El investigador que interrogaba a las paredes

19ª parte

 

 

         — Ni hablar —respondió.

         Lara amartilló la pistola para asustarle. Un bache, un temblor en su dedo y dispararía.

         — He dicho que des la vuelta y no te lo repetiré otra vez.

         — No te he visto quitar el seguro —replicó—. Además, si disparas nos estrellamos, te conozco poco, pero tonta no eres.

         Dejó de apuntarle y volvió a guardar el arma.

         — Por eso te ordeno que des la vuelta. Si seguimos huyendo nos encontrarán y nos matarán. Pero si te llevo con ella...

         — Se suponía que ya no obedecías a Ángela.

         — No lo hago, es por sentido común. ¿Dónde crees que vas? ¿Acaso piensas que podemos escapar eternamente? Tiene ojos en todas partes.

         — No estamos huyendo —aclaró él—. Vamos a buscar a Génesis.

         — Tú no te enteras de nada, esa mujer está muerta.

         — Pues la que no se entera eres tú. Resulta que sigue viva.

         — Yo misma mandé incinerarla.

         — Esa era su gemela.

         — ¿Qué?

         Antonio no respondió, siguió conduciendo con la mirada fija adelante.

         Entonces se escuchó un teléfono. Era el desechable que usaron para llamar a Rodrigo.

         — Es él...— Susurró al reconocer el número, pulsó el botón verde—. Diga.

         — Me alegro de que le haya echado huevos. Tenemos que vernos.

         ¿Cómo lo sabía?, se preguntó.

         — ¿Por qué tendría que confiar en usted?

         — No confíe, hace bien. Pero hay temas que debemos debatir. Seré franco, o le pongo al día de todo o morirá sin saber porqué.

         — ¿Y si no quiero que me cuente nada? —Preguntó retador.

         —¿Quieren las lechuzas cazar por la noche?

         — Y yo qué sé.

         — Era una forma de hablar. Pare en la primera gasolinera y espere allí.  Un investigador debe tener toda la información para llegar al fondo del asunto que investiga. Si no lo desea no venga, pero no volveré a ofrecérselo.

         — ¿Dónde está?

         — No necesita saberlo. Limítese a parar en la próxima gasolinera. Yo le alcanzaré.

         La llamada se cortó y Antonio se quedó con la boca seca.

         — ¿Qué ocurre? —Preguntó Lara.

         Ese tipo estaba en lo cierto, no tenía la más remota idea de a quién se enfrentaba y lo cierto es que le asustaba saberlo. Pero era una locura remar a la deriva en un mar sin tierra a la vista y rodeado de oscuridad.

         Fausta le dijo que Rodrigo era el único que podía salvarlo y éste no perdió ocasión de decirle que el perdón de la bruja sí tenía precio, hacerle una casa nueva. Por tanto, y siendo muy materialista, Fausta le quería vivo.

         — Nos detenemos —indicó al ver la salida de servicio delante—. Tengo que encontrarme con un tipo.

 

 

 

         Pararon el coche junto al restaurante que había a poca distancia de la gasolinera y entraron a tomar un café durante la espera.

         Lara seguía alerta preguntándose por qué no lo arrestaba. Ahora no corría peligro y podía esposarle y llevarle donde quisiera. Pero no perdía nada esperando a aquel misterioso contacto. Siempre podría regresar y cuanta más información llevara más probabilidades tenía de vivir.

         El teléfono desechable volvió a sonar mientras él sorbía con dificultad el café, que debía estar hirviendo.

         — ¿Sí?—Respondió.

         Escuchó en el aparato el timbre grave del hombre.

         — De acuerdo, ahora salgo.

         Al colgar Lara se levantó de la silla para acompañarle.

         — No, me ha dicho que salga solo. Es mejor obedecer —replicó.

         Se marchó y dejó un billete de diez euros en la mesa.

         — Yo puedo pagar lo mío —se quejó.

         Pero ya se había marchado y no sabía si la escuchó.

         Soltó un largo suspiro, estaba oscureciendo y el cielo del exterior parecía pintado con sangre.

         — Buenas noches, señorita Emmerich —un tipo tremendamente atractivo se sentó junto a ella. Cargaba una especie de carpeta y vestía una chaqueta de pana de color sangre que le quedaba como un guante. Rebosaba clase por los cuatro costados.

         — ¿Qué haces tú por aquí? —Protestó con fastidio.

         — Tenemos un problema.

         — Es muy arriesgado que nos veamos, él podría verte.

         — Habéis venido porque yo le he llamado. No entrará hasta que no me reúna con él.

         — ¿Tú eras su contacto?

         — No nos desviemos del tema por el que he venido, no tenemos mucho tiempo.

         Abrió la carpeta y le mostró una tableta electrónica blanca de rebordes brillantes plateados. La encendió y le puso un video.

         — Luego lo comentamos, no le diga nada al señor Jurado.

         Se volvió a levantar y salió al encuentro del detective con las manos en los bolsillos de la chaqueta.

         Era la segunda vez que veía a Rodrigo. La primera fue cuando la sacaron del hospital y la llevaron a "comprar ropa". Se encontraron en el parque del retiro y paseando le ofrecieron un peligroso encargo: obedecer a Ángela hasta que, llegado el momento, les ayudara a destruirla. Se presentó como un magnate y los gorilas de Ángela estaban con él. Hablaba siempre en tercera persona del plural. "Tenemos un gran problema que resolver". "Necesitamos ojos y oídos". "Procure que Ángela nunca se entere de que trabaja para nosotros". No mencionaron ser de ninguna organización, simplemente hablaban como si fueran agentes secretos del gobierno o algo así. Esa fue la tarde que Ángela le concedió el rango de su mano derecha. Por ese entonces la odiaba tanto que estaba dispuesta a lo que fuera para devolverle cada uno de los días que había pasado en chirona.

         Se concentró en el video, era una perspectiva aérea de una gasolinera a las cinco de la tarde. La fecha era ese mismo día. Lentamente fue bajando y vio el coche de Ángela aparcado bajo un techo de oralita gris, junto a una gasolinera. Entonces salieron dos personas de la cafetería, una mujer de pelo negro y un hombre alto, corpulento, castaño algo canoso. Era Antonio Jurado.

         Se acercó a la Tablet no quería perderse detalle, puede que viera el momento en que engañó a Ángela, debía ser cómico. Sería un buen día si veía su cara de cabreo cuando éste se escapara. Ambos hablaban con cierto pesar, especialmente ella. Qué extraño ¿Angela con sentimientos? ¿Desde cuándo?

         Se acercó más y vio hasta la numeración del dron que sacaba esas espléndidas imágenes, su brazo del micrófono lo mostraba con letras redondeadas. Era asombroso que fuera tan silencioso que ni siquiera se escuchara el zumbido de sus rotores al volar.

         — No podemos seguir juntos. Es mejor que vuelva con mis hombres y finja que te has escapado.

         — No sé... Puede que tengas razón.

         — Llévate a Lara, si quiero seguir en mi papel tendré que ordenar que la maten y aunque ella me odie... Es la única amiga que he tenido. 

         — ¿Y qué hacemos?

         — Desaparecer. Si es cierto lo que dices y puedes sacarme esta cosa de dentro... Así que no tardes. Creo que cada día que pasa me cuesta más controlarme. Busca a Génesis o la forma de matar a Alastor, llámame y acudiré cuanto antes. Llévate el teléfono que compramos, llama desde ahí, no creo que puedan rastrearlo.

         — Está claro que me equivoqué. Sí que has cambiado, eres del tipo de personas que... Saben reconocer sus errores y enmendarlos. No importa lo que hayas hecho, haré lo posible por devolverte tu libertad — respondió Antonio.

         — No le prometas a una chica algo que no puedas cumplir —replicó, melosa.

         Se miraron y ella le empujó el hombro para que se fuera.

         Pero él se acercó y le dio un beso. Fue tan solo un segundo, desde arriba no supo si fue en la mejilla o en los labios. Al separarse seguían mirándose pero Ángela le miraba extrañada.

         — ¿No decías que no más besos? — Preguntó.

         — Este es para darte suerte. La vas a necesitar.

         — Tú también.

         — Hasta la vista —se despidió él.

         Se volvió y se fue corriendo. Ángela entró en su coche y lo arrancó. Luego el video se cortó.

         La había mentido. ¿Es que Antonio Jurado era incapaz de decir una verdad aunque ésta le favoreciera? En cuanto a Rodrigo, ¿por qué le enseñaba eso? Creía que la odiaba y pretendía destruirla pero ahora que sabía eso... ¿Cómo iba a traicionar a su amiga? Y... ¿Por qué mintió Antonio? No le entraba en la cabeza... ¿No se fiaba de ella? La verdad, no le faltaban motivos, acababa de encañonarle con una pistola.

         No tardaron en entrar juntos a la cafetería. Antonio tenía una cara de susto, como después de haber visto un fantasma.

         Se sentaron a ambos lados de su mesa y Rodrigo aprovechó para cerrar la tablet y acercársela junto a su regazo.

         — Ahora ya sabemos quién es el enemigo —afirmó.

         — ¿De qué habla? —Preguntó Lara.

         Al contrario, sabía menos que antes.

         — Dice que La Organización dio la espalda a los hijos de la noche —explicó Antonio.

         Lara frunció el ceño pero no dijo nada. ¿Rodrigo mentía a Antonio? ¿No se suponía que Rodrigo era el jefe de la organización? Cada segundo que pasaba estaba más confundida.

         — Le he mostrado esto, señorita Emmerich —tocó la Tablet con el dedo índice— para que sepa la verdad acerca de su amiga. Aparentemente se ha puesto de nuestra parte y nos ayudará a destruir a la verdadera cabeza de La Organización, Alastor. Pero no podemos fiarnos, podría ser una trampa.

         — ¿En serio? ¿Creí que usted era miembro de esa Organización?

         — Siempre ha sido Alastor y sus hombres. Por supuesto siguen operando desde las sombras.

         — Ángela es una especie de perro de caza — explicó Antonio.

         — Ni ella lo sabía hasta ahora. Pero está incluso más atrapada que ustedes dos. He conocido durante mucho tiempo a Alastor y terminé abandonándole porque me di cuenta de lo infantil que era. Siempre creí que pretendía una raza humana mejor y más civilizada pero sólo tiene una cosa en mente, tener tanto poder que el planeta trabaje para él con el absurdo propósito de viajar por el espacio.

         — Todo esto me parece muy interesante —replicó Lara—. Lo que pasa es que habláis de ese Alastor como si fuera famoso o algo así. Yo lo único que sabía es que Ángela lo mató y le robó su poder, creía que ella era la nueva jefa de esa Organización.

         — He escrito acerca de él en mis relatos.

         — ¡No tengo ganas de leer ahora! —Protestó Lara enérgicamente.

         Antonio la miró sorprendido, ella misma había preguntado.

         — Señor Jurado —intervino Rodrigo—. Tengo que decirle que aunque es muy imaginativa su historia, no tiene nada que ver con la realidad. Alastor no viene del futuro...

         — Bueno, era una hipótesis. Humanos que cayeron del cielo... Poderes como volar, inmortales, se podían transformar en animales, varias culturas antiguas los han conocido...

         — Igual que la Biblia explica cómo cayeron en pecado Adán y Eva o cuando creó Dios el hombre del barro. No hay que creer lo que se le cuentan al pie de la letra.

         — Pero sí es cierto que llegaron...

         — Le digo que no lo es, aunque alabo su imaginación. Lamentablemente su estilo literario es bastante precario.

         Antonio se puso colorado.

         — Claro por que usted —atajó Lara, harta de esa estúpida discusión—, que es más joven que Antonio, sabe todo eso, ¿verdad?

         Rodrigo la miró en silencio como si sopesara lo que tenía que decir evidenciando fastidio con su mirada de soberbia.

         — ¿Acaso cree que todo eso pasó hace cuarenta años?

         — ¿Y usted cuantos tiene? Treinta a lo sumo.

         — Tengo bastantes más —rio silenciosamente.

         — Estoy cansada de que hablen del sexo de los ángeles y bobadas que no me importan. Quiero que me digan quién es usted..

         — Mi nombre es Rodrigo, ya me conoce.

         — Sí claro y yo soy Cher. Me refiero a qué hace, qué relación tiene con Alastor y esa dichosa Organización. ¿Por qué nos ha venido a ver?

         Rodrigo la miró enojado.

         — Si respondo a esa pregunta me arriesgo a que le surjan muchas más dudas. Y no tenemos tiempo. Pongan sobre la mesa cualquier aparato electrónico que tengan, incluidas las tarjetas de crédito.

         — ¿Por qué?— inquirió Antonio, bastante le había costado recuperar su poder económico.

         — Nadie podrá encontrarle si se libra de ellos.

         — Ya, eso es cierto.

         Le entregó la cartera, con todo el dolor reflejado en sus ojos y luego el móvil.

         — ¿Me lo volverá?

         — Esto va a quedarse en esta cafetería —replicó Rodrigo, como algo obvio—. Si tiene suerte alguien lo llevará a objetos perdidos.

         Antonio palideció y le quitó la cartera para sacar hasta el último billete. El teléfono lo bloqueó y puso una clave complicada con el fin de que nadie pudiera acceder a su información. Después se lo devolvió aun con bastante dolor reflejado en su rostro.

         — Solo quería sus tarjetas de crédito, no sé a qué viene tanto dramatismo.

         Lara pudo los ojos en blanco. Antonio se fijó que ella ya las sacó de su cartera y las dobló para impedir su uso. Se rascó la cabeza y la imitó.

         — ¿Alguien puede explicarme el sentido de esta reunión? —Se impacientó la inspectora.

         — Creí que era obvio. Vamos a acabar con Alastor —respondió Rodrigo con calma.

 

 

 

         Ángela aparcó frente a su casa y vio el coche negro de sus hombres aparcado. La habían obedecido como dos perros bien educados, o eso la querían hacer creer.

         Al llegar a la puerta del ático abrió con determinación. Debía aparentar enfado. Por alguna razón recordó la voz de Fausta y resonó con fuerza en su mente: "Si no cambias tu actitud morirás en una semana". Cada vez que lo recordaba más lapidaria sonaba la sentencia de muerte.

         — ¡Hector, Aquiles! Mamá está en casa.

         Los encontró asomados a la ventana con caras de muy pocos amigos.

         — Qué hacéis ahí parados como dos estatuas de mármol, hay mucho trabajo que hacer. He puesto al perro en el rastro de la liebre. Seguirlo.

         Cómo le gustaba fastidiarles.

         — Ya lo hacemos. Mejor dicho lo hacíamos hasta que contactó con alguien —explicó Aquiles.

         — ¿Era Lara? Está todo planeado. Así confiarán en mí y cuando les alcancemos mataremos tres pájaros de un tiro.

         — Muy inteligente mi señora —alabó Aquiles—. Pero no me refería a la traidora. Recibió una llamada del mismo número al que llamaron.

         "Qué hijos de puta, ¿cómo lo han sabido si era un móvil desechable?"

         — Buen trabajo, chicos —alabó admirada.

         — Se detuvieron en el kilómetro 123 de la carretera de Barcelona y llevan detenidos desde entonces. Me temo que les hemos perdido —explicó Héctor.

         — ¿Cómo que perdido? Seguirán allí.

         — Han destruido o desconectado todos los dispositivos electrónicos que llevaban encima con los que podíamos rastrearlos —explicó Aquiles—. Podrían seguir allí, hemos enviado a un coche de la guardia civil y esperamos confirmación visual, pero dudo que sean tan estúpidos como para haberse quedado.

         «Bien, los tricornios no son infalibles» —pensó Ángela fingiendo preocupación.

         — Supongo que estáis poniendo suspense en todo esto, porque me voy a cabrear mucho si los perdéis en serio.

         — No pueden vivir sin dinero, en algún momento usarán una tarjeta de crédito, su coche pasará por una cámara de tráfico y los interceptaremos —explicó Aquiles.

         — ¿De qué hablas? —Replicó Ángela—. Quiero que les sigáis... Mejor aun, dejarles operar en la sombra. Cuando Antonio encuentre a Génesis me llamará. Ahora trabaja para mí.

         — Le dejaste ir —dedujo Héctor.

         — El muy imbécil cree que Alastor sigue vivo. He pensado que si me tiene que salvar de él y me dejo, encontrará a Génesis más rápido y me la servirá en bandeja.

         — ¿Por qué piensa ese estúpido que está vivo? —Inquirió Héctor.

         — Dice que solo puede matarle el veneno de cobra. No es que desconfíe de vosotros —«no, poco, hijos de puta»— pero quisiera ver su cuerpo. ¿Dónde lo enterrasteis?

         — ¿Veneno de cobra? —Se mofó Héctor.

         — No lo enterramos —replicó Aquiles.

         — No lo hemos hecho porque no había cuerpo que enterrar —corrigió Héctor—. ¿O ya no recuerdas que incendiaste la nave después de matarlo?

         ¿La tomaba por estúpida? Podía haber salido perfectamente. Ningún cuerpo se quemaba del todo en un incendio.

         — Así no vamos a llevarnos bien. Sé cuándo me mienten por muy bien que lo hagan y apestáis a mentiroso, así que decirme la verdad.

         — ¿A quién llamasteis con el teléfono desechable? —Inquirió Aquiles.

         — Las preguntas las hago yo —cortó.

         — Si lo que te intriga es si está vivo, la respuesta es que dejó de estarlo hace mucho tiempo. No te hemos mentido.

         Ángela lanzó un puñetazo al pecho de Aquiles.

         — No quiero saber si su puto corazón late o no. Si no le he matado llevarme a verle.

         — Imposible, lo ha dejado muy claro. Nadie puede interrumpir su retiro.

         Ángela sabía lo que significaba eso, acumulaba poder para una gran batalla y mientras tanto la dejaba entretenida buscando al ratoncito Pérez.

         — Ahora que sabes la verdad no podemos dejarte vivir, órdenes del maestro —susurró Héctor con media sonrisa de satisfacción.

         No la dio tiempo a reaccionar. Mientras hablaba la cogió por los brazos y le clavó los dedos tan fuerte que le cortó la circulación de las manos.

         Ángela quiso atacarle con su poder pero con esos dos era totalmente inútil. Era como si estuvieran envueltos de oscuridad y no pudiera agredirlos con su magia.

         El gigante moreno la golpeó contra la pared y la mantuvo pegada a ella con su hombro mientras comenzaba a tirar de sus brazos a los lados, tratando de arrancárselos.  Pero ella le golpeó la frente con su nuca y Héctor gritó de dolor. También le dolió a ella, pero estaba tan cabreada que aprovechó ese momento de debilidad para zafarse y lanzar una patada a su estómago con todas sus fuerzas. Un golpe así hubiera doblado a un elefante.

         Pero Héctor cogió su pierna y le giró el pie pretendiendo dislocar su rodilla. Ese cabrón tenía una fuerza increíble. Cayó al suelo pero él siguió girando hasta que sonó un crack en el medio de su pierna haciéndola chillar de dolor.

         — Ya no saltarás como una liebre —bufó, satisfecho.

Comentarios: 12
  • #12

    Jacques Lemont (lunes, 11 agosto 2014 05:56)

    Favor de poner continuación.

  • #11

    Tony (sábado, 09 agosto 2014 00:12)

    Quisiera agradecer a todos el seguimiento que está teniendo este relato. Creo que nunca había tenido tantos comentarios regulares hasta ahora.
    Aunque sé que los importantes como este tienen un problema y es que muchas veces los termino y el siguiente no tiene tanta expectación.
    Pero bueno, aun tengo tiempo de preparar como es debido (mentalmente) el siguiente que sucede a éste. podéis sugerir sobre qué os gustaría que fuera.

  • #10

    Adrián (jueves, 07 agosto 2014 21:42)

    Opino que Ángela morirá en la próxima parte. Ni siquiera Chemo podrá rescatarla.

  • #9

    Alfonso (jueves, 07 agosto 2014 19:23)

    Bueno, hasta ahora solamente han aparecido tres bandos fuertes en la historia: la Organización (Alastor, Héctor, Aquiles), los buenos (Antonio y Génesis) y el bando de Rodrigo (con Samanta y Fausta). He omitido el bando de Calypso (el cual se supone que fue disuelto al morir ésta) y todavía se desconoce a qué bando pertenece Ángela. Al parecer Ángela está del lado de Antonio, aunque uno nunca sabe por sus grandes dones de actriz. Ya que las cenizas de Ana desaparecieron, tal vez el bando de Ana no haya sucumbido después de todo... ¿He omitido algo?

  • #8

    Tony (jueves, 07 agosto 2014 07:47)

    Que bien has interpretado a Rodrigo, Alfonso.
    Solo hay una pega en tu reflexión: ¿dos bandos? Puede que haya más. Lo dejo ahí para que le deis vueltas.
    La próxima parte pasarán muchas cosas.

  • #7

    Alfonso (jueves, 07 agosto 2014 07:00)

    Seguramente Chemo mandó a los paramédicos a una muerte segura. No creo que Héctor se tiente el corazón con ellos. Rodrigo no es de los tipos buenos que quieren salvar al mundo, es más bien del tipo hedonista utilitarista. Alastor lo escogió tiempo atrás por sus habilidades en el combate y su supuesta fidelidad mas no por sus virtudes morales. Al parecer Rodrigo simplemente está ayudando a ambos bandos esperando que se destruyan mutuamente.

  • #6

    Jaime (jueves, 07 agosto 2014 03:10)

    Jaja Ahora el galán de Chemo saldrá en la siguiente parte como el héroe de Ángela. Muy creativo... Espero ver si su plan resulta o no.

    No entendí cómo es que Rodrigo, junto con los gorilas de Alastor, piden a Lara que actúe a sus espaldas si Rodrigo no está involucrado en la Organización. ¿Está Rodrigo o no dentro de la Organización? En el Apéndice se explicó que Alastor había sido destruido, entonces ¿por qué menciona Héctor que Alastor está en su retiro? Sigo pensando que Alastor está de alguna forma en estado de coma y trata de embaucar a Ángela y los demás para recuperar sus poderes y regenerar su cuerpo. Quizá se comunique con Héctor y Aquiles en proyección astral y sea quien ha estado jugando con los pensamientos de Antonio.

    Mi pronóstico para la siguiente parte es que Rodrigo les explica en detalle su plan para liquidar a Ángela y sus gorilas, pero no cuenta con que Alastor sigue de cerca sus movimientos (en estado astral). Yuvén muere de un infarto cardíaco y Ángela logra escapar gracias a la distracción de Chemo.

    Por cierto, Antonio tendrá que dar una muy buena explicación cuando su mujer se entere de su relación con Ángela.

  • #5

    Chemo (jueves, 07 agosto 2014 01:53)

    He llegado a la gasolinera donde Ángela despidió a Antonio y ella se fue inmediatamente sin dar pie siquiera de dialogar con ella. Después la seguí hasta su guarida y aparqué mi coche justo en frente de su casa y al cabo de un rato escuché un forcejeo. No he entrado a la casa puesto que no soy rival para los dos gorilas de Alastor. Y no puedo llamar a la policía por obvias razones. He pedido a unos paramédicos de una ambulancia cercana que toquen la aldaba de la puerta porque oí unos gritos que provenían del interior. Solamente espero que sirvan de distracción para que Ángela pueda escapar...

  • #4

    Yenny (miércoles, 06 agosto 2014 21:04)

    A eso me refería no me gusta que lo molesten tanto por sus relatos, no creo que Abtonio sea tan mal escritor.
    Ciertamente ahora ya no la veo tan predecible es obvio que van a tener que enfrentarse a Alastor o a quien sea el líder de la organización pero no se me ocurre que puede pasar en el trayecto.

  • #3

    Tony (miércoles, 06 agosto 2014 18:36)

    No entendí tu pd yenny. ¿Qué es bulling? (Creo entender que te refieres a que no te gusta que los critiquen).
    En realidad sí es más larga, normalmente pongo 5 folios, la parte anterior eran 4 y aqui van 6 generosos. Pero seguro que se te hace corta por cómo acaba.
    No espero que nadie sepa qué pasará en la parte 20, que será el inicio de la recta final. Si recordáis la primera parte era hasta que detienen a Antonio, la segunda hasta que Ángela descubre que está siendo utizada y la última es el desenlace... No digo más, solo que no va a ser corto. Puede que llegue a los treinta capítulos.
    Tengo que decir que intento superarme no solo en cada relato sino en cada capítulo y no siempre lo consigo. A veces la historia se vuelve previsible (o eso creo) y quizás corto demasiado para evitar caer en el tedio. Así que si es el caso, decírmelo sin miedo. Y si veis que sobran partes, decirlo igualmente.

  • #2

    Yenny (miércoles, 06 agosto 2014 18:17)

    La historia se está haciendo más difícil de adivinar sólo espero que Rodrigo no los traicione él me cae bien.
    No quiero que asesinen a Ángela quiero que se salve y cambie ¿Dónde está Chemo para que la defienda de Héctor?
    Gracias Tony por esta nueva parte aunque no la sentí muy larga se supone que tenía que se más larga porque la anterior fue muy corta, ahora a esperar otra semana más.
    Pd.: que ya no le hagan bullying a Antonio por sus relatos :)

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 06 agosto 2014 14:54)

    Lamento el retraso. Ya podéis comentar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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