El investigador que interrogaba a las paredes

7ª parte

            Se sentó en la cama y puso su mano sobre la cabeza vendada. Se concentró en su interior y con suma delicadeza envió sus efluvios oscuros a explorar la cavidad craneal.

            La máquina que la monitorizaba emitió pitidos más frecuentes. El corazón de Lara se aceleró pero no sabía si por sentir penetrar la niebla en su cabeza o porque era consciente de su presencia.

            Cerró los ojos, sumergió su consciencia en aquel misterioso elemento y comprendió un poco mejor cómo funcionaba ese poder. La materia oscura se podía meter por el interior de los átomos, devolver una imagen precisa e incluso manipularlos y replicarlos. Se preguntó si ese no sería el poder de la creación ya que de la nada podía crear materia si así lo deseaba.

            — El barro de Dios... —susurró asombrada.

            Después de memorizar cada molécula de la cabeza de Lara analizó su funcionamiento y se quedó sobrecogida por los daños estructurales de la corteza cerebral. En su demostración de poder bruto la oscuridad elemental aplastó su cerebro desde dentro como una mano invisible. Había causado multitud de derrames y los médicos lograron quemar los más graves, seguramente con cirugía láser. Pero más adentro la sangre seguía escapando de sus vías, Lara moriría en cuestión de horas.

            Pero ella había causado el destrozo, de alguna manera conocía el estado previo de su cerebro y comenzó a reconstruirlo.

            A pesar de que colocaba cada molécula en su lugar comprendió que era un órgano extraño que guardaba información en las neuronas utilizando la ionización de sus moléculas. Pero era incapaz de devolver dicha energía ya que su ojo oscuro solamente percibía materia.

            La curaría, aunque no tenía manera de saber cómo reactivar el funcionamiento de su cerebro.

            Cuando lo reparó todo Lara abrió los ojos de inmediato.

            Ángela sonrió, pletórica por su increíble logro.

            — Tú —protestó la presa.

            — Un gesto de agradecimiento bastaría —respondió.

            — Oh sí, gracias por destruir mi existencia. ¿Qué demonios haces aquí? ¿No me vas a dejar en paz ni para morir tranquila?

            — Deja de gritar como una verdulera, te he salvado la vida.

            — Seguro que no me vas a pedir nada a cambio.

            Ángela sonrió.

            — Me hubiera sido más fácil sentarme a ver cómo te mueres, pero yo no planee esto. Lo que te hice para llegar hasta aquí era necesario.

            — Me has arruinado la vida.

            — Yo no fui. Pero ahora sí puedo devolvértela.

            — ¿A cambio de qué?

            — De tu lealtad.

            — Seguro...

            — No quiero entrar en conversaciones incómodas. Piensa por un momento lo fácil que sería matarte y lo mucho que sabes de mí.

            Lara le dedicó una mirada desafiante.

            — Una vez tú me protegiste aun sabiendo que era culpable de muchos crímenes. Claro, te interesaba tenerme de tu lado, pero siempre hay intereses.

            Su contertulia no dijo nada, lo que animó a Ángela a continuar.

            — Ahora yo soy lo que llamaste Alastor. Destruí al viejo que tantos quebraderos de cabeza nos dio y su poder es mío ahora.

            — No confiaría en ti ni en un millón de años —sentenció Lara, furiosa.

            — No necesitarás tanto.

            Ángela se levantó de la cama de un salto y abrió la puerta de la habitación.

            — Señores, he acabado. La quiero en mi casa limpia y aseada en dos horas. Y no me refiero sólo a su cuerpo, hacer lo que sea necesario para que la readmitan en el cuerpo de policía, como inspectora, y que todos sus cargos sean retirados. Ah, no estaría mal que le pagaran una jugosa indemnización.

            Se volvió y la guiñó un ojo.

            — Me ganaré tu confianza. Dame tiempo.

            Y se marchó.

            Dos médicos entraron detrás, alarmados.

            — ¿Está despierta? —Preguntó uno, asombrado.

            — Está viva —le contradijo el otro—, yo mismo hice su pruebas tenía múltiples derrames cerebrales.

            — Pues me encuentro muy bien —alegó la afectada.

            — Quédese tumbada, hay que repetirle todas las pruebas. Apunta, que revisen las máquinas. Si es que no se puede trabajar en estas condiciones, hacen recortes continuamente y luego si fallamos, la culpa es nuestra.

            Lara prefirió prestar atención a la acalorada discusión que había fuera y escuchó gritar a Ángela.

            — No me importa lo complicado que sea, la quiero en mi casa en dos horas. Ya va siendo hora de que os dejéis de rascar los cojones.

            Lara esbozó una sonrisa divertida. Por primera vez en mucho tiempo las cosas empezaban a mejorar.

 

 

 

            — Hemos llegado —susurró Antonio aliviado al ver las puertas abiertas del impresionante edificio bancario.

            El rostro de piedra de un busto adornaba la parte más alta del umbral de la puerta.

            — No te pongas nervioso, estaremos cerca —indicó Brigitte.

            — Gracias —respondió.

            Puede si no le hubiera dicho nada estaría más relajado, pero ser consciente de que había llegado la hora de la verdad le convirtió las piernas en flanes.

            El interior del edificio era bastante moderno. Hizo un examen visual y a la derecha se veían ventanillas de información con letreros en inglés y alemán.

            Al frente estaban los tornos de seguridad.

            — Maldita sea, no podré salir si no quieren...

            Brigitte le miraba con evidente preocupación.

            — Debiste preverlo —respondió.

            Yuvén agachó la cabeza y sujetó a Antonio por el hombro cuando se adelantó.

            — Yo entraré —siseó, tembloroso.

            — No, es una desfachatez, no debimos venir.

            — Puedo hacerlo.

            — ¿Qué más da quien vaya? —Replicó—. No quiero que te caigan mis culpas.

            — Y no lo harán —rebatió el joven—. Cuando sepamos que es una trampa tú podrás ponerte a salvo e informar a los polis que me mandaste tú. Hazlo desde un sitio público y no te encontrarán.

            — Antonio, suena bien. Se puede intentar —apoyó Brigitte.

            — Claro, ese era el plan inicial. Pero y si no me creen.

            — Tú lo has dicho, yo no había nacido cuando cometiste esos delitos. Me encerrarán unos días, pero finalmente me soltarán, no pueden culparme.

            — ¿Estás seguro? —Antonio negó con la cabeza. De algún modo siempre lograba salirse con la suya cuando menos lo deseaba.

            — Lo haré.

            Brigitte se quedó junto a Antonio mientras Yuvén cogía sus papeles y los guardaba en la chaqueta. Le temblaban las manos y los pies, estaba muerto de miedo. Al verlo alejarse se adelantó para tratar de detenerlo.

            — Déjale —le sujetó Brigitte—, a eso vinimos, ¿no?

            Brigitte parecía mucho más conforme con esa solución y aunque fuera muy egoísta por su parte, él también lo pensaba. Hasta ese momento se preguntaba para qué demonios involucraría a ese chico si no pretendía ayudarle. Ahora por fin aceptaba su papel en esa historia y supo que en todo momento había esperado que se resolviera así. Cruzó los dedos para que nada se torciera y recordara todo el plan  y se sintió culpable por lo que podía pasar.

 

 

 

            Yuvén atravesó el torno de seguridad, se metió en la cabina magnética y cuando se encendió la luz verde pasó al amplio hall.

            No había casi nadie, agarró el móvil y marcó el número de Antonio como planearon la noche antes. Cuando escuchó su voz diciendo "Aquí estoy", respondió:

            — Deséame suerte.

            Sin esperar a escuchar la respuesta se lo guardó en el bolsillo y se acercó a la primera mesa que vio donde una mujer joven, pelirroja y con gafas casi invisibles le esperaba con una sonrisa.

            Sacó los papeles del sobre, tratando de controlar sus nervios y le devolvió la sonrisa a la mujer.

            — Soy español y he tenido que venir desde mi país porque me dijeron que había un problema con mi cuenta y tenía que presentarme en persona.

            La mujer asentía con la cabeza y repetía eventualmente diversos "ya".

            — Mire me salía este mensaje en pantalla —sacó el folio con el pantallazo del error.

            — Ya, entiendo.

            Se lo quitó de las manos y lo puso delante de su teclado. Escribió tan rápido que parecía estar fingiendo que lo hacía.

            — Antonio Jurado —pronunció con cierto acento.

            — Sí señora.

            — Su cuenta ha sido bloqueada. El sistema ha detectado grandes movimientos a distintas cuentas con concepto muy ambiguos.

            Qué bien hablaba castellano, estaba asombrado.

            — Son compras que he realizado.

            — ¿Quince mil euros mensuales a nombre de otra persona?

            — Hago lo que quiero con mi dinero, ¿hay alguna ley que lo impida?

            — Ya veo.

            — ¿Puede reactivarla?

            — No hay problema, enséñeme el pasaporte y la copia compulsada de la embajada.

            — Sí...

            Sacó el pasaporte, aunque no tenía ni idea de qué otro papel hablaba.

            — Falta la copia —insistió la mujer, enojada.

           ¿Y dónde se saca ese... ¿Cómo lo ha llamado?

            — Tiene que ir a la embajada y que se lo den allí: "Copia compulsada del pasaporte".

—se lo apuntó en un papel.

            — ¿Para qué es? Este es el original.

            — Oh sí, pero exigen ese papel para que se tramite la reapertura de la cuenta. No puedo quedarme el pasaporte, ¿entiende?

 

 

 

 

            No tuvo ningún problema al salir. Lo hizo cabizbajo y sin acordarse de cortar la llamada en cuanto terminó.

            — Bien hecho —Le felicitó Antonio desde el móvil.

            Yuvén lo agarró con miedo.

            — Pero no he conseguido nada.

            — Ven al restaurante de en frente de la calle y te cuento. Lo has hecho muy bien.

            — Si tú lo dices.

 

 

            Se reunió con ellos y mientras comían hablaron.

            — No me van a dar en papel, mi pasaporte es falso.

            — Lo sé, pero ahora sabemos que no es una trampa. El resto de papeleos puedo hacerlos yo con el pasaporte bueno.

            — Entonces, ¿yo ya no tengo que hacer nada más?

            — Has hecho suficiente —respondió Antonio.

            — ¿Qué hacemos esta tarde? —Preguntó impaciente Brigitte—. ¿Podemos ir a casa de mi madrina? Quiero pasar tiempo con ella.

 

 

 

 

 

            Pasaron las dos horas y nadie se presentó en su casa. Ángela se enojó, no eran tan buenos como alardeaban, después de todo. Seguramente tardarían días es limpiar su nombre, no importaba realmente. Pero disfrutaría sermoneándolos.

            En ese momento se concentraba en el agua de su piscina. Por alguna razón la sombra que manaba de sus manos se disolvía en cuanto la tocaba. Era muy extraño, como si el agua realmente no fuera materia sino energía pura concentrada.

            Desistió al cuarto intento y trató de mover una tumbona. Fue relativamente sencillo envolverla en sus haces oscuros y aprender su composición atómica pero cuando trataba de elevarla se aplastaba y crujía.

            Estaba muy lejos de dominar esa energía. Más bien diría que le costaba mucho mantener el control ya que hacer añicos la tumbona de madera era lo más fácil. Como si necesitara romper las cosas para entender su lógica interna.

            Desesperada por no ser capaz de moverla ni un milímetro apretó la mano y reventó ante sus ojos como si hubiera puesto C4. Con la satisfacción llegó el control anhelado  y los fragmentos se quedaron flotando en el aire.

            Cerró los ojos y se imaginó las piezas encajando unas con otras hasta devolverle su aspecto original.

            — Eso no era lo que buscaba, pero es un avance.

            Apretó los puños y se concentró para extraer de su interior más energía oscura pero se sentía agotada, enferma. La luz del Sol de daba dolor de cabeza. Se dio cuenta de que era su peor enemiga ya que disipaba los haces invisibles como agujas de hielo en el fuego de un horno. Y era agotador.

            Se fue a la cama tambaleándose y se quedó dormida apenas cerró los ojos.

 

 

 

 

 

 

            Pasaron la tarde más aburrida que Yuvén podía recordar. Al parecer a Antonio Jurado no le importaba escuchar hablar a las dos mujeres en alemán sin descanso, pero él deseaba morirse.

            — Podemos salir a ver un poco  la ciudad —casi suplicó.

             Claro, vamos a pasear —aceptó de buena gana la madrina de Brigitte.

            "Si saben castellano por qué hablan en otro idioma,  ¿no se dan cuenta de que es una falta de respeto?".

            Y salieron los cuatro a pasear, por lo que la tarde se terminó de echar a perder. Él quería hablar con Antonio Jurado a solas y no lo consiguió.

 

 

            Por la noche no logró conciliar el sueño en un buen rato porque se esforzaba en recordar el rostro de Génesis, tan perfecto y delicado que con solo verla se le paraba el corazón y se congelaban sus pensamientos. Sus ojos de color zafiro verdosos eran tan bonitos como las piedras a las que recordaban. Pero en el fondo de sus pupilas, cada vez que se asomaba había un océano de bondad y tristeza en su interior que deseaba apaciguar con todas sus fuerzas. Antes de apagar la luz de su cuarto, ya en el hotel, sacó un recorte de periódico de su cartera y lo miró embelesado. La foto de una mujer en blanco y negro era idéntica a la chica inocente que conoció. Alguien muy parecida había manchado su imagen al asociar su rostro al anuncio de un local de striptease. Cada vez que veía el recorte se preguntaba si se habría visto forzada a trabajar vendiendo su cuerpo. Pero esa no podía ser ella teniendo los poderes tan asombrosos que tenía.

 

 

 

 

 

            — ¿Te encuentras bien?

            Ángela abrió los ojos con dificultad. ¿Seguía cansada?

            Al ver ante ella a Lara Emmerich se forzó a levantarse aunque le temblaron los brazos.

            — ¿Qué hora es?

            — Las siete —respondió Aquiles.

            — Os dije dos horas. ¿No sabéis cumplir una simple orden?

            — Nos fuimos de compras —aclaró Lara, sonriente—, la culpa es mía.

            — No les defiendas, son un par de holgazanes.

            Quería parecer enojada pero necesitó toda su energía para mantenerse en equilibrio y sentada.

            — No tiene buen aspecto — Indicó Aquiles.

            — ¿Cuánto tiempo hace que no duermes? —Se interesó Lara.

            — No lo sé, últimamente creí que no lo necesitaba.

            — Llévatela —ordenó el rubio a su compañero, indicando con la cabeza hacia Lara.

            — Vamos, te llevaré a tu casa.

            — ¿Qué le pasa? —Preguntó.

            — Vamos.

            Héctor no era dado a explicaciones y Ángela agradeció que no las diera.

            Cuando se quedaron solos  se dejó caer sobre la cama y volvió a quedarse dormida en cuanto cerró los ojos.

 

            Levantó los párpados como nueva cuando la luz exterior era inexistente. Sin mirar a su alrededor supo que Aquiles aguardaba en el sofá mirándola con infinita paciencia.

            Se incorporó de un salto, pero a pesar de su fuerza y agilidad no se encontraba bien. Le ardía el estómago como si se hubiera tragado un litro de alcohol etílico puro.

            — ¿Qué me pasa?

            — Es el precio de tu poder.

            — ¿Qué? Nadie me dijo que hubiera que pagar por ello.

            — ¿Bromeas? Todo tiene un coste, hasta el Sol se consume cada día. La energía, siempre está en movimiento y necesita alimentarse.

            — ¿Quieres que coma?

            — Sí pero la comida te desgarraría por dentro.

            — ¡Dame lo que sea!

            — No puedo, sólo asimilarías una cosa que no puedo darte, sangre humana fresca.

            — ¿Estás de coña?

            La seriedad de Aquiles no necesitó respuesta.

            — ¿Y no tenemos una nevera llena de bolsas?

            Aquiles sonrió.

            — Si está muerta no sirve, debe estar caliente para que te transmita su calor, la energía es lo que tú asimilas. Debes salir a alimentarte.

            — No me jodas que me he convertido en una vampiresa.

            — No lo eres, pero en cierto modo podría decirse que sí. Hay formas de recuperar poder que irás descubriendo, pero emplearlo a pleno Sol es muy mala idea.

            — ¿Qué formas?

            — La oscuridad se alimenta de la tinieblas, de tu ira, de los pecados de la carne, de las muertes que causes, todo lo que contamina el alma te fortalece... La luz y los actos generosos te debilitan.

            — Así que es eso... —de modo que curar a Lara y usar sus habilidades a pleno Sol para reparar esa tumbona le habían causado esa extraña enfermedad—. Joder tío haber avisado.

            — No eres de las personas que aprenden con palabras. Supongo que ahora nos escucharás un poco más en vez de tratar de escapar a todas horas.

            Ángela quiso golpearle por hablarla como a una mocosa. Pero tenía razón, ayudar a su amiga a recuperar su vida la hizo sentir una paz espiritual reconfortante. Desde entonces su poder se vio debilitado y al usarlo durante el día terminó de agotarlo.

            Maldita sea, para una vez que era buena...

            — Así que matar me devolverá fuerzas.

            Aquiles sonrió con suficiencia.

            — Haberlo dicho antes, es lo que mejor se me da.

 

 

Comentarios: 11
  • #11

    CECILIA (lunes, 19 mayo 2014 21:42)

    EXCELENTE TONY, ESPERO LA CONTINUACIÓN...SALUDOS Y UN FUERTE ABRAZO...

  • #10

    yenny (domingo, 18 mayo 2014 01:13)

    Continuaciónnnnnnnnn

  • #9

    la princesa (martes, 13 mayo 2014 22:22)

    me encanta tony sabia que angela ayudaria a lara y en cuanto a antonio creo que se esta fiando demasiado. las cosas podrian ponerse feas para el y yuven. sabes creo que alastor no esta realmente muerto debe ser una treta para que angela llegue a genesis sin el salir muerto despues que ella acabe con genesis el acabara con ella pero ella es muy sabia y simplemente no se dejara.

  • #8

    Tony (martes, 13 mayo 2014 18:42)

    Desde luego, sabréis más de su origen. Lo que no sé es si se contará en esta historia.

  • #7

    yenny (martes, 13 mayo 2014 18:19)

    Ahora que lo pienso Alfonso tiene razón, si es una coincidencia o no lo sabremos mas adelante.

  • #6

    yenny (martes, 13 mayo 2014 18:15)

    Gracias por el cambio de letra esta se puede leer mejor, la anterior la vi en mi pc no en móvil e igual después de unos minutos se me hacia difícil seguir leyendo mareaba un poco, ahora esta mucho mejor :)

  • #5

    Alfonso (martes, 13 mayo 2014 07:50)

    Se está poniendo muy interesante la historia. Tengo el presentimiento de que los esbirros de Alastor son los protagonistas de la Ilíada de Homero, ¿o sus nombres son una coincidencia?

  • #4

    Jaime (martes, 13 mayo 2014 00:20)

    Interesante. La historia va progresando. Me muero por saber el porqué Alastor cedió sus poderes y su vida a Ángela, sabiendo que con ello despertaría una vez más a su némesis, Génesis. Presiento que Aquiles y Héctor ocultan bastante cosas de vital importancia a Ángela.

    Por cierto, ¿tiene algo que ver el asunto del banco con la trama central de la historia que involucra a Ángela y Lara? Hasta el momento, el problema monetario de Tony parece nada más una excusa literaria para reunir a Yuvén y Antonio - espero que no sea así ya que se está volviendo algo tedioso.

    Espero la continuación con ansias.

  • #3

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 12 mayo 2014 23:48)

    Muchas gracias Yenny. Es el problema de corregir y no repasar las correcciones.
    La fuente se veía mejor en una pantalla pequeña, pero vista en el móvil es cierto que marea. Ya la he cambiado.

  • #2

    yenny (lunes, 12 mayo 2014 18:42)

    Por fin Lara se recuperó y hay un avance en el banco, esta interesante esta parte. Tony en esta parte : " Desde entonces su poder se vio debilitado y al usarlo a plena terminó de agotarlo." me parece que falta una palabra después del plena o no se si esta bien.
    ¿Por que el cambio de fuente de escritura? Soy a la única que marea ??

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 11 mayo 2014 23:09)

    Puedes comentar aquí tus impresiones sobre este capítulo. Espero que os haya gustado.

Animal es el que abandona a su mascota.

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