El investigador que interrogaba a las paredes

22ª parte

 

 

Cuando el edificio quedó reducido a ruinas humeantes Ángela flotaba sin peso, rodeada por una densa y poderosa oscuridad. Posó sus pies en las piedras destrozadas y con toda su fuerza, se impulsó y se elevó a más de cincuenta metros de altura alejándose del lugar lo máximo que pudo. Al caer en medio de una calle poco transitada sus rodillas hicieron un gran destrozo en la acera y los que la vieron se quedaron paralizados y asustados.

— ¿Eso es todo lo que te ha enseñado mi padre? ¿Por qué le encontráis tanto gusto en destruir? No resulta fácil dejar las cosas como estaban. Eres una niña caprichosa con demasiado poder.

Ángela se dio la vuelta, fastidiada. Allí estaba Génesis, enojada igual que una madre regañando a su hija. Su ropa seguía inmaculada, no le había hecho ni un rasguño.

— ¿Por qué vienes ahora? Admítelo, querías un enfrentamiento. Te las das de chica buena y en el fondo te encanta aplastar a tus enemigos con clara superioridad.

— Te equivocas. Detesto luchar, ahora es el momento de purificar.

— ¿Y es eso lo que pretendes hacer conmigo?

— Ya te lo dije, sacaré el veneno que te consume.

— Si me quitas este poder me matarás, esto es lo que soy.

— Al menos dejarás de ser una molestia.

— ¿Eso crees que soy? ¿Un estorbo?

Ángela se enojó aún más, seguía acumulando poder y sentía cómo se le tensaba la piel a la vez que el bullir de la magia oscura la imbuía en un éxtasis placentero y adictivo. Sus cuencas oculares se oscurecían más cuanto más energía acumulaba, notó que la fuerza que amasaba le quitaba años de vida.

— Tranquilízate, cada vez que me atacas causas estragos a nuestro alrededor y esta gente no tiene la culpa.

— Seguramente en mi casa vivían varias familias. ¿Acaso no te importaron cuando la eché abajo?

Hasta ella misma notó su voz más grave.

— Te acabo de decir que lo he dejado todo como estaba.

— Eso es imposible. ¡No has tenido tiempo!

— Precisamente eso es lo que más tengo.

Angela dio otro salto empleando gran parte de su fuerza acumulada, si no podían pelear en la ciudad sin que la regañase a todas horas dirigiría su salto a las afueras de Madrid, a un descampado.

Al volar sintió el aire fresco bañar sus pulmones ardientes, estaba exhausta por lo mucho que exigía la oscuridad a su físico. El frescor entró como bálsamo para sus ardientes entrañas y se deslizó por su interior dándole nuevas fuerzas. Mientras, dirigió su caída lo más lejos posible de cualquier casa. Era la primera vez que su poder era tan intenso como para volar. Planeó usando sus brazos y piernas hasta que llegó a una explanada deshabitada.

Cuando aterrizó en pleno campo levantó una enorme polvareda y sus pies quedaron enterrados varios centímetros bajo tierra. Sus huesos crujieron pero la oscuridad la mantuvo en pie e ilesa.

— Aquí podremos pelear sin que me salgas con gilipolleces.

— No quiero luchar contigo. Sólo acepta la purificación —allí estaba de nuevo y no parecía sufrir para alcanzarla.

— ¿Y mis cicatrices también las vas a purificar? No quiero volver a tener el brazo de cartón piedra.

— Mejor que el corazón de hielo — apuntilló Génesis.

— Deja de sermonearme, no voy a renunciar a este poder, vete haciéndote a la idea así que lucha conmigo.

— Entonces no me dejas alternativa.

— Tú sí que no me la dejas...

Ángela concentró toda la oscuridad alrededor de Génesis, elevó la mano abierta como hizo con su hermana gemela. Esta vez podía aplastar a un elefante. En el proceso estudió minuciosamente el cuerpo de la mujer y sonrió satisfecha. Era cierto lo que le dijo Aquiles, sí tenía ombligo. Después cerró el puño y la negrura se concentró sobre ella igual que una trituradora de residuos, la aplastó como hizo con tantas cosas antes. Vio en su mente cómo reducía su cuerpo a una masa de carne informe con los huesos triturados.

Al disiparse la oscuridad borró su sonrisa de triunfo.

No había sucedido nada. Fue como si su poder oscuro hubiera sido fruto de su imaginación.

— ¿Satisfecha? —Preguntó Génesis enojada.

Ángela notó que su energía se disipaba y se sintió completamente indefensa. De repente su cuerpo se vio huérfano de su fuerza y se le doblaron las rodillas, le dolió el brazo de la cicatriz y jadeó exhausta.

— ¿Vas a matarme? ¡Adelante!

Ya estaba harta de amenazas, era el momento que estuvo esperando durante meses y había fracasado.

— Me hubiera gustado que no intentaras matarme, pero ha sido necesario para que ese demonio te dejase por voluntad propia. Ya que tú no renunciabas a él, debía conseguir que él renunciara a ti.

— Mátame de una vez —casi se lo suplicó, al hacerlo se le quebró la voz.

Ángela estaba deshecha por dentro, ¿qué le pasaba en la vista? Ya no escudriñaba la oscuridad y ya no era capaz de saltar más de lo que haría cualquier humano. El brazo derecho lo notaba entumecido y eso significaba que la cicatriz estaba de vuelta. Esa hija de perra le había quitado su poder. Ahora ya no quería vivir, no como una vulgar humana.

— Eso sería lo que mi padre querría —Génesis seguía empeñada en hablar—. Te concederé el poder del fuego, pero tienes que demostrarme que hay algo de amor en tu interior y que podemos trabajar juntas.

— ¿De qué hablas?

— Podrás ayudarme a derrotar a los hijos de Alastor que quedan.

— ¿Cómo? No sé si lo he entendido bien ¿Vas a darme poder? ¿Por qué iba a confiar en ti? Acabo de intentar matarte.

— No he dicho que te lo vaya a dar. Tendrás poder pero no será tuyo. Y puedes confiar en mí, soy una mujer de palabra.

— ¿En qué consistiría exactamente lo que piensas hacerme? —indagó.

— Justo lo que necesitas para derrotar a tipos como Héctor o Aquiles.

— Si tanto les temes destruye sus cenizas.

— No lo entiendes ¿Conoces la historia de Pigmalion y Galatea? —Ángela la miró confusa—. Era un escultor de la mitología griega, que buscando a la mujer perfecta perdió la esperanza de encontrarla. Decidió esculpirla en marfil para admirarla. Al hacerlo se enamoró de ella y suplicó a Afrodita que le diera la vida.

Ángela chasqueó la lengua. ¿A qué venía ese cuento para viejos?

— No había escuchado esa historia en mi vida.

— Es el tipo de poder que tiene Alastor. Él no posee imaginación para crear personas nuevas, pero podría hacer una réplica de alguien que conoce. Incluso dar vida a una estatua. Así nacieron esos dos.

— ¿No fueron sus discípulos?

— No, antiguamente varias personas le sirvieron con devoción ciega, los primeros discípulos que formó después de mi traición. Les hizo superar pruebas terribles con la promesa de ser inmortales. Eligió a una veintena y prometió recompensarles con la inmortalidad si sobrevivían a sus juegos. Solo quedaron ellos dos, y al pasar la prueba final les dio el ansiado premio. Imitó sus formas, copió sus recuerdos, mejoró sus cuerpos, aumentó el volumen de sus músculos y en vez de sangre usó la savia negra de la Oscuridad elemental para crear lo que hoy conocerías como sus clones. Después mató a los originales sin el menor remordimiento. Así se aseguró de que no le traicionarían, serían parte de él.

— Vaya, eso explica muchas cosas.

— ¿A qué te refieres?

— No importa.

Ángela recordó que siempre le parecieron robots o algo parecido, que le habían dicho que les hicieron eunucos por aceptar ser inmortales. Los muy estúpidos ni siquiera sabían que además fueron asesinados y les reemplazaron por unos autómatas, unas copias sin alma.

— De modo que los que estaban contigo eran dos réplicas. Hay muchas más, no creas que hemos acabado con todos ellos en absoluto.

— No me jodas...

— ¿Entonces renuncias a la oscuridad? Tienes que decidirlo ya.

— ¿Me quedará la cicatriz del brazo?

— Sí.

Ángela detestaba ese estigma, incluso había pensado en suicidarse cuando pudo verlo por primera vez, desnuda ante un espejo.

Visualizó lo que pasaría si se negaba, era justo lo que Fausta pronosticó: "Si no cambias, morirás". Ese era el momento decisivo.

¿Pero bastaba con decir sí? ¿Qué clase de poder le "prestaría"?

— Busca una luz en tu corazón —guió Génesis—, aférrate a ella y la usaré para sacarte de tu infierno interior.

¿Qué quería decir con eso? No sabía que estaba en un infierno.

Lo único que la hizo sentir algo de luz fue Antonio, que había pedido a Génesis que la salvara. ¿Por qué se preocupaba por ella? Era un pobre diablo al que utilizó con toda su maldad. Recordó su beso de despedida... El de la suerte. Sus labios ardieron al recordar la aspereza de su barba de tres días. Suspiró y notó una llama en su corazón. Él sentía algo por ella.

Al ser coaccionado, cualquiera en su lugar habría querido vengarse.

Pero Antonio la quería y nunca antes se sintió tan bien como cuando le dio aquel beso sin coacción.

De pronto no se sentía cómoda sabiendo que le usó, algo se rompió dentro de ella. Ese estúpido loco había echado abajo el muro que nunca creyó que nadie pudiera, el de su corazón. Ya no se acordaba de su mentor, sólo anhelaba una cosa y era que Antonio Jurado la quisiera por ser ella misma.

Pero era un hombre casado, no dejaría a su mujer por ella. Y a pesar del beso nunca la dejaría.

Miró a Génesis y ésta parecía complacida, seguramente sabía lo que pasaba por su cabeza. ¿Le alegraba que amara a un hombre casado? ¿Ese era el hilo de luz que buscaba?

— Si no quieres hacerlo por ti, hazlo por él. Puedes devolverle el favor y enmendar los errores que cometiste.

— Acepto.

 

 

 

 

 

Nunca antes había necesitado tanto a su mujer. Ella sabía inglés, alemán e incluso algo de portugués. Sin contar el castellano, que era su lengua materna. En ese pedrusco en medio del Atlántico nadie hablaba español y trató de hacerse entender en su primitivo anglosajón. Siempre pensó que el portugués era muy similar al castellano y que podría apañárselas, pero nadie le entendía hasta que recurría a la lengua de Shakespeare.

Al fin, en una agencia de viajes, encontró a una chica que sabía español.

— Dígame.

— ¿Puede decirme dónde está el fuerte de Santa Catalina?

— Aquí no se tiene mucho aprecio a los catolicismos —respondió—. Pero entiendo que confunda los nombres.

Sacó un mapa de las islas y con un rotulador rojo marcó un extremo del sistema isleño, el punto más al norte.

—Tiene un buen paseo. Puede pedir un taxi en la esquina que le lleve al aeropuerto. Está en la isla de San Jorge... Apunte, Saint George.

Habló despacio como si fuera sordo o tonto.

— De acuerdo, gracias. Por cierto, ¿dónde puedo encontrar una oficina de cambio? Sólo tengo euros.

— Aquí cambiamos. ¿Cuanto quiere cambiar?

— Quinientos.

— Espere.

Sacó una calculadora y echó cuentas.

— Seiscientos dólares bermudianos.

Abrió el cajón metálico y sacó varios billetes.

— Muchas gracias.

Nunca sabría cuánto le estaba estafando.

 

 

Se marchó directo a la esquina y se metió en el primer taxi que vio. En cuestión de media hora llegaron al aeropuerto.

Una vez allí sólo encontró destinos internacionales importantes como New York, París o Londres. La oficina de vuelos locales estaba en otro edificio menos moderno. La secretaria le miró con extrañeza al preguntar por un aerotaxi y ésta señaló un tablón de anuncios. Allí encontró varios contactos, cogió el primer teléfono y marcó desde un teléfono público.

— Jeremy Sercon, ¿en que puedo ayudarle?

— Necesito llegar a la isla de Saint George. Estoy en la oficina de vuelos locales.

— Ahora voy, espéreme.

Colgó y Antonio tomó asiento en la oficina.

 

El tipo tardó una hora en llegar. Todo ese tiempo libre lo aprovechó para escribir lo que le había pasado aquel singular día.

Cuando llegó era un británico de unos sesenta años, pelirrojo de pelo rizado y con una piel enrojecida por darse a la bebida durante toda una vida.

— ¿Cual es el destino? —Preguntó sin preámbulos y en un correcto inglés británico que comprendió a la primera.

— Ya se lo dije, la isla de Saint George —respondió.

Estaba orgulloso de si mismo, cada vez hablaba más fluido.

— De acuerdo, sígame.

— No, no, no. Quiero ir a las ocho, sólo quería concretarlo.

— ¿Para que me hace venir entonces?

— No pensé que tardaría tanto y no me dio tiempo a contestarle.

Miró el reloj del móvil y chasqueó con la lengua. No estaba en hora.

— ¿Por qué no usa el ferry? Si no tiene prisa funciona día y noche. O si lo prefiere use el tren, llegará en menos tiempo pero no será tan turístico, casi todo es subterráneo.

Aquello le recordó que la nota donde escribió lo de la cita ponía algo de "Ferry" en el reverso.

Sacó su cartera y examinó bien el papel. Descubrió que la noche anterior tomó el barco a las dos de la madrugada.

— Cuánto me costará en avión.

— Cincuenta dólares, si le gusta volar nunca olvidará el paseo. Pero tengo otro cliente ahora. No puedo llevaré hasta las siete.

— Necesito hacer algunas gestiones antes, me parece buena hora. Me basta con llegar allí a las nueve.

Paseaban mientras hablaban y el inglés parecía preocupado por algo.

— Hagamos algo amigo, vaya a la pista tres del hangar privado a las siete en punto y si estoy allí le llevaré, si no estoy no me espere.

— Estupendo, gracias. Quiero hacer algunas compras —mintió.

Se suponía que tenía que buscar pistas de Alastor y aun no había averiguado nada.

— Usted verá lo que hace. Apunte mi móvil por si cambia de idea y no me necesita, no quisiera esperar en balde.

Apuntó el número del pelirrojo y se marchó.

Cuando salió de la terminar de vuelos privados se dirigió al vado de taxis y cogió uno.

— ¿A dónde vamos? —Preguntó el taxista.

Era un tipo de color con rastas. Le recordaba a alguien famoso, algún cantante de jazz. Anudaba el cabello a su espada con un pañuelo azul con estrellas blancas.

— No sé, estoy buscando a una persona pero dudo que pueda ayudarme...

— Tío soy taxista no un guía turístico. No tengo todo el día así que dime un jodido destino.

A pesar del lo mal que hablaba el tipo caía simpático y no sonaba agresivo.

— ¿Tiene alguna idea de quién es Alastor? —Se sintió avergonzado al decir ese nombre, especialmente por la cara que puso el taxista, que parecía decirle: "Ni siquiera me ha dicho un apellido, ¿maldito turista estúpido?".

— Sí tronco, es mi vecino. ¿No sabe sus señas?

— ¿Génesis le dice algo?

— ¿El seguro? Me llaman a todas horas... ¿Quieren venderme una póliza? Pero no tengo ni coche, me pagan una miseria por este trabajo de mierda que no da ni para pagar gastos. ¿De qué estábamos hablando?

— Espere... —respondió Antonio—, y ¿cómo la llamó Yuvén?...

— ¿Me pregunta a mí? ¿También debería conocerle? Si no es un cantante famoso dudo que le conozca, mire que no tengo estudios —el taxista estaba enfadándose.

— Calypso...

— ¿Ahora quiere bailar? Conozco un par de sitios flipantes, ¿le llevo?

— ¿Allí baila Calypso?

— Amigo, aquí el Calypso es la marihuana de los pobres.

— ¿El Calypso? Yo hablo de una mujer.

— Es usted muy raro. ¿Quiere que le lleve a escuchar esa música? Es un puto estilo de baile originario de aquí, pregunte por la fulanilla que sea y no me torture con sus paranoias.

— Está bien —accedió.

Aprovechó que el taxi tenía la hora local para ajustar la de su móvil. Eran las dos de la tarde.

No podía ser mera casualidad que Fausta les llevara a un lugar donde existía música con el nombre de la hija de Alastor. Al menos, uno de sus nombres.

El taxista no tardó ni diez minutos en parar al lado de una terraza junto a la playa con sombrillas caribeñas y con una extraña música mezcla entre hip hop y Milli Banilli.

Apenas había tres parejas bailando.

Cuando pagó el viaje, el taxista no marchó y se quedó a tomar algo.

Antonio se preguntó qué demonios haría allí. Repetir las mismas preguntas bajaría su autoestima radicalmente y ¿cómo iban a saber quién era Calypso? Sería como preguntar por un tal Samba en pleno Sao Paolo.

El camarero hablaba portugués.

— Una cerveza —pidió en inglés.

Y no se atrevió a hablar en luso.

 

Se quedó allí observando a la gente y no perdió detalle de ese extraño baile y aquella música que, aunque no le gustaba en absoluto, tenía su toque pegadizo. Pensó que en determinadas circunstancias, bailando con una chica o disfrutando con los amigos sí podría llegar a ser agradable. Pero no se daba ninguno de los dos casos. Estaba aburrido, angustiado por no tener más pistas y especialmente preocupado debido a que algo en todo eso no le terminaba de gustar. Rodrigo le prometió información y se la había dado, ¿pero quien era él?, ¿por qué luchaba contra Alastor? ¿Simpatizaría con Génesis?

Eran tantas las nuevas dudas que no sabía qué hacer.

— Si te pudiera escuchar... Génesis, sin ti soy un barco sin brújula en pleno temporal.

El silencio sucedió a la pregunta. Una de dos, o estaba haciendo lo que se suponía que debía hacer o ya no podía escucharla. Si estuviera seguro de que era la primera opción se sentiría tranquilo, pero sabía lo mucho que se cerraba a las voces del más allá cuando estaba tan angustiado como en ese momento.

— Amigo —le dijo una voz conocida—, recordé que en el centro de Hamilton hay una boutique que le puede interesar.

Era el taxista de color.

Miró el reloj del móvil, las cinco, faltaban dos horas para coger el avión.

— ¿Por qué cree eso? —Preguntó desinteresado.

— Es la boutique de Calypso.

Eso sí que no podía ser casual. Cuando ocurrían dos casualidades sobre lo mismo en un corto espacio de tiempo nunca lo era.

— ¡Llévame a verla, por favor!

 

Comentarios: 13
  • #13

    Yenny (lunes, 15 septiembre 2014 19:26)

    En cierto modo la inmadurez es aceptable creo que todos somo inmaduros en mayor o menor grado o con ciertos temas, pero Antonio a parte de inmaduro tiene una facilidad para ser infiel y eso es decepcionante, me da pena Briggite.
    Pd. Soy del club de las engañadas :)

  • #12

    Chemo (lunes, 15 septiembre 2014 00:02)

    Continuación

  • #11

    Tony (domingo, 14 septiembre 2014 08:19)

    Alfonso, eres el primero que se da cuenta de la importancia que tiene Fausta en todas las historias.
    Pero por no destripar nada sólo diré que el siguiente relato se llamará precisamente "Fausta".
    Antonio Jurado es inmaduro, pero es uno de los rasgos que le define. No es el típico protagonista valiente y capaz de todo, es simplemente Antonio Jurado, una persona más bien rara, introvertida y con muy mala suerte. Hasta que no se casó no se volvió más normal.
    Pero bueno, hay que ser raro e inmaduro para que una voz de tu cabeza te diga una cosa y la obedezcas. O como mínimo hay que estar un poco loco.

  • #10

    Alfonso (domingo, 14 septiembre 2014 04:41)

    Jaime, Ángela es una persona que nunca recibió amor durante su niñez y juventud, lo cual la orilló a ser dura y hedonista durante mucho tiempo. Pero hay eventos en la vida que cambian la perspectiva de vivir, y en este caso Antonio despertó esa bondad en ella que alguna vez tuvo con su mentor. Yo pienso que Génesis vio esta posibilidad de cambio en Ángela una vez que ésta se librase de la oscuridad; recuerda que ella puede viajar en el tiempo a voluntad. Un asesino a sueldo no necesariamente tiene que ser un utilitarista sin escrúpulos que solamente busca poder a costa de otras vidas, como es el caso de Alastor o Rodrigo.

    En lo que concuerdo con Jaime y Yenny es que Antonio es bastante inmaduro. De no haber sido por la ayuda de Génesis y Verónica, dudo que hubiese salido victorioso de muchas de sus andanzas.

    Por cierto, alguna vez leí que Fausta recibió su poder del Diablo y de hecho es su sirviente leal, así que ella debe tener conocimientos del Leviatán y otras cosas que obviamente no comparte con Rodrigo. Probablemente Fausta esté manipulando a Rodrigo bajo órdenes del mismo diablo. De hecho, en este sentido ella es mucho más peligrosa que el mismo Alastor. ¿Estoy en lo correcto?

  • #9

    Jaime (domingo, 14 septiembre 2014 00:08)

    Se me hace un poco forzada la actuación de Ángela tal vez porque ella misma ya era una asesina a sueldo y ya tenía maldad en su corazón aún antes de ser poseída. El efecto negativo del Leviatán fue simplemente potenciar su maldad. Pienso que su cambio de actitud al abandonarle el Leviatán fue bastante rápido cuando por lo general este tipo de cambios psicológicos suelen tomar su tiempo. O tal vez estoy subestimando el poder de Antonio sobre Ángela y el poder de convencimiento de Génesis.

    Por cierto, supongo que el derrumbe de la casa de Ángela y su vuelo por Madrid deberían de causar cierto pánico social. ¿O acaso nadie se dio por enterado?

  • #8

    Yenny (sábado, 13 septiembre 2014 17:52)

    Ahora estoy intrigada quiero saber que se va a revelar en la siguiente parte.
    Estaré atenta a la página para ver la continuación y saber si Ana sigue viva o no.

  • #7

    Tony (sábado, 13 septiembre 2014)

    (Se me es escapó el mensaje, las pantallas de móvil tiene todo muy cerca)
    Por no anticipar nada. ¿Ángela reacciona muy forzada? Mientras llevaba dentro al demonio éste la manipulaba con pensamientos envenenados... Como suelen hacer los demonios. Ella no iba a traicionar a Génesis hasta que vio la oportunidad.
    Espero no tardar en subir la siguiente padre. Ésta va a ser más reveladora y movida.

  • #6

    Tony (sábado, 13 septiembre 2014 08:05)

    Aun no se ha revelado el motivo de estar allí, pero no tardará, Jaime.
    En esta parte Génesis provoca deliberadamente a Ángela para que su Leviathan la ataque con toda su furia y viendo que no puede hacer nada contra ella abandonada a Ángela y ésta queda indefensa.
    Pero Génesis no es tonta... No voy a contar lo que hace ppr no

  • #5

    Jaime (sábado, 13 septiembre 2014 03:33)

    Se me hizo muy corta esta parte. Sigo sin entender qué diablos hace Antonio en una isla del Caribe. ¿Seguirá viva Ana? Fausta debería de al menos haber comentado qué buscar en este rincón alejado de la civilización.

    También me alegro que Ángela haya abierto su corazón a Antonio y aceptado el poder de Génesis. Aunque me parece muy forzada la reacción de Ángela, es decir, me imaginaba que ella habría aceptado el trato de Génesis para buscar un poder mayor al de la Oscuridad más que por un motivo altruista.

    Mi pronóstico es que Ana sigue viva y, tras encontrarse con Antonio, ésta le revela las verdaderas intenciones de Alastor y del grupo de Rodrigo. Asimismo, Génesis destruye la Oscuridad dentro de Ángela y pone a prueba su lealtad. ¿Os parece lógica mi deducción?

  • #4

    Yenny (viernes, 12 septiembre 2014 21:33)

    La verdad es que nunca había escuchado ese término creo que en mi país no es muy común, siempre es bueno aprender palabras nuevas.
    Muchas gracias Tony por la aclaración.

  • #3

    Tony (viernes, 12 septiembre 2014 06:00)

    Te lo ahorraré, luso es portugués. Se dice mucho por España y es el nombre (lusitanos) de los antiguos habitantes de la región de Portugal en tiempos romanos, más o menos como llamar godo al español. Pero no creas que es rebuscado, por aquí se dice bastante. He tenido que buscarlo yo ahora para saberlo.

  • #2

    yenny (viernes, 12 septiembre 2014 05:24)

    Ahora si está avanzando la historia por lo que respecta a Ángela porque Antonio sigue igual de perdido.
    Gracias Tony por publicar tan rápido, aunque me quedó la duda de saber con cuanto estafaron a Antonio y en la parte que dice " Y no de atrevió a hablar en luso" es un error de escritura o tengo que ir por un diccionario?

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 11 septiembre 2014 01:07)

    Ya podéis comentar. Esta vez he conseguido publicar prontito, no os quejaréis jeje.

Animal es el que abandona a su mascota.

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