El investigador que interrogaba a las paredes

27ª parte

            — ¡No puedo! —Susurró Antonio.

            — Sí que puedes. No quiero hacerte daño y si me vuelvo como esos infectados sé que os mataría. ¡No me dejes hacerlo! —Exclamó Ángela.

            — No vuelvas a pedirme algo así, ¡no te voy a matar!

            — Cabezota, es por vosotros, me sacrifico por alguien por primera vez en mi vida y ¿no me dejas hacerlo?

            — Ni te mataré yo, ni dejaré que lo hagan —echó una mirada asesina a Jackson, que se acercaba a ellos y estaba a punto de intervenir.

            — Pero tiene razón, en un par de minutos te morderá, nos atacará. Yo lo haré si no tienes valor.

            Lanzó una estocada moral a la cabeza de Ángela y Antonio interpuso la pierna desviando la punta.

            — ¡¿Pero qué haces?! Existe un remedio.

            — No hay tiempo para remedios —insistió Ángela.

            — ¡Cállate! No pienso matarte y no vuelvas a pedírmelo.

            Se levantó con la espada en la mano y cortó unas cuerdas que encontró en el jardín en el que estaban. Jackson se acercó a ella pero la mirada asesina de Antonio le detuvo. 

            — ¿Qué haces tío? —Se empeñó Jackson—. Recapacita, tiene razón.

            No le hizo caso y le apartó de un empujón. A pesar de que opuso resistencia le movió igualmente.

            — ¿Siempre haces lo que te da la gana? –Recriminó el gigante oscuro mientras recuperaba el equilibrio.

            Sin responder amarró las manos de Ángela con un fuerte nudo y luego las  sujetó estiradas a la altura del abdomen. Ella se estaba poniendo azul y gemía como si ya no fuera consciente de lo que ocurría a su alrededor.

            Antonio buscó la aprobación de sus otros compañeros, en especial de...

            — ¿Dónde está Lara? —Se preguntó.

            Sam miró a Erika y ambas se encogieron de hombros.

            — Creo que se quedó en el museo, no la he visto desde entonces —dijo Sam.

            — Con tantas carreras ni me he fijado —añadió Erika.

            Él frunció el ceño preguntándose cómo no se habían dado cuenta antes. Seguramente se había escabullido a la primera ocasión que tuvo. No se fiaba de Ángela así que razones para huir le sobraban.

            Completó sus nudos y al mirarla se encontró sus ojos clavados en él.

            — Te tengo dicho que nunca prometas a una chica algo que no puedas cumplir.

            — Te prometo que te curaré –objetó él con media sonrisa.

            Por mucho que trató de evitarlo salieron lágrimas de sus ojos. Ángela también lloraba pero no sabía si por dolor o por culpa de la infección que se abría camino en su cuerpo a velocidad endiablada y seguramente causándole una tortura indescriptible.

            Las escleróticas de Ángela se llenaban de venas azules y comenzó a perder el control de sus extremidades. Por suerte ya las tenía amarradas, tanto las piernas como los brazos.

            — ¡Agh! —Gimió de dolor. 

            Antonio se quedó paralizado pero Sam le apartó al ver que el cuerpo de Ángela lanzaba dentelladas al aire, tratando de morderlo.

            — ¡Y ahora qué! —Le gritó la pelirroja—. No pienso cargar con una infectada. Déjame acabar con ella ahora.

            — Existe una cura... —se empecinó Antonio—. He prometido curarla.

            Despertando de su bloqueo mental, le quitó a Ángela el fular que había usado para contener la sangre de su herida. Ésta ya no sangraba, parecía cubierta de gangrena, con color entre verde y negro. Cortó el fragmento manchado de sangre y el resto lo enrollo en torno a su boca. Luego la cargó en brazos. Debía pesar unos sesenta kilos pero parecía el doble porque no dejaba de forcejear.

            — Busquemos un lugar donde esconderla a salvo.

            — No conozco a nadie humano que se haya curado de eso y sé de lo que hablo —discutió Erika.

            — Déjalo, di que sí y no perdamos más tiempo —recomendó Jackson.

            — Sí que conoces a alguien —respondió a la primera Antonio—. Yo.

            Se lo quedaron mirando incrédulos.

            — Hay que ir a un hospital y que me extraigan los anticuerpos. Yo no sé hacer eso pero si queda alguien con vida allí que sepa hacerlo podríamos curar a toda esta gente y conseguir el remedio si es que un día la epidemia llega al resto del mundo.

            — Joder, al final resultarás imprescindible —protestó Erika.

 

 

            Buscaron una casa abierta donde encerrar a Ángela y no les costó demasiado. Apenas tres jardines más allá una verja estaba tumbada y se distinguían por el suelo restos de sangre y vísceras tan frescas que aun no hedían.

            Antonio cargaba con Ángela lo mismo que si fuera un saco de cemento. Aunque forcejeaba tanto que estuvo a punto de caerse de cabeza un par de veces.

            La encerraron en el sótano y pusieron sillas y una mesa contra la puerta. Antes se aseguraron de que no tuviera más salidas.

            — Espero que no rompa las cuerdas, sino será un problema tratar de entrar ahí —dijo Jackson.

            — Y que si alguien escucha los grito no entre a matarla —añadió Antonio.

            — Descuida, ya hay bastantes zombis que matar aquí fuera —completó el tipo negro de dos metros.

            — ¿Alguna idea de donde encontrar un hospital? —Urgió Samantha.

            Se miraron unos a otros y todos se encogieron de hombros.

            — Lo que está claro es que no vamos a poder preguntar a nadie que quiera mordernos —respondió Antonio, sonriente.

            — Eso sí que no se te puede discutir, tío —se carcajeó Jackson—. Lógica aplastante.

            — Yo digo que vayamos a la avioneta —intervino Erika, guiñando un ojo a su novio—. Si hay suerte encontraremos un mapa de las islas Bermudas.

            Antonio borró su mueca de desaprobación y asintió.

            — Eso es un destino —apoyó Jackson, dando una sonora palmada de optimismo.

            — No tenemos nada —cortó Antonio—, porque hay que buscar una lancha para llegar al hangar 3 que está en la isla de Hamilton. A menos que queráis cruzar a nado. Y allí no sé si hay zombis pero he visto un monstruo que podría pelear de tú a tú con Godzilla.

            — ¿Y cuál es la mala noticia?—Bromeó Samantha.

            — Encontraremos una solución, es hora de moverse —apremió Jackson.

            Salieron de la casa todos antes de Antonio. Se quedó mirando la puerta del sótano donde iban a dejar a Ángela mientras sentía que su lugar era ese. No quería abandonarla. 

            ¿Y si alguien entraba? No debía ponerle las cosas tan fáciles, abrió la puerta y reventó la bombilla des sótano. Estaba seguro de que nadie se atrevería a entrar a oscuras

            — Volveré... Te lo prometo. 

 

 

            A unos doscientos metros de la casa de Ángela alcanzaron la orilla de la isla. Cientos de embarcaciones estaban amarradas en el muelle. Probablemente sus dueños eran caníbales aunque no se veían por allí, de modo que buscaron una que pudieran arrancar. Por suerte Jackson sabía hacer puentes y consiguió poner en marcha un precioso yate con dos camarotes. En su eslora blanca podía leerse en letras azul metalizado "Caribean".

 

            Llegaron a la isla de Hamilton en un par de minutos, volando literalmente sobre las olas.

            En todo ese tramo no ocurrió nada, en el agua estaban a salvo y hasta el muelle no vieron un alma. Fue tiempo suficiente para que Erika les contara a los demás cómo conoció a Jackson en un crucero llamado Sapphire Princess.

            Antonio memorizó con todo detalle la romántica historia y les pidió permiso de escribirla con el fin de que, si sobrevivía, la publicara en su página web.

            Cuando encontraron la lancha y se sentaron en el trayecto hasta Hamilton y aprovechó para preguntarle a Samantha qué sabía de la organización. Su respuesta fue descorazonadora: «Eso que tú llamas así no existe.»

            — Imposible, estamos aquí por ella.

¿No vinimos a destruirla?

            Samantha se partió de risa al escuchar esa declaración.

            — Te equivocas, queríamos encontrar a Alastor. 

            — Porque es su líder —conjeturó.

            — No tienes ni idea de lo que hablas. Te aseguro que Alastor no manda más que a su pequeño ejército de autómatas.

            — Pero no puede ser —protestó—. Ángela hablaba de...

            — ¿Vio a alguien que no fuera Alastor?

            — Ni siquiera a él, después de darlo por muerto. Hector y Aquiles eran los que hablaban con los que supuestamente pertenecían a la organización.

            Samantha sonrió jovial, lo mismo que si hubiera contado un chiste.

            — Rodrigo estaba obsesionado con esa gente. Lo único que sabía era que Alastor era su mano ejecutora. Pero nunca conoció a nadie que le hablara de dicha organización y eso que la buscaba con ahínco con afán de pertenecer a ella.

            — ¿Cómo?

            — Imagínate qué clase de poder tendría alguien que trata a Alastor como a un perro.

            — Pero quería destruirlo.

            — Y después él se adjudicaría públicamente el logro y esa organización le contactaría con el fin de que tomara su lugar.

            — ¿Y desde dentro la destruiría?

            — No te pasas mil años buscando algo para destruirlo cuando lo encuentras.

            — Entonces ¿nadie ha visto nunca nada de esa organización salvo Alastor?

            — Yo tengo una teoría —respondió, enigmática.

            — ¿Cuál?

            — Es él. No hay nadie más.

            — ¿Alastor?

           Ajá.

            Antonio se quedó pensativo mientras se acercaban al aeropuerto por el brazo de agua que lo rodeaba. El Sol estaba ya acariciando el lejano poniente y el cielo anunciaba dolor tiñendo de rojo nubes y mar.

            De ser cierta la teoría, simplificaría mucho las cosas. Pero no terminaba de creerla. Ángela le había contado Que Génesis sabía de su existencia y Rodrigo que... —suspiró—. Le contó lo que él creía. Tampoco estaba seguro de nada.

            — ¿Por qué estabas con él? No pareces dolida por perderlo.

            — No ha pasado un sólo día desde que me encontró que no deseara matarlo —fue la seca respuesta.

            — ¿Por qué?

            — Era un manipulador —respondió Erika por ella—. Si algo no le servía lo eliminaba. Si se sentía amenazado... Es difícil describirlo si no puedes vivirlo.

            — Quiero saber a qué se refería cuando le dijo a Génesis que perseguía un fin mayor.

            Ninguno de los tres supo darle una respuesta.

            Y entonces llegaron a un muelle desde el que se veían la pistas del aeropuerto, en el que no se apreciaba la más mínima actividad.

            Al menos no estaba plagado de zombis y no se veían monstruos.

            — Va a ser un buen paseo —afirmó Antonio al distinguir las casetas de vuelos privados a bastante distancia, al otro lado de las pistas principales.

 

            Apenas cinco minutos después, mientras caminaban a buen ritmo sobre el asfalto, con el Sol ya oculto tras el horizonte, iluminados por una luz crepuscular rojiza y hermosa, Antonio siguió interrogando a sus acompañantes.

            — ¿Qué se siente al ser vampiro?

            Samantha le miró de reojo aburrida de tanta pregunta.

            — La palabra sentir no sirve para describirlo—se animó a responder Sam—. Supongo que los actores de cine lo llamarían actuar según las exigencias del guión. Recuerdo que la muerte llegó como un frío glaciar que te recorre las entrañas. Tu corazón se detiene y al recobrar el conocimiento es igual que cuando sueñas. No sientes dolor, amor, hambre, sueño... Tu mente sólo piensa en alimentarte y ves a todos los humanos como filetes esperando ser comidos. Al principio te comes los primeros con ansia, después eliges el que mejor pinta tiene y finalmente juegas con la comida.

            — Entonces la primera vez que nos vimos sólo era un filete con patatas —dedujo.

            — Acaba de comer uno suculento, lo único que vi en ti fue un joven virgen. Sabía las infinitas posibilidades que se me abrirían si bebía tu sangre. Cuando conoces a alguien que te dice tener una lista de los mejores restaurantes de mundo y que con esa persona puedes comer gratis en ellos, hay un interés especial. Tú eras esa lista. Cuando te casaste y te hiciste mayor dejaste de interesarme.

            — Que suerte tuve —suspiró.

            — Fui a tu casa más de una vez para acabar contigo. No me sentó muy bien que perdieras la virginidad. Tuviste suerte de que por entonces Rodrigo ya me estaba prohibiendo matar a nadie.

            — Ya veo que no fue un problema para ti obedecer su orden de matarme.

            — La única razón por la que me habría negado era que no quiero aparentar cuarenta años como tú. Te repito que no sentía nada.

            Llegaron a los hangares privados y no hablaron más hasta alcanzar el número tres.

            No se veía un alma. Lo único que quedaba del piloto era una mancha de sangre en el suelo.

            — Trataré de arrancarla —se ofreció—. Que alguien vaya buscando el mapa.

            Erika le siguió y Antonio ocupó el asiento del piloto. Esa avioneta era más grande que la que aprendió a manejar y no reconocía muchos de los mandos. Pero los básicos estaban ahí.

            Activó los motores y éstos arrancaron con potencia. Aunque se notaban los años, el aparato estaba muy bien mantenido.

            — Está bien, funciona de maravilla.

            Apagó los motores y se iba a levantar cuando Jackson le hizo sentar de nuevo con cara de muy pocos amigos. Tenía un cuchillo en la mano y lo acercó a su cuello.

            — Vuelve a arrancarla, nos largamos.

Comentarios: 8
  • #8

    CECILIA (jueves, 16 octubre 2014 22:25)

    todas las historias tienen su momento dode es solo platica y poca acción lo cual no le resta importancia a la historia.
    algunos personajes han participado poco en esta historia es cierto pero, en otras historias su participación fue mayor, por lo tanto Antonio nos puede sorprender en cualquier momento para darles mayor importancia aqui hasta el punto de desear que no muera ninguno...

  • #7

    Tony (miércoles, 15 octubre 2014 21:11)

    Mañana publico con caracter de urgencia jajaja.
    Menos mal que aun puedo daros alguna sorpresa. Yo también extraño a pesos pesados del inicio de la página, X-zero, Angelo y otros tantos. Desde aquí os invito a que volváis a manifestaros.

  • #6

    Jaime (miércoles, 15 octubre 2014 21:00)

    Tony, no fue mi intención prejuzgar a los personajes de la historia. Simplemente que en una guerra como la que están viviendo los personajes es de esperarse que varios de ellos mueran y hay varios personajes secundarios o impopulares cuyas muertes probablemente no afectarían mucho al desenlace de la historia. Todos quisiéramos que nadie muriese, pero eso podría quitar el realismo al relato.

    Por cierto, me sorprende que Antonio se haya planteado las mismas interrogantes que habíamos comentado anteriormente. Seguramente él leyó nuestros comentarios de antemano y decidió compartirlos con Sam y los demás. Jeje Aunque mis predicciones casi nunca se vuelven realidad...

    Con respecto a Lara, me supongo que se quedó en el museo acuartelada junto con los demás sobrevivientes.

  • #5

    Yenny (miércoles, 15 octubre 2014 20:47)

    Yupiii espero que subas esta semana la parte 28 :) así me alegras la semana Tony.
    Han sido tantas historias que es muy difícil recordar tantos detalles, me da un poco de nostalgia recordar el inicio de la página y extraño a algunos lectores que ya no comentan, espero que esten bien y regresen pronto, también has mejorado mucho Tony en estos años.

  • #4

    Tony (miércoles, 15 octubre 2014 19:52)

    La verdad es que cuando publico una parte la siguiente está terminada a falta de revisión. Y no sólo la parte de que Antonio tiene anticuerpos sino también otra que no voy a revelar y que te hará pensar exactamente lo mismo.
    Creo que el círculo se está estrechando tanto que casi es obvio lo que está por pasar. Así que a partir de ahora comentar lo que habéis leído y lo que penséis que va a pasar, comentarlo cuando haya pasado para no destripar a nadie nada. Algunos podéis llegar a ciertas conclusiones que a lo mejor a otros no se les ocurren.
    De todas formas gracias Yenny, y a todos los que comentáis. Alguna vez sí que me ayudáis a recordar cosas que después utilizo.
    Pero es que parece que vais una parte por delante y luego cuando publico se arruina el efecto sorpresa. Creo que para no estropear esta semana voy a publicar esta noche o mañana la parte 28 y así nos ponemos todos al día jeje.

  • #3

    Yenny (miércoles, 15 octubre 2014 18:41)

    Me queda una duda la parte de hacer una cura con los anticuerpos de Antonio se te había ocurrido cuando comenzaste la historia o se te ocurrió con los comentarios Tony?
    Estoy de acuerdo con Jaime en que esta ha sido una parte simple y corta pero creo que necesaria todos los detalles cuentan en una historia hasta las más pequeños.
    La forma de actuar de Jackson no es de mi agrado pero creo quiere proteger a Erika ahora que por fin pueden estar juntos como mortales no creo que quiera jugar al héroe.
    ¿Y dónde está Lara? espero que no se encuentre a Ángela y aproveche su estado paa matarla.

  • #2

    Tony (miércoles, 15 octubre 2014 10:30)

    Esa es.
    Antes de juzgar a las personas Jaime, habría que pensar qué harías en su lugar. Erika y Jackson se sienten vulnerables tras perder su fuerza e inmortalidad. Los exvampiros han anhelado tando volver a ser humanos que su temor a la muerte es mayor si cabe que si fueran personas corrientes.
    Muy rápido los estás senteciando, me dio cuenta de que sois muy crueles. Unos quieren que mate a Ángela, a Sam, a Jackson, Erika y hasta a Antonio que se supone que cuenta la historia. La próxima me pediréis que mate a Lara... Uy, se me ha escapado. Pues sí, sigue viva.
    Muy mal, muy mal.

  • #1

    Jaime (miércoles, 15 octubre 2014 04:28)

    Se me hizo una parte muy simple y corta. En la primera mitad del relato se plantearon las mismas preguntas que ya nos habíamos preguntado anteriormente, sin obtener respuesta alguna. En la segunda parte, era de esperarse que Jackson y los demás dejarían a Ángela y obligarían a Antonio a salir de la isla. Los personajes de Jackson y Érica no son de mi agrado, así que no me molestaría si fuesen mordidos por algún zombi. Ojalá que la siguiente parte sea más interesante.
    Por cierto, ¿es Ángela quien aparece en la imagen al inicio de esta parte?

Animal es el que abandona a su mascota.

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