El investigador que interrogaba a las paredes

30ª parte

 

 

         — ¿Cuánto tardará en conseguir un suero eficaz? -Preguntó Antonio, impaciente.

         — Quizás una semana, un mes... La bioquímica requiere paciencia y las vacunas no se pueden aplicar sin las debidas pruebas en diversos tipos de sangre.

         — La necesito hoy. Mañana podría ser muy tarde.

         — No tenga prisa, aquí estamos seguros.

         — Ya, pero mi amiga no.

         El doctor le miró con cara de desagrado aunque compasivo.

         — Le puedo asegurar que los zombis están fuera de plazo. Si conoce a alguno de ellos...

         — Usted sintetice el suero y no opine -respondió con sequedad.

         Apretó el puño con rabia y la sangre salió de su brazo hacia la bolsa con más fuerza.

         — Escuche, amigo, de medio litro de sangre podemos sacar una dosis minúscula de plaquetas...

         — Sólo escucho bla, bla ¡y no lo que quiero oír! -bramó Antonio-. Consiga una dosis de suero lo antes posible, ¡me ha oído!. Después haga lo que quiera con el resto de la sangre.

         — Déjeme hablar, hombre -el médico se armó de paciencia-. Necesitamos mezclar su sangre con una muestra infectada...

         — Le repito que no hay tiempo para  experimentos. Yo sé que soy inmune porque ya me curé una vez, pero dudo que se pueda curar a alguien después de una semana infectada.

         — Si me dejara acabar... -resopló el médico-, necesitamos poner una muestra infectada a fin de que su sistema inmunitario produzca los anticuerpos. Llevará horas... Y con medio litro de sangre extraeremos apenas una dosis que no bastaría para curar ni a un niño. En adultos necesitamos al menos siete dosis.

         — No me joda.

         — No puedo hacer magia.

         — Tiene que haber otra forma.

         — Además, esa mujer tiene que ser del mismo grupo sanguíneo que usted.

         — Eso no lo sé.

         — ¿Es usted donante universal?

         — No, soy A negativo.

         — Mala suerte, es uno de los grupos menos comunes. Si esa mujer fuera receptora universal... Pero no lo sabe. ¿O sí? Bueno, suponiendo que fueran compatibles, una transfusión podría funcionar.

         Antonio se quedó pensando un instante. Esos malditos vigilantes de la entrada le quitaron toda la ropa de encima y en ella debía tener restos de sangre de Ángela. A esas horas la ropa estaría quemada. Vio a los tipos de la puerta meterla en sacos de plástico negros y llevárselos a los hornos del hospital.

         — ¿Qué posibilidades hay de que su sangre sea la misma que la mía?

         - Yo diría más bien ¿cuantas posibilidades hay de matarla si le inyecta la suya? Muchas.

         — Si no lo hago ya está muerta.

         — Amigo mío, yo no lo aconsejo.

         — ¿En serio cree que en una semana quedará un órgano en su cuerpo que no esté podrido? Eso sí es matarla. No puedo esperar tanto, sáqueme otra bolsa.

         — No habla en serio, es muy peligroso sacarle un litro en una sola donación. Podría desmayarse.

         — No diga tonterías, ¿no ha visto lo grande que soy?

         — Como quiera, pero recuerde que se lo advertí.

 

 

 

         Después de la nueva extracción le entregó una de las dos bolsas de sangre y le dio un equipo de transfusiones. El doctor le explicó cómo hacerlo y le deseó suerte. Cogió una pequeña mochila para llevarlo todo y la colgó al hombro.

         Cuando salió del laboratorio Samantha sonrió satisfecha, había tardado más de una hora.

         - ¿Alguna idea para regresar? -Preguntó, jovial pero pálido como la pared.

         - No pueden salir por donde vinieron –dijo el doctor desde su espalda-. Hay una salida en el pabellón norte. Seguramente encontrarán algo de resistencia, hay barricadas y gente vigilando por allí, pero no creo que queden muchos zombis. Estamos bien armados.

         - Gracias, doctor –dijo Antonio, emocionado-. Espero que mi sangre les ayude a encontrar una cura para esto.

         - Yo también. Gracias, aunque me sería de más ayuda si se queda más tiempo.

         — Tengo que irme, lo siento, tío.

         — Lo entiendo, váyanse.

         Cuando se alejaron el médico chasqueó la lengua.

         — Pero dudo que cure a su amiga -sentenció cuando se alejaron y no escuchaban.

 

         Se marcharon por donde les indicó el doctor y tuvieron que recorrer al menos un kilómetro de pasillos interminables que comunicaban distintos edificios. Finalmente llegaron a un ala donde las barricadas no estaban atestadas de zombis. Varios cadáveres se amontonaban en la entrada y el exterior parecía despejado con algún caminante deambulando por las cercanías.

         — Les disparan desde el otro lado para mantener despejada esta salida. No sé quién manda aquí pero le admiro -opinó Samantha.

         — Si lo hubiéramos sabido antes no habríamos tratado de entrar por el otro lado y no hubiéramos perdido tanto tiempo.

         — Eso es cierto -apoyó Samantha, sonriendo.

 

         Cruzaron la ciudad de Hamilton corriendo y sin detenerse ni para coger aire.

         Se cruzaron con varios zombis lisiados e inofensivos antes de llegar al muelle donde el mar estaba tan calmado que parecía un espejo del cielo estrellado.

         — ¿Dónde está el yate? —Preguntó Antonio, al no verlo en la playa donde lo anclaron.

         — Aquí no, es evidente. Pero pudimos dejarlo en cualquier otra cala, todas se ven muy parecidas.

         La Luna llena ayudaba a ver el mar ya que las farolas no alumbraban mucho más allá del agua.

         — No veo más barcos cerca, tendremos que nadar.

         — ¿Qué? -Se quejó Sam-. No, no cuentes conmigo.

         — Vamos, no serán más de cuatrocientos metros.

         — ¿Pero tú te has visto? Pareces más vampiro que yo cuando lo era, hemos tardado más del doble de tiempo en llegar aquí que lo que tardamos en ir al hospital.

         — Pero qué tiene que ver...

         — Estás agotado, ¿Cuándo comiste por última vez? Te has cegado tanto en tu... Empeño de ayudar a esa zorra que no ves que estás llegando al límite.

         — Estoy perfectamente -se enojó-. Y es mejor no comer, los zombis no te huelen si tienes tanta hambre como ellos.

         — ¿Que te cuesta ir hasta aquel cabo?, hay más barcos.

         Señaló a la derecha, donde se veían a un par de kilómetros bastantes luces y yates amarrados.

         — Puede que tengas razón... Pero tardaremos demasiado.

         — Habló el caracol. Tanta prisa que tenías y he tenido que esperarte todo el camino.

         — Disculpa si tengo que mover el doble de peso que tú.

         Al discutir no repararon en que varios zombis se acercaban por la playa a toda velocidad. Sam los vio más rápida que Antonio y les recibió a golpe de sable. Derribó a dos antes de que él reaccionara.

         El grupo era muy numeroso y les obligó a retroceder hacia el agua mientras asestaban sablazos a sus piernas y cuellos.

         Las rodillas de él se le doblaban con el esfuerzo y eso afectó a la seguridad en sí mismo y la eficacia de sus estocadas. Por suerte Sam se hacía cargo de los que no derribaba él, pero en la distancia fueron apareciendo más y supieron que no podrían con todos ni aunque Jackson y Erika estuvieran a su lado.

         — No podremos con tantos -se quejó él con la voz temblorosa-. Sólo nos queda nadar.

         — Ya imaginaba que dirías eso.

         Una mujer joven con media cara arrancada a mordiscos se tiró a morder a Antonio en la pierna. Él la recibió con un rodillazo en la mejilla que la aturdió y quedó a gatas. Con toda su fuerza asestó un sablazo sobre su delgado cuello y la castigada hoja de acero se partió.

         — ¡Mierda!

         La zombi le abrazó las piernas y le hizo caer de espaldas. Notó que le mordía el muslo pero antes de hacerle una herida Sam la atravesó el cráneo con su espada y le dejó libre.

         — No vayas a morirte ahora, te necesitamos -le reprendió mientras le ayudaba a levantarse-. Corre al agua, yo les entretengo.

         Antonio dio largas zancadas y se zambulló en las negras aguas del brazo de mar. Cuando se hallaba a bastante profundidad se volvió hacia atrás para ver si le seguía la pelirroja y sólo vio zombis tratando de alcanzarlo desde la orilla. Eran un centenar... y no veía  Sam luchando entre ellos.

         — ¡Samantha! -Exclamó.

         No hubo respuesta.

         Al comprender que debió ser derribada y que sucumbió por salvarlo, soltó un puñetazo de rabia sobre las aguas.

         — ¡Joder! Samantha, ¡no me hagas esto!

         — ¿Hacerte qué?

         Escuchó desde atrás, mar adentro.

         Al volverse la vio sana y salva con la cabeza empapada y el cabello desparramado sobre sus mejillas.

         — Qué gusto volver a bucear. Hacía tanto tiempo que no podía hacerlo... ¡Pero me encanta!

         Se sumergió de nuevo y salió en un par de segundos escupiendo un chorro de agua por la boca. Cuando lo hizo Antonio ya la estaba alcanzado.

         — Gracias a Dios -suspiró.

         — ¿Preocupado? Vaya pues escapé por muy poco. Si tuviera que confiar en tu apoyo no lo hubiera contado.

         — Creí que vendrías detrás de mí.

         — Sí, eres muy cortés -replicó, con ironía.

         Sin decir más nadaron a braza, en dirección a la isla de Saint George. El agua se sentía fría pero sirvió de bálsamo para sus agotados músculos que, a esas horas, ya empezaban a implorar alimento y descanso.

         Samantha no tardó en distanciarse de él que prefirió nadar despacio para soportar todo el trayecto. Era un buen trecho y para llegar al otro lado debía dosificar sus ya de por sí mermadas fuerzas.

 

Comentarios: 15
  • #15

    Jacques Lemont (lunes, 03 noviembre 2014)

    Poner continuación - Gracias

  • #14

    Yenny (viernes, 31 octubre 2014 22:25)

    Que cruel Tony tengo que esperar hasta medianoche para leer el cuento, eso es abuso :(
    Espero no quedarme dormida

  • #13

    Yenny (jueves, 30 octubre 2014 23:50)

    En cuanto a la historia concuerdo con Alfonso, sabemos que Antonio va a sobrevivir pero tan poco exageres Tony nadie agunta donar un litro se sangre y estar sin comer ni beber, a la primera carrera se hubiera desmayado tal vez el deseo de ayudar a Ángela lo motive pero no creo que le de super resistencia.

  • #12

    Tony (jueves, 30 octubre 2014 23:43)

    Haré lo que pueda para no defraudaros.

  • #11

    Yenny (jueves, 30 octubre 2014 23:36)

    Moción aceptada. Lo siento Tony ganamos por mayoría, los lectores queremos cuento de terror :)
    y no puedes desilusionarnos somos muy sensibles :( ......

  • #10

    Chemo (jueves, 30 octubre 2014 22:15)

    Feliz cumpleaños, Tony. Apoyo la moción del cuento de terror para el fin de semana.
    Si no hay cuento, estoy seguro que muchos de tus seguidores quedarán desilusionados.
    Y si no se puede el fin de semana, se cobrarán réditos por cuentos atrasados. Jeje

  • #9

    Alfonso (jueves, 30 octubre 2014 22:04)

    Yo también apoyo la propuesta de Jaime y Yenny. Alguna historia corta de terror (más que de ficción) para el fin de semana...
    O Antonio es un superhombre (o semidios) o la historia está muy sesgada a que sobrevivan Antonio y los demás a pesar de que las probabilidades dicen lo contrario. Siento que falta un poco más de realismo y sentido común a las acciones de los personajes. ¿Qué pensáis vosotros?
    En fin, a esperar otra larga semana...

  • #8

    CEILIA (jueves, 30 octubre 2014 21:57)

    FELIZ CUMPLEAÑOS TONY, NO LO SABÍA, PERO MAS VALE TARDE QUE NUNCA...
    QUE DIOS SIGA DERRAMANDO MUCHAS BENDICIONES A TU VIDA, UN FUERTE ABRAZO.

  • #7

    Yenny (jueves, 30 octubre 2014 20:30)

    Estoy de acuerdo con Jaime así que Tony trick or treat, aunque en este caso creo que queda mejor trick or story jeje, creo que quedaría bien una historia de terror corta ahora las historias son mas ficción que terror quiero algo que no me deje dormir del miedo. Por fa Tony una historia de terror por Hallowen.

  • #6

    Ariel (jueves, 30 octubre 2014 18:00)

    Este Antonio, como puedo sobrevivir con 1 litro de sangre menos ? A este punto ya es inmortal, espero que pueda salvar a Angela, pero para eso tendría que matar a Lara y/o A Jackson

  • #5

    Jaime (miércoles, 29 octubre 2014 20:33)

    Primero que nada, Tony, felicidades por tu cumpleaños. Además, se avecina el Día de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos, así que nos debes bastantes sustos y nuevas partes.
    Solamente espero que la testarudez de Antonio sirva para algo; yo en su lugar pienso que podría haber salvado más vidas si me quedaba en el hospital ayudando con la investigación de una cura a arriesgarlo todo por una causa casi perdida. Aunque supongo que al final, contra todo pronóstico, Antonio salvará a Ángela.
    Por cierto, ¿cuánto falta para el encuentro final contra Alastor y/o sus seguidores? Espero que la historia no termine en que todos escapan de la isla sin ninguna pista sobre el paradero de Alastor.

  • #4

    Yenny (miércoles, 29 octubre 2014 17:06)

    Que lindo es tu cumpleaños y nosotros recibimos los regalos, un super abrazo a la distancia y disfruta del mejor regalo que es tu familia :) y también de nosotros tus fieles lectores que ya comentaran en un rato.

  • #3

    Tony (miércoles, 29 octubre 2014 17:02)

    Vaya memoria Yenny. Muchas gracias por la felicitación, hoy es mi cumple.
    No creas que no pensé en el susto que te darías con esa parte. Por eso no la alargué mucho.
    Puede que esta semana tambien suba dos partes como regalo por mi cumple a todos los que seguís mis relatos.

  • #2

    Yenny (miércoles, 29 octubre 2014 16:48)

    Tony no me asustes así, pensé que habían asesinado a Sam :(
    Si la memoria no me falla (comprende la edad) hoy es tu cumpleaño así que felicidades pasala muy bien con tu familia, si me equivoco igual nunca esta de mas una felicitación jeje.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 29 octubre 2014 15:19)

    Ya es oficialmente la historia más larga de la página. Ya no queda demasiado para terminar aunque aun no sé cuántas partes tendrá.
    Por favor seguir comentando.

Animal es el que abandona a su mascota.

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