El investigador que interrogaba a las paredes

31ª parte

                Cuando sus pies tocaron la arena de la playa, Samantha ya estaba casi seca y le esperaba sentada. Salió del agua resoplando y se llevó las manos a la espalda para cerciorarse de que aún llevaba la mochila con el instrumental de transfusiones con la bolsa de sangre.

            — Creo que debí pensarlo mejor cuando me saqué el otro medio litro —balbuceó entre resoplidos.

            — ¿Por qué? —Preguntó Sam.

            — Me siento débil y, al fin y al cabo es mi sangre. Me vendría bien tenerla dentro ahora y podría sacarla con el instrumental.

            — Sí, es cierto. Pero ¿quién te pincharía para sacártela? ¿Serías capaz? Con suerte Ángela se dejará pinchar y con mucha más acertarás en su vena. No comprendo cómo puedes pensar que esto saldrá bien.

            — Me cuesta aceptar su muerte. Si hay una posibilidad de curarla...

            — Escúchate —reprendió Sam—. Cualquiera que te oiga pensaría que es tu esposa. Te recuerdo que estás arriesgando mi vida y la tuya también por esa perra que ...

            Al hablar sin medir el tono otra horda de zombis se acercó a toda carrera desde las calles de la isla.

            — Maldita sea, vuelve al agua —exclamó la chica.

            Antonio resopló antes de volver a zambullirse en el oscuro mar. Nadaron unos veinte metros y se volvieron a ver los zombis que estaban esperándoles en la orilla rugiendo como animales salvajes.

            — Deberíamos hablar más bajo —propuso Antonio.

            — Estoy de acuerdo.

            Echaron un vistazo a la costa y a unos cuarenta metros, al norte divisaron un yate blanco con azul.

            —Mira ese barco, podemos rodear la isla y llegaríamos antes y más seguros al norte de la isla.

            — No puede ser.

            La chica miraba la embarcación con cara de sorpresa.

            Al hacerlo también él se dio cuenta del parecido. Nadaron hacia allí y al estar más cerca leyeron las letras de su eslora: "Caribean".

            — ¿Cómo ha llegado esto aquí?

            Aumentó el ritmo mientras le venían a la cabeza varias explicaciones. La primera que se había soltado el ancla, aunque era muy improbable. Otra opción era que algún otro superviviente la usó para cruza a una isla más segura —que resultó no serlo—, pero la teoría más temida y más probable era que Jackson y Erika habían regresado. Y no con buenas intenciones, el americano estaría muy cabreado y al no saber dónde encontrarle buscaría el modo de vengarse: Iría a matar a Ángela.

            Mientras pensaba todo eso, subió al yate y una vez arriba su cabeza le jugó una mala pasada, el mundo entero comenzó a moverse y perdió la visión y el equilibrio. Cayó sobre la cubierta y le temblaron las manos y los pies. ¿Se habría contagiado al morderle aquella zombi? Sam se arrodilló a su lado y le preguntó cosas que no entendió.

            Su mente perdió el rumbo y le llevó a otro lugar, olvidó dónde estaba.

            — Vete a casa de alguien que no tengas en la agenda, una compañera de trabajo, por ejemplo, dile que no quieres volver a verme o lo que quieras inventarte, pero no trabajes, pide vacaciones estos días y quédate en su casa.

            — Cristina me ayudará, vive sola y nos llevamos muy bien.

            Antonio asintió y besó a Brigitte.

            — Te amo —se dijeron mutuamente.

            Le dio un beso sonoro de despedida.

            No veía nada, perdió la noción del tiempo y empezó a volver a sentir los dedos de los pies. Notó un doloroso hormigueo que subió por sus piernas, su tronco y sus brazos. Luego recuperó la vista y se encontró con una mujer pelirroja de nariz respingona, ojos soñadores y expresión preocupada dibujada en su hermoso rostro ovalado. Sus iris eran verdes y le transportaron a un recuerdo remoto cuando su color era rojo sangre y tenía debilidad por los jóvenes vírgenes.

            — ¿Estás bien?

            — ¿Quién eres?

            — No fastidies, ¡espabila!

            La realidad se abrió paso de golpe en su mente y lo recordó todo con la bofetada que le dio Samantha.

            — Jackson y Erika llegaran antes... —pensó en voz alta—. Pero Ángela está al norte de la isla, si rodeamos por el agua les ganaremos y aun podemos salvarla.

            Sam trató de entender lo que estaba diciendo y cuando lo consiguió, protestó.

            — Has estado inconsciente más de diez minutos y no sabes cuánto tiempo nos sacan de ventaja, ¿estás flipando?

            Antonio se levantó del suelo y fue al timón.

            —Sube el ancla por favor. Llegaremos más pronto y más seguros por agua. Si han llegado antes... —No completó la frase.

            Sam obedeció y giró la rueda del ancla hasta que la sacó del agua.

            Arrancaron el motor y Antonio maniobró con el timón en dirección sur, pasando junto al muro de zombis que les acechaba en la playa y rodeando la isla con el destino del Fort Saint Catherine en mente.

            — Se me cierran los ojos —se quejó—. ¿Puedes ocuparte tú del rumbo? Me gustaría dormir unos minutos.

            — Claro, estás hecho polvo. Déjame a mí —replicó la pelirroja.

            Sam tomó su lugar y Antonio se dirigió a uno de los camarotes. Antes de entrar la miró y ésta le sonrió asintiendo.

            — Gracias Sam. Nunca olvidaré que me has salvado la vida.

            — Espero que pronto me devuelvas el favor y me saques de este infierno.

            — ¿Qué grupo sanguíneo tienes tú?

            — ¿Cómo voy a saberlo? Has olvidado que tengo más de quinientos años? En mis tiempos de humana no había grupos sanguíneos. Pero gracias por recordarme que ahora sí es importante. Anda, descansa.

            — Bueno, es igual, espero que no sea necesario —murmuró mientras se metía en el interior del yate.

            Caminó hasta una cama, sujetándose con las manos en las estrechas paredes y cayó en el catre quedándose dormido incluso antes de tocar la almohada con la cara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            ¡Los intercomunicadores!

            Antonio despertó recordando de repente que Sam, Erika y Jackson se podían comunicar entre sí con unos aparatos que tenían en el interior del oído. Nunca vio a Sam utilizarlos después de bajar del avión, ni a los otros tampoco, pero habían tramado entre los tres tenderle la trampa. ¿Cómo pudo confiar a Sam el timón del barco? Seguro que sabía dónde estaban Jackson y Erika y le llevaba de vuelta al aeropuerto.

            Se levantó con sudores fríos, vio la mochila junto a su cama pero no recordaba habérsela quitado.

            La abrió con ansiedad y miedo. Se tranquilizó al ver la bolsa de sangre, las agujas, el tubo de transfusiones y el cilindro de goteo. También encontró una jeringuilla envuelta en su cubierta higiénica de papel y plástico. Estaba todo.

            Se asomó por el ojo de buey que tenía junto a la cama y vio luces de la costa. No había modo de saber si estaban en la dirección correcta.

            ¿Qué podía hacer? O confiaba en la pelirroja o se enfrentaba a ella.

            «No puedo salvarla yo sólo —oró—. Ni confiar en nadie y me es imposible estar en todas partes. Génesis, si me escuchas, por favor, échame una mano. Sólo puedo confiar en ti, aunque no demasiado en tu voz... Que ya no sé si es tuya. Ayúdame a salvar a Ángela. Protégela hasta que pueda inyectarle mi sangre y si no merece vivir... Será una decisión divina.»

            Con esos pensamientos volvió a reclinarse y se quedó profundamente dormido.

 

 

            —Eh, dormilón, hemos llegado —le despertó Sam lo que le pareció un instante después de cerrar los ojos.

            — ¿Ya? —No se sentía descansado en absoluto.

            Se asomó por el cristal redondo de su izquierda y vio tierra a unos veinte metros. A lo lejos se veía el faro del Fort Saint Catherine.

            — En marcha —urgió Sam mientras le lanzaba una voluminosa linterna impermeable que debió encontrar en el barco.

 

 

            Saltaron por la borda y nadaron hasta la playa de aguas tranquilas. Hacía bastante calor por lo que agradeció el chapuzón. Además el mar terminó de espabilarle, el Atlántico era muy frío.

            Pronto entraron en la ciudad, justo en la avenida que recorrieron al salir del museo. No tardaron ni diez minutos en llegar al número 27, lugar donde escondieron a Ángela.

            No abrieron la boca en todo el trayecto por miedo a ser sorprendidos de nuevo por una horda de caníbales infectados.

            Al entrar en la casa cerraron la puerta, encendieron la linterna y tras revisar la planta baja descansaron un par de minutos.

            Antonio se aseguró de que los muebles que pusieron frente a la puerta del sótano seguían en su sitio y al no verlos suspiró preocupado.

            — Necesito descansar —dijo.

            — Y yo —resopló Sam—. No recordaba lo que era el agotamiento.

            — ¿Echas de menos ser vampiresa?

            — ¿Estás loco?  Me encanta sentir cómo late mi corazón, el ardor de mis pulmones.

            — Ya.

            Se quedaron sentados en frente de la puerta del sótano, sobre el suelo.

            Antonio deseaba levantarse y abrirla cuanto antes para poner fin a ese día desquiciado. Con la respiración aún agitada y con las rodillas débiles como muelles, se levantó y puso la mano en el pomo.

            — Vamos allá —bufó la pelirroja.

            — Una pregunta, Sam.

            — ¿Qué te pasa ahora?

            — Cuando veníamos en el avión llevabais unos comunicadores en los oídos. ¿Lo sigues llevando?

            —Sí —respondió.

            — ¿Sabes dónde está Jackson?

            — Perdí contacto al separarme de ellos. Utiliza una frecuencia de radio de corto alcance. Apenas lo que una red wifi convencional.

            Antonio sabía lo que era eso, en su casa sufría el problema del alcance de la señal de internet a escasos diez metros del router. Se alegró de haber acertado al confiar en ella.

            Se apoyó en el pomo de la puerta y lo giró. Entraron en silencio, alumbrando el interior antes de internarse.

            Las escaleras estaban despejadas. Al primer vistazo vieron el borde negro de los escalones que brillaba con puntos de luz minúsculos, la barandilla de aluminio, la pared blanca con humedades y hongos en Las esquinas superiores.

            Se asomó y alumbró hacia abajo. En el suelo había un cuerpo maniatado con la cuerda de tender ropa que él mismo le puso. Todo seguía como lo dejaron, Ángela tenía la cara cubierta por el pelo alborotado y se movía tratando de soltarse.

            — Vamos, no perdamos tiempo —empujó Sam.

            Antonio bajó los escalones de dos en dos. Dejó la mochila junto a La mujer zombi y la abrió para sacar la bolsa de sangre y el instrumental médico.

            Entonces le vino un palazo a la cara y por instinto puso el brazo para protegerse.

            — ¡Hijos de puta! –barbotó, contrariado.

            Ángela se incorporó con las cuerdas sueltas, se apartó el pelo de la cara y vio que en realidad se trataba de Erika.

            — Hemos estado jugándonos el pellejo en este maldito infierno... ¡¿Para curar a quién?!

            Jackson estaba muy cabreado.

            — Vinimos para acabar con su sufrimiento, sí, queríamos joderte como tú nos has jodido. Pues ya ves, la zorra se ha escapado, ahora es un puto zombi que va por libre reclutando más zombis. ¿Aun crees que merecía la pena traer esa mierda? ¡Voy a arrancarte la cabeza, cabrón!

 

Comentarios: 10
  • #10

    Jacques Lemont (viernes, 07 noviembre 2014 20:14)

    Continuacion ----------------------------

  • #9

    Chemo (jueves, 06 noviembre 2014 18:02)

    Yo también pienso que Ángela zombi hará su aparición en la próxima parte y no creo que la infección haya surtido efecto en ella tan rápido por intervención de Génesis. Tampoco creo que Jackson mate a Antonio. Si lo hace, ¿quién los sacará de la isla? Jackson solamente puede secuestrar a Antonio y amenazarlo.

  • #8

    Yenny (miércoles, 05 noviembre 2014 20:13)

    Tienes razón Tony siempre hay que guardan un as bajo la manga o en este caso alguna sorpresa que ninguno se espera.
    Ojalá puedas subir algo esta semana, ya sé que es mucho pedir porque debes estar muy ocupado pero nada se pierde por intentar jeje.

  • #7

    Alfonso (miércoles, 05 noviembre 2014 17:35)

    Se empieza a poner interesante el relato. Como que las últimas partes eran muy tediosas de leer. Concuerdo con la teoría de Jaime, qunque no creo que sea tan sencillo como él comenta. Hay tantas cosas que no sabemos de Alastor ni la Organización y muchas de las teorías sobre ellos dadas por Génesis, Antonio y Rodrigo se contradicen mutuamente.
    Pienso que Ángela todavía conserva parte de su humanidad gracias a que ella aceptó ser sierva de Génesis, y puede que aparezca en la siguiente parte.

  • #6

    Tony (miércoles, 05 noviembre 2014 15:38)

    Podría ser Yenny, no te digo que no ocurrirá ni que sí lo hará. Jeje, alguna sorpresa debo guardar ya que hay cosas que ocurrirán aun y duréis que era de esperar.
    Esta parte la alargué un poco ya qu inicialmente pensé cortarla cuando veían el cuerpo de Ángela atado. Luego me imaginé que todos escribiríais vuestras suposiciones y adiós sorpresa a los que no lo vieran venir.

  • #5

    Yenny (miércoles, 05 noviembre 2014 15:31)

    Me gusta tu teoría Jaime y espero que en las próximas parte se abarque el tema de la organización y Alastor.
    Tony entiendo que Antonio no pueda confiar de las voces de su cabeza pero eso no es excusa para que Verónica no se haya tratado de comunicar con él, aunque sea por amistad o aprecio (otra cosa es que Antonio le haga caso)

  • #4

    Jaime (miércoles, 05 noviembre 2014 06:49)

    ¿Qué pasó en la pelea entre Lara y Ángela zombi? Puesto que el cuerpo de Ángela no apareció en esa casa, lo más probable es que Ángela acabó con Lara y escapó de esa casa.

    Yenny, no creo que Samanta haya engañado a Antonio. Seguramente Samanta (o Ángela) intervendrá antes de que Jackson liquide a Antonio. Además Alastor supuestamente logró poner a Génesis en estado de coma durante mucho tiempo, en el cual dejó en paz a Antonio y su mujer. Génesis salió del coma desde que Alastor supuestamente murió, lo cual sugiere que él transfirió todo su poder oscuro a Ángela. Si sigue en este mundo, es gracias a la energía elemental que tenía desde que llegó a la Tierra. Si Alastor (o sus súbditos) no ha atacado directamente a Antonio o a su mujer es porque seguramente tiene otros planes más importantes en mente. ¿Qué opináis?

    Aún hay demasiados cabos sueltos por contestar con respecto a Alastor y la Organización. Ojalá y se cierren alunas de estas interrogantes antes de que termine la historia.

  • #3

    Tony (miércoles, 05 noviembre 2014 06:27)

    Antonio ya no puede fiarse de las voces en su cabeza. Teme que Alasfor pueda manipularlo.
    Esta semana sera más corta, trataré se subir la siguiente sobre el viernes.

  • #2

    Yenny (miércoles, 05 noviembre 2014 01:23)

    Sólo deseo que Sam no haya traicionado a Antonio y no estuviera enterada del plan de Jackson y Erika
    Siempre me pregunté porque Alastor no secuestra a Briggitte para obligar a Antonio para que le entregue a Génesis, para ser un villano es muy benevolente.
    ¿Por qué no aparece Verónica? sería interesante que se pueda comunicar de nuevo con Antonio para ayudarle y aconsejarle.
    Ahora a esperar otra semana más :( ..... cada vez se me hacen más largas las semanas.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 04 noviembre 2014 23:37)

    Espero vuestros comentarios.

Animal es el que abandona a su mascota.

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