El investigador que interrogaba a las paredes

29ª parte


            El camino al hospital se hallaba desierto, como media ciudad, porque los infectados tendían a agruparse en torno a los supervivientes, que cuanto mayor era su número más les atraían. Curiosamente en las cercanías del hospital encontraron el cadáver de un monstruo envuelto por zombis que desgarraban su carne como si fueran pirañas.

            Además otros muchos se aglutinaban en la puerta del hospital y se veía gente parapetada en las ventanas disparándoles y tirándoles cócteles molotov que hacían chillar a unos pocos y atraían a muchos más de todos los recovecos de la ciudad.

            — ¿Cómo vamos a entrar? —Se quejó Sam.

            — Eso es fácil —indicó con la cabeza hacia un coche con las llaves puestas—. Lo difícil será salir.

            — Son miles de zombis —se quejó la pelirroja—. Es peligroso pasar por ahí, han derribado a un monstruo, aunque fueran una docena no podríamos pasar. Volvamos antes de que nos huelan, estamos demasiado cerca.

            — Vete, no te puedo pedir que me acompañes.

            Sam se instó a calmarse, de buena gana le habría propinado un bofetón.

            — Seguramente hay un manual de pilotaje, así aprendí a volar —añadió Antonio.

            —Veo que hasta que no consigamos ese maldito suero no vas a volver.

            Sam corrió al coche y lo arrancó. Antonio se subió de copiloto y se puso el cinturón.

            — Puede que nunca salgamos con vida —aventuró él.

            — No me hables, porque tú tendrás la culpa.

            Aceleró haciendo chirriar las ruedas sobre el asfalto. Dirigió el coche donde aparentemente estaba menos concentrada la masa zombi y chocaron a varios de ellos que pasaron por encima de sus cabezas. Por suerte era un todo terreno y no perdió inercia hasta que se empotraron contra la pared del hospital. Cuando eso ocurrió saltaron millones de cristales al interior del vehículo y los airbag explotaron. Varias esquirlas de vidrio quedaron atrapadas entre sus rostros y el explosivo globo de tela provocándoles numerosos cortes.

            — Vamos, hay que aprovechar la confusión —Antonio arrancó la bolsa que le impedía moverse.

            Pero Sam no se movió. Se debió golpear con el volante, veía una brecha en su frente.

            — ¡Vamos! —Urgió, soltando su cinturón.

            — ¿Vamos a dónde? —Preguntó ella, aturdida.

            No estaba desmayada, miraba a su ventana con la mirada perdida, viendo a decenas de zombis zarandeando el coche.

            — Debimos pulir un poco el plan, tendrías que haber ido a la puerta del hospital —protestó Antonio.

            — Sí, claro, es lo único que detiene a esta horda de entrar ahí y tú quieres abrirles un paso tan grande como el arco del triunfo.

            Los zombis golpeaban con tanta fuerza que dejaban marcas sangrientas en las ventanillas.

            — No tiene muy buena pinta —valoró Antonio.

            El único lugar donde no estaban cercados era por la parte delantera.

            —Voy intentar salir por aquí. Si no puedo alcanzar alguna ventana...

            — No puedes, no hay espacio —dijo ella, pesimista.

            El golpe había arrugado el capó y ciertamente no sería fácil salir entre los cristales rotos. Pero no podían quedarse. Las ventanillas y la luna trasera no aguantarían los golpes eternamente.

            — Deséame suerte.

            Se puso en pie sobre el asiento y apartó los cristales que quedaban delante con su sable militar. Nada más sacar los brazos una mano le agarró con fuerza y tiró de él. Tuvo que darle un fuerte manotazo para que le soltara. Las extremidades le rodearon como tentáculos de una anémona gigante pero la presión de unos infectados con otros les impedía subir al capó. En el centro estaba fuera de su alcance, algunos llegaban a sus piernas con las puntas de los dedos pero podía esquivarlos. Una vez totalmente en el exterior, el capó abollado se hundió bajo su peso y le hizo trastabillar. Estuvo a punto de caer sobre la enfurecida masa de cabezas dentellantes, pero mantuvo el equilibrio sujetándose al techo y subiéndose a el, donde estaba más seguro.

            — ¿Qué tal las vistas? —Escuchó preguntar a Sam con ironía.

            — Hijos de puta... —Susurró al ver tal cantidad de cabezas y manos que parecía que podría caminar sobre ellas. 

            Su memoria le transportó al pasado, a uno de los días más terribles de su vida, cuando tuvo que atravesar todos los planos del infierno. Ese escenario se asemejaba al segundo círculo del averno y al recordar lo terrible que fue salir de allí se quedó paralizado.

            — Reacciona, tarado —instó Sam—. ¿Puedo salir? ¿Hay alguna ventana cerca?

            Volvió a examinar el hospital y encontró una justo encima del lugar donde impactaron con el vehículo. Lo malo era que estaba un poco alta, era muy estrecha y el cristal era doble. No era una ventana propiamente dicha sino un tragaluz. Con su ayuda Sam podría subir, si es que conseguían romper el cristal. Y si entraban se exponían a los posibles disparos de aquellos que defendían la entrada...

            —Eso es, ellos tienen armas.

            — ¿Salgo o no?

            — Espera que te avise. No hay mucho sitio aquí.

            Cogió la mano a uno de los zombis que trataba de alcanzarlo y le sujeto el brazo con fuerza mientras con la espada le cercenaba el brazo. El pobre diablo ni siquiera gritó ni sangró, siguió intentando cogerlo con el otro.

            — Joder —susurró, comprendiendo que Ángela debía estar descomponiéndose de la misma manera. ¿Tenía sentido todo lo que hacía? ¿De verdad se la podía curar? De ser así, acababa de mutilar a un padre de familia.

            Pero ya era tarde para echarse atrás. De la espantosa herida del brazo que arrancó manaba un líquido negruzco, que probablemente era muy contagioso y procuró no tocarlo.

            — Espero que estén vigilando —susurró.

            Arrojó el pesado brazo a la cristalera y rebotó cayendo sobre el enjambre de zombis. Había sido un buen lanzamiento, manchó el cristal de aquella sangre alquitrán pero se mantuvo en su sitio, no se rompió. Tampoco lo habría logrado aunque tirara un martillo.

            — ¡Eh! ¡Los de dentro! ¡Disparen al cristal! ¡Tenemos la vacuna!

            Dudaba que pudieran escucharle, pero no había otra forma de entrar.

            Al no hacerle caso repitió la operación. Agarró el brazo de otro y se lo arrancó de la misma guisa.

            De nuevo lo arrojó al cristal y volvió a dar en el blanco.

 

 

 

            Lara se levantó con determinación. Recogió el sable y examinó su filo. Estaba aserrado por los golpes que debió sufrir durante su larga vida de servicio y los propios que ella había estado asestando con él.

            Se acercó a Ángela y hundió la hoja entre las cuerdas y su abdomen. Lo sacó con fuerza y se rasgaron sus ataduras.

            — No podré matarte si no luchamos de tú a tú. No soy una cobarde como has demostrado ser tú toda tu vida.

            Arrojó el sable a un lado y esperó a que se levantara el zombi de su archi enemiga esperándola con las manos desnudas para enfrentarse a ella en igualdad de condiciones.

            Cuando se vio libre, el zombi de la mujer saltó al ataque buscando su cuello con furia sobrehumana.

 

 

 

 

            La imagen de Ángela se dibujó en la mente de Antonio y en un fugaz instante de claridad supo que algo iba mal. Ya había cortado una docena de miembros zombis y otros tantos que quedaron con el brazo colgando por fallar el golpe y asestar el machetazo en hueso.

            — Esto no funciona —Lamentó.

            — Sigue, que al menos ya no golpean las ventanillas –escuchó decir a Sam.

            — Mi sable está en las últimas —declaró al verlo astillado y doblado en varios puntos.

            — Toma el mío —ofreció Sam sacando la empuñadura por la parte de la luna frontal rota.

            Lo cogió justo en el momento que un disparo reventaba el cristal donde lanzaba los pedazos de zombis.

            —¡Dejen de infectar el edificio!—Se escuchó desde dentro, con tono guasón.

            — ¡Al fin! —Gritó pletórico—. Por favor no disparen, vamos a entrar, tenemos la vacuna

 

 

            Con ayuda de Sam fue sencillo colarse por la ventana rota al interior del complejo hospitalario. Habían montado barricadas tras las puertas con mostradores, sillas papeleras y cualquier objeto que hiciera bulto.

            Al entrar vieron que el hall principal era diáfano, con un amplio pasillo de recepción y con unas escaleras mecánicas al fondo. Los que disparaban a los zombis estaban colocados en las ventanas del primer piso y abajo se encontraban unos cuantos montando guardia sin armas de fuego pero protegidos con escudos policiales y palos procedentes del mobiliario destrozado. No obstante poseían una gran cantidad de cócteles molotov por si la horda lograba echar abajo las puertas y la barricada. Estaban muy bien organizados.

            En cuanto les ayudaron a bajar les obligaron a desnudarse excepto la ropa interior. No querían exponerse a que entraran infectados.

            Después les condujeron a una ducha y con agua prácticamente hirviendo les obligaron a lavar la sangre en la que estaban bañados. Cuando se cercioraron de que quedaron limpios, les interrogaron acerca del antídoto ya que después de registrar sus ropas con trajes especiales y posteriormente quemarlas en el incinerador, no encontraron la codiciada cura en ninguno de sus bolsillos.

            — La tengo dentro de mí —desengañó Antonio—. Soy inmune.

 

 

 

            En el interior del complejo hospitalario se conservaban los vestigios de la autoridad civil que existía antes de la infección. Los que quedaban de la policía se habían aliado con el ejército y cualquiera quisiera alistarse era bienvenido. Por esa razón fueron escoltados por cinco hombres armados, algunos de ellos vestidos de civiles, hasta el laboratorio donde los especialistas se pasaban el día investigando la cura.

            — Dicen que son inmunes —les presentó el de mayor graduación.

 

 

 

            Jackson despertó con un fuerte dolor de cabeza. Erika se alegró tanto que le besó y él tuvo que apartarla para poder respirar.

            — ¿Dónde están?

            — Se han marchado.

            Se levantó con cara de pocos amigos.

            — Si los zombis no se cargan a ese hijo de puta lo haré yo.

            — Tranquilo grandullón, si le matas no podrá pilotar.

            — ¡No me pidas calma, joder!  Ahora mismo voy a enseñarle cómo se las gastan los de New York. A mí no me jode nadie.

            Se soltó de las manos de Erika que insistía inútilmente y salieron del avión.

            — ¿Dónde vas? Como regresen y no estemos...

            — Voy a liquidar a ese zombi, maldita sea. Antonio Jurado se ha metido con el negro equivocado.

 

Comentarios: 13
  • #13

    Jacques (sábado, 25 octubre 2014 23:48)

    Continuación

  • #12

    Tony (viernes, 24 octubre 2014 18:24)

    Puedes creerme Chemo, estoy acortando al máximo la parte de los zombis.
    Pero no puedo decirte que se acabe en la próxima porque aun no han salido.

  • #11

    Yenny (viernes, 24 octubre 2014 16:29)

    Lamentablemente Chemo así es, en muchas historias hay parte que no te gustan, te parecen tediosas o hasta piensas que no son necesarias y que no aportan nada a la historia principal pero después cuando la historia avanza te das cuenta que si eran importantes.

  • #10

    Chemo (viernes, 24 octubre 2014 06:54)

    Estas últimas partes han sido de las más aburridas que he leído. A ver si se acelera el tiempo para que se encuentre la vacuna en la siguiente parte y curen a la población. Espero que Ángela le dé su merecido a Lara por traicionarla.

  • #9

    Jaime (viernes, 24 octubre 2014 06:48)

    También es importante saber qué pasó con Fausta. Probablemente todo lo que les ha pasando a Antonio, Rodrigo y Ángela fue planeado por Fausta para deshacerse de ellos y quedarse con el poder de la oscuridad elemental. Pienso que incluso ella podría desafiar al mismo Alastor con sus dones de hechicera.

  • #8

    Tony (viernes, 24 octubre 2014 06:12)

    Tendré en cuenta tu pregunta para sucesivas partes, explicaré qué fue de ella.

  • #7

    Yenny (viernes, 24 octubre 2014 02:34)

    Lo siento Tony no sólo te puedes llevas los elogios también hay que responsabilizarse de las decisiones :)
    Ahora que recuerdo quería preguntar que fue de Briggite? ya nació el hijo de Antonio? es que es muy difícil de saber como pasa el tiempo en la historia.

  • #6

    Tony (jueves, 23 octubre 2014 19:53)

    Gracias por echarme encima la culpa sel que muera...
    Lamentablemente la suerte de Sam depende de ella misma. Y aquí salvo Antonio Jurado, nadie tiene garantizado sobrevivir.

  • #5

    Yenny (jueves, 23 octubre 2014)

    Creo que el tema de zombies todavía se va a prolongar unas partes más.
    No sé si el comportamiento de Lara es estúpido o suicida o puede ser una combinación de ambos, quién en se sano juicio desata a un zombie para pelear si Ángela estuviera consciente entendería a Lara que quiera una pelea justa pero no creo que en ese estado haya igualdad de condiciones.
    Que linda Sam acompañando a Antonio a pesar de todo espero que no la asesines Tony.
    Ahora a esperar hasta la otra semana :/

  • #4

    Alfonso (jueves, 23 octubre 2014 04:44)

    ¡Vaya, Tony! Estas últimas semanas has estado subiendo varias partes seguidas. ¿Significa que serás puntual para las partes que siguen?
    No hay mucho que comentar hoy, la trama apenas se empieza a desarrollar. Solamente espero que Jackson y Érika no encuentren a Antonio antes de que se desarrolle la vacuna (y si lo encuentran, que no estorben). Sospecho que tendrán varias peripecias antes de llegar a con él.
    Concuerdo con Jaime, esta historia estaba mucho más interesante cuando los personajes buscaban a Alastor y su Organización; espero que se terminen pronto las partes en las cuales Antonio y compañía evaden zombis y extraen la cura milagrosa de Antonio.

  • #3

    Jaime (miércoles, 22 octubre 2014 21:04)

    Esta vez no trataré de pronosticar nada. Aunque muy valiente, me parece que el comportamiento de Lara es irracional al querer luchar contra Ángela zombi. Espero que preparen pronto la vacuna contra los zombis y que llegue el confrontamiento final contra Alastor y sus secuaces.

  • #2

    CECILIA (miércoles, 22 octubre 2014 20:54)

    Hola Antonio, que mal que Ericka no confie ni un poco en Antonio, y casi puedo asegurar que Antonio se va a ganar el respeto de Jackson si es que no lo ataca un zombie antes,
    y respecto a Ericka y¨Ángela no se lastimará ninguna de las dos... esta muy interesante la historia, felicidades Antonio.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 21 octubre 2014 23:34)

    Seguro que no pensabais que al haber dos partes tan seguidas no podría sacar la continuación puntual como un reloj.
    Espero ansioso vuestros comentarios.

Animal es el que abandona a su mascota.

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