El misterio del vagagundo

2ª parte

 

            El vagabundo se lo tomó con mucha calma. Se limpió con las servilletas y después de limpiarse los dientes con su propia lengua y extraer los trozos de pan con la uña de su dedo meñique, la miró como si fuera a contarle el misterio más inquietante de la historia.

            — Verá, por las noches, suelo ver a un hombre de negro, como un sacerdote y sigue a las personas que no van a vivir más de un día.

            — ¿Cómo?

            — Se lo juro, es un tipo extrañísimo nunca le veo la cara, es como muy pálido y siempre le veo de noche. Ya le he seguido varias ocasiones y acaba muriendo la persona a la que sigue.

            — ¿En serio? —Katie perdió interés, ese hombre estaba loco.

            — Puede comprobarlo —insistió Vicente con exagerada ansiedad—. Busque a... Franklin Bartolomé. Sí, ese fue el primero. Aún tenía casa, mujer y un futuro... Pero estas visiones me han destrozado la vida. Era mi vecino, él vivía frente a mi casa y apenas cruzábamos palabras. Cuando vi a la Parca —puso especial énfasis en esa palabra —, miraba directamente a su casa de pie, en la acera y nadie más que yo le veía. Me fijé en el detalle de que no proyectaba sombra.

            — Si iba de negro y era de noche, ¿cómo podía verlo?

            — Caramba, no vivía en una cueva. En mi urbanización había farolas —explicó enojado.

            — Ah, ya... —Katie apuntó el nombre de Franklin Bartolomé.

            — Salió en los periódicos, murió en su casa de un infarto. Luego, semanas después, o meses, no recuerdo, vino a la mía... Miraba a mi mujer... Quise espantarlo, cogí el coche y traté de atropellarlo... pero con tan mala suerte que mi mujer pasaba justo por ahí y me la llevé por delante... Esa puta Parca me utilizó para matar a mi esposa...

            — Cuánto lo siento —se sinceró Katie.

            — Fue horrible, me acusaron de homicidio, me encerraron en la cárcel durante tres años y cuando salí ya no pude conseguir trabajo, lo perdí absolutamente todo.

            Se notaba dolor en su voz mientras hablaba.

            — Por eso está así... —dedujo ella.

            — El banco me embargó todo para recuperar la hipoteca que acabábamos de pedir: La casa, el coche, todas mis inversiones. No me iba mal, pero al salir de la cárcel me encontré en la calle, solo y sin un centavo.

            — Es una historia desgarradora —opinó tratando de contener una sonrisa de triunfo por respeto a Vicente—. ¿Cómo se llamaba su mujer?

            — Linda Smith, también salí en los periódicos, puede comprobarlo.

            Katie anotó su nombre debajo del otro y volvió a dedicarle toda su atención.

           ¿Y no ha vuelto a ver a la... Parca? —inquirió.

            — Sí, la veo muy a menudo. Intento advertir a los que la tienen pero todos terminan muertos.

            — Vaya... ¿Y por qué me dijo antes que iba a morir esta noche? La ha visto siguiéndole a usted.

            — Efectivamente, la vi justo bajo la luz de esa farola — señaló el palo metálico que a esas horas de la mañana no emitía luz alguna.

            Katie sacó su teléfono móvil y fotografió el objeto, como si fuera de gran interés.

            — Creo que voy a titular el artículo "Crónica de una muerte anunciada".

            — ¿No es muy típico? —opinó el vagabundo.

            — No, es fantástico, suena a película. Voy a contrastar la información de la que me habla y volveré esta tarde si gano el puesto.

            — ¿Y si no?

            Katie sonrió agradecida y asintió.

            — Le invitaré a cenar de todas formas.

            — Eso estaría bien —agradeció el hombre, con una mueca agradable.

            — No se preocupe, es posible que pase de largo ya que usted puede verla venir y esconderse.

            — ¿En serio? —preguntó ilusionado. Luego volvió a poner su cara de hastío—. No creo, es muy lista la muy hija de puta.

            — Cuídese y muchísimas gracias.

 

            Estaba contentísima, con ese material tenía una noticia que, de morir realmente ese hombre aquella noche podría convertirse en un notición. Puede que no ganara el puesto, era una historia algo rocambolesca, pero si al día siguiente demostraba a su jefe que el vagabundo había muerto, le daría el puesto con los ojos cerrados y tendría que echar al que eligió al día anterior.

            Buscó por los periódicos de la biblioteca y encontró ambas muertes, tanto la de su vecino como la suya. En el titular de su esposa aparecía un texto algo inquietante, pero claro, el que escribió ese artículo no tenía ni idea de lo que había pasado realmente. Ella conocía el secreto... Y lo haría público.

 

            "Nueva víctima de maltrato de género".

            Un hombre atropella a su mujer a la puerta de su casa por presuntos celos. La fiscalía pide para él veinte años de prisión pero la defensa alega enajenamiento mental y locura transitoria.

 

            Siguió buscando y encontró, que un par de meses después, ganó la defensa y por ello la pena que tuvo que cumplir fue de tres años. Sonrió porque volvía a creer en la justicia, en ese caso podía entender que no quería matar a su mujer sino que fue un accidente por un tipo extraño de enajenación mental y locura.

           

            Tuvo que comer un sándwich de la máquina de redacción y se quedó con hambre, se había gastado tres dólares en ese hombre y merecía la pena el sacrificio. Además así perdía ese kilo que tenía de más en la cadera. Escribió su artículo y lo revisó una y otra vez ofreciendo fechas precisas y nombres. Aún faltaba una hora para las siete de la tarde cuando lo leyó por última vez en voz alta y terminó colocándolo en la mesa de la oficina de su jefe. Al parecer había sido la primera en hacerlo. Quería demostrar que tenía su artículo terminado cuanto antes por si el vagabundo moría en el transcurso del día y nadie la creía si decía que fue él quien le contó la historia.

            Su jefe entró en el despacho y la miró sorprendido.

            — Sabía que eres la mejor, pero no esperaba que lo tuvieras tan pronto... ¿Estás segura de que lo entregas ya? ¿No quieres revisarlo?

            — No, es perfecto. Léalo por favor.

            Se sentó en su silla de cuero y comenzó a leer el artículo en voz alta. Lo había revisado tantas veces que se lo aprendió de memoria así que cuando lo leyó se sintió orgullosa de sí misma.

            — Interesante e inquietante... Una especie de ángel de la muerte que nos señala para morir un día determinado.

            — Sí, pero lo mejor será cuando esta noche el vagabundo sobreviva o muera. En realidad da igual porque una cosa demostraría que está loco y la otra que tenía razón. El artículo será bueno, añadiré lo que sea necesario y estará presentable para ser publicado.

            El jefe asintió con la cabeza, convencido.

            — Me gusta... — susurró —. Puede que te contrate, está claro que no te involucras con lo que escribes pero le pones pasión. Eso es exactamente lo que necesitamos en este periódico, objetividad y dedicación.

            — Gracias.

           

            Todos sus compañeros fueron desfilando por el despacho con historias que según ellos iban a triunfar. Uno llevaba el relato de un atraco desde el punto de vista del atracador que encontró en la comisaría, recién detenido. Otro había hecho un estudio estadístico entre doscientas personas de si prefería el baloncesto o el béisbol. Su mayor rival no llegaba y le preocupaba que Andrea pudiera encontrar algo mejor que ella.

            Finalmente apareció y venía con una sonrisa radiante, como si estuviera segura de ganar el puesto.

            — ¿Qué has escrito? —le preguntó, que además de su mayor rival, era su mejor amiga.

            — Espera que se lo enseñe al jefe y te cuento.

            Observó la conversación con suma inquietud y vio que asentía a medida que leía el artículo. Luego vio que extendía la mano y se la estrechaba con cara de orgullo.

            — No puede ser —susurró, desesperada.

            — ¿Se lo han dado a ella? —preguntó otro de los aspirantes, el de la encuesta.

            — No me jodas... Meses tirados a la basura —dijo el tercero, pegando una patada a la papelera.

            Si a ellos les fastidiaba, Katie no fue capaz de expresar su abatimiento. Con la beca le alcanzaba para pagar su habitación, apenas llegaba a fin de mes y si no conseguía el trabajo tendría que volver con sus padres a Memphis, fracasada, después de estudiar la carrera de periodismo. Su sueño de trabajar en ese periódico se había esfumado y sintió que le faltaba el aliento.

            — ¿Estás bien? —inquirió James, el que escribió sobre el atraco.

            — Aun no lo han anunciado —se negó a creerlo—. Tiene que salir y decírnoslo.

            — Es obvio, no te hagas ilusiones.

            Guardaron silencio y esperaron a que saliera el jefe con Andrea, su ex—amiga, ahora enemiga.

            — Ha sido una decisión difícil —comenzó mirándola—. Pero al final nos quedamos con ella —dirigió su mirada sonriente hacia Andrea—. Ha escrito un artículo sobre el sueño americano contando cómo todos los que vienen a este país descubren la enorme libertad que tienen y que en mayor o menor medida consiguen cumplir el sueño. Me ha emocionado y la quiero con nosotros.

            — Yo he tenido que hablar con un vagabundo loco —repicó Katie, con la voz entrecortada—. ¿Cómo puede darle el puesto a alguien que se ha metido en su habitación y ha escrito lo primero que le ha venido a la cabeza?

            — Y yo he tenido que hablar con un delincuente —apoyó James, enojado.

            — Lo siento chicos pero vuestra historia trataba de alguien con problemas que no erais vosotros. No estabais realmente implicados con lo que escribíais. Ella en cambio ha abierto su corazón exponiendo sus propios sueños e inquietudes.

            — Genial,... ¿Y qué hago yo ahora? —Katie no pudo aguantar más y rompió a llorar.

            — Lo siento chicos, solo había un puesto y creo que he elegido correctamente.

 

            James la vio tan hundida que la invitó a cenar. Aceptó, sabiendo que él no tenía problemas de dinero y se le ocurrió que quizás debía cumplir su palabra e invitar al vagabundo. Lo malo era que sería aprovecharse de su compañero, ya que pagaría él, y no sabía cómo se lo tomaría. Evidentemente James pretendía acostarse con ella, se le veía en los ojos cada vez que la miraba, así que no supo qué hacer. Era un chico agradable pero un loco temerario y mujeriego. Aunque si invitaba al vagabundo mataría dos pájaros de un tiro, cumpliría su palabra y mantendría quietas las manos de James y, de paso, las del vagabundo.

            Además se moría de hambre.

            — ¿Puedo invitar a alguien más? —Se atrevió a pedir.

            — ¿A quién?

            — Tengo una promesa que cumplir, prometí invitar al mendigo de mi artículo.

            — ¿Un vagabundo? —pronunció con asco James.

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 16 octubre 2012 17:52)

    Ah, olvidaba deciros, que al pedirme que hiciera la segunda parte, no solamente he escrito eso sino que... Bueno, ahora tendréis que decidir pequeñeces porque hay una verdad que aun no he escrito y que saldrá al final de la historia. Me refiero a que vosotros solamente decidiréis el destino final de cada personaje, no lo que pasa por sus respectivas cabezas.

  • #6

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 16 octubre 2012 17:50)

    A ver, de momento están estas opciones.
    1-. James acepta y van a cenar los tres juntos.
    2-. James rechaza al vagagundo y Katie va invitarlo con lo poco que tiene (para ver si muere).

    ¿Alguna más?

  • #5

    carla (martes, 16 octubre 2012 02:18)

    Super interesante!! Me gusto que la siguieras Tony ahora es un poco mas facil continuarla nosotr@s :)
    Apoyo la continuacion de lyubasha.

  • #4

    Lyubasha (lunes, 15 octubre 2012 20:48)

    ¡Qué interesante está! Aquí dejo mi continuación:
    James acaba aceptando, y cuando van a buscar al vagabundo Katie ve morir al vagabundo y a la figura de negro junto a él.

  • #3

    Jaime (lunes, 15 octubre 2012 20:28)

    Esta vez me la habéis puesto difícil; no se me ocurre gran cosa para continuar el relato. Lo más sensato es suponer que James rechaza invitar al mendigo y que, al ir Katy a buscar al vagabundo, ella descubre que éste ha muerto de una forma inverosímil.

  • #2

    katti (lunes, 15 octubre 2012 18:26)

    Gracias tony.. pro aun sigo intrigada....1 :)

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 15 octubre 2012 15:08)

    Ahora os toca proponer continuaciones. Me alegro de que eligierais que continuara yo (espero que como excepción) pero lo suyo es que seais vosotros los que me digáis cómo continuar.
    Espero vuestras opciones.

Animal es el que abandona a su mascota.

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