El investigador que interrogaba a las paredes

35ª parte

 

         —¿Ese no es Alastor? —Preguntó Antonio señalando al viejo que caminaba en dirección a la pista.

         Apuntó hacia él y Lara le golpeó en el casco.

         —Obedece, coño, dispara a la torre.

         —Pero...

         —¡No hay tiempo!

         Antonio apretó los labios conteniendo su acalorada respuesta.

         «Confía en ella» —insistía Verónica.

         Volvió a apuntar a la torre y disparó.

         Justo cuando el misil salió de su vaina el helicóptero dio un bandazo por una ráfaga de aire.

         Alastor trataba de derribarlos pero el Sol era ya muy fuerte lo que debilitaba mucho sus poderes.

         El proyectil voló recto a su objetivo y hubo una explosión que provocó una onda expansiva que empujó el helicóptero con una violenta sacudida e hizo caer de espaldas a Antonio y a Lara.

         Por suerte el aparato estaba posado en la superficie del portaaviones y gracias a eso no volcó al océano.

         —¡Despega! —Chilló Lara.

         El tiempo se ralentizó para Antonio Jurado el instante de la explosión. A punto estuvieron de caer al agua con ellos dentro. La pericia del piloto, o quizás un milagro del cielo, evitó por escasos diez centímetros que la pata alargada derecha no perdiera su apoyo.

         Alastor miraba la torre de control con ansiedad y furia reflejada en su rostro.

         —¡Vuela, maldita sea! —Bramó el piloto aumentando la potencia de los rotores al máximo de su capacidad.

         —¡Disparar! —Ordenó Alastor.

         Pero no había soldados en pie.

         El aparato comenzó a elevarse y pronto ganaron unos diez metros de altura. Pero algo les frenó. Alastor parecía sostener una cuerda invisible y con sus musculosos brazos tiraba hacia abajo.

         —Si tuviera otro misil... —rezongó Antonio, contrariado.

         Un soldado se puso en pie y les apuntó con su metralleta recortada.

         Pero no disparó. Alastor dejó de tirar y la máquina volvió a elevarse con libertad.

         Se asomó a la puerta abierta con intención de cerrarla pero no lo hizo al ver que una frágil mujer descendía levitando entre ellos y sus enemigos.

         —Ha llegado —susurró aliviado.

         — ¡Vamos! —Urgió Lara—. ¡Aléjate!

         El piloto elevó el aparato y lo inclinó  hacia el mar. El brillo del Sol anaranjado cegó momentáneamente a Antonio y no pudo ver lo que sucedía en el portaaviones.

         — No te alejes mucho, podría necesitarnos —sugirió.

         — ¡No! Ve a la costa, las órdenes las doy yo.

         — Pero... —Antonio no terminó su protesta.

         Lara le apuntó con la pistola a la cara. Aunque sabía que no dispararía fue un gesto que calló su boca comprendiendo que con esa mujer no se podía discutir.

 

 

 

         — Los años se te han echado encima, viejo —se burló Ángela, caminando hacia él con los brazos cruzados sobre el pecho e ignorando a la veintena de militares que la apuntaba con sus armas, llegando cada vez más hasta convertirse en una multitud.

         Esperaban un gesto de Alastor, que mantenía la mano derecha en alto.

         — No has hecho más que sorprenderme, Ángela Dark. Aunque no tengo muy claro con quién estoy hablando...

         — ¿Quieres mi DNI? No sabía que necesitara credenciales para entrar aquí.

         — Has matado al único ser que me importa de este cochino mundo —Alastor no rió su gracia—. No sólo has desobedecido una orden mía, pudiendo acabar con mi peor enemiga, sino que has escuchado sus milongas y has pactado en mi contra... Pero no me sorprende demasiado... La culpa es mía por lo que te he hecho.

         — ¿Una disculpa? —Inquirió ella mordaz—. Voy a aceptarla, debe ser la primera vez en tu vida que lo haces.

         Alastor entrecerró los ojos con malicia.

         — Me tomé la libertad de manipular tu cerebro —la ignoró—, siempre he tenido inquietud por los experimentos pero nunca intenté un cambio de cuerpo. Ya tengo uno viejo y quisiera cambiarlo algún día por uno joven y vigoroso.  Por eso te elegí a ti, Ángela, el primer paso consistía en probar el trasplante. Fue más complicado de lo que crees, una operación delicada que debe hacerse en menos de un minuto. Aproveché cuanto el señor Jurado y tú dormíais juntos para intercambiar vuestra psique. Después él se reunió con su esposa e hice lo mismo entre ellos. Al día siguiente volví a cambiaros, de modo que Antonio regresó a su ser y tú... Deberías ser su amada esposa. ¿A que tiene gracia?

         — ¿Que dices que has hecho? —Ángela ya no parecía tan confiada.

         — He notado que albergas sentimientos por él. ¿Me equivoco?

         — Cabrón...

         — ¿A que ya no tienes tantas ganas de matarme? ¿Quién te va a devolver a tu cuerpo si no yo?

         — Eso no puede ser —protestó incrédula—, no recuerdo nada de esa otra mujer.

         — Lamentablemente sólo puedo cambiar la «psique», la memoria es imposible trasplantarla. Pero créeme, no eres quien crees ser. De hecho eso explica tu cambio tan radical, tu conciencia repentina, tu amor por ese estúpido chupatintas.

         Ángela sintió terror de repente. Sus pies parecieron perder contacto con el suelo y respiró hondo tratando de asimilar lo que acababa de oír.

         — He venido a terminar contigo, replicó. No me importan una mierda las milongas que te inventes...

         Le señaló con el dedo, furiosa, y concentró todo su poder en la punta del índice derecho.

         Alastor sonrió victorioso.

         — Matarla —sentenció bajando el brazo y dándole la espalda.

         Miles de balas volaron hacia ella con un ruido infernal de disparos desde todas las direcciones.

         Alastor se sorprendió de que no dejaran de disparar ya que debía estar hecha un colador y una ver muerta no tendrían por qué seguir disparando, así que se volvió hacia ella alarmado.

         Las balas se detenían en seco ante la luminosa figura de la mujer y caían en forma de gotas incandescentes de plomo que se fundían con el asfalto de la pista.

         — Isis... —Murmuró furioso.

         Un torrente de fuego brotó del fino dedo de la mujer y le alcanzó de lleno.

         Alastor se protegió con un escudo de oscuridad aunque sus brazos sufrieron el intenso calor de tan mortífero ataque. Recordó la última vez que  fue atacado por el mismo poder del Sol, una época en la que tanto él como Isis apenas habían empezado a potenciar sus poderes. Aquel día murieron cerca de mil nobles, duques, virreyes... Que se reunieron por primera vez para decidir un asunto crucial que decantaría el destino del mundo hacia su propio imperio. Todos murieron con el ataque furioso de Isis y él sólo tuvo poder para proteger a siete de sus hijos de la noche. Hasta este día fueron fieles a él, desde entonces no quisieron volver a reunirse por miedo a la mujer "vestida de Sol".

         Temiendo un nuevo encuentro preparó su escudo con entrenamiento puro y duro. Lo había logrado dominar hasta el punto de que de vez en cuando iba a darse baños termales en los pocos volcanes activos que quedaban en el mundo.

         Pero ahora, ese fuego letal le quemaba la piel y los huesos. Aunque su cuerpo resistía, se estaba achicharrando por dentro y su energía se consumía de forma exponencial. Si hubiera tenido que proteger a otros no habría sido capaz, esa mujer era increíble. Si él daba un paso, ella dos.

         El suelo se derritió bajo sus pies aunque las capas inferiores resistieron su peso. Ángela no se agotaba, era como si extrajera su poder del anaranjado Sol matutino.

         Vio cómo sus soldados, tras agotar sus respectivas municiones, saltaban fuera del barco que se estaba incendiando y no tardaría en hundirse.

         — ¡No me estás haciendo nada! —Exclamó furioso.

         Aumentó su concentración para arrojar objetos sobre ella, pero estos se derretían al aproximarse como si fueran polillas en una hoguera.

         Sólo tenía una oportunidad, aunque debía descubrirse y atacar. La oscuridad  no servía de nada contra ese fuego de modo que usaría el agua para sofocarlo. Cuando sus antebrazos estaban negros y sus manos apenas sentían nada, dio un violento pisotón y la superficie que pisaba terminó de hundirse, partiendo el portaaviones por la mitad. Todos los que quedaban en pie cayeron, incluida Ángela, que tuvo que cesar en su ataque para no caer a las arremolinadas aguas. Alastor se sumergió a propósito y el agua sirvió de bálsamo en sus profundas quemaduras.

         —¿Dónde te escondes cobarde? —Exclamó ella sujetándose a un mástil.

         El viejo cayó entre amasijos de hierros candentes y era imposible encontrarlo en ese caos. Los marineros que saltaron antes trataban de huir nadando pero el navío partido se hundía tan deprisa que arrastraba a todos hacia las profundidades. Ángela estaba muy cansada y el miedo la impedía concentrarse. Génesis no podía ocupar su cuerpo mientras no lo consiguiera. Se aferró y vio cómo se hundía a más de dos metros por segundo.

         Cuando el agua estuvo a punto de alcanzarla una figura ennegrecida saltó hacia ella y la envolvió con fuerza entre sus brazos arrastrándola al fondo marino.

         — Suéltame cabrón —exclamó bajo el agua.

         — Abrázame hija, abraza por última vez a tu querido padre y muere de una maldita vez —vociferó Alastor con sorprendente claridad.

         Ángela pataleó y cabeceó, pero no duraría más de diez segundos bajo el agua si no hacía algo. Lo peor era que su enemigo no necesitaba respirar y ella iba a morir sin cumplir su última misión, la que limpiaría su conciencia.

         «Génesis, si me escuchas, si aún puedes ayudarme... No permitas que este hijo de Satanás salga de aquí con vida, te lo ruego, es lo último que te pido».

         Con ese pensamiento se hundieron rodeados por el amasijo de hierros, restos de aviones y material de todo tipo.

         Entonces algo ocurrió, un halo de luz verdosa descendió desde la superficie y envolvió los restos del navío con todos sus naufragados tripulantes. Alastor soltó el cuerpo ya inerte de Ángela y nadó hacia la superficie pero una tormenta eléctrica sacudió las aguas y le hizo apretar los dientes por el dolor. Las piezas de hierro, los cuerpos, los peces que curioseaban, todo cuanto veía se iluminaba y luego desaparecía.

         Al ver que sería alcanzado nadó con todas sus fuerzas pero antes de alejarse lo suficiente la corriente de luz le atrapó y se hizo el vacío.

Lo último que vio fue a Ángela, flotando a su lado sonriente, victoriosa, que desaparecía junto a toda la chatarra.

 

 

 

         —¡Ya viene! ¿No puedes volar más rápido? —Apremió Lara.

         Antonio se quedó boquiabierto al ver cómo la cortina verde se acercaba con inquietante rapidez.

         — Es todo lo que podemos —gruñó el piloto.

         — No lo conseguiremos, hay que saltar —protestó Lara.

         Se volvió hacia Antonio y éste estaba paralizado mirando la luz en medio de la puerta aún abierta del helicóptero.

         — ¡Joder, salta coño!

         Sin esperar a que obedeciera se tiró sobre él y ambos salieron despedidos cayendo al vacío. Apenas un segundo después la cortina de luz les envolvió y atravesó y notaron una fuerte corriente eléctrica recorriendo sus cuerpos. Luego alcanzó al helicóptero y se formó una esfera de relámpagos que envolvió al aparato y lo engulló instantes después. Gracias a la rápida intervención de Lara la bola de electricidad no les alcanzó.

         La caída de más de cuarenta metros acabó en el océano. La mujer cayó sobre su pecho pero el agua golpeó a Antonio en la nuca tan fuerte que perdió el sentido.

 

 

 

 

         Despertó en un yate que reconoció en seguida, el mismo camarote donde durmió horas antes.

         Se encontraba solo y escuchaba voces fuera.

         Se levantó con pesadez, le dolía tanto la cabeza que parecía tener un enano golpeando su cerebro desde dentro del cráneo. Tenía agujetas en todo su cuerpo y le costó una barbaridad ponerse de pie.

         Salió al exterior, el yate se estaban moviendo y el mar estaba inquieto.

         Afuera vio a Sam, Erika, Lara y Jackson. No vio a Ángela y se le hizo un nudo en el estómago  que no lo hubiera conseguido.

         — Ya estábamos preocupados —dijo Sam, sonriente,  al verle desde el timón.

         — ¿Dónde está Ángela?

         — Joder tío, lo tuyo es obsesión —gruñó Jackson, guasón.

         — No tenemos noticias de ella —respondió con tristeza, Sam.

         El único que se dio cuenta de su preocupación fue Antonio.

         — Ahora que estamos a salvo y escuchando quiero que nos expliques cómo has sabido lo que pasaría con tal grado de precisión —inquirió Jackson a Lara.

         Lara suspiró resignada y se puso en pie para que todos la escucharan.

         — La primera vez fue a los catorce años —explicó Lara mirando a Antonio.

         » No sé cómo funciona, es algo que ocurre cuando mis posibilidades de morir son muy elevadas y depende de las decisiones que tome. Tengo que admitir que no suelo ser consciente de las otras alternativas pero esta vez sí lo he sido. Para salvaros he tenido que morir cerca de noventa veces. Os aseguro que no es agradable, y no sé que es una equivocación hasta que muero.

         — ¿Qué era esa cortina de luz? —Inquirió Antonio.

         — Una ola de anti materia, según creo. Sucede cada muchos años en ese punto del océano Atlántico, es lo que da fama al Triángulo de las Bermudas. Un científico del portaaviones me contó todo antes de que me mataran en una de mis equivocaciones, un tal Christian. Por lo visto son los cinturones de Van Allen,... protones y antimateria, qué sé yo. ¿Os suena de algo?

         — Algo —replicó Antonio, que no podía dejar de mirar al mar por si encontraba a Ángela.

         — A mi me gustaba el grupo de música —añadió Jackson con sorna.

         — No quiero aburriros con lo todo lo que me explicó ese chiflado, resumiré diciendo que cuando ese suceso ocurre todas las personas que estén cerca de un fuerte campo magnético son devoradas por una especie de nada o lo que quiera que sea, pero quien cae ahí nunca vuelve ni emite señales desde ningún lugar del universo. Es como un agujero negro.

         —¿Y no tuviste curiosidad? —Replicó Antonio—. En alguna de tus muertes caerías dentro, ¿no? Está claro que lo sabes porque te aterraba que nos pillara.

         Lara le miró con odio.

         —No soy gilipollas tío, nunca soy consciente de que al morir voy a regresar.

         Antonio iba a replicar pero ella le cortó.

         —Lo cierto es que nos pilló estando en el helicóptero, tú disparaste el misil a Alastor, que lo agarró con una mano y lo tiró al mar. Luego nos bajó, llegó Ángela y poco después nos caía encima esa cosa. No fue como las otras veces, en esa muerte no volví de inmediato. Me quedé en blanco y no recordaba nada de lo que ocurrió cuando desaparecimos.

         —¿No recuerdas lo qué pasó antes de regresar? —Insistió Sam.

         —Si regresé... —Completó Lara—. Debe ser porque no tardé en morir. Eso es cuanto necesito conocer.

         —Yo sí sé lo que ocurre —interrumpió Sam desde el timón—. Que el cabrón de Alastor no volverá a molestarnos jamás.

         Todos se volvieron a mirarla.

         —Qué suerte que estuvieras de nuestra parte —felicitó Erika, dando una palmada en la espalda a Lara—. Nos impediste acompañaros al helicóptero para salvarnos y nunca lo olvidaré.

         —Fue por nosotros —añadió ella, sonriendo—. En el mar, yo sola con este grandullón inconsciente no habría resistido más de media hora. Necesitaba que vinierais en el yate lo antes posible.

         —Lo tenías todo calculado —felicitó Jackson.

         —Como os digo, solo es instinto de supervivencia. No puedo ver nada cuando mi vida no corre peligro.

         —Qué pasada de don, tronca —apoyó Jackson.

         —La que tenía un don increíble era Ángela —replicó Antonio, con expresión triste.

         Al decir eso se volvió y les dejó hablando arriba, festejando que ya veían la costa. Suspiró, aún derrotado por el cansancio, y se retiró a dormir en el camarote.

         ¿A quién quería engañar? Necesitaba saber qué pasó con Ángela y de todos ellos parecía ser el único al que le preocupaba. Hasta Jackson se mofó de él por preguntar por ella. ¿Es que no se daban cuenta de que les había salvado?

         Quizás estaban confiados en que no podía perder, pero si Alastor fue destruido por esa energía... Ángela también.

         «Verónica, háblame, dime que encuentra viva.»

         No hubo respuesta, estaba demasiado angustiado para escuchar... ¿O la escuchaba y no aceptaba la mala noticia que tanto temía?

 

 

 

         Llegaron a la isla apenas apoyó la cabeza en la almohada, al menos eso le pareció ya que se quedó dormido en cuanto se tumbó a pasar de su preocupación Al llegar el aeropuerto volvía a estar abierto y la gente sollozaba por las calles consolándose unos a otros. Casi todos iban envueltos por toallas, mantas o plásticos que encontraron por la basura. La policía local trataba de poner orden por las calles y el ejército repartía mantas y patrullaba con ambulancias para atender a los numerosos heridos.

 

 

         La gran mayoría de la población se encerró en casa durante la epidemia, tal y como supusieron. Nadie parecía saber lo que había ocurrido y los pocos que mencionaban a los monstruos o zombis eran tratados igual que chiflados frikis. Una corta conversación que escuchó Antonio fue a una mujer asegurar que un zombi la mordió el brazo que un voluntario le estaban curando y el sanitario le explicaba que había sufrido una fuerte conmoción.

 

 

         Les costó varias semanas regresar cada uno a sus vidas. Sam y él intercambiaron teléfonos por si volvían a necesitarse y Jackson y Erika cogieron el primer vuelo a New York. Lara cogió uno a París y de allí iría a Madrid.

         Él tardó una semana en recuperar su identidad, aunque en realidad le sirvió para que le dieran papeles legales en lugar de los falsos que había perdido a propósito. Por primera vez leía en su pasaporte español su nombre favorito: Antonio Jurado. Y esta vez era legal.

 

 

         Durante el vuelo de seis horas tuvo tiempo de pensar mucho en Ángela. No volvieron a saber de ella pero no fué la única desaparecida. Ni Génesis ni Verónica regresaron para hablarle aunque no sabía si era por que estaba demasiado preocupado por Ángela o porque realmente no le hablaban.

         La angustia le impedía dormir a gusto y después de las tres primeras noches de insomnio parecía un sonámbulo.

         En cuanto llamó a su mujer y le contó lo del viaje ella se alegró de que todo hubiera acabado y no tuviera que seguir escondida. Aunque parecía que lo había pasado bien en casa de la compañera. Aun así estaba incómoda porque cuando iba el novio de visita se sentía desplazada y le extrañaba especialmente. También estuvo muy preocupada por él dado el peligro que corría.

 

 

         Una vez en casa, todo quedó en una aventura de las que cuesta olvidar pero que no dejan rastro en la vida cotidiana.

         Antonio dejó de extrañar a Ángela en cuanto regresó con su mujer, fue como despertar de una larga pesadilla en casa. La primera mañana que amanecieron juntos acarició con más cariño que nunca la barriga en la que estaba Charly, su hijo y suspiraba feliz de poder darle una vida legal y mucho más tranquila.

         Aunque demasiada tranquilidad siempre le llevaba a hacer tonterías.

 

Fin

Comentarios: 12
  • #12

    Chemo (sábado, 13 diciembre 2014 22:32)

    Espero la siguiente parte con ansias.

  • #11

    Alfonso (viernes, 12 diciembre 2014 22:58)

    Voy a agregar una duda más que agregar a las de Jaime y Yenny. En la historia se menciona que la cortina de luz envolvió a Lara y Antonio y notaron una fuerte corriente eléctrica recorriendo sus cuerpos. Entonces, ¿cómo es que sobrevivieron? Si sobrevivieron, entonces existe la posibilidad de que también Alastor y Ángela hayan sobrevivido.
    Espero con ansias el epílogo. Presiento que Génesis no va a permitir que Ángela muera y regresará muy pronto.

  • #10

    Cecilia (jueves, 11 diciembre 2014 21:02)

    Muy buena historia, no me queda mas que felicitarte y esperar el epílogo Antonio.
    Un abrazo y que estés muy bien

  • #9

    Tony (miércoles, 10 diciembre 2014 23:17)

    Por eso le prestó los poderes a Ángela, por que ella no podría atacarle con tanta decisión.
    También hubiera sido un buen final así, tienes madera de escritor Jaime.
    Me alegra que la historia te gustara.
    Tengo preparado el epílogo ya casi completo, espero poder publicarlo esta semana.
    Os aguarda una sorpresita final.

  • #8

    Jaime (miércoles, 10 diciembre 2014 22:24)

    Si yo hubiese escrito la historia, hubiera terminado en que Ángela utiliza su poder de fuego incluso bajo el agua para calcinar a Alastor y muriendo en el intento. La parte de la neblina verde me pareció bastante artificial. También hubiera puesto un epílogo en que Antonio escribe en su diario cómo ansiaba regresar a casa pero ahora que regresa no soporta a la nueva Brigitte. Aunque aclaro que por lo demás me pareció bastante buena la historia.

    Una duda: Cuando Antonio entrega a Génesis a Alastor en Francia, ésta se niega a combatir a su padre incluso a costa de su propia libertad física, pero ahora parece que Génesis no duda en atacar a Alastor y Rodrigo por medio de Ángela. ¿Hay alguna explicación para ello?

  • #7

    Yenny (miércoles, 10 diciembre 2014 18:24)

    Gracias Tony. lo decía porque es raro que Antonio no se diera cuenta que su mujer está "algo diferente"

  • #6

    Tony (miércoles, 10 diciembre 2014 17:24)

    No cambió nada. Ángela le ignoró y trató de matarlo aunque sabía que era el único capaz de devolverle la vida que deseaba. Pero esperar eso de un ser como él era tan absurdo que siguió con su misión.
    Lo explico aquí pero suponía que podía deducirse, quizás necesitaba alguna revisión más.
    Gracias Yenny.

  • #5

    Yenny (miércoles, 10 diciembre 2014 17:00)

    Tony una duda ¿Alastor intercambio la psique de Brigitte y Ángela antes de desaparecer?

  • #4

    Tony (miércoles, 10 diciembre 2014 11:03)

    Una historia tan laga no puede quedar sin Epílogo.
    Pero dudo que aclare todas las dudas Jaime.
    Por cierto, ¿te imaginaste un final mejor? Antes de este escribí otro pero no me gustó... ¿Cómo era el tuyo?

  • #3

    Jaime (miércoles, 10 diciembre 2014 06:35)

    El final no fue tan bueno como me imaginaba, pero me gustó. Entonces ¿la neblina verde es algo natural o es parte de la ficción? ¿Génesis la produjo o estuvieron en el momento preciso cuando el fenómeno se produjo? Conociendo a Tony, es probable que Alastor o Ángela no hayan muerto como se quiere hacer suponer...

    Me hubiera gustado que la mujer de Antonio hubiese actuado como Ángela cuando se reencontraron. ¿Se dará cuenta algún día Antonio de que su esposa es Ángela? Muchas interrogantes se quedaron sin contestación, ojalá que algún día se resuelvan.

    Tony, deberías dar algunas pistas sobre el tema de la siguiente historia. Yo quisiera que contaras la historia de Rodrigo desde que dejó a Alastor hasta que conoció a Fausta y planearon matar a Alastor y entrar en la Organización.

  • #2

    Yenny (miércoles, 10 diciembre 2014 02:33)

    Me gustó el sacrificio de Ángela a pesar de todo lo malo que hizo fue capaz de dar su vida por acabar con Alastor, espero que para la próxima historia ya nazca Charly ya va mucho tiempo en la barriga.
    Creo que Sam ya no aparecerá a futuro ahora que es humana :(
    Espero que más adelante se sepa que pasó con Génesis y Verónica, porque ya no se comunican con Antonio.
    Buena historia aunque esta parte creo que pudo ser un poco mas detallada y en dos parte.
    Gracias Tony por el tiempo que tomas en escribir :)

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 10 diciembre 2014 00:36)

    Este es el final de la historia. Ahora es cuando os toca hacer vuestra crítica (espero que seais buenos jeje).

Animal es el que abandona a su mascota.

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