?

            — Ella, parecía no recordar nada y yo creía que recuperado la memoria. Es extraño, ¿no cree? ¿Por que querría saber qué dijo al despertar?

            — Sí, mucho.

            Lara se quedó pensativa.

            — ¿Qué te preguntó y qué respondiste?

            Yuvén estaba harto, pero solo quería salir de ese agujero así que decidió contarlo todo.

 

 

 

 

 

            Compraron un teléfono desechable en una gasolinera para hacer la llamada. Fueron en coche hasta una perdida en medio de la nada a unos cuarenta kilómetros de Madrid por la carretera de Extremadura.

            Sonaron varios tonos de antes de que cogieran el teléfono. Era la voz de una mujer, una que a Antonio le resultó familiar.

            — Otto Mdm, ¿en qué puedo ayudarle?

            — Quiero hablar con Rodrigo.

            — No recuerdo que haya dicho su nombre —insistió su secretaria.

            —Tengo algo muy importante que decirle. Llamo de parte de Fausta.

            Ángela negó insistentemente con la cabeza, ya había metido la pata.

            — No se encuentra en España en este momento, pero si lo desea le dejo el recado.

            Bufó. ¿Qué podía decirle?

            — Soy Antonio Jurado, un... cliente de Fausta. Dígale que... he llamado. Volveré a hacerlo mañana.

           Oh, espere, le paso con él. Esperaba su llamada, señor Jurado.

            Aquel timbre de voz, ¿dónde lo había escuchado? No le dio tiempo a pensar demasiado.

            — ¿Qué puedo hacer por usted?

            Las frases se borraron de su mente y se quedó en blanco. El plan era llamarle pero no había pensado en qué decirle.

            Ver a Ángela gesticular ante él para que dijera algo no fue de ayuda precisamente. Los coches de la autopista parecían llevarse sus mejores ideas a toda velocidad.

            — Soy un hombre ocupado, no me haga perder el tiempo —insistió la voz masculina.

            — Soy detective sobrenatural y me gustaría hacerle unas preguntas.

            — Sé lo que es usted.

            — ¿Cómo? No sabía que fuera famoso.

            — En mi círculo lo es. ¿Cree que puede escribir sobre nosotros sin que nos demos cuenta?

            — ¿Sobre ustedes?

            — Tiene suerte de que sus relatos no tengan más credibilidad que las noticias de economía en boca del presidente, el señor Rajoy.

            — ¿Es fan de mis escritos?

            — Al grano, qué quiere.

            — Hace poco fui a visitar a Fausta.

            — Con unas amistades peligrosas, por lo visto.

            — ¿Cómo?

            — No es consciente de los hilos que le están manejando señor Jurado.

            Ángela le miró con ansiedad.

            — ¿De qué demonios habla?

            — De La Organización, por supuesto. Hace miles de años de fundó un club  de "hombres importantes". Yo pertenecía a dicha élite y el jefe supremo es lo que usted conoce como Alastor.

            — He oído hablar de él.

            Ángela no pestañeó, escuchó todo sin respirar.

            — Hubo un ataque en el que muchos de los líderes murieron, de los mortales no sobrevivió nadie de modo que quedamos siete. Dos los conoce usted muy bien, son los tipos que le acompañaron en coche a visitar a Fausta.

            — ¿Sabe lo que ocurrió?

            — Por supuesto, ha venido corriendo a contármelo todo.

            — ¿Está bien?

            — Tiene unos rasguños.

            — Dígale que lamento lo que ocurrió, no sabía que iba a...

            — Déjese de lamentos, ya tendrá tiempo de pagarle una casa nueva. Ahora escuche con atención, la mujer que le acompaña no es de fiar. Hará lo que sea para que la lleve al encuentro de Isis. No confíe en ella, ¿entiende?

            Ángela se volvió a mirarle a los ojos al escuchar eso. Estaba muy seria.

            — Sé muy bien lo que hago —replicó Antonio, inseguro.

            — Tampoco confíe en las voces de su cabeza. Es perfectamente capaz de destruirle desde dentro. Créame, conozco el modo de actuar de mi antiguo mentor. Le confundirá y cuando no pueda hacer nada por evitarlo le aplastará con una mano sin piedad.

            — Eso es absurdo...

            — Cuelga —ordenó Ángela.

            Le quitó el teléfono de las manos y colgó ella. Estaba muy nerviosa y Antonio la miraba totalmente confuso.

            — Creo que todo encaja —siseó.

            Era la primera vez que la veía tan alterada. Juraría que estaba asustada.

            — ¿Qué encaja?

            — Los siete líderes de la organización quieren que elimine a Génesis.

            — ¿Y tú no?

            — Ese tipo es uno de ellos. Todo tiene sentido ahora, me cargo a la diosa y luego Héctor y Aquiles me eliminan. Muertos Alastor e Isis, ellos mandan.

            Antonio estaba confuso, ¿cómo sabía que no le engañaba? ¿Se suponía que debía encontrarse con Génesis sabiendo que ni las voces eran de fiar?

            «Él es el único que puede salvarte» —recordó la voz de Fausta.

            Pero no podía saber si realmente estaba viva. Los enemigos de Isis parecían estar divididos, pero ¿y si no era así? ¿Podía confiar en Ángela?

            — ¿Estás bien? —Preguntó ella al verlo tan serio.

            «Quiero que me encuentres» —le había dicho Isis. Pero si no podía confiar en las voces de su interior... Quizás por eso le dijo que no podría seguir hablando con él.

            ¿Y Verónica? Era de fiar. ¿Quién lo era? Debía decidir quién era la persona de la que menos se fiaba y esa era Fausta. Esa bruja le había dicho a Rodrigo lo que más podía confundirle, qué zorra hija de puta.

            — Yo ya no sé nada, Ángela.

            — Si te has creído lo que ha dicho...

            — Ese tío sabe muchas cosas de mí, lo de las voces...

            — Cualquiera que lea tus historias de Internet lo sabría.

            — ¿Crees que su círculo es de aficionados a lo que escribo? ¿que comentan mis relatos?

            Ángela paseaba en círculos pensando.

            — Es una posibilidad. Pero esa gente es poderosa, no te dejarían escribir lo que te diera la gana.

            — Lo cierto es... Que tengo un relato que no he podido publicar.

            Ángela se volvió hacia él intrigada.

            — ¿Por amenazas?

            — Algo así.

            — ¿Puedo leerlo? No, nadie puede.

            — ¿Lo dices en serio? ¿Qué escribiste ahí?

            Él la miró con miedo.

            — No viene al caso. Son cosas personales.

            — Venga ya —protestó Ángela.

            «Confía en ella»—recordó.

            «No confíes en tus voces interiores» —respondió el recuerdo de la voz de Rodrigo.

«Joder, en quién confío entonces» —pensó, fastidiado. Ni siquiera confiaba en si mismo.

            Pero Génesis siempre había acertado y Verónica... Entonces se acordó de las noches que estuvo en casa de Alastor, una de ellas, antes de que le diera el encargo de encontrar a su hija soñó que su padre se suicidaba y luego el viejo le observaba desde la oscuridad. Reconoció ser él quien le provocó la pesadilla y sin contársela le dijo que su padre se había suicidado porque él le convenció de que lo hiciera. Luego era mentira, sus padres aun vivían. Pero la pesadilla demostraba hasta donde podía llegar.

            «Puedo conseguir que la gente haga lo que yo quiera» —le dijo en aquella ocasión.

            — ¿Qué pasó con el cuerpo de Alastor? —Se preguntó en voz alta.

            Ángela se volvió hacia él, enojada.

            — ¿A qué viene esa pregunta ahora? Sólo sé que está muerto.

            — Le he visto regenerar dos balazos en la frente, ¿cómo lo mataste tú?

            — Cuando le disparé perdí el conocimiento noté que su poder pasaba a mi cuerpo. Al despertar seguía tieso y la policía creo que encontró su cadáver. Imagino que lo llevaron a la morgue... Yo qué sé. ¿Por qué quieres saberlo?

            — No sé, curiosidad. Pero no puede ser que dos balas le hayan matado. Es imposible. Acabo de recordar que Isis encontró el único modo de acabar con él y era con veneno de cobra. Aun así él usó un conjuro de resurrección y pudo curarse porque estaba consciente e hizo algún tipo de conjuro. Al menos eso me contó Verónica hace tiempo. Se me ocurre que necesitarías…

            — ¿Veneno de cobra? No sabía nada de eso.

            — Salvo que me digas otra cosa Alastor tiene que seguir vivo.

            — Me cedió todo su poder, es imposible.

            — Lleva toda la historia haciendo lo mismo. Busca gente muy fuerte para que se enfrenten a su hija y él observa el espectáculo. Estás siendo utilizada, Ángela, estoy convencido, cuanto más lo pienso más encaja todo.

            La mujer se quedó mirando el infinito con sus ojos negros.

            — Pues ya somos dos. Sólo necesitaba que lo dijeras para terminar de creérmelo, pero también lo sospechaba.

            — Por suerte ya no nos siguen esos gigantones. ¿Qué vas a hacer con ellos? ¿Despedirlos?

            — Sí, eso me gustaría, pero si es cierto lo que dices y siguen a las órdenes del viejo, es mejor que no sepan que lo sabemos —sonrió—. Menudo trabalenguas.

            — Esos tipos lo saben, Alastor escucha cada uno de tus pensamientos y sueños. Por suerte, que yo recuerde, no puede decidir por ti, sólo te espía.

            — Estás dando muchas cosas por sentadas. Ni siquiera sabemos si aún vive.

            — Mira, si tus balas no tenían veneno de cobra...

            — Eso lo he pillado, joder. Déjame pensar tranquila.

            Antonio arqueó las cejas y suspiró.

            — ¿Cómo cojones se consiguen balas con veneno de cobra? En este puto país hace falta un permiso del Papa si quieres comprar las normales.

            — Te recuerdo que sabe lo que piensas. Concentrémonos en librarte de él.

            — ¿Cómo?

            — Génesis puede hacerlo...

            «Mierda, ¿y si es justo lo que ella quería que dijera? ¿Hasta qué punto le ha dado libertad Alastor?»— Antonio estaba cada vez más confuso.

            Pero no podía ser él quien la manejara como una marioneta ya que Génesis lo sabría y se lo habría advertido. Alastor no se expondría a fracasar y aunque pudiera conseguir que la gente hiciera lo que él mandaba, siempre era bajo coacción o engaño.

            No, la cara de confusión de Ángela... Era una obra maestra de la interpretación o bien expresaba lo que sentía.

            Sus ojos parecían decirle que quería llorar. Creía escuchar a su alma clamando por ser comprendida y rescatada esa prisión de oscuridad.

 

 

Comentarios: 15
  • #15

    Yenny (lunes, 28 julio 2014 00:03)

    Chemo recuerda que es muy difícil satisfacer a Ángela.

  • #14

    Chemo (domingo, 27 julio 2014 22:25)

    Tiene razón Yenny. Ojalá que Antonio regrese con Brigitte para que me quede con Ángela.

  • #13

    Yenny (domingo, 27 julio 2014 19:03)

    Era Antonio no se porque puse ñ.

  • #12

    Yenny (domingo, 27 julio 2014 19:02)

    Tony por favor que Antoñio ya no engañe más a Brigitte, dan ganas de golpearlo por infiel que respete a su mujer y a su hijo.

  • #11

    Chemo (domingo, 27 julio 2014 06:57)

    Antonio quiere sacar el veneno de Ángela y yo que se lo quiero meter. Ángela y yo somos almas gemelas porque tenemos la oscuridad dentro de nosotros. jeje

    Espero la continuación.

  • #10

    Jaime (domingo, 27 julio 2014 05:59)

    No sé por qué tenía en mente que Calipso fue muerta por los polis de Lara. Gracias por la corrección. Creo que tiene más sentido la historia ahora. Por cierto, Alfonso, creo que en algún momento se mencionó que la oscuridad no tenía voluntad propia, por lo cual no creo que se haya traspasado a Ángela con la conciencia de Alastor. Aunque no dudo que nos espere un giro inesperado en la historia.

  • #9

    Alfonso (sábado, 26 julio 2014 21:31)

    Me parecen buenas las ideas propuestas abajo. Yo pienso que Alastor está de alguna forma viviendo en el subconsciente de Ángela y sus fieles seguidores pueden detectarlo y seguir sus órdenes. Opino que Rodrigo se dará cuenta de este detalle y Alastor tomará la mente consciente de Ángela para evitar que Rodrigo divulgue su secreto.
    Espero la siguiente parte.

  • #8

    Tony (sábado, 26 julio 2014 10:28)

    Tienes razón Yenny, aunque no lo describí demasiado, Ana murió por el poder oscuro no la dispararon.
    Esta es la primera historia que borro casi tanto como escribo. Pienso que hay cosas que quedan mejor si os dejo a vosotros intentar adivinarlas. También ayuda a que os metáis más en la historia y también para que entendáis lo que sienten y piensan algunos personajes.

  • #7

    Yenny (sábado, 26 julio 2014 06:48)

    Me gustó esta parte siento que la historia por fin se va desarrollando, también creo que la recepcionista es Samantha espero que salga pronto.
    Ya me confundió Jaime creo que Ana es asesinada por Ángela gracias a sus poderes no le dispara.
    Creo que Rodrigo quiere ayudar a Antonio espero que se reúnan y puedan destruir al que controla la organización.

  • #6

    Jaime (viernes, 25 julio 2014 18:59)

    Tony, gracias por tu comentario. Me quedó curiosidad de conocer los límites de los poderes de la oscuridad elemental. Por ejemplo, Fausta sobrevivió de morir por el derrumbe de su propia casa, lo cual quiere decir que fue capaz de levantar toneladas de materiales de cosntrucción y huir, o bien, escapó del lugar a la velocidad de la luz para evitar ser aplastada. A su vez, Ana, a pesar de ser inmortal, murió de unos cuantos balazos. ¿Habrá algo que los vampiros no puedan hacer? ¿Tendrán algún otro poder no descrito anteriormente? Tengo la impresión de que algunos de los vampiros más antiguos pueden desarrollar capacidades nuevas. Quizá alguno de estos seres sea quien esté emitiendo pensamientos a Antonio haciéndose pasar por Verónica.

  • #5

    Tony (jueves, 24 julio 2014 20:59)

    Por supuesto lo decía en serio. Estas siendo muy influyente en la historia aunque parezca que no aciertas mucho. Alguien podría adivinar algo si es totalmente aleatorio pero en este caso no es asi. Lo que me ha llevado a felicitarte es que anticipas muchas cosas que no son tan fáciles de deducir lo que supone un reto para mí ya que tengo que esforzarme más para conseguir contar cosas sin que os deis cuenta.
    De todas formas esta historia apenas ha mostrado su cara, ya ha pasado el ecuador y se prepara la recta final, que no está próximo todavía. Aun falta mucho por contar.


  • #4

    Jaime (jueves, 24 julio 2014 18:10)

    Tony, ¿tu comentario es ironía, sarcasmo o sinceridad? De cualquier forma, espero haber atinado a mis predicciones y que mi comentario ayude a pensar en cerrar cabos sueltos o al menos aportar ideas para hacer volar la imaginación de tus lectores.
    Por cierto, no me sorprendió que Fausta estuviese viva y ahora veo que la única explicación posible es que Rodrigo la haya convertido en inmortal.
    Un saludo

  • #3

    Tony (jueves, 24 julio 2014 11:15)

    Nada como un resumen de Jaime para que todos los cabos sueltos salgan a relucir.
    Felicidades.
    La próxima parte va a pasar algo que posiblemente os descoloque. Pero todo tiene su razón de ser.

  • #2

    Jaime (jueves, 24 julio 2014 03:00)

    Voy a tratar de dilucidar algunas de las partes leídas, a ver qué opináis: Creo que Samanta era la recepcionista del despacho de Otto Mdm. Por lo visto Rodrigo es dueño de varias empresas importantes.
    Recuerdo que cuando Samanta conoció a Rodrigo, éste le explicó que el grupo de los 7 al cual había pertenecido se había desintegrado desde que Alastor falló en capturar a Isis, y Rodrigo se había dedicado a vagar sin rumbo por el mundo desde entonces. Entonces pienso que Aquiles y Héctor fueron los únicos que se mantuvieron fieles a Alastor y ahora quieren tener el control de la organización. Como se explicó en el apéndice de la historia, Alastor está muerto de verdad y la Organización necesita que Ángela use los poderes de Alastor para deshacerse de Génesis, quien es la única capaz de destruirla.
    Ángela parece ser sincera y estar igual de confusa que Antonio. La voz que escuchó Antonio no creo que sea de Verónica. Debe haber alguien más con el poder de escuchar y emitir pensamientos, y este ser está siguiendo a Anonio de cerca. Rodrigo parece ya no tener vínculos con la Organización y quiere prevenir a Antonio de las consecuencias de trabajar para ellos. Espero que Rodrigo, Ángela y Antonio se unan para luchar contra la Organización.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 24 julio 2014 01:07)

    Espero que la espera no haya sido en vano y os guste esta parte. No olvidéis comentar.

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