El misterio del vagabundo

1ª parte

            En su oficio no existía sitio para los mediocres y aquellos que no tenían iniciativa. Le habían dado un ultimátum esa misma mañana. Como becaria de periodismo Katie era la más aventajada de su grupo porque de todos los que estaban contratados en "The New York Times" era la que mejor escribía y con más garra conseguía captar la atención de los lectores. Al menos eso le había confesado su jefe tomando un café.

            Lo que no esperaba era que sortearan el puesto entre ellos con una prueba final. Tenían que conseguir la historia más interesante en el plazo de un día. Si antes de las ocho de la tarde no encontraba algo podía despedirse de su prometedora profesión. De nada habrían servido sus largos desvelos en la universidad por conseguir las más altas puntuaciones. Ni estar bajo la suela del zapato de su jefe por un sueldo que no le pagaba ni los gastos vitales del mes. Y si lo lograba alcanzaría el sueño de su vida, reportera del periódico más prestigioso del pais y puede que del mundo.

            Se quedó sentada en un banco del Central Park esperando la inspiración y observó niños corriendo a horas lectivas. ¿Qué estaban haciendo fuera de los colegios? Vio personas paseando perros, gente que corría, ancianos, palomas, gorriones, árboles, el gran lago... No podía escribir sobre esas cosas, a nadie le interesarían... Entonces su vista se fijó en un banco, el que tenía justo enfrente. Frunció el ceño al ver cartones y dentro de ellos a un mendigo de unos cuarenta años, harapiento, vestido con un abrigo gris achocolatado y barba de varios meses. Ese hombre no se había duchado en toda su vida, a juzgar por la suciedad de su cara. Le llamó la atención porque en todo el tiempo que había estado sentada en ese lugar no se fijó en él. Era como si hubiera aparecido de repente. Era tan habitual verles por las calles que pasaba de largo sin percatarse de su existencia.

            Claro, ahí tenía su historia. Se levantó decidida y se quedó de pie, junto a él.

            — Disculpe, ¿puedo hacerle una entrevista? — Preguntó.

            — Pues claro que puedes. Llevo tantos años escondiéndome de los paparachis que me había olvidado de lo que era ser famoso —bromeó él.

            — ¿Cómo se llama?

            — Vaya hembra, que voz tienes. Me enamoraría de ti si no fueras una plebeya. Soy Vicente.

            Ella iba a preguntar otra cosa pero dudó si reír por sus aires de grandeza o enojarse por creerse superior a ella.

            — Esta noche voy a morir —explicó, convencido y sonriendo.

            — ¿Y cómo lo sabe?

            — He tenido un sueño y he visto que ocurrirá.

            — Pero eso no significa nada, no son reales.

            — Sí, porque ya he soñado otras cosas que se han cumplido.

            — Mire, soy Katie y trabajo... Bueno intento ganarme un puesto fijo en el periódico "The New York Times" que me ha dado un plazo de un día para que les lleve un artículo interesante que quieran publicar. Había pensado en escribir sobre un vagabundo para que la gente sepa por lo que está pasando, cómo ha llegado hasta ahí, si es que es tan amable de contestar mis preguntas. No puedo pagarle, pero le prometo que si me dan el trabajo le invito a cenar.

            — Le voy a contar algo que podría ayudarla.

            — ¿El qué?

            — Un secreto, pero tengo hambre así que si me invita a un perrito caliente...

            — Lo siento, no puedo perder el tiempo —tenía lo justo para coger el metro y volver a casa y no iba a sacar dinero de cajero por alimentarle a él.

            — Mujer, está allí mismo, huelo el puesto desde aquí. Vamos no sea tacaña, le prometo que merece la pena.

            — ¿Sabe qué? Se lo traeré si es algo que me interese de verdad.

            — ¿Cómo voy a fiarme de una extraña? —Protestó Vicente—. Necesita demostrar que puedo confiar en usted. Es mi secreto y no se lo voy a contar a cualquiera.

            Katie suspiró y termino aceptando. Como dijo el vagabundo, estaba a la vuelta de la esquina. También estuvo siempre ahí pero era una de esas cosas de Manhattan a las que se había acostumbrado como un decorado más. Ella nunca pedía nada y se acostumbró incluso al olor a fritanga que rezumaba el puesto.

            — Déme un perrito —pidió un tanto avergonzada de que algún compañero la sorprendiera.

            — ¿Con cebolla, Ketchup, mayonesa?

            — Sí.

            — ¿Todo?

            — Completo sí, dese prisa por favor.

            — Marchando.

            Cuando lo tuvo envuelto en la bolsa de papel caminó lo más rápido que pudo hasta el mendigo, que no se había movido de su sitio.

            — Un ángel del cielo, Katie. Eso es lo que es, gracias... Umm, cómo huele.

            Se lo entregó y vio que lo desenvolvía con sumo cuidado mientras se sentaba, apartando los cartones. Estaba muy flaco y los dientes los tenía bien, no eran negros como imaginaba. Su ropa no se veía pasada de moda, solo sucia y desgastada. Tenía un pantalón vaquero y unas botas con la suela medio despegada. En el pecho, bajo el abrigo de lana tenía una camisa gris que quizás un día fue blanca.

            Al descubrir el manjar que le había traído sonrió como si viera la octava maravilla del mundo.

            — Con cebolla, Ketchup y... ¿mayonesa? Dios, la detesto —su cara cambió radicalmente y tiró el perrito a tres metros.

            Casi alcanza a una anciana y ésta, al ver quién se lo había tirado optó por seguir su camino sin tomar represalias.

            Katie no podía creer lo que estaba viendo.

            — ¿Pero qué ha hecho? —Preguntó, horrorizada.

            — ¿Lo querías tú? —inquirió él con mirada de loco.

            — No, pero si no lo quería podía... —daba igual lo que hiciera, era un dólar cincuenta que suponía casi su almuerzo diario. Y ese estúpido lo había tirado por que tenía mayonesa...

            — Tráeme otro que solo tenga Ketchup... Las cebollas tampoco las quiero.

            — No pienso hacerlo, está loco. Si quiere uno vaya y coja ese.

            Vicente la miró espantado.

            — ¿Como si fuera un perro?

            Katie se mordió la lengua y observó a su alrededor, avergonzada. Ver a un vagabundo llamar la atención no era algo en lo que la gente se fijara, pero sí se fijaban en los que hablaban con ellos.

            — Es inútil, voy a buscar otra cosa.

            Se alejó de él esperando que no la siguiera. Pero él hizo algo peor, se puso a vociferar con todas sus fuerzas.

            — Se lo contaré a otro, mi secreto, quiero decir.  Luego no llore si le quitan su puesto porque uno de sus compañeros me trajo un perrito caliente a mi gusto.

            En ese momento vio a Gemmy, la rival más capacitada para la prueba, entrar en el Central Park en dirección al vagabundo y le entró el pánico. Ese hombre la estaba avergonzando y no podía consentir que su compañera lo presenciara.

            Se dio la vuelta y corrió hasta él.

            — Se lo traeré, pero por favor, deje de gritar.  

            — Por supuesto —aceptó Vicente, sonriendo.

            Corrió a buscar su segundo perrito caliente y esta vez se aseguró de que sólo le pusieran Ketchup.

            — Aquí tiene, ya puede contármelo.

            Pero el vagabundo se puso a comer el perrito con sumo placer y la ignoró por completo. No volvió a mirarla hasta que se lo terminó.

Comentarios: 11
  • #11

    Gisela a.0 (lunes, 30 diciembre 2013 19:57)

    ojalá existieran así podría acabar con. Mi sufrimiento

  • #10

    Juicer Reviews (jueves, 25 abril 2013 11:06)

    This is an excellent post! Thanks for sharing!

  • #9

    Nayfana (jueves, 03 enero 2013 18:30)

    hf fbgfhr vjnnh jnfrhf j hjgfngjtn gnfnfj jnf jmfjmfjjt jjf cfnjncnfjf nn fnnn vnhntrun unfhr hvhf u hnnf fjnu8nth f fhjnrjjjr gtnntjjtjntjjgtjnjtn gyn gjntjkt gjnngjh fubti bvj fvnhjfumeidjvf vjmbkt jnvj fj jntufjyrhhf jfnnroot rmc fjnfnr mffmfk nrjjr mfr kfmk fmftkmgkmgtu gj h v h jf fjuj gjntghuikfimf8jrimfom,rotmg9tmjfmjrieikkckm,fkmfjkmfkjcfjmfjmjf cfjjfjfnnvnnvnnvnvbvnnhjnhvnhnvnnvnnvnnvnn n vhbfhf vfhbnfyh gfu thjgimfg gbbgbdbbhgbgtrbggg b trh bgt fubfhwe

  • #8

    jorge (martes, 30 octubre 2012 15:37)

    el vagabundo era un artista que vio lo importante de la vida y le mostró a ella q podes elegir lo que quieras asta un perro caliente.porque la vida es parte de la muerte podemos morir y nacer al mismo tiempo podemos soñar y cumplir nuestros sueños podemos parar y empezar de nuevo.todos somos vagabundos todos soñamos y todos tenemos hambre. una ves cumplido lo soñado llega la paz del valle.que ejemplo para no sentir presión por un simple historia.

  • #7

    lulu69 (lunes, 08 octubre 2012 12:19)

    Se me ocurre que el vagabundo podría ser en realidad alguien de la nobleza de algún país europeo desterrado y despojado de sus títulos, la cuenta una historia de sus orígenes y como todo lo que sueña acaba cumpiendose misteriosamente... por ahí podría ir la cosa.

  • #6

    carla (lunes, 08 octubre 2012 02:16)

    *-*
    Pues, :/ podria contarle que fue lo que soñó, es decir, como va a morir, le cuenta de las otras veces que ha soñado algo y se ha cumplido.... o algo asi y luego le cuenta algo acerca de ella :D

  • #5

    naruto7 (domingo, 07 octubre 2012 20:40)

    Puede ser que le cuente un secreto de algun presidente de cualquier pais o algo malo que involucre al mundo.
    Bueno esas son mis ideas para la continucion

  • #4

    Jaime (sábado, 06 octubre 2012 00:50)

    Pues mira que lo más lógico es suponer que el vagabundo es muy astuto y nada más está jugando con la periodista para ésta le compre su almuerzo a su gusto. El secreto resulta ser cualquier guarrada que en ese momento se le ocurrió al vagabundo.

  • #3

    katti (viernes, 05 octubre 2012 23:31)

    Ummmm... tony no tengo tu don para escribir historias tan bien que parecen reales,(seran verdad o no, prefiero no saberlo) como ya me di cta el vagabundo tiene un don para ver en sueños el futuro, me imagino que el vio en ese sueño que ella iba a aparecer y le iba a tener que contar a alguien su secreto para poder morir en paz, cual sera el secreto?? prefiero que tu me lo digas tony! :)

  • #2

    Lyubasha (viernes, 05 octubre 2012 16:29)

    Ahí va mi continuación:
    El vagabundo la lleva a un lugar aparte y comienza a contarle cómo consiguió tener sueños premonitorios.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 05 octubre 2012 15:10)

    Esta vez no os lo pondré tan fácil, tendréis que decidir vosotros el núcleo de la historia y sus derroteros. Empezar a sugerir continuaciones para que pueda poner las votaciones. Sino, la historia no podrá continuar.

Animal es el que abandona a su mascota.

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