El misterio del vagabundo

4ª parte

 

            — Vicente, no tienes por qué hacer esto, soy amiga tuya ¿recuerdas?

            El mendigo clavó con fuerza la pistola en sus riñones para obligarla a caminar más deprisa.

            — Yo no tengo amigos —gruñó—. He sido agente del gobierno en el servicio secreto. Si quería iba a Shangai, Sydney, Laos y todos los gastos estaban cubiertos incluida una jugosa paga extra. Pero cuando atropellé a mi mujer me dieron la espalda, me trataron como basura… Me quedé solo y sin nada.

            — No tengo nada para ti, estoy como tú. Ya ni siquiera soy becaria.

            — Ese es tu gran pecado, tienes algo que no valoras y no eres agradecida. Pero no te preocupes yo te lo agradeceré eternamente.

            — Te lo juro... Si quieres joyas…

            Ante la insistencia de ella Vicente chasqueó la lengua y la interrumpió.

            — Estoy hablando de tu vida, estúpida.

           Oh Dios mío —Katie hubiera preferido no comprender.

            Ahora que sabía que iba a morir, su lengua se paralizó y su cuerpo se inundó con una ponzoña dulce que le restaba fuerzas para afrontar cualquier intento de lucha.

            Su mente se embotó con el único sentimiento de terror que la invadió. Lo que había detestado hacía unos segundos, que era la idea de regresar con sus padres, se convirtió de repente en un ancla al que aferrarse. Lo que más temió fue convertirse en titular trágico del periódico que la había rechazado.

 

            "Becaria del New York Times asesinada por ser demasiado entusiasta con sus investigaciones periodísticas".

 

            — Puede que consiguieras el trabajo si te hubiera contado mi verdadero secreto —rió Vicente—. Pero me habrías denunciado y no podía consentirlo.

            — ¿Qué quieres decir? —su voz sonó temblorosa.

           Oh, no te he mentido, solo oculté parte de la verdad.

            — Tú eres esa parca —dedujo ella con un hilo de voz.

            — Nada más lejos de la realidad —explicó abriendo la puerta de una vieja tienda. Por su aspecto parecía que nadie había entrado ahí en veinte años—. Cuando apareció frente a mi casa traté de matarla y en cierto modo lo conseguí. Mi mujer estaba en la cocina cuando empotré el coche creyendo acabar con esa pesadilla. Pero se ve que al morir Elsa, la muerte se vio satisfecha. En la cárcel dudé si me había ido a buscar a mí o a mi esposa, pero un año después volví a verla y esta vez le vi la cara. Era una mujer joven, como una sombra de la que sólo veía el rostro y supe que vino a buscarme a mí.

            — ¿No era un hombre? —preguntó ella.

            — Mi parca es una mujer, la primera era un tipo con gabardina negra, ese fue quien se llevó a mi vecino. Pero ya sé cómo aplacar a esa zorra, si mato a alguien en su presencia se lleva a esa persona y me deja un año  tranquilo. Así que ahora conoces mi secreto, felicidades porque tienes un contrato indefinido con la muerte.

            — Por favor no me hagas daño.

            — Me gustas, no mucha gente se acerca a hablar conmigo si no es para amenazarme o que abrace la cruz de Cristo. No tengo nada contra ti pero has aparecido en el momento oportuno. Me has ahorrado tener que matar a un desconocido y si lo hiciera tendría más cargo de conciencia porque nunca se sabe si estás dejando huérfanos a unos críos. Tú no tienes a nadie así que...

            — ¿Y mis padres? No me tienen más que a mí.

            — Esos no me dan pena ninguna, chata. Si tanto detestabas volver con ellos por algo sería.

            — Nunca dije que fueran malos padres —se excusó Katie, entre lágrimas—. Me pagaron la universidad hipotecando la casa, me presionaron para motivarme a ser la mejor en mi trabajo, volver sería como decirles que sus esfuerzos y los míos han sido inútiles. Pero les quiero, lo dieron todo por mí y si muero les partirás el alma.

            — Mírate, defendiendo tu vida igual que en un tribunal. Es una situación graciosa, como si pudieras convencerme de que vale más que la mía. A no ser... Sí, suena divertido, hay tiempo.

            El mendigo le quitó el bolso de las manos y buscó en su interior.

            — Aquí está —extrajo el teléfono y se lo dio—. Si llamas para que vengan te perdonaré la vida y mataré a esa persona. ¿Conoces a alguien que merezca morir más que tú?

            Katie se quedó helada y sin palabras. Le ofrecía una oportunidad de vivir si señalaba a alguien y, dado que estaba loco, tenía la certeza de que cumpliría su palabra.

            Cogió el móvil con nerviosismo y miró la pantalla mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

            — ¿Cuanto tiempo tenemos? —preguntó, nerviosa.

            — Unas tres horas.

            Katie comenzó a buscar en su agenda y fue repasando mentalmente los nombres. Casi no podía mirar por miedo a que fueran candidatos, pero su mente tenía claro uno, Andrea. Si había una persona en el mundo a la que odiaba era a ella por robarle su sueño. Además si moría... Seguramente le darían su puesto (siempre y cuando no la inculparan como cómplice).

            — Parece que lo tienes claro —se emocionó el mendigo—. Vamos llama, no me importa quién muera esta noche.

            — No puedo hacerlo —replicó, temblorosa—. No podría cargar con eso...

            — Claro que puedes. Mira, cuando empecé a trabajar como agente encubierto me dieron licencia para matar y pensé que no sería capaz, que yo no era un asesino. Pero cuando se trata de elegir entre tu vida y la de otro... Todos lo somos.

            — Tú lo eres —atacó Katie, enojada—. Yo no puedo, es mi amiga y debería alegrarme por ella en lugar de envidiarla.

            — ¿Esa es tu decisión? —indagó—. ¿Qué dices de tu amigo James?

            — No... No tienes por qué matar a nadie...

            — Eso se lo cuentas a la que viene a por mí. Porque nunca comprenderé por qué merezco la muerte más que el resto del mundo. Te he cogido aprecio, pero sabes qué, mi pellejo es lo primero. Al igual que esa zorra me da siempre un día para buscar un chivo expiatorio no quiero dejarte sin tu oportunidad así que busca a alguien en ese teléfono que pueda reemplazarte o morirás. A lo mejor ahora dudas, pero cuando te queden dos minutos serás capaz de llamar a tu madre, te lo aseguro —a medida que hablaba su tono se volvía más áspero.

            — No puedo... —sollozó ella.

            — ¡Llama a alguien de una maldita vez!

            Enfatizó su impaciencia apuntándola a la cabeza. Tuvo el arma tan cerca que vio el brillo redondeado de la bala en el interior del cañón.

            — ¡No puedo! —Chilló desesperada.

            Escucharon pisadas en el exterior del callejón y el mendigo le puso la mano en la boca mientras la apuntaba a la sien.

            Al no escuchar nada más le indicó con el dedo índice en los labios que guardara silencio y luego con el pulgar rozando su cuello le dejó claro que la mataría al menor intento de llamar la atención.

            Naturalmente obedeció, estaba tan asustada que le temblaba la mandíbula.

            Vicente se asomó al exterior a través de un papel medio arrancado del escaparate.

            Durante un segundo la chica tuvo una oportunidad de saltar sobre él y tratar de quitarle la pistola, pero no lo hizo porque no podría dispararle, cosa que él también tendría presente.

            — ¿Estás segura? Ahí tienes a tu novio, buscándote — murmuró mirándola a los ojos—. Él lo haría si le dieras la oportunidad de morir por ti.

            Katie temió que le escuchara hablar, pero una parte de ella deseaba que entrara como un héroe de película y tras una pelea le arrebatase la pistola a Vicente. En un mundo feliz no tendría que morir ninguno de los tres. Pero si James abría esa puerta su vida llegaría a su fin sin saber qué lo mató, Vicente esperaba agazapado en lo más oscuro de aquella antigua tienda de ultramarinos y dispararía apenas asomara la cabeza.

            — Has perdido la ocasión —se escuchó la voz cascada del mendigo—, ha pasado de largo.

            Miró el reloj y sonrió.

            — Mi amiga está al caer, ¿de qué quieres que hablemos?

            Se sentó en el mostrador y la señaló con la pistola.

            — ¿Puedo llamar a mi madre? Necesito despedirme.

            — No, dame ese teléfono —respondió hosco.

            — No quiero morir — sollozó Katie mientras Vicente le arrancaba el aparato de la mano.

            — Deja de llorar de una vez —la instó, colocándola el cañón de su arma en la sien con tanta fuerza que hizo emitir un gemido de dolor.

            Se mantuvo en silencio sin poder evitar el brote de sus lágrimas y Vicente se calmó. Se dejó caer a su lado mientras se rascaba la cabeza con la mira del arma.

            — Perdona —susurró—, no soporto a los llorones. La vida ya es lo bastante dura como para detenerse a llorar por cualquier tontería.

            Katie no fijo una palabra. Detestaba la idea de que ese chiflado creyera que era su amigo.

            — Debería darte las gracias —continuó el mendigo con voz melosa—, eres la única  persona a la que he dado la oportunidad de cambiar su destino. La primera que entiende lo que siento y por eso me dolería que no fueras capaz de elegir a alguien para morir.

            — No voy a seguirte el juego —replicó.

            — Antes te quedaste mirando un nombre —apuntó el mendigo—. Vamos Katie, dime quien es.

            La chica negó con la cabeza.

            — No eres tú la que va a matarla, puedes culparme a mí —insistió Vicente—. Es como yo lo veo, no soy yo quien mata sino que engaño a la muerte. Tenemos la oportunidad de cambiar nuestro destino, no la desaproveches, estoy seguro de que conoces a alguien que merece morir más que tú.

            — ¿Merecerla? No la merezco —se defendió enojada.

            — Claro que no —apoyó él rodeándola con el brazo como si fuera un amigo íntimo, mientras hacía círculos con la pistola a escasos centímetros de su cara—. Ella sí, vamos, marca su número, hazla venir. A nadie le gusta que una bala le reviente los sesos y por la cara que tienes no eres ninguna excepción. Adelante, es de humanos tratar de sobrevivir a toda costa.

            El miedo a morir por primera vez logró romper la determinación que tenía. Miró el teléfono y se imaginó por un momento llamando a Andrea y suplicando que acudiera a ese lugar cuanto antes. Si lograba convencerla de que fuera, sería pidiéndola ayuda y a cambio de su generosa ayuda recibiría un balazo. Si no acudía en su auxilio moriría sabiendo que hubiera matado con tal de sobrevivir, su alma no estaría limpia y se expondría a la condena eterna del infierno. No había sido muy creyente durante su vida pero ahora no hacía más que arrepentirse de todos los errores cometidos porque veía el reino del mal a escasos centímetros de su cara.

 

 

 

 

 

 

Comentarios: 7
  • #7

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 16 noviembre 2012 09:54)

    Ya está decidido... Habéis votado y me pondré con ello. Esta vez no pondré el resultado para que al menos los despistados que no sepan cómo ha quedado no pierdan la intriga del final. Aunque procuraré que dentro de vuestra decisión haya alguna sorpresita.

  • #6

    carla (martes, 13 noviembre 2012 01:22)

    Bien...
    Katy llama a Andrea para que acuda al sitio a ayudarla pero esta nunca se presenta y llega la hora en que Vicente tiene que matar a alguien pues la parca ya esta cerca, y bueno ahii lo dejo... :)

  • #5

    katti (lunes, 12 noviembre 2012 20:37)

    ...... :(

  • #4

    Jaime (viernes, 09 noviembre 2012 19:09)

    Mi continuación es que Katy aprovecha algún minuto de descuido del mendigo para golpearlo con un bate cercano, tras lo cual Vicente se desmaya. Katy huye y la parca se lleva el alma de Vicente.

  • #3

    Lyubasha (viernes, 09 noviembre 2012 10:10)

    ¡Ay Tony en qué lío nos has metido! Ahí va mi continuación: Katie llama a Andrea y es ella quien muere, pero a cambio Katie tiene que padecer la misma condena que el vagabundo, es decir, que ella también tiene que ver a la muerte.

  • #2

    lulu69 (viernes, 09 noviembre 2012 08:58)

    Está la cosa difícil. Puede ser que Katie convence a Vicente de que no tiene que matar a nadie y que esa parca que cree ver sólo está en su imaginación, o que James vuelve con la policía porque antes ha visto algo raro, por ejemplo...

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (jueves, 08 noviembre 2012 23:26)

    Ya podéis sugerir cómo debe terminar la historia. Esta vez el destino de Katie, Vicente y puede que de Andrea, James o alguien más está en lo que decidáis.

Animal es el que abandona a su mascota.

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