El investigador que interrogaba a las paredes

5ª parte

 

 

            — ¿Te he despertado? —Preguntó Brigitte mientras se quitaba la chaqueta, aun cerrando la puerta de la habitación—. Qué frío hace fuera, debí traer más ropa.

            Antonio abrió los ojos, aturdido por la potente luz de la habitación. Estaba cubierto de sudor y se agarraba la tripa como si sujetara los intestinos en su sitio.

            — ¿Qué?

            — ¡Dios mío qué cara! ¿Has tenido otra pesadilla?

            Él se levantó observando su estómago y se sintió aliviado de que la humedad fuera simple sudor.

            — Sí, menuda pesadilla, creí que moría y que te habías perdido y un tipo enano me atacaba.

            Miró el reloj, era la una de la mañana, ¿lo había soñado todo?

            — Estás preocupándome, deberías ver a un psicólogo.

            — Ya, para que me mande al manicomio de por vida. Vaya , dos pesadillas en un solo día.

             Seguro que no es sano.

            — Olvídalo. En el fondo disfruto, las incluiré en mi próxima historia.

            — Siempre dices lo mismo.

            Brigitte se quitó el jersey naranja y luego la camiseta. Se quedó en sujetador y panties, se pegó a él y se acurrucó. Estaba helada y él se arrimó a su cuerpo, rodeándola con sus brazos... Había estado tan preocupado por ella...

            — Apaga la luz.

            — No sé si quiero dormir —susurró mientras la besaba el cuello. Su mano izquierda abarcó su barriga de embarazada buscando algún signo de movimiento.

            — Me ha dado una patada en cuanto te he sentido —le contó ella ilusionada—, justo aquí.

            Guió su mano hasta el centro y no sintió nada.

           Ey, Charly, soy papá. Yo os calentaré.

            — Tengo que admitir que ese trabajo se te da muy bien —respondió ella.

            — Te amo —susurró él, tratando de desterrar la angustia que había sentido justo un momento antes.

            — Y yo a ti.

            Antonio se giró y apagó la luz en la pared. Cerró los ojos y se preguntó cuánto de real había sido el sueño.

"Mañana lo escribiré todo y se me olvidará lo mal que lo he pasado. No todos los días tengo pesadillas tan reales".

            Se preguntó si eran algún tipo de aviso sobre lo que iba a pasar. Fue tan auténtico que aún estaba asimilando la idea de la muerte y que no vería nacer a su hijo. Incluso se preguntó si al abrir los ojos no encontraría colgado en alguna silla el abrigo que le prestó la simpática mujer del hotel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Le despertaron varios golpes en la puerta. Se habían quedado dormidos abrazados y ya entraba luz por las ventanas.

            Echó mano al móvil y vio que eran las siete.

            — Por favor que nos dejen dormir un poco más.

            — El desayuno está servido —anunciaba la voz de Yuvén.

            — Mátalo, me muero de sueño —suplicó ella.

            El chico siguió aporreando la puerta.

            — Daros prisa que a las ocho lo retiran y deja de ser gratis.

            Antonio imaginó que cogía un revolver de la mesilla de noche y que disparaba a la puerta hasta vaciar el cargador. Aunque fue una imagen muy peliculera, le bastó para calmarse y dormirse de nuevo.

 

 

 

            — Va siendo hora de levantarnos —dijo Brigitte—. ¿No tenéis que ir al banco? Aquí en Suiza podrían cerrar a la una.

            Antonio seguía con el móvil en la mano y al ver la hora se despertó bruscamente.

            — Cielo santo, las doce.

            Saltó de la cama y se vistió con rapidez. Fue al baño y se peinó con tres pasadas de peine.

            — Tengo hambre, ¿qué me vas a traer? —Escuchó su voz melosa desde la cama.

            Puso los ojos en blanco. Encima ya no había desayuno abajo y sabía perfectamente que ahora que estaba embarazada no era nada recomendable llevarle la contraria... Y menos en cuestiones de comida.

            Justo llamó a la puerta alguien cuando Antonio estaba a punto de abrir.

            — Buenos días parejita, ¿habéis descansado bien?

            Era Yuvén, que cargaba dos bolsas de papel mostaza.

            — Ya que no bajasteis ninguno decidí llevarme unos panes suizos. Están deliciosos.

            Antonio necesitó un par de segundos para anular la lista de sitios donde buscar comida de su mente y contuvo sus ganas de abrazarlo. Eso compensaba la broma del día anterior.

            — He pensado que podemos ayudarte a distraer a los guardias tu mujer y yo —comentaba Yuvén según entraba—. Así, si hay sospechas de que esperan ayuda te damos más tiempo para salir. Ningún banco tiene más de uno o dos vigilantes.

            — Se puede intentar —admitió Antonio—. Gracias, pero si no sale bien no voy a poder pagarte.

            — No me importa el dinero, ya sabes por qué estoy aquí.

 

 

 

 

 

 

            La habían llevado a casa después de ponerla al día con la información que tenían acerca de Génesis y de Antonio Jurado. Al ver la foto del tipo se quedó sorprendida ya que se trataba de un viejo conocido. No sería nada fácil que la ayudara después de que secuestrara a su mujer y estuviera a punto de matarlos a ambos.

            Leyendo el informe entendió por qué salió mal aquel trabajo, y que no fue un error de su estúpido ayudante (cosa que le sirvió de excusa para matarlo), sencillamente Antonio Jurado tenía un amigo invisible.

            Si lo hubiera deducido ella sola no lo habría creído del todo pero verlo documentado en aquella carpeta negra le daba credibilidad. Especialmente cuando ahí decía que después de eso fue capaz de encontrar a su enemiga.

            En cuanto a Génesis, jamás en su vida se hubiera imaginado que fuera nombre de mujer. Más bien le sonaba a compañía de seguros.

            Abrió su informe con cuidado ya que en su interior había algunos pergaminos egipcios de una antigüedad y valor incalculables. Por supuesto, el idioma jeroglífico no era su fuerte y les hizo traducirlos a Aquiles, que sí los conocía.

            Se trataba, ni más ni menos que de la leyenda de los dioses egipcios. Toda una epopeya de batallas, seres que se transformaban en animales para luchar entre ellos.

            Finalmente Horus, el hijo de Isis, le cortaba la cabeza a su madre porque protegía al malvado Seth. Ahí acababa toda la documentación egipcia.

            — Le construyeron un templo en su honor, Philae, donde enterraron sus restos —explicó Aquiles—. Aun hoy se conserva hoy día.

            — Si murió, ¿qué más queréis? ¿Tengo que luchar con un fantasma?

            — De algún modo regresó más adelante en tiempos de los templarios. Su poder se había multiplicado y poseía de don de la clarividencia.

            — ¿Por qué iba a ser ella? Pudo ser otra.

           Alastor la reconoció —indicó Aquiles.

            — Y cuando apareció sabía perfectamente lo que buscaba, matar a nuestro señor —aclaró Héctor—. ¿Importa algo si era o no la misma?

            — Lo que sí es cierto es que se hacía llamar Génesis —puntualizó Aquiles—, pero era ella.

            — Acabó con la gran mayoría de los hijos de la noche, aunque primero alistó su propio ejército de hechiceros... Malditos Rosacruces... Obligó a Alastor a usar su recién adquirido poder oscuro transmitido por sangre. Si no llega a ser por el golpe de suerte, esa perra nos habría destruido.

            — ¿Un ejército de hechiceros?

            — Esa fue la primera batalla. En Ragnärok, donde ella no intervino. A pesar del poder de los Rosacruces, no tenían nada que hacer contra la fuerza y rapidez de los hijos de la noche. Sus hombres fueron aniquilados y eso la enfureció —aclaró Héctor.

            — Luego fue acudió sola, apareció en medio de un importante cónclave de líderes fieles a Alastor. Asistieron los reyes de todas las tierras árabes y ese día decidían si atacar Europa.

Ella mató a todos esos humanos influyentes con una sola lengua de fuego. Alegó hacerlo en nombre de los pueblos cristianos, convirtiéndose en leyenda.

            — ¿De qué año hablamos? Me pierdo con tanta historia.

            — Sobre el año novecientos

            — Él, vuestro amo, dijo que consiguió la sangre oscura en el año mil.

            — Eso es lo que he dicho —protestó Aquiles.

            — Es mucho tiempo de diferencia.

            — Fueron varios años desde Rägnarok hasta aquel día, y Alastor tenía más de quince mil —intervino Héctor—. ¿Qué son cien arriba o abajo.

            — ¿Cuántos?

            — Si te detienes en todos los detalles no terminaremos nunca —la regañó Aquiles.

            — Cuando nos atacó en aquella mezquita Alastor tuvo que emplearse a fondo y lo único que logramos fue defendernos de sus poderosos ataques. Génesis venía con un poder similar al que mencionaba la Biblia. No en vano una de las nuestras, experta en cristianismo y profecías, la describió como la destructora del Anticristo, el dragón de doce cabezas profetizado por Juan el evangelista, nosotros.

            — Nuestro señor, empleando sus últimas fuerzas provocó un terremoto y nos sepultó a todos bajo los escombros —añadió Héctor.

            Ángela estaba boquiabierta.

            — ¿Os tiró encima un edificio para defenderos?

            — De las llamas y las cobras —indicó Héctor.

            — Disculparme pero estoy flipando en colores. Mirar, he tenido suficiente por hoy. Llevarme a casa, ya está bien de tanta milonga.

 

 

 

 

 

            Demasiada información por un solo día. Llegaron a su casa cerca de las doce de la noche. Les invitó a dormir con ella con imágenes mentales de películas pornográficas, pero la respuesta que le dieron le provocó un ataque de risa: "Nosotros no dormimos. En el coche estaremos bien."

            Por eso estaba sola en su cama, desnuda. Ellos se lo perdían. Serían muy fuertes, pero eran extremadamente estúpidos para no haber visto las señales. Sólo imaginarse en un trio con ellos dos la hacía sentir un cosquilleo en sus partes.

            Se había pasado la noche dándole vueltas sin poder pegar ojo. ¿Qué le importaba ese Alastor ni sus locuras? ¿Tenía quince mil años? Pero si no existía nada tan viejo, ni diqiera las pirámides. Por no mencionar esos poderes de los que hacía gala, una que sacaba culebras de la nada y el otro provocaba terremotos. Y lo de las lenguas de fuego... Eso ya era demasiado. Si fuera cierto lo que le habían contado, esa mujer frenó la invasión árabe hacia Europa sin ayuda. Era su puta heroína, joder ¿cómo iba a luchar contra ella?

            Escuchó que la puerta se abría y supo que eran sus guardias. Sonrió e hizo como si no los hubiera oído, se puso la bata china traslúcida y se asomó a la balconada de su ático. Desde allí vio las cuatro inmensas torres madrileñas imponiéndose en el perfil de la ciudad. Estaban tan cerca y se veían tan grandes que alcanzaban las nubes como cuatro dedos que surgían de la tierra.

            — ¿Podré volar? —Preguntó, medio bromeando.

            — La telequinesia es uno de tus más antiguos poderes —explicó alguien desde atrás.

            — ¿Vosotros domináis eso?

            — Nuestro poder es sólo físico.

            — ¿Cómo pretendéis enseñarme si no sabes hacer nada?

            Hablaba melosa y les dedicó media sonrisa lasciva mientras los miraba por encima del hombro. No llevaba esa bata por casualidad, sabía perfectamente que traslucía y ellos podían ver el contorno de su cuerpo a través de su fina tela.

            — Practica con los objetos, supongo que es cuestión de creer que puedes hacerlo —explicó Aquiles, aparentemente inmune a sus encantos.

            Héctor, en cambio, se sentó en el sillón de una plaza de su habitación y la observó como quien mira un monumento histórico.

            — A ver, yo creo que tengo poder de elevar algunas cosas... —siguió con las indirectas.

            Paseó al interior de la habitación contoneándose y dejando que la bata mostrara un generoso escote.

            — Me pregunto si ya estarán levantadas.

            — Díselo, Aquiles —replicó Héctor, con tono aburrido.

            — Hombre, hacía tanto que no me daba un homenaje a la vista que prefería esperar —respondió el maromo rubio.

            — Cuanto más esperes más vergonzoso será para todos —insistió el hombretón de pelo negro.

            — De qué habla Sansón —inquirió Ángela.

            — Somos eunucos —Soltó Héctor.

            — Lo suponía, dos tíos tan buenos tenían que ser gays.

            — No lo somos, me encantan las mujeres, tu cuerpo es muy bello, simplemente en su día aceptamos que nos quitaran los órganos sexuales a cambio de la vida eterna —corrigió Aquiles.

            — Los dioses no tienen sexo, ¿no hay una canción que lo dice? —Puntualizó Héctor.

            — Menudo desperdicio. ¿Y os dejasteis engañar?

            Se encogieron de hombros.

            — El sexo nubla la mente —se limitó a decir Aquiles.

            — En su día me pareció un sacrificio justificado. Pero cómo lo echo de menos... —susurró Héctor, aun mirándola con deseo.

            — Ya... No eres el único aquí —respondió Ángela, desanimada—. Con lo bien que lo habríamos pasado.

 

 

 

 

Comentarios: 8
  • #8

    Tony (martes, 06 mayo 2014 20:52)

    Gracias por vuestros comentarios, de verdad.
    Ya está lista la parte 6 hace tres días, pero para subirla necesito un ratillo que últimamente me cuesta encontrar. Es extraño que escribo más deprisa de lo que puedo publicar.
    A ver si hoy puedo.
    Puedo anticiparos que la proxima parte se os va a hacer corta. No lo es, ocupa como todas las partes, pero seguro que más de uno dice: ¿ya?

  • #7

    la princesa (martes, 06 mayo 2014 19:24)

    dios mio tony yo sigo la historia y no me despego nunca tu ingenio no tiene fin. yo leo del celular pero no puedo comentar yo si tuve la dicha de poder leer amnesia pero mi hermana que la convertí en adicta a tus historias no pudo pero yo ahí le explique como pude pero obviamente me quede corta pero bueno igual disfrutamos de tu inigualable talento no me canso de leer ....... continuación !!!!!!!!!!!!!

  • #6

    Jaime (viernes, 02 mayo 2014 22:34)

    ¡Qué lástima que no sea posible publicar «Amnesia»! Me hubiera gustado sobremanera leer esta historia. Como petición personal, ¿sería posible que escribieses un relato paralelo que de alguna forma llene los huecos de «Amnesia»?

    Gracias por compartir tus relatos con tus asiduos lectores.

  • #5

    Tony (miércoles, 30 abril 2014 21:10)

    Lamentablemente la historia de Génesis lo explicaba todo en Amnesia. Es una pena que no pueda publicarla.
    Pero tienes mucha razón, ella no tomó partido por una religión sino por los únicos que se enfrentaban al imperio levantado por su padre, Alastor.
    Ignoro si algún día puedo sacar "Amnesia a la luz", es algo que no depende de mi y me gustaría mucho.

  • #4

    Alfonso (miércoles, 30 abril 2014 19:18)

    La historia se está volviendo interesante. En lo personal no me gustó es que Génesis haya ayudado a los cristianos y matado a los jefes árabes. Yo soy oficialmente cristiano pero es sumamente inverosímil que el Cristianismo tenga la verdad absoluta o que el verdadero Dios o incluso el mismo Jesús tomen alguna religión como la verdadera. Probablemente Génesis aún estaba creciendo espiritualmente cuando ocurrió la batalla de Ragnarok y se hallaba cegada por la ira. ¿Qué opinan? Espero no lastimar sensibilidades por un debate religioso.

    Espero que la siguiente parte pronto.

  • #3

    yenny (martes, 29 abril 2014 20:49)

    Que bueno que sólo fue un sueño de Antonio, espero la próxima parte quiero ver que pasara en el banco.

  • #2

    Jaime (lunes, 28 abril 2014 19:42)

    Espero la continuación.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 28 abril 2014 12:49)

    Ya podéis comentar lo que os ha parecido este capítulo.

Animal es el que abandona a su mascota.

Si es la primera vez que entras a la página, te recomiendo que entres al Indice.

¿Te gusta esta página?

 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

El asesino que escribía cartas de amor

 

Libro primero de la recopilación de relatos más relevantes de la página.

Disponible a la venta. 

 

Haz click para ver detalles.

  

Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

Próximamente:  Segundo volumen recopilatorio.

 

Fausta

 

Ya disponible en papel

 

CONTACTO: 

 

Si quieres recibir por email los avisos de las novedades más recientes, inscríbete en el enlace siguiente.

 

Si quieres contactar conmigo directamente por email, escríbeme a esta dirección:

 

tonyjfc@yahoo.es

Chat

Contenido protegido por la ley

El disco de 2 Gb más pequeño del mundo
El disco de 2 Gb más pequeño del mundo