El investigador que interrogaba a las paredes

6ª parte

 

 

                Cogieron el tren de las doce y media.  Estaban más tranquilos porque el banco suizo cerraba a las tres, tal y como le dijo el botones del hotel. Para tranquilidad del detective, la recepción del hotel no se parecía en nada a la de su pesadilla y por lo visto mantenían abiertas las puertas toda la noche con una persona de guardia.

                En el camino a Zúrich escribió lo sucedido para incluirlo en su futura historia que, aunque no eran más que pesadillas, ya vería dónde encajarlas.

                Escribir había superado con creces a su otro gran hobby, los videojuegos, cosa que le daba cierto sentimiento de satisfacción personal y al mismo tiempo impotencia porque ni siquiera él confiaba en el éxito de sus libros... Mucho menos esperaba que una editorial se arriesgase con la crisis que estaba azotando el mundo desde hacía casi una década. Si conseguía recuperar el control de sus cuentas puede que tratara de publicarlos, pero sabía que la magia consistía en que sólo unos pocos de mente más abierta eran seguidores fieles a lo que escribía y que si se convertía en un fenómeno de masas no tardarían en defenestrar su obra.

                — Gracias por el desayuno, Yuvén —decía su esposa.

                — No se preocupe, no me costó nada.

                — Te acordaste de nosotros, es un bonito detalle.

                — Señora Jurado, no tiene la menor importancia.

                Ella se encogió de hombros y miró a Antonio sonriendo. Nunca la habían llamado así y esperaba que su marido se hubiera dado cuenta de ese curioso detalle, pero éste miraba su teléfono y no paraba de escribir. Estaba muy serio, preocupado.

                — ¿Nervioso?

                — Espera, termino esta frase...

                — Disculpa —replicó con sorna.

                — Nervioso no es la palabra. Más bien... Muerto de miedo. Nunca había tenido dos pesadillas el mismo día, seguro que algo va a ir mal.

                — No creas eso, a la menor sospecha nos vamos y ya está.

                — ¿Y nuestro dinero? Lo perderíamos todo.

                — Yo sigo teniendo trabajo, tú tendrías que hacer lo mismo.

                — De momento prefiero no pensar en eso.

                — Si yo tuviera tanta pasta, tampoco renunciaría a ella —Le apoyó Yuvén.

                — Exacto, ese dinero es mío.

                — No te digo que no, pero si ves que se pone complicada la cosa —— razonó Brigitte —,  es mejor la libertad que el dinero.

                Antonio resopló, agobiado. No tenía ni idea de lo que le esperaba en aquel banco y deseó que cualquiera de sus contactos espirituales, que tanto le ayudaron en el pasado, le aconsejaran sobre lo que debía hacer. Pero no era tan sencillo, su oído espiritual sólo funcionaba cuando la situación se volvía extrema o el tema no le afectaba personalmente. Además había perdido práctica desde que estaba con Brigitte.

 

 

                Ángela Dark podía pasar por muchas cosas, el papel que más disfrutaba era el de femme fatale, entregar su cuerpo a los placeres carnales era su mejor arma y los hombres, por poderosos que fueran, no tenían suficiente fuerza de voluntad para rechazarla.

                Que esos dos fueran inmunes a ella la ponía frenética. Y el hecho de que ni siquiera fueran gays aún más, ya que ahora les veía como dos enormes diamantes sin número de serie. Objetos de deseo de valor incalculable y no podía sacarles el menor provecho.

                Su ira se tradujo en una televisión reventada con el poder de su mente.

                Cuando la vio estallar sintió un clic en su cabeza. Aquello era telequinesia. Quizás si se concentraba de forma más ordenada lograría mover los cristales sin hacerlos añicos.

                — No pierdo nada intentándolo.

                Extendió la mano hacia los fragmentos y se imaginó esa misma energía fluyendo a través de sus dedos de forma más suave, similar a una fina tela negra de seda.

                Cuando vio con sus propios ojos que la materia oscura se manifestaba físicamente se asustó y la manifestación se volatilizó como el humo. Su corazón se aceleró. ¿Por qué podía verla? Antes, al hacer explotar cosas, no vio absolutamente nada. Era escalofriante porque ahora la envolvía la penumbra de su salón con las cortinas echadas, tenía la luz apagada y veía mejor. Algo había salido dentro de ella, la oscuridad elemental.

                Comprendiendo el poder que llevaba en su interior se animó a intentarlo de nuevo. Estiró el brazo hacia los restos de la televisión y sin el menor esfuerzo volvió a emitir esa energía oscura aunque esta vez no se imaginó cogiendo los cristales sino envolviéndolos y estudiándolos. Se le abrieron los ojos como platos al ver en su mente la compleja trama cristalina de los átomos del vidrio. La continuidad de sus formas la hizo comprender el cristal completo y cuando quiso darse cuenta los cristalitos flotaban en la sala envueltos por aquella neblina oscura.

                — Puedo arreglarla...

                Encajó todas las piezas como un puzle y aplicó la energía necesaria para devolverles la continuidad molecular. Cuando terminó y vio la pantalla restablecida, fuera del televisor, ya que el monitor LED que tenía detrás seguía echando humo, la movió en el aire sopesándola. Debía pesar unos 20 kilos y no le costaba nada mantenerla flotando.

                Si las cosas se torcían mucho podría ganarse la vida como Chris Ángel, haciendo trucos de magia en plena calle.

                Al comprender que podía hacer lo que quisiera con cualquier objeto se dio cuenta de lo más divertido no era rearmar.

                Lanzó la pantalla contra el resto del humeante aparato y disfrutó del estruendo que causó rompiéndose en millones de cristales y empotrando los otros restos del televisor en la pared.

                Suspiró y degustó la nueva sensación de poder. Era tal la convicción de que podía hacer cualquier cosa que se vistió con su chándal negro y salió del departamento a por su moto.

                Cuando volaba por el asfalto madrileño directa a la cárcel de Alcalá Meco, sintió que los dos hercúleos esbirros la seguían con dificultades tratando de esquivar los mismos coches que ella sorteaba con sus dos ruedas.

                El indicador de velocidad marcaba 180 km/h y hubo momentos en los que creía que se estrellaría. Pero su tiempo de reacción era increíble y su nuevo poder, la sombra que salía de su cuerpo a voluntad, era capaz de ralentizar el curso de los acontecimientos en momentos peligrosos.

                Quería perderlos y no lo conseguiría por mucho tiempo. Necesitaba intimidad con Lara.

 

 

                En prisión le dijeron que estaba en estado crítico, ingresada en el hospital universitario Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares. Se desplazó hasta allí sintiendo que las distancias se habían simplificado para ella. En cuestión de cinco minutos ya subía por las escaleras del hospital y alcanzó la habitación subiendo sin el menor esfuerzo.

                — ¿Puedo verla? —Interrogó al policía que hacía guardia en la puerta.

                — Está en coma —respondió—. ¿quién es usted?

                — Su amiga.

                — Sólo pueden entrar los médicos.

                — Por favor, sólo es un momento.

                Le miró suplicante. Pocas veces fallaba su magia con maromos como ese.

                — Me juego el puesto de trabajo, señorita.

                — ¿Quién se va a enterar?

                — Haga el favor de marcharse, no puede estad aquí.

                Ángela arrugó los labios furiosa y se concentró en tumbar a ese estúpido.

                — La señorita tiene acceso —cortó su concentración la cavernosa voz de Héctor.

                — Servicios especiales —se presentó Aquiles sacando del bolsillo una placa plateada.

                Malditos entrometidos, ¿cómo la alcanzaron tan rápido? Ella podía cuidarse solita, no les necesitaba cerca para lo que tenía que hacer.

                — No tengo constancia de ninguna agencia que se llame "servicios especiales" —seguía porfiando el cabezota guardia.

                — Quizás tenga que dan un informe negativo sobre su conducta, agente Sánchez —alegó Héctor, muy en su línea prepotente y amenazadora.

                — Cumplo órdenes, no tiene nada que reportar.

                En ese momento ya les miraban tres enfermos que paseaban por las cercanías y dos enfermeras dejaron de hablar  escuchando la conversación.

                — Sí, soy yo, necesitamos autorización para ver a enferma de la planta 4, habitación 468 en El hospital de Alcalá de Henares —hablaba Aquiles muy tranquilo por su móvil.

                Se escuchó una voz femenina que no escucharon.

                — De acuerdo, esperaremos.

                El agente Sánchez le miraba con escepticismo. Cuando colgó sonrió y le dijo a Héctor: todo en orden.

                Ángela se sintió como una estúpida pero no quería demostrarlo de modo que fingió que sabía lo que ocurría.

                En cuestión de minutos se escuchó una llamada por el ínter comunicador del agente.

                — Aquí central, Faustino, ¿me recibes?

                — Te recibo, dime.

                — Al parecer se ha autorizado la visita a la paciente por el servicio de inteligencia.

                — Entendido, gracias —dijo de mala gana—. Perdonen las molestias, son las normas.

                — No se disculpe por cumplir con su trabajo —respondió Aquiles, con una sonrisa afable.

                Ángela estaba impresionada. De modo que había una forma pacífica de hacer las cosas.

                El agente se apartó de la puerta y sacó una llave del bolsillo. Abrió la cerradura y empujó la gruesa madera reforzada con acero.

                — Entraré sola. Necesitaré intimidad —alegó Ángela.

                — De acuerdo —aceptó Aquiles.

                — Está en coma, ¿qué pretende? —Increpó el agente.

                — Secreto de estado —se burló Ángela, guiñándole un ojo.

                El cuarto estaba en penumbra, le agradaba la oscuridad, se sentía como en casa.

                — ¿Le enciendo la luz? —Preguntó Faustino.

                — No, déjeme y cierre la puerta.

                — De acuerdo.

                Ángela examinó el cuerpo inerte de Lara Emmerich. Verla en ese estado de causó una punzada se culpabilidad.

                — Ahora... podía matarla...

 

 

 

Comentarios: 6
  • #6

    Lyubasha (sábado, 10 mayo 2014 09:54)

    A mí esta parte también me ha parecido muy corta y , como siempre, se ha quedado en lo mejor. Tengo ganas de ver lo que pasa en el banco suizo y de saber qué va a hacer Ángela con Lara (creo que va a utilizar sus poderes para curarla).

  • #5

    Alfonso (viernes, 09 mayo 2014 23:33)

    Acabo de terminar de leer esta parte y se me hizo muy corta. Ojalá la siguiente parte tenga más contenido. Me está gustando esta historia sobremanera.

  • #4

    la princesa (jueves, 08 mayo 2014 20:43)

    espero que angela despierte a lara y la libre de todo ese mal rollo ademas ellas tienen un vinculo profundo entre el amor y el odio se necesitan mutuamente para subsistir yo creo que angela se siente incompleta sin lara; antonio presiente algo quizas se le pongan las cosas feas y necesitara la ayuda de veronica o genesis . ayyy dios continuacion cuantas hipotesisss!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  • #3

    Jaime (jueves, 08 mayo 2014 00:23)

    Pues casi no pasó nada en esta parte. ¿Acaso viene lo mejor en la siguiente parte o quieres dejar en suspenso a los lectores? Ojalá Tony y compañía lleguen al banco suizo de una buena vez en la siguiente parte y pase lo que tenga que pasar. Y mejor aún si intervienen Génesis o Verónica.

    Sospecho que Ángela va a despertar a Lara del coma y a aprender algo nuevo sobre su actual estado.

    Espero la continuación con ansias.

  • #2

    yenny (miércoles, 07 mayo 2014 18:18)

    Lo sentí un poco corto, me da pena Lara quisiera que se recupere y quede libre, por otra parte ya quiero saber que va a pasar en el banco ojala en la próxima parte se desarrolle ese tema.
    Saludos Tony, bendiciones a ti y a tu familia.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 07 mayo 2014 01:15)

    Puedes comentar lo que te ha parecido esta parte.

Animal es el que abandona a su mascota.

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