El investigador que interrogaba a las paredes

21ª parte

 

 

— Papá, ¿por qué discutes tanto con mamá?

Ángela se acurrucaba junto al regazo de su padre, que estaba sollozando hecho una bola sobre el colchón de su cama.

— Cuando... En una pareja uno de los dos deja de querer al otro... —se interrumpió sin saber cómo continuar.

Lo intentó pero no le salía voz.

— ¿Tú ya no quieres a mamá?

— Yo sí la quiero, cariño. La quiero mucho.

 

 

 

 

Ángela se despertó rodeada de escombros. Aturdida, se preguntó qué habría pasado.

Se incorporó, estaba oscuro, pero veía perfectamente gracias al poder de la oscuridad imbuido en sus retinas.

A su lado había restos quemados de alguien. Un poco más allá, junto a la puerta de entrada se hallaban las otras cenizas.

— ¿Qué coño? —Protestó confusa.

Lo recordó de golpe. Aquiles la había derribado y la golpeó con el codo. Debería estar muerta pero el cuerpo carbonizado que yacía a su lado debía ser del gigante rubio. ¿La oscuridad podía actuar por su cuenta estando inconsciente? No lo creyó posible, el fuego no era uno de los poderes de Alastor, según dijo Aquiles.

Entonces escuchó ruido en la cocina. Miró hacia allá mientras se ponía en pie y vio que había luz.

— ¿Quién se ha metido en mi casa? —Susurró—. ¿Antonio Jurado?

Se acercó sigilosamente y al llegar empujó la puerta lentamente para sorprender al intruso.

— He pensado que necesitarías comer algo al despertar —dijo una mujer.

Vestía unos jeans azul claro y blusa de algodón. Su pelo azabache y liso alcanzaba sus hombros y llevaba amplios pendientes de aro.

Cuando vio su rostro se quedó estupefacta.

— ¡¿Qué demonios...?!

 

 

 

 

Antonio despertó en la calle, con un fuerte dolor de cabeza. Creyó que el cráneo le explotaría en cualquier momento y se llevó las manos a las sienes, como si pudiera contener así el dolor.

Recordó lo último que escuchó en el avión de Rodrigo, estaban llegando a las islas Bermudas. Ni siquiera sabía que existían, siempre imaginó que era un pedazo de mar sin tierra donde desaparecían aviones y barcos misteriosamente.

Se levantó, estaba en un banco de bronce con tablones de madera oscura en medio de una avenida llena de palmeras junto a una costa rocosa donde se escuchaba cercano el choque de las olas. Se encontraba bañado en sudor y apestaba a vino. Se miró la ropa y esbozó una mueca de asco al ver que parecía un mendigo borracho. Entonces rebuscó entre sus bolsillos y encontró una cartera, la suya, con quinientos euros, su DNI y su pasaporte. Ninguna tarjeta... Las había destrozado todas antes de viajar. ¿Cómo volvería a casa sin dinero? Se preguntó angustiado.

Vio un papel escrito donde debían estar las tarjetas. Lo sacó y leyó:

«Busca información de Alastor, Génesis o Calypso. Nos encontramos en el Fuerte de Catalina a las 9 de la noche.»

Lo más extraño era que parecía su propia letra, de lo contrario jamás habría entendido esos grafos irregulares. Debía esta muy borracho cuando lo escribió ya que para ser su letra era especialmente mala y no recordaba haber escrito nada de eso.

— ¿Por qué cojones me han dejado aquí tirado?

Al ponerse de pie supo el motivo de su amnesia temporal. Su cabeza amenazó con explotar y el Sol parecía empeñado en derretir su cerebro. Se sentó de nuevo. Estaba muy claro... Había bebido hasta perder el sentido.

Con esa certeza su cerebro dejó escapar un recuerdo tras otro: Una imagen en una taberna irlandesa con cinco personas más, Lara, Rodrigo, un tipo enorme de color y dos chicas, que no recordaba sus nombres ni apenas sus caras, excepto que pensó que ese Rodrigo elegía muy bien a sus amistades femeninas. El otro de casi dos metros... ¿Se llamaba Jackson? No estaba seguro. Pidieron una ronda de cervezas, trajeron una jarra de litro para cada uno y sólo bebieron él y Lara. Por eso se pusieron ambos tan contentos.

Con dos tercios normalmente se le doblaban las rodillas y con más de dos litros de cerveza perdía todo rastro de vergüenza. Afortunadamente le costaba recordar sus experiencias, pero esta vez parecía recordar. Su cabeza empezaba a hilvanar imágenes.

— Este es el plan —había dicho Rodrigo—, nos separamos a investigar cada uno por nuestro lado y mañana a las nueve de la noche nos vemos en esta taberna. Hay que encontrar pistas de Alastor, Génesis o su otra hija, Calypso.

— ¿Por qué no me traería a Thai? —Preguntó él, ya riéndose por cualquier tontería.

— ¿Quién es? —Inquirió Lara, sumamente interesada.

— Mi perrita, así le damos un calcetín de Alastor y lo rastrea. Sería coser y cantar.

Lara se partió de risa y él se río tanto que hasta le saltaron lágrimas. Los demás les miraban con gesto muy serio. Especialmente Sam...

Sí, Samantha Ratza estaba ahí... ¿No lo habría soñado? Se apretó la cabeza con ambas manos tratando de conseguir una prueba de que aquello hubiera sido real.

Después le dijeron que debía presentarse a esa hora y se marcharon todos menos Lara que se quedó con él. Se tomaron una copa juntos pero la inspectora la vomitó y decidió marcharse a descansar dejándole solo.

Por alguna razón empezó a buscar en los pubs abiertos y... ¿Había interrogado a una botella de vino? Tuvo que sentarse de nuevo al sentir tanta vergüenza de si mismo.

No merecía la pena rebuscar más en los recuerdos de aquella noche. Aunque su mente seguía devolviéndole más imágenes de lo que hizo: orinó en un semáforo del puerto marítimo y le mostró el trasero a un coche que le dio las luces al verlo, trató de ligar con una farola de estilo bizantino, e incluso se escondió debajo de un banco para dormir y cuando una mujer se sentó con su novio encima se le cayó uno de los zapatos de tacón frente a sus narices. Lo cogió y lo llenó de vino para usarlo de copa improvisada. Al tener abierta la parte delantera se le derramó la bebida por toda la cara... Eso explicaba el hedor de su ropa.

— No pienso probar el alcohol en lo que me resta de vida —sentenció.

Levantó la vista, buscó su móvil para ver la hora pero se acordó de que gracias a Rodrigo no contaba con él. No le quedaba más que el desechable, tan inútil y simple que no hacía fotos ni guardaba los contactos, pero sí tenía la hora... La española. Según ese trasto eran las tres de la tarde.

Se fijó en el cielo, el Sol estaba a unos veinte grados sobre el Este, debían ser las once aproximadamente aunque no tenía ni idea si dos horas arriba o abajo.

— Será mejor que me lave un poco, apesto.

Con ese objetivo en mente buscó una playa donde sin duda habría duchas para poder limpiar su ropa.

 

 

 

Ángela no podía creer que la mujer que llevaba meses buscando estuviera preparando un desayuno en la cocina de su casa.

— ¿Eres Génesis? —Inquirió.

— ¿Sorprendida? Le he puesto al batido cuatro cucharadas de azúcar.

— ¿Cómo sabes que me gusta eso?

— Sé muchas cosas.

— ¿También que te quería matar?

— No estaba segura si era un deseo pasado o aún presente. Pero inténtalo —se ofreció, sin mostrar el menor temor ni odio.

— ¿Tú me salvaste? Quiero decir, ¿has hecho tú eso a Héctor y Aquiles?

— En realidad se lo hicieron ellos mismos. Pero no puedo negar que intervine en ello.

La oscuridad se irritó en sus entrañas y sintió un mareo. Se acumulaba poder entorno a su persona consumiendo su energía física para fortalecer su poder.

— ¿Entonces eres tú quien los calcinó?

— Ajá —asintió—. Esos dos te querían muerta.

«¿Y tú no?»—Se preguntó. Antonio Jurado tenía razón, la había protegido.

— ¿Puedes sacarme la oscuridad de dentro? —Inquirió.

— Puedo destruirla si estás plenamente conforme, de lo contrario te mataría también a ti. Ten presente que si te eligió fue por que tu alma es tan negra como la noche. Incluso cambiaste tu apellido antes de ser poseída. Por suerte existen dos grados de posesión, el primero es aceptado por el huésped y el mal toma el control completo de sus actos, no puedes tomar decisiones pero tampoco cargas con las culpas. El segundo es lo que te ha ocurrido a ti, que entra sin preguntar y tú tomas las decisiones. Lo malo es que el segundo modo hace recaer sobre tu alma el peso de toda la justicia divina.

Ángela negó con la cabeza.

— ¿Hablamos de demonios y cosas así?

— Claro. Estás poseída en segundo grado por algo llamado Leviathan.

— Yo no creo en cuentos religiosos.

— Ni Alastor tampoco. Y por eso no es consciente de que lo que le posee a él es el mismísimo Diablo. Que no creas no es excusa para librarte de él. ¿Por qué crees que tu recuperación se basa en pecados capitales? No es casualidad.

Al decir eso su mente se vio saturada por imágenes desagradables. Recordó su brazo lleno de cicatrices, las viejas marcas de su violento pasado cuando sufrió en sus carnes una explosión en el bar donde solía recibir sus encargos homicidas. La oscuridad le había borrado esas cicatrices de la piel así como la huella de los años, sus canas y los principios de patas de gallo. La había concedido una fuerza y agilidad fuera de lo normal, unos reflejos propios de superheroes o villanos a cambio de ser ella misma. Si le quitaban todo eso sería como antes... limitada, marcada y mortal... Nadie, pero libre. Aunque si lo que le daba esa fuerza era un demonio descomunal ya no le hacía tanta gracia.

«Atácala, aprovecha que está confiada. Llévale su cabeza a la organización y serás indiscutiblemente su líder» —una voz susurrante se abrió paso en su mente, ¿era la voz del demonio que tenía dentro? Estaba sorprendida, siempre creyó que era su propia voz.

«No seas estúpida, tú nunca has creído en religiones ni cuentos de curas» —reflexionó.

«Si intentas atacarla morirás» —recordó el consejo de Antonio.

— Has acabado tú sola con mis dos hombres de confianza —explicó sin emoción—. Yo misma era incapaz de hacerles el menor daño... Y ni se han enterado de has sido tú. Impresionante.

Génesis le llevó el batido a la mesa y la invitó a sentarse. Ella se había servido un vaso de leche.

— Tengo que reconocer que gran parte del mérito es tuyo, estaban muy concentrados en ti.

Ángela aceptó la copa rosada y le dio un largo sorbo. Tenía mucha sed.

— Es cierto, estaba muy ocupada pegando a sus puños con mi cara —ironizó sonriendo.

Génesis sonrió.

— ¿Por qué confías en mí? —Le preguntó Ángela—. Te suponía más lista, sabes que no soy de las que se deja comer el tarro.

La hermosa chica tenía una sonrisa alegre y confiada como una jovencita que nunca hubiera visto maldades. Se la había imaginado más seria. Era muy distinta a su hermana, que lanzaba veneno por los ojos.

— He venido por Antonio Jurado, se preocupaba por ti. Él sí cree que mereces la oportunidad de cambiar.

— ¿Qué sabes de mí?

— Yo lo sé todo.

— Entonces, ¿has estado al tanto de lo que hemos hecho juntos Antonio y yo?

Génesis se puso seria arqueando las cejas.

— Hay cosas que no necesito ver, pero sí estoy al corriente de vuestros secretos.

— Y nosotros temiendo que Alastor nos estuviera espiando... ¿Piensas chantajearle?

— Yo no soy así. Sé muchas cosas pero no juzgo a nadie. Ya hay un juez que lo hace y tampoco se aprovecha de las debilidades de la gente.

Ángela se sentó con tranquilidad al otro lado de la mesa y tomó un sorbo de su leche.

— Sé que tu padre cambió pero fue de la luz a la oscuridad — conversó Génesis—, descubrió a tu madre con otro. Hubo una violenta discusión y ella se marchó. Nunca volviste a saber de ella. Él tardó en superarlo y lo hizo del peor modo posible. Decidió que nadie más le haría daño y empezó a disfrutar haciendo sufrir a otros.

— Ya no me acordaba de eso —mintió Ángela. Claro que lo recordaba pero evitaba pensar en ello.

— Tus padres discutían antes de ese día y deseabas que se divorciaran. Te culpaste cuando sucedió, desde entonces la diste por muerta y renegaste de toda moralidad al igual que tu padre.

Ángela se puso en pie tirando la silla al suelo.

— ¿Cómo demonios sabes eso?

— Ya te lo he dicho, lo sé todo. Y deberías saber que tu madre es maltratada por su nuevo marido y no le denuncia porque se está castigando, cree que lo merece. A diferencia de tú y tu padre ella ha cambiado en el buen sentido y busca el perdón. Pero nunca lo hallará mientras no te presentes y se lo concedas.

— Ni se te ocurra meterte en mi vida. Es cosa suya si quiere meterse una bala en los sesos, ¡no me concierne ni me importa!

Eso último no la enfureció saberlo. ¿Que su madre quería su perdón? ¿Y por qué nunca apareció? Ni siquiera cuando su padre murió, esa zorra se desentendió de ella por completo y para siempre. ¿Que estaba sufriendo? Así no la tendría que ir a castigar personalmente.

— No te enfades —pidió Génesis.

— ¡Y un cuerno! Si tantas cosas sabes entenderías que decirme eso me podría furiosa, ¿por qué me lo cuentas entonces?

— Es tu madre, nunca podrás borrar ese hecho. Si quieres puedo ayudarte a encontrarla y ayudarla.

— No lo harías porque si vuelvo a ver a esa zorra será para matarla. No merece ni un minuto de misericordia. Ojalá ese hombre la mate, se lo merece.

Génesis negó con la cabeza cerrando los ojos.

— No me lo pones fácil, no das el menor atisbo de querer cambiar.

Ángela no sabía si la estaba provocando para iniciar una pelea pero a pesar de la paz de su voz, cada vez que abría la boca se enojaba más.

— ¿Por qué me has ayudado? Esta claro a lo que has venido, quieres pelea, pretendes matarme y limpiar tu conciencia alegando que yo fui la primera en golpear.

— ¿Yo? —negó con la cabeza.

— Mátame, ¿no viniste a eso?

— Lo que quiero es un cambio, una señal de que realmente das la espalda a la negrura de tu corazón. Necesito ver una llama dentro de ti que no sea de odio. Tu oscuridad se enraíza en esa alma tuya dolida.

Ángela no la creyó. La niña buena buscaba una excusa.

— Si te jode que matara a tu hermana, hice lo que tenía que hacer y tú no estuviste para ayudarla así que tienes tanta culpa como yo. Y respecto a mi madre, jamás le perdonaré que destrozara mi vida.

— Entiendo.

Génesis dio un sorbo a su blanca leche agotando el contendido del vaso y la miró con intensidad. Parecía traspasar su alma y eso la enfurecía.

— Veo que no has cambiado ni tienes intención de hacerlo —se resignó la hija de Alastor—. Deseabas este encuentro para enfrentarte a mí, confiabas que no podría hacerte frente igual que Neftis, y te subestimaría.

Si fuera cierto había logrado engañarse incluso a sí misma. Pero quizás tenía razón, como plan sonaba perfecto y nunca habría funcionad de haberlo planeado realmente, ¿En serio quería que le sacaran la oscuridad? Era lo más grande que le había pasado nunca. Sólo importaba su misión y ahora dependía de ella aprovechar su oportunidad. Con su cambio de bando escenificado para Antonio Jurado la había atraído a su propia casa. No habría funcionado de no ser cierto que quería acabar con Alastor y destruir a la organización, pero eso no significaba que no la quisiera muerta también a ella.

— Voy a por a tu padre. Y si tengo que matarte a ti primero lo haré.

Recordó que el viejo decía en el video que Génesis no le atacaba por ser su hija. Seguramente le disgustaría su declaración de intenciones.

Su aparentemente indefensa rival dejó el vaso sobre la mesa.

— En verdad no te gusta que la gente te quiera, me pregunto por qué.

— ¿De qué hablas?

— He venido a ayudarte y me estás amenazando.

— Detesto que me utilicen y pienso poner en su sitio al que lo ha hecho. Pero no podré ponerme al frente de La Organización si antes no acabo contigo. No es algo personal.

Génesis sonrió sin temor alguno.

— Deberías saber una cosa de esa Organización, como tú la llamas. Esa gente no tiene líder sino cabezas de turco. Alastor los controla gracias a su ejército de sirvientes pero le han puesto una condición para que sigan obedeciendo sus órdenes. No seguirán sus directrices si no me destruye a mí y a la gente afin a mí.

— ¿Quienes?

— La humanidad.

Ángela se quedó confundida.

— ¿Cómo? ¿Quieren que destruya a toda la raza humana?

— Los líderes mundiales no quieren lo mejor para sus ciudadanos. Gobiernan por sus mecenas, aquellos que pagaron su ascenso político. No les importa que la gente viva bien, sólo que paguen impuestos y no den problemas. Ese es el mundo que quieren, un lugar donde puedan manipular a todos con libertad, sin que existan voces que denuncien sus dictaduras encubiertas.

— ¿Esas son las que tengo que callar?

— Tú no, Alastor. Tu misión era matarme a mí. Callar a los que dañan a la Organización como tú la llamas es el cometido de mi padre desde que existe la civilización, él ha prometido a los reyes y emperadores un mandato limpio y sin molestas voces. A cambio le concedían riqueza e inmunidad.

— No me cuentas nada que no sepa. ¿Y los hijos de la noche? ¿Qué relación tienen con la Organización?—inquirió Ángela.

Génesis sonrió de nuevo.

— En verdad no sabes nada.

— Sé que si te mato seré vista con otros ojos y si también elimino a Alastor no dudarán en aceptarme como su líder.

— Eso es lo que no entiendes. La organización te quiere muerta también a ti. Por eso te envió Alastor a matarme, sabe que ganes tú o yo, él gana.

— Si te mato y luego voy a por ese viejo dinosaurio, la Organización me querrá a mí en su lugar.

— Ni siquiera puedes matarme a mí.

— Ya, eso crees, pero tu padre me dio una pista de cómo acabar contigo.

Ángela Dark saltó y se dejó caer de rodillas. El suelo se resquebrajó en línea recta hacia Génesis. Este venció y se desplomó mientras la hija de Alastor flotaba en el aire. Todo el edificio se derrumbó cayendo los cascotes del tejado sobre sus cabezas. Ángela estaba protegida por la oscuridad, que se desató con gran violencia en los cimientos de su casa y Génesis fue arrastrada y envuelta entre el humo gris y piedras cortantes.

Comentarios: 8
  • #8

    CECILIA (lunes, 29 septiembre 2014 21:29)

    Excelente parte, te sigo Tony....

  • #7

    Ariel (miércoles, 10 septiembre 2014 16:21)

    Muy buena parte , espero la continuación

  • #6

    Chemo (domingo, 07 septiembre 2014 18:17)

    Me alegra que Ángela no haya muerto. Espero la continuación. Esta ha sido la espera más larga que haya tenido pero valió la pena.

  • #5

    Yenny (domingo, 07 septiembre 2014 01:04)

    Por fin publicaste parte nueva Tony, muchas gracias :) me estaba aburriendo un poco no tener nada que leer.
    Estoy de acuerdo con Jaime, Antonio Jurado es muy inmaduro y eso que es el protagonista, suerte que es una historia porque si realmente la salvación de la humanidad dependiece de él no creo que nos salve.
    Estoy feliz por fin aparece Sam aunque sea se le nombra espero que en la otra parte pueda interactuar más con Antonio.
    Me da un poco de pena Ángela tuvo una infancia difícil espero que Génesis pueda ver un astibo de luz en ella y salvarla, Jaime tiene razón es de necios ayudar a alguien que no quiere recibir ayuda, creo que ella va a tener que dar un cambio primero y arrepentirse.
    Ahora esperando la parte 22 :), espero que sea pronto.

  • #4

    Jaime (sábado, 06 septiembre 2014 22:53)

    Gracias por la corrección, Tony. La verdad es que suelo confundirme con palabras que suenan parecido. Mi teoría es que Génesis quería contactar con Ángela para descubrir si ella realmente quería ayuda como pensaba Antonio. Pero ante la negativa de Ángela de recibir ayuda, la opción más sabia de Génesis es retirarse (o al menos mantenerse al margen) hasta que Ángela rectifique su camino. Es de necios ayudar a alguien que no quiere recibir una mano, o peor aún, interferir con el libre albedrío de las personas. O quizá Génesis tenga un plan para abrir el corazón de Ángela que incluya destruir la Organización. ¿Qué opináis?

  • #3

    Tony (sábado, 06 septiembre 2014 21:55)

    Solo puedo vorregir una cosa de las que has dicho, Jaime. No es en las Bahamas donde está Antonio sino en Bermudas. Aunque es lógico que te confundas, a veces me pasa con Hawai y Tahití y eso que estan muy lejos.
    Está claro que hay muchas posibilidades pero por las pistas que he dado el camino va en otra dirección.
    Para responder a una de tus preguntas, el resto del relato el protagonista es Antonio Jurado. Y para guiarte en el resto de tus teorías te recuerdo que Génesis quería llevarse a Ángela, ¿por qué iba a abandonarla?

  • #2

    Jaime (sábado, 06 septiembre 2014 20:49)

    Me alegro que por fin Tony haya podido subir esta parte. También de haber atinado a mi pronóstico que Ángela fue salvada por Génesis.

    Todavía no me termina de cuajar la actitud de Antonio quien se supone que es el personaje principal de los buenos y es muy infantil a veces. No puedo creer que se haya emborrachado estando con Rodrigo en quien no se puede confiar. Tampoco entiendo cómo se supone que Antonio va a buscar información en las Bahamas. ¿Qué no se supone que Rodrigo lo llevó a darle respuestas? ¿O lo llevó simplemente para despistarlo?

    Voy a intentar dilucidar la plática entre Génesis y Ángela. Si Alastor quisiera, podría fácilmente con su poder obscuro destronar a la gran mayoría de los líderes mundiales e imponer a quienes no le cuestionen en absoluto. A menos que la Organización (conformada por los líderes mundiales en las sombras) la formen gente tan o más poderosa que Alastor, como los hijos de la noche. La Organización inicialmente estaba formada de gente poderosa y leal a Alastor quienes fueron corrompidos con el poder obscuro y sostienen la farsa de Alastor como su líder por conveniencia política. Por eso ofrecen a Alastor la continuidad de su poder a cambio de destruir a Génesis.

    Otra duda, anteriormente se dijo que el poder de las sombras no tenía voluntad propia y obtenía poder de los actos obscuros del ser humano. Ahora se explica que el Leviatán es quien implanta los pensamientos obscuros en los posesos. ¿Acaso la fuente del poder obscuro es el Leviatán? En este caso, él es quien impostó la voz de Génesis cuando Antonio ha intentado contactarla, y es el verdadero ente detrás de la Organización (y que la Organización ni siquiera conoce).

    Mi predicción para la siguiente parte es que Génesis abandona a Ángela tras comprobar que ésta no quiere de su ayuda. Ángela volverá a la mansión de Alastor (donde vio su vídeo) para buscar pistas sobre su paradero, mientras que intenta internamente luchar contra sus propios demonios. Antonio intentará contactar a Génesis o a Ángela quienes lo pondrán al corriente de su misión.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (sábado, 06 septiembre 2014 08:42)

    Finalmente logré publicar.
    Espero que la espera mereciera la pena. no olvidéis comentar predicciones y/o dudas.

Animal es el que abandona a su mascota.

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