El ojo misterioso

1ª parte

            Era el gran día, el concurso estaba a punto de empezar y ya tenía la bolsa de viaje preparada para salir de casa.

            No sabía en qué consistía exactamente, su hermana le dijo que a los ganadores les darían diez millones de euros si lograban salir de una isla.

            Llevaba diez meses en paro y si no conseguía dinero o un trabajo en dos meses el banco le embargaría la casa en la que vivía y seguiría debiendo la mitad ya que la habían tasado en trescientos mil euros cuando la compró y ahora no valía ni ciento cincuenta. Nunca pensó que siendo informático le costaría encontrar trabajo pero así era, especialista en Delphi, con casi veinte años de experiencia y siendo jefe de proyecto en los últimos dos, la compañía en la que trabajaba decidió cambiar de tecnologías y en lugar de darle un curso de formación le dieron una patada en el trasero aprovechando que despedirle era barato y que podían tener expertos jóvenes por mucho menos dinero.

            Eso ocurrió hacía tres años. Estuvo un año en paro, consiguió trabajo durante un año y le habían vuelto a despedir por falta de trabajo. Según la ley le quedaba un año más de paro del que ahora solo restaban dos meses. Con cuarenta años, soltero y sabiendo que el sueldo del estado no tardaría en acabarse, no tenía elección y tuvo que empezar a probar soluciones locas que jamás habría pensado si no hubiera estado en su situación.

            —Tú apúntate —había dicho Soraya, su hermana—. Es un concurso nuevo tipo "Supervivientes", en una isla, pero con cámaras ocultas y sin ningún tipo de recursos. Por participar pagan mucho y si te eliminan vas invitado a comentar a los programas así que apúntate.

            Nunca pensó que le elegirían pero lo hicieron y ahora estaba en su casa y todo el mundo estaría viendo por la televisión a la presentadora Mercedes Miró, anunciando al próximo concursante, él. En unos segundos le llamarían a la puerta, tendría que coger su mochila y salir con la mejor de sus sonrisas. Era la presentación y se emitía en vivo a todo el mundo. Ciento cincuenta millones de personas le estarían observando desde ese momento.

            El timbre sonó y esperó dos segundos inspirando profundamente antes de abrir la puerta. Cuando lo hizo, tres focos le deslumbraron por completo.

            —¡Luis Ortega! —dijo una voz femenina y desgastada por el tabaco, la reconoció como la de la presentadora—. Se trata de un hombre desesperado, con el paro casi agotado y la hipoteca de mil quinientos euros le obliga a presentarse para luchar por la supervivencia, un hombre capaz de cualquier cosa por ganar en la isla del ojo misterioso.

            Saludó sonriente mientras escuchaba aplausos de fondo.

            —Vamos camina y cierra la puerta, tenemos que estar en el aeropuerto en media hora —ordenó un hombre.

            Aquello le extrañó, había pensado que Mercedes había ido a buscarle personalmente, aunque al ver la calle desierta y una sola persona portando una enorme cámara se dio cuenta de que le veían desde el estudio y que ya no tendría más intimidad en todo el tiempo que durase el programa.

            Le invitó a entrar en un vehículo monovolumen y se sentó atrás observado en todo momento por la inseparable cámara y los insoportables focos.

            El viaje fue largo, le llevaron al aeropuerto de Barajas y luego le hicieron bajar para conducirle a un hangar privado. Era muy embarazoso sentirse observado sin descanso, le picaba todo el cuerpo y no se atrevía a rascarse por miedo a quedar mal ante las cámaras.

            Le condujo a una pista de despegue privada donde se veía desde lejos una multitud de técnicos, cargando cámaras y por fin otros concursantes. Se unió a ellos y les pusieron en fila mirando a un pequeño altillo con un micrófono, donde no había nadie.

            Así tuvo un momento para estudiar a sus compañeros. El más cercano iba de etiqueta, como si hubiera salido de una boda. A tres posiciones había una mujer de sesenta años, cosa que le alivió un poco, no era el más viejo del grupo. Al otro extremo había una rubia maquillada exageradamente y entre ellos había chicos y chicas normales. En total eran doce participantes.

            Entonces comenzó a sonar una música por los altavoces y se encendió una pantalla de unas cincuenta pulgadas a un lado del micrófono. En ella apareció la cara de Mercedes Miró mirándoles a todos, un milagro solo posible gracias a la tecnología por que mirara directamente a la cámara.

            —Buenas noches —dijo sonriente con su voz peculiar—. Bienvenidos al concurso del ojo misterioso. Como estoy segura de que no sabéis dónde os habéis metido, antes de las presentaciones voy a contaros la aventura que os tocará vivir a partir de ahora. Para empezar, en este programa no hay nominaciones, no servirán de nada vuestros pactos porque iréis siendo eliminados según vuestras decisiones. En cuanto lleguéis a la isla tendréis que buscar el modo de escapar y en función de vuestro compañerismo tendréis más o menos posibilidades de conseguir regresar con el premio.

            Luis tuvo que contener un bostezo ya que al final era lo mismo que todos los concursos. Una pelea de gallos para saber quien llamaba más la atención.

            —A diferencia... —la prsentadora hizo una pausa calculada para captar la atención—… De otros programas, tendréis que buscaros la comida y tendréis libertad absoluta para hacer lo que queráis, repito, lo que queráis. Nadie os llamará la atención por nada simplemente lo que resulte inapropiado no se emitirá o se hará con filtro de sonido o imagen. No hay cámaras en la isla. No tendréis a un equipo de técnicos persiguiéndoos, es más cuando lleguéis no sabréis si alguien os está observando. Y cuando os acostumbréis a ellas ni siquiera os acordaréis que os están filmando.

            Hizo una pausa para darles tiempo a asimilar la información. A Luis no le había aclarado lo más mínimo, si no había interacción con el exterior, ni cámaras persiguiéndoles, ¿cómo iban a grabar lo que hicieran?, ¿cómo esperaban que salieran de la isla? ¿Y cómo iban a ser expulsados los que eligiera el público?

            —Ha llegado la hora de las presentaciones, por favor ir pasando en orden por el micrófono —invitó la presentadora.

            La primera en pasar fue la rubia con varios kilos de maquillaje.

            —Hola, soy Laura y soy esteticién —su voz era muy masculina pero exageradamente forzada a parecer femenina.

            —Soy Tomás y estoy en paro —intervino un chico de unos treinta años con cara redonda y entradas pronunciadas por la incipiente calvicie?

            —Me llamo Belén y estudio arquitectura —dijo una chica bajita y de pelo castaño.

            —Yo soy Mark y reparo ordenadores —éste no debía tener más de veinte años.

            —Me llaman Pili y me dedico a la moda, o sea soy dependienta de una tienda de ropa ji, ji, ji —rió como una tonta.

            —Soy Pablo y soy profesor.

            —Mi nombre es Antonio y soy empleado del gobierno, vamos que estoy cobrando el paro y se me agota en un mes.

            —Soy Berta y me dedico a mis labores —dijo la mujer de sesenta años.

            —Mi nombre es David y soy consultor —fue el turno del trajeado.

            Llegó su turno y se colocó ante los micrófonos. Miró a la cámara y dijo:

            —Hola soy Luis y soy informático —dudó—. Bueno realmente estoy en el paro pero eso es lo que soy.

            Se puso colorado como un tomate avergonzado por no haber sido más seguro de si mismo. Ni siquiera escuchó las dos presentaciones que faltaban.

            Todos volvieron a su lugar y de nuevo apareció la presentadora con su característica sonrisa.

            —Ahora ya se han presentado y ha llegado el momento de comenzar a apostar. En este concurso no se vota por el ganador, señoras y señores la gran novedad del "Ojo misterioso" es que aquí se apuesta por el ganador y los que acierten se llevarán este fantástico smartphone.

            Salió un anuncio de un teléfono móvil de gran pantalla y con grandes posibilidades al que Luis no prestó atención. ¿Cómo que no votaban? ¿Qué clase de concurso era ese? Pronto lo averiguaría porque al terminar el anuncio volvió a salir la cara de la presentadora diciendo:

            — El concurso está a punto de comenzar.

            Una música rimbombante comenzó a sonar y vieron en la pantalla que habían empezado a poner anuncios genéricos.

            —Atención, escuchar todos, a partir de ahora no os comunicaréis con el exterior así que entregar vuestros teléfonos móviles y acompañarme —indicó el técnico de sonido.

            Para su sorpresa, no fueron al avión. Se dirigieron a un autocar y los hicieron entrar uno a uno.

            —¿Vamos a la isla en esto? —inquirió Berta.

            —Vamos a leer unas sencillas reglas — habló la presentadora, ya sin dirigirse al público sino a ellos—. Como podéis ver no vais a una isla llena de cámaras con una infraestructura preparada para un programa de televisión, sería imposible tener las cámaras en todas partes. No va a haber ningún técnico a vuestro lado, pero se os va a ver en todo momento gracias a unas lentillas especiales que funcionan usan el agua para alimentarse de electricidad. La tecnología a avanzado tanto que esos implantes ya no son muy complicados, así que cada uno de ellos llevará su propia lentilla y además se os implantará bajo la piel un micrófono hipersensible para que se pueda captar cada cosa que escuchéis. Mediante satélite se recibirá la señal. En cuanto al modo en que seréis expulsados del concurso... Ya lo iréis viendo. En cuanto lleguéis, no esperéis un comité de bienvenida. Una avioneta aterrizará y en el mismo momento que bajéis todos, se retirará y comenzará el concurso. Buena suerte chicos, esta será mi última comunicación con vosotros así que... ¿Alguna pregunta?

            —¿Estamos en el aire? —preguntó una de las chicas, sonriente, Luis no recordaba su nombre, en realidad de ninguno de sus compañeros.

            —No, ya no volveréis a salir en televisión hasta que estéis concursando. Un consejo, alimentaros bien por el camino y no perdáis vuestras mochilas porque allá donde vais me han informado que no hay absolutamente ningún recurso.

            —¿Cómo podemos salir de una isla si nos deja allí un avión? ¿Hay un barco escondido?

            —Me han impedido daros ese tipo de información. No es una isla grande. Nos consta que existe un medio de escapar, aunque tendréis que encontrarlo en colaboración. Ah, una cosita más —agregó la presentadora en la pantallita del autobús—, este no es un concurso como los que habéis visto en la tele, aquí no sirve de nada fingir o hacer teatro, esconderos o qué se yo,... Intentar ganarse el público. Solo cuenta una cosa y es salir de la isla. Si lo lográis, el premio se repartirá a todos los que lo consigan.

            —Habla como si no fuéramos a conseguirlo muchos de nosotros —rió uno de los chicos.

            —Os deseo suerte. Lamento no poder facilitaros más detalles.

            Una vez apagado el monitor, se levantó un hombre con bata blanca muy serio, con una caja negra de plástico en la mano. La abrió y seleccionó algo de dentro, cogiéndolo entre sus dedos como si fuera muy delicado. Se dirigió a todos, desde el pasillo del autobús, que era más amplio de lo normal porque solo había un asiento a cada lado y eran mucho más confortables de lo común.

            —Laura Fernández Rodríguez —recitó.

            —Yo soy —levantó la mano una chica de la primera fila, entusiasmada.

            —Bien, os voy a colocar a cada uno las lentillas especiales. Os explico: son muy delicadas pero están protegidas con un material especial que evita que el ojo sufra daño incluso cuando estéis durmiendo. No os las quitéis nunca de lo contrario no se os dará premio. Es muy importante que lo entendáis. En el momento en que les falte líquido, las lentillas se secarán y son muy delicadas, no vale agua de mar, ni agua de caño, necesitan estar en vuestro ojo para que el microchip que llevan no se apague.  ¿Ha quedado claro?

            Se agachó ante Laura, sin esperar respuesta de todos ellos.

            —Ya está, ahora el micro.

            Extrajo una cosa tan diminuta de la caja que nadie pudo verlo. Lo único que sí se veía era la extraña tijera con la que lo había cogido, era como una tijera—jeringuilla. Le pidió a la chica que descubriera la parte de atrás de la oreja apartándose el pelo y en cuanto lo hizo, sin dudar un momento se lo clavó y lo inyectó sin el menor cuidado.

            —¡Au! —gritó la chica—. Eso ha dolido.

            —Es como una inyección, el dolor es necesario pero solo es un instante. Si alguien se quiere echar atrás, está a tiempo, aún podéis bajaros del autobús pero no quiero dramas. ¿Puedo continuar?

            —Esto parece el ejército —susurró Luis, lamentando no tener a nadie cerca que le pudiera responder.

 

Escribir comentario

Comentarios: 6
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 11 mayo 2012 16:09)

    Comenta aquí tus impresiones sobre la historia.

  • #2

    Lyubasha (viernes, 11 mayo 2012 17:03)

    Hola
    De momento me está gustando la historia, está muy interesante. ¿Qué habrá en la isla...?

  • #3

    Jaime (sábado, 12 mayo 2012 03:21)

    Creo haber visto un filme con una trama similar. Al llegar a la isla, comienzan a asesinarse unos a otros por diversas razones, desde subsistencia (canibalismo) hasta desconfianza entre ellos mismos. Y eso sin contar con las posibles trampas que se hallen a su paso... La forma de escapar puede ser algo tan simple como una balsa de un solo tripulante.

  • #4

    carla (sábado, 12 mayo 2012 04:19)

    :) me gusta

  • #5

    naruto7 (sábado, 12 mayo 2012 05:35)

    me parece muy interesante la historia

  • #6

    Antonio J. Fernández Del Campo (sábado, 12 mayo 2012 09:11)

    Sí, creo que hay una película y una serie que se basan en algo similar. Pero claro, esto será distinto... (Qué voy a decir, que soy el escritor je, je).

Animal es el que abandona a su mascota.

Si es la primera vez que entras a la página, te recomiendo que entres al Indice.

¿Te gusta esta página?

 Ilustración por Wendy Naomi Arias Audiffred

El asesino que escribía cartas de amor

 

Libro primero de la recopilación de relatos más relevantes de la página.

Disponible a la venta. 

 

Haz click para ver detalles.

  

Ilustración por Antonio J. Fernández Del Campo.

 

Próximamente:  Segundo volumen recopilatorio.

 

Fausta

 

Ya disponible en papel

 

CONTACTO: 

 

Si quieres recibir por email los avisos de las novedades más recientes, inscríbete en el enlace siguiente.

 

Si quieres contactar conmigo directamente por email, escríbeme a esta dirección:

 

tonyjfc@yahoo.es

Chat

Contenido protegido por la ley

El disco de 2 Gb más pequeño del mundo
El disco de 2 Gb más pequeño del mundo