El investigador que interrogaba a las paredes

18ª parte

 

         Después de un interrogatorio de lo más surrealista, Lara no supo si confiar en una sola cosa de lo que le contó el tarado. Cumpliendo su palabra le soltó y le dio la urna con las cenizas. Él las aceptó como si fuera un doloroso legado y se marchó cabizbajo.

         Esas eran las órdenes, pero las obedecía porque le daba la gana. Quizás se había ganado un día de gracia, Ángela creería que estaba arrepentida y la dejaría vivir.

         Se fue a su mesa y encendió el ordenador. Tenía varios informes que rellenar y abrió la primera carpeta.

         El nombre aparecía vacío y su descripción: "Chica con sobredosis aparece muerta en el baño de una cafetería pública."

         Pulsó el botón de detalle y vio que lo único que había escrito era una interrogante. Ahora tenía más información, pero se sentía como Alicia, la del país de las maravillas, después de fumarse la marihuana de sus padres.

         Suspiró, puso las manos sobre el teclado y escribió:

         "Nombre desconocido, posible inmigrante ilegal del este de Europa".

         Escribir que venía de Egipto y que era una diosa según el chiflado ese  le pareció que era un derroche innecesario de detalles. Prefirió dejarlo sí.

         — Inspectora Emmerich, tiene una llamada de un tan Yuvén — le dijo Katy, la telefonista.

         — Oh Dios... Dile que me he ido a tomar un café. Qué pelmazo.

         — Lo siento, te he visto y le he dicho que estabas.

         Puso los ojos en blanco.

         — Está bien, pásamelo.

         Dio un largo suspiro preguntándose qué querría ahora.

         — Dime, Yuvén.

        ¿Se... Se burla de mí? —Tartamudeó.

         Se llevó la mano a la frente preguntándose qué bicho le había picado ahora o si hizo bien soltándole. ¿Tan pronto se le habían cruzado los cables? No había pasado ni media hora.

         — Estoy muy ocupada para tus estupideces.

         — No hay nada dentro.

         — ¿De qué demonios hablas?

         — ¡De la urna! ¿De qué más voy a hablar?

         — Se te habrá caído... Yo que sé. Te juro que yo misma vi cómo metían las cenizas dentro.

         — ¿Y qué ha hecho con ellas?

         Lara deseaba mandarle al infierno pero la historia la desquiciaba y quería cerrarla de una vez por todas. Ella no las había perdido y si él estaba convencido de que tampoco quizás le interesaba lo que pasó.

         — Te las he dado —parafraseó como una maestra a un niño tonto—. Tú sabrás.

         — ¿Entonces no ha muerto?... —Escuchó un risita histérica—. Ya se le dije, es una diosa. No puede morir, en inmortal. ¡Ha vuelto!

         Lara suspiró fastidiada, ya estaba hasta la coronilla de ese chiflado.

         — Lo que tú digas.

         Le colgó como si el teléfono de policarbonato pesara diez kilos.

         Justo en ese momento sonó su móvil, era Ángela.

         Se le pusieron como agujas los pelos de la nuca... ¿Qué querría?

         — ¿Sí? —Trató de aparentar normalidad.

         — ¿A quién has informado últimamente?

         — ¿De qué hablas? A nadie. Sólo a ti, Ángela.

         — ¿Estás segura?

         — Bueno, también a tus dos hombres de confianza.

         — ¿Y ellos te han pedido algo que yo no sepa?

         — No, no lo creo. Siempre hemos actuado a tus órdenes.

         — Está bien, buen trabajo.

        Gra... Gracias.

         — Tenemos que vernos. Te espero en el kilómetro 49 de la carretera de Extremadura, ven rápido. Deja lo que estés haciendo.

         — No, Ángela yo ya no trabajo

para ti.

         Hizo de tripas corazón y apretó los dientes aterrada por su temible reacción.

         — Ya lo entendí, por eso ahora te necesito a ti. No tardes.

         Y colgó.

        ¿Pero qué se ha creído esa petulante... Hija de puta?

         No quería ir pero al ver el informe del ordenador soltó un sonoro resoplido y apagó la máquina.

         — Quien sabe, igual me aumenta el sueldo.

         Recogió sus cosas y salió de la comisaría.

 

 

         Puso la radio mientras conducía. Tenía algo de sueño ya que la noche anterior apenas pudo dormir por el cargo de conciencia y por miedo a la reacción de Ángela por haber incinerado el cuerpo.

         Pensó en lo que le dijo el chico de las cenizas desaparecidas y buscó posibles razones por las que no estuvieran en su lugar, se negaba a reconocer que mágicamente desaparecieron para reaparecer viva en un lugar desconocido, prefería pensar que que sus compañeros del depósito lo habían descuidado y se les volcó antes de devolvérselas.

         De pronto se dio cuenta de que se dirigía a una zona muy poco poblada a encontrarse con Ángela, ¿Se había vuelto loca? Era como una cabra que obedecía a su amo para ser degollada en el matadero.

         Ni hablar, tenía que dar la vuelta. ¿Cómo demonios había caído en la trampa? Estaba perdiendo facultades.

         Mientras pensaba eso vio en medio en el arcén a un tipo haciendo señales con los brazos. Por lo visto era específicamente a ella ya que estaba atento a los coches y empezó a gesticular justo cuando vio su coche. Frenó paulatinamente, por miedo a que se le pusiera en medio o fuera una trampa.

         Cuando lo tuvo lo bastante cerca lo reconoció. Pasó de largo y escuchó que gritaba: ¡Pare agente! ¡Pare maldita sea!

          ¿Qué hace aquí Antonio Jurado? —protestó.

         Debería estar con Ángela y si no estaba... ¿Se escaparía? ¿Cómo sabía que iba para allá? ¿Querría avisarla de algo?

         Frenó el coche y se arrimó al amplio arcén. Se había pasado más de cincuenta metros y él se acercó corriendo.

         Aprovechó para liberar el arma de su axila y metió la mano derecha con el fin de sentir el tacto de su gruesa culata de madera. Hacer eso le daba confianza.

         Antonio llegó resoplando.

         — ¡Lara Emmerich!

         — ¿Qué demonios hace aquí?

         Respondió mientras bajaba la ventanilla de su Ibiza. Temía que le robara el coche.

         — No vaya donde Ángela, es una trampa. He logrado escapar pero no tardará en alcanzarme.

         — ¿Cómo que ha escapado?

         — Por Dios déjeme entrar.

         — ¿Está loco? Me matarán si le ayudo.

         En realidad no se fiaba de él. Matarla era algo que ya sabía que haría.

         — Vengo a avisarla, la han citado tan lejos porque no quiere testigos, la va a matar, por eso he escapado, ya han asesinado a demasiada gente. Hágame caso, no se acerque a ella por muy amigable que suene por teléfono. Tiene poderes difíciles de contrarrestar, como convencerla de que viniera.

         Lara quitó el seguro, abrió el coche y entró.

         — Dé la vuelta. Nos vamos a Francia.

         — ¿Qué? ¡Pero si hay lo menos seiscientos kilómetros!

         — No se preocupe, iremos en mi coche.

         Lara le miró sorprendida y enojada, no se quejaba por la gasolina o porque su vehículo no pudiera soportarlo. La cuestión era "para qué" no en "qué coche ir".  No tuvo ocasión de hablar ya que él empezó a contarle su plan atropelladamente sin que probablemente ni él mismo entendiera lo que estaba diciendo.

 

 

         Fueron hasta un pueblo cerca de Toledo y allí Antonio abrió la verja blanca de un chalet y entró un 206 azul cobalto aparcado en la puerta.

         — ¿Vamos en eso? Mi coche tiene menos años.

         — Este es un 90 caballos, HDI. Si tenemos que correr... —palmeó el capó—, confiaría mi vida a este pequeño.

         Lara se fijó que estaban todas las persianas cerradas.

         — ¿Y su mujer? Creí que estaría en casa.

         — Se fue —respondió escuetamente—. ¿Nos vamos?

         — ¿Puedo dejar el coche aquí aparcado? —Señaló su garaje—. No quiero que me lo rallen, esta calle es muy estrecha.

         — Como quieras —respondió.

 

 

 

         Después de retomar la carretera de Toledo y llegar a la M50, Lara rompió el silencio.

         — ¿Entonces iba a matarme?

         — Pues claro, creía que no iba a mover un dedo. Me dijo "Cuando me encargue de Lara seguiremos con nuestros asuntos."

         — Quizás no se refería a eso.

         Antonio apartó la mirada de la carretera para mirarla a los ojos.

         — Haga el favor de mirar adelante.

         — La conoce mejor que yo —replicó—. Para ella una colilla aplastada por la mierda de un perro merece más respeto que una vida humana.

         — ¿Cómo ha podido escapar?

         Antonio suspiró y entrecerró los ojos.

         — La convencí de que dejara atrás a sus gorilas si quería que la ayudase. Luego casi logra engañarme, me  hizo creer que era víctima de La Organización, que la usan como asesina y que luego planean destruirla. Me dijo que te perdonaría la vida, pero se apartó cuando te llamó y me acerqué por detrás para escuchar. Le pregunté a quién llamaba y me dijo: No quiero dejar cabos sueltos.

         — ¿Pero cómo se ha escapado?

         — Fue muy fácil, le dije que iba al baño. Lo mismo sigue esperándome en la gasolinera. Mejor dicho, esperándote a ti también.

         Lara le miró asqueada.

         — Qué, no fui a cagar. Era un truco.

         — Gracias por aclararlo, lo que pensaba era que ella no podía ser tan tonta.

         — ¿Tú no habrías picado?

         — Pues claro que no, vigilaría la puerta.

         — Salí por la ventana.

          Ya…

      — No creo que tardara mucho en darse cuenta. Por eso debíamos cambiar de coche de inmediato.

         Lara soltó un bufido. Por alguna razón le sonaba todo a mentira. Quizás había hablado demasiado con Yuvén y ya desconfiaba por sistema.

         — ¿Por qué debería creerte? Me puedo jugar mi puesto de trabajo si no justifico una ausencia prolongada. Por no mencionar que si me mientes y Ángela no quería matarme como dices, provocaré que de verdad quiera hacerlo.

         Antonio amasó la goma del volante, pensativo pero no dijo nada. Si todo eso era cierto estaban muertos. Debía ser pragmática, quizá si le hacía regresar a punta de pistola le perdonarían la vida. A él, si de verdad era tan necesario para los planes de Ángela, también. Pero quedarse sin hacer nada era un suicidio.

         Sacó la pistola y le apuntó al pecho.

         — Da la vuelta.

Comentarios: 14
  • #14

    Jacques Lemont (lunes, 04 agosto 2014 01:10)

    Continuación

  • #13

    Yenny (viernes, 01 agosto 2014 18:11)

    Estoy de acuerdo con Alfonso, si no hay razón para que Yuvén este en la historia que desaparezca o que salga lo menos posible, en caso contrario que madure porque se me hace insoportable es muy infantil.

  • #12

    Tony (viernes, 01 agosto 2014 11:56)

    Jeje Alfonso, no creo que sea problemas de memoria. Es totalmente normal olvidar detalles cuando saco una parte por semana. Eso significa que cuando lo leiste fue hace unos cuatro meses. Yo no me acuerdo ni lo que hice hace un mes... Así que cuatro...

  • #11

    Alfonso (viernes, 01 agosto 2014)

    ¡Es verdad! Acabo de volver a leer la primera parte y ya me acordé de haber leído la parte que relata la vida pasada de Yuvén. Seguramente empiezo a tener problemas de Alzheimer a temprana edad. Aunque compadezco al pobre chaval, sería bueno que se rehabilite o que desaparezca definitivamente si no hay alguna razón de peso por la cual existe este personaje en la historia. Hasta ahora solamente ha causado problemas a todos.

  • #10

    Tony (jueves, 31 julio 2014 22:08)

    La historia de Yuvén se cuenta al principio de este relato.
    Como bien explican Yenny y Ariel, tuvo que ver como su padre enloquecía y mataba a su familia. Tardó varios años en volver a hablar después de eso. Génesis apareció y por ella recuperó el habla.
    En realidad nunca podrá recuperarse del todo y teme relacionarse con la gente por ello. Aunque no creo que vuelva a ser importante en lo que queda, es muy probable que tengáis que soportarlo de nuevo.

  • #9

    Yenny (jueves, 31 julio 2014 19:37)

    Alfonso si se explica un poco del pasado de Yuvén, es como dice Ariel, Yuvén ve como asesinan a su familia por eso el pobre es así aunque no niega que tampoco lo soporto.

  • #8

    Ariel (jueves, 31 julio 2014 03:50)

    Yuven recuerdo que observó como su padre degollaba al resto de la familia, eso es traumático, pero se recuperó muy rápido en realidad no estaba muy loco, sólo un poco como todos

  • #7

    Chemo (miércoles, 30 julio 2014 22:58)

    Calypso no murió, creo que se regeneró de las cenizas y regresará al Eclipse 2. Nada más que allí nadie la conoce, o pretenden no conocerla.
    Mientras tanto, aprovecharé que Antonio dejó a Ángela en el kilómetro 49 de la carretera de Extremadura, a ver si la alcanzo.

  • #6

    Alfonso (miércoles, 30 julio 2014 20:22)

    Me parece interesante la propuesta de Jaime. Yo pienso que Ángela dejó escapar a Antonio para probar la lealtad de Antonio y Lara y saber qué tanto puede confiar en ellos. Necesitará tener alguien de suma confianza si es que planea descubrir los verdaderos planes de la Organización.
    Por cierto, ¿se sabe algo del pasado de Yuvén antes de ser encerrado en el manicomio? Después de conversar con una tía que tiene una clínica de atención a menores con problemas de aprendizaje en Badajoz, parece que por su comportamiento Yuvén o bien es autista, o bien sufrió un trauma que lo dejó hecho un pelmazo. Ojalá se cuente un poco más de su pasado para que los lectores podamos tener alguna empatía con él.

  • #5

    Yenny (miércoles, 30 julio 2014 20:17)

    Yo también estoy confundida, por más que trato de pensar como puede seguir no seme ocurre nada.
    A esperar otra larga semana, recuerda Tony tienes que compensar esta parte que está muy corta.

  • #4

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 30 julio 2014 17:29)

    Al parecer estás accediendo con Internet explorer, Jaime. Trata de abrirlo con Chrome, Firefox, Safari u Opera.
    De todas formas intentaré corregirlo.
    En cuanto a lo que ha ocurrido, en la próxima parte se explican muchas cosas y probablemente os quedaréis más confundidos todavía. Pero todo al final debería quedar completamente claro.

  • #3

    Jaime (miércoles, 30 julio 2014 07:02)

    Con respecto a las cenizas desaparecidas, no creo que haya revivido Ana. Más bien pienso que alguien (bueno o malo) las robó antes que fuesen entregadas a Yuvén con algún propósito desconocido hasta ahora.

  • #2

    Jaime (miércoles, 30 julio 2014 06:58)

    Para empezar, hay un error en el texto que dice

    <![if !supportLists]>— <![endif]>Ya…

    Me alegra saber que no soy el único que piensa que Yuvén es un pelmazo. Lo que sigue del relato me desubicó un poco. Tengo el presentimiento de que quien está con Lara no es Antonio, sino alguien que puede hacerse pasar por él. No creo que Ángela sea tan tonta como para dejar escapar a Antonio y la historia que cuenta Antonio a Lara me parece inverosímil. ¿Para qué querría Ángela "encargarse" de Lara? Quizá este "Antonio" sea el mismo que se hizo pasar por Verónica y quien está detrás de la Organización.

    La otra posible solución es que todo sea un malentendido y Ángela llamó a Lara para que le cubriera sus pasos y sus gorilas no pudiesen seguirla. Aunque esta opción no me convence del todo. ¿Qué opináis?

    En fin, a esperar otra larga semana.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 30 julio 2014 00:28)

    Un poco corta me ha salido esta semana. La próxima compenso.
    No olvidéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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