El investigador que interrogaba a las paredes

23ª parte

 

            En apenas quince minutos estacionó el taxi en la puerta de un local de dos pisos y fachada blanca en la que podía leerse "Calypso" escrito en cursiva en muchas partes. Antonio estaba emocionado pero, aunque indicaba una pista clara, no tenía ni idea de cómo sacarle partido. ¿Cómo les llevaría esa tienda a La Organización o a Alastor?

            — Muchas gracias —pagó al taxista pero este rechazó el dinero.

            — Aun tiene que volver al aeropuerto, ¿cierto? Le haré de chofer por cien dólares.

            Antonio calculó que le había dado veinte y con ese viaje eran otros diez. Eso era demasiado pero le iba a tener ocupado dos horas más así que aceptó porque se entendía con él, aunque sabía que le estaba timando. Aun así necesitaba un guía que le ayudara con otras posibles localizaciones.

            — ¿Cómo puedo dirigirme a usted?

            — Soy Antonio Jurado, y tú nombre es...

            — Hayal.

 

 

            El establecimiento era una tienda de ropa femenina de corte moderno y de precio asequible. Los maniquíes vestían faldas de vivos colores y telas vaporosas, se veían sexis. Pero tanto Hayal como él se sintieron avergonzados por entrar allí ya que sólo tenían ropa de mujer.

            — ¿En qué puedo ayudarles? —Preguntó una mujer de unos cuarenta años, en inglés.

            — Yo le espero en el coche amigo, avíseme si quiere cualquier cosa.

            — Gracias Hayal.

            Se volvió hacia la dependienta y pensó en qué podía decirle. En sus mejores tiempos sabía fingir ser policía y hacer preguntas muy serias e intimidantes, pero no tenía un asesinato que investigar, ni fantasmas ni desapariciones misteriosas o sucesos extraños.

            — ¿A qué se debe el nombre de la tienda?

            — No comprendo.

            Su expresión de rareza no era la de alguien que no entiende su mala pronunciación sino la pregunta en sí.

            — Estoy buscando a una mujer llamada Calypso... —la mirada de la empleada evidenció que no lo estaba arreglando—. Soy policía.

           Ok, pero no es de aquí, ¿cierto?

            — Vengo de España.

            — No lo conozco. ¿Está lejos?

            — Al otro lado del charco, es el primer país que va a encontrar en Europa si parte desde aquí.

            — Ah, no se ofenda pero no estudié demasiada geografía. Países pequeños no me llaman la atención. El único de Europa que conozco es París.

            — ¿Qué? Eso no es un país, en la capital de Francia.

            — Ah, que confusión más tonta —rió como una estúpida—. ¿Barcelona queda lejos de España?

            — Por el amor de Dios, ¿conoce esa ciudad y no el país donde está?

            — ¿Cómo? —Preguntó desinteresada—. Ah, no me haga caso, yo pensé que era un equipo de fútbol. Mi marido paga canal de cable y le gusta mucho.

            — Volvamos al tema... —Se atragantó al recordar que el tema era absurdo, tanto como la conversación que habían mantenido hasta ese momento—, ¿qué sabe de su jefa? Se llama Calypso, ¿no?

            — Señor, yo soy la dueña de esta boutique. Y no me llamo así, le puse ese nombre en honor a la mitología griega, del relato "La Odisea". Calypso habitaba una isla donde Ulises se quedó durante años prendado de su belleza.

            Sonrió como una maestra de escuela resabia y mandona. Se le marcaron las arrugas del cuello y evidenció su altanería inglesa con una mueca entre sonrisa y desprecio.

            — Ah, entiendo. En ese caso disculpe las molestias.

 

 

 

 

            — Hayal, era una pista falsa, como el baile.

            Entró en el taxi con evidente desánimo y el conductor con rastas puso el codo sobre el asiento con camaradería.

            — Habla hermano, a donde te llevo.

            — Al aeropuerto, se me han terminado las pistas —respondió.

 

 

 

            En el hangar tres había una avioneta con el motor apagado y el hombre pelirrojo esperaba sentado en el suelo, apoyado contra la pared de la voluminosa nave.

            Al verle llegar se levantó con dificultad y le extendió la mano izquierda para saludarlo. Estaba sudoroso y tenía muy mal color. Su piel exhibía un tono entre blanco rojo y azul. ¿Habría comido algo en mal estado?

            — ¿Está listo para salir? —dijo, como si no le pasara nada.

            — ¿Se encuentra bien?

            El pelirrojo sonrió y no le salió muy convincente ese gesto.

            — Sí, amigo. He tenido días mejores, pero hoy ha sido una locura.

            Separó la mano derecha del costado izquierdo y le mostró un pañuelo empapado en whisky y sangre. Al levantarlo descubrió una herida muy fea, un boquete del tamaño de un puño donde salía sangre roja oscura lentamente.

            — ¿No quiere que le lleve a un hospital? Eso tiene muy mal aspecto.

            — Es solo un mordisco. No es tan grave como parece. Vamos, suba que estaremos el Saint George en quince minutos. Si no para de sangrar entonces tendré que ir a que me remienden un poco.

            — ¿Un mordisco? —Se inquietó—. Pero, ¿qué ha pasado?

            — Debía recoger a una familia en el lago de los amantes y llevarlos a un islote donde viven. Tienen una niña de siete años y cuando llegué parecía enferma. Me dijeron que la llevara en seguida al hospital y les dejé lo más cerca que pude, amerizando. Al ayudar al tipo a bajar a la niña, en cuanto la toqué me gritó como poseída por mil diablos y me mordió la tripa. Le juro que quise matarla, amigo... Si no llega a estar tan cerca su padre, le arranco la cabeza de un puñetazo.

            — ¿Y qué le pasaba? ¿Tenía la piel azulada?

            — ¡Y yo que sé! Estaba loca, no le gustan los extraños, qué sé yo. ¿Salimos ya o qué?

            Dicho eso se puso en pie, dio un paso hacia la avioneta y cayó como un fardo de piedras al suelo.

            Antonio se quedó paralizado unos segundos, luego le tomó el pulso, nervioso. Al tocar su cuello estaba frío, parecía llevar horas muerto. Como temía, no halló pulso en su arteria carótida.

            — Joder... Otra vez no... Me cago en la leche...

            Su experiencia en la isla de Tupana ya fue lo bastante aterradora como para querer revivirla de nuevo. Con en corazón en un puño se alejó corriendo hasta la Terminal internacional. Allí tomaría un taxi y cogería el ferry. Eso sí que era una información jugosa para contar a sus compañeros. Con suerte se encargarían de controlar la situación y en tres días estaría en casa.

            Al pasar junto a los taxis aparcados en fila reconoció a una persona.  Se detuvo, tenía que avisarle.

           Hamal, abra la ventanilla, escúcheme.

            El tipo de rastras se inclinó hacia él y giró la manivela de su cristal derecho.

            — Es Hayal, ¿que bicho le ha picado ahora tío?

            — Tenemos que salir de esta isla inmediatamente, llévame al ferry.

            — No puedo cogerle o me multarán, estoy de los últimos. Coja el primero.

            — No lo entiendes, corres peligro... Hay una epidemia...

            — ¿Dónde? Parece haber visto un fantasma.

            Ese tipo no le haría caso a menos que le dijera lo que pasaría.

            — No, era a un infectado de algo muy contagioso. Los que cogen la enfermedad pierden el control de sus actos y...

            — Qué dice, ¿muerden como rabiosos?, seguro que son zombis —completó el negro, entre carcajadas.

            — ¿Como lo sabes? ¿Ya ha pasado antes?

            — Claro, soy un fanático de las consolas de videojuegos. He matado más zombis que pelos tienes en la azotea. Me he pasado los Biohazard de principio a fin y estoy contando los días para que salga Dead island 2. Pero eso no me vuelve un loco paranoico que cree que cualquier incidente va a traer zombiland al mundo.

            — No voy a perder más tiempo con usted. Acuérdese de lo que le digo, si ve gente gritando o escucha que hay rumores de que está pasando algo en el hospital, no pregunte, coja el primer ferry y salga de la isla.

            Dicho eso siguió corriendo hasta alcanzar el inicio de la cola de taxis.

            — Necesito ir a Saint George. ¿Dónde puedo coger el ferry?

 

 

 

            El taxista le dejó en el puerto marítimo. Pagó su billete y subió a la pequeña embarcación donde cabían unas cincuenta personas. Se sentó lo más cerca que pudo de las ventanas. A medida que pasaban los minutos y el barco se llenaba su corazón se fue calmando.

            "No puede ser, Rodrigo me contó que él detuvo la infección de Tupana. Además estaba al otro lado del mundo, ¿cómo iba a llegar aquí. Hamal tiene razón, estoy paranoico."—se trató de convencer—. "Esa niña tendrá otra cosa, no va a pasar nada... Pero Fausta nunca falla, nos trajo aquí por alguna razón.".

            "Tripulación a cubierta" —se escuchó.

            La mujer que se sentaba junto a Antonio miró hacia atrás. El también escuchó un tumulto.

            En segundos la gente se levantaba e iba a proa con curiosidad.

            Aun estaba algo aturdido por la borrachera del día anterior. En ese momento recordó por qué bebió tanto. Rodrigo y sus soldados eran vampiros, no se alimentaban más que de más que sangre. Cuando pidieron eso fue por despistar a Lara, que no sabía nada (ni se lo habría creído de habérselo contado). Entonces ella empezó a sospechar que ocurría algo extraño y preguntó por qué ninguno bebía.

         Éstos guardaron silencio. Samantha le miró un instante y leyó en sus ojos que si Lara se enteraba de lo que eran tendrían que matarla.

            — Que suerte, por que me muero de sed —intervino inmediatamente—. ¿Puedo?

            Samantha sonrió. Existía una curiosa conexión entre ellos dos, sin cruzar palabra supo que Rodrigo no debía saber que se conocían. De hecho, a pesar de la nube de alcohol que nublaba su memoria, recordaba que no hablaron ni una sola vez.

            — Tengo que llegar al fuerte como sea. Ellos pueden controlar esta epidemia...

            ¿Y Lara? Sacó el mapa y calculó la distancia a pie hasta su hotel. Se preguntó, con el corazón en un puño, si estaría allí o en el Forth Saint Kathering. Ella se hospedaba en el Rosedon, situado en el extremo más al sur de Hamilton, en dirección opuesta a su destino.

            El ferry en circunstancias normales rodeaba las islas y si hubiera zarpado, podía esperar a rodear el sistema isleño. Pero no sería necesario ir a avisarla si no pasaba nada.

            — Ya se las apañará no tengo forma de localizarla.

            Los gritos fueron en aumento, el torrente de gente invertía el sentido, ya no acudían por curiosidad morbosa sino que huían y saltaban al agua.

            Antonio no sabía que hacer, una parte de él le decía que la situación no tenía por qué ser tan grave como para saltar. Y otra le impelía a acercarse al griterío y cerciorarse de que los zombis estaban de vuelta.

            — Qué demonios, igual es un tipo enloquecido por alguna clase de drogas. Tengo que ver lo que pasa.

            Algo se movió sobre su cabeza, por encima de las paredes del ferry. Era un objeto grisáceo ascendiendo que después bajó rápidamente. El barco sufrió una sacudida y la gente a su alrededor cayó entre gritos de histeria. Él se sujetó a un asiento y soportó la embestida sumido en shock.

            La embarcación se inclinó y las personas rodaban por el suelo hacia la proa. Él se quedó paralizado, sujeto al asiento y con un bloqueo mental que le impedía moverse.

            Los gritos no fueron capaces de eclipsar un rugido semejante al de un dragón enfurecido.

            — ¿Qué cojones está pasando?

            Salió del bloqueo cuando vio de nuevo el colosal objeto y desapareció para terminar de destrozar el casco del barco.

            El asiento le empujó hacia arriba con tal fuerza que se elevó cuatro o cinco metros y alcanzó a ver medio cuerpo de la criatura. Era un monstruo con varios brazos. Su cabeza estaba cubierta de ojos, ovalada y tenía la mandíbula llena de sangre como si hubiera comido pedazos de personas.

            La caída le hizo rodar en dirección al monstruo en un amasijo de cuerpos con el resto del pasaje. El barco terminó de hundirse y cayeron al agua, un mar en ebullición teñido de sangre.

            Una mujer histérica se agarró a él y le hundió, usándolo de flotador. Se revolvió y tuvo que darle un cabezazo en la mandíbula para que le soltara. Al fin libre vio a la criatura en toda su envergadura de pie en el muelle. Sostenía a tres personas con sus múltiples garras y se las metía en la boca arrancado pedazos de medio cuerpo. El crujir de huesos y el chasqueo de la sangre salpicando sus colmillos le provocó arcadas.

            Se encontraba a su alcance, como tantos otros, pero creyó que le estaba mirando a él con uno de esos horribles ojos negros.

            "Prefiero morir ahogado".

            Cogió aire y se sumergió por debajo del hervidero de brazos y piernas. Braceó buscando alejarse lo más posible de la criatura y hundirse a la máxima profundidad pero algo le agarró la pierna y tiró con fuerza hasta levantarlo en el aire a varios metros de altura sobre el agua.

            — ¡Suéltame hijo de puta! —Chilló con todas sus fuerzas.

            — ¿Así me agradeces que te salve la vida?

            Antonio no podía creer lo que oía. Ángela flotaba en el aire lejos del monstruo y lo agarraba del tobillo con una mano, aparentemente sin esfuerzo alguno. Desde las alturas vio horrorizado que no era el único que asolaba las islas. Vio criaturas aun mayores en la distancia y soldados tratando de abatirlas a tiros mientras eran masacrados pisoteados y aplastados por coches voladores.

            Ángela se alejó de la dantesca escena y cruzó el mar que les separaba de la isla de Saint George a gran velocidad y sin preocuparse de cambiarle de posición.

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Alfonso (domingo, 21 septiembre 2014 20:43)

    Concuerdo con Jaime, aunque creo que la historia de Tony no tiene que ver con Resident Evil u otra de esas tontas historias yanqui-japonesas de pseudo-terror. Probablemente los montruos y zombis sean un experimento de Alastor para tratar de obtener poder, que ahora libera para destruir a Antonio y su nuevo grupo.

  • #6

    Chemo (domingo, 21 septiembre 2014 06:29)

    Concuerdo con Jaime. Espero la continuación.

  • #5

    Jaime (domingo, 21 septiembre 2014 03:17)

    Trataré de explicarme mejor, Yenny. En las historias estilo Resident Evil, Gojira, Apocalipsis Zombi, etc., el argumento es muy básico o inexistente, la trama carece de sentido común y una vez que has visto una historia, prácticamente has visto todas. Por ejemplo, incluso para una historia de ficción me parece improbable que el libre albedrío pueda ser controlado por un virus o por otra persona, que aparezcan monstruos de la nada cuando nadie jamás los ha visto antes, o que un virus pueda mutar a otro organismo para hacerlo indestructible e inmortal. Sin embargo, es posible que Tony nos sorprenda y todo tenga su razón de ser.

    En cuanto a tu propuesta, Alastor no tiene poder para controlar persona alguna, aunque puede manipularla para influir en sus decisiones. El poder oscuro tampoco puede suplantar la voluntad de los zombis porque el Leviatán se nutre de la maldad de las personas y no puede haber maldad en un ser irracional.

  • #4

    Yenny (sábado, 20 septiembre 2014 18:26)

    En algo estoy de acuerdo contigo Jaime y todo depende del modo del que se maneje la historia y la razón de ser de los zombies y monstruos, creo que si los primeros zombies son una creación de la oscuridad de Alastor con el fin de ser un ejército que él pudiese controlar completamente dado que ellos no tienen voluntad y luego se expandió como una infeción me parece que podría encajar en la historia pero si son producto de un virus o cualquier cosa de esas la historia va a parecer Resident Evil, espero que eso lo aclare Antonio mas adelante.
    Me gustaría saber que opinas de esta opción Jaime :)

  • #3

    Jaime (viernes, 19 septiembre 2014 22:40)

    Este comentario es personal y puede ser que muchos no compartan mi opinión. No soy aficionado a las historias en la que aparecen zombis, monstruos y animales gigantes ya que gran parte de estas historias entran en lo absurdo e ilógico, aún para una historia de ficción. Puede que la historia quede bien si estos temas se manejan con moderación y la historia termina siendo creíble dentro de los límites del género fantástico. Espero sinceramente que esto no resulte en un combate contra moluscos gigantes o zombis irracionales.

    Supongo que Génesis ha puesto al corriente a Ángela sobre lo que está ocurriendo y ésta contará a Antonio qué debe hacer en la isla. También ha ganado poderes que provienen de Génesis, así que ya debe ser una de las chicas buenas. Puesto que las cenizas de Ana desaparecieron, es posible que ella haya revivido, pero dudo que esté en las Islas Bermudas.

  • #2

    Yenny (miércoles, 17 septiembre 2014 02:28)

    Por fin empezó la acción :) mientras leía me dieron ganas de ir por pop corn es que se siente como si fuera una película.
    Ojalá en la otra parte o en algún momento se explique como llegaron los zombies o monstruos a la isla, me dio mucha risa la reacción de Antonio en la parte que muere el piloto del avión creo que la mala suerte lo persigue.
    Ahora a esperar una semana mas :( creo que esta va a ser la semana mas larga de mi vida.
    Saludos Tony espero que todo vaya bien en la casa y en el trabajo.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 17 septiembre 2014 00:48)

    La trama está a punto de desatarse, algunos pensaréis que esto no ha hecho sino comenzar... Quizás estéis en lo cierto.
    Lo que está claro es que no está a punto de acabar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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