El ojo misterioso

13ª parte

 

            Los soldados bajaron los brazos aún desconfiados.

            - Entréguenos las armas y le ayudaremos.

            Luis no se fiaba de ellos pero les entregó los fusiles y éstos los aceptaron como muestra de amistad. Se volvió y se dirigió al edificio pero una voz de alto le detuvo.

            - Quieto, suelte su arma, doctor -amenazó el sargento-. Vosotros traer a su amiga.

            - Maldita sea, sabía que no podía fiarme... -rezongó Luis.

            - Sabemos que usted no es ningún científico. Es uno de los infectados y no tenía ni idea de lo que está pasando aquí, ¿cierto? Hemos estado siguiéndolos y tengo que agradecerle que encontrara este lugar, no teníamos ni idea de dónde encontrarlo.

            Luis dejó caer el fusil y sacó las bombas de sus bolsillos. Se vio tentado de coger una y quitarle el seguro para tirársela, pero eso suponía su muerte y posiblemente la gruta entera se vendría abajo con la explosión.

            De pronto se escucharon disparos. Los dos miraron arriba y vieron que se estaba produciendo una cruenta lucha en el despacho donde debería estar María.

            - Mon Die, mis hombres...

            - ¡Se lo dije antes! -escupió Luis, furioso por no haber subido antes a ayudarla.

            - Mis hombres están entrenados para estas contingencias. Sabíamos que el proyecto entrañaba sus riesgos.

            Como respuesta a su alarde militar, se escucharon más disparos en el interior del edificio y el sargento señaló con el dedo, con aires de superioridad, como si disfrutara de la acción. Mientras la lucha continuaba Luis sintió curisoidad por todo lo que sabía esa gente.

            - ¿Contrataron a los americanos para fabricarles un arma microscópica? -preguntó.

            - En 1997 los Estados Unidos de América construyeron estas instalaciones en una de nuestras islas para investigar de forma conjunta con nuestro gobierno las distintas aplicaciones prácticas que podía aportar la nanotecnología -recitó el sargento Raymond, como si se lo supiera de memoria-. En 2009 los americanos se retiraron del proyecto, como medida de ahorro por la crisis económica, pero los hombres que trabajaban en él amenazaron con liberar un virus letal si no se les seguía subvencionando por su trabajo, por supuesto se confiaron al creer que estaban seguros aquí abajo ya que nadie conocía la entrada, dado que el ingeniero que planificó el proyecto murió sepultado en otra obra subterránea planificada por él. Se llevó el secreto a la tumba. Por supuesto, los americanos no aceptaron el chantaje pero nuestro país estaba muy interesado en los resultados y ofrecieron cinco años más de contrato. Así que se les pagó en la cuenta que pidieron y lo siguiente que supimos, unos tres años después, fue que la isla estaba en cuarentena y que habían cancelado todos los vuelos de entrada y salida. Hemos tratado de ponernos en contacto con el centro de investigación reiteradas veces pero no había respuesta. Por eso nos han enviado, para recuperar toda la información que podamos y para limpiar todo rastro de infección que encontremos a nuestro paso. Por lo que hemos visto ahí arriba, el virus liberado no es tan letal como esperábamos. Pero supongo que con unos años más de investigación se llegará a conseguir.

            Arriba se escucharon más disparos y gritos de hombres. Uno de ellos salió despedido por la ventana y cayó sobre un muro de sal partiéndose la columna. Luis y Raymond se miraron un instante, preguntándose qué clase de animal podía tener tanta fuerza como para lanzar un cuerpo de noventa kilos tan lejos. Era uno de los soldados franceses que, cuando el sargento lo examinó descubrió que había sido mordido varias veces por alguna clase de animal y le habían arrancado un pedazos de carne en el cuello y otras zonas del cuerpo.

            Cuando miraron a la ventana vieron a un hombre que se movía de forma escalofriante y rápida. No necesitaron mucha imaginación para saber que el otro soldado había muerto igualmente, al igual que María.

            - No sé qué mierda han estado investigando aquí -dijo Luis-. Pero yo acabo de llegar a la isla, como quien dice, y no estoy infectado. Debemos colaborar para llegar a la verdad de este asunto y ese hombre de ahí arriba tiene todas las respuestas.

            Raymond era un hombre de rasgos duros y sus ojos se clavaron en él, resignado a aceptarlo como único aliado disponible.

            - Tiene razón, coja el arma y sígame.

            Mientras caminaban hacia el interior del edificio, Luis siguió interrogándolo.

            - Ustedes sabían que esta gente es peligrosa -susurró mientras entraban con cautela, penetrando en el edificio.

            - Lo último que supimos fue que estaban desarrollando una cepa similar al virus de la rabia. Intentaron emularlo, es un virus muy interesante desde el punto de vista militar, ¿sabe? Infecta por mordedura y se mantiene latente, inofensivo, mientras infecta a todas las células del organismo. Digamos que las reprograma, después provoca al infectado la necesidad de morder a todo el mundo y luego, cuando se ha extendido a otros individuos, mata al incubador. Una obra maestra de la nanotecnología programada por Dios, no existe nada tan pequeño y tan inteligente como los virus. Incluso hay algunos que modifican la voluntad de algunos insectos, les hipnotizan por así decirlo -Raymond hablaba como si adorase a los virus-. El proyecto consistía en que el prototipo modificado del virus se incubara en los infectados hasta encontrar un rasgo genético concreto. Y entonces debía activarse el proceso de autodestrucción. Solo entonces, dejando a los infectados intactos.

            - Eso es ridículo -protestó Luis-. ¿Cómo se iba a extender entonces? Es un virus que se contagia por mordedura.

            - Creo que ahí es donde ha fallado, han conseguido que no sea mortal, y que la gente infectada lo extienda… Pero los efectos sobre los infectados son nefastos. Estamos de acuerdo en que hay que mejorarlo.

            - ¿Mejorarlo? -inquirió Luis-. Hay que cancelar esta locura de proyecto. Esa gente de ahí arriba no razona, son putos zombis, no son simples infectados. Ese virus de mierda lo primero que hace es cargarse la parte racional del cerebro. Dígame, ¿sería capaz de soltar esto en su país? Dígamelo sinceramente.

            - No estoy aquí para juzgar las decisiones de mi gobierno. Soy militar y por tanto me limito a cumplir órdenes. No se atreva a desafiarme -le apuntó con su arma y Luis hizo lo mismo con la suya.

            - No le ayudaré si lo que se propone es llevarse la documentación para seguir investigando esta horrible enfermedad -replicó Luis-. Encontraremos esos documentos y los quemaremos, ¿De acuerdo?

            - Me matarán si lo hago.

            - A veces hay que arriesgarse para salvar a muchos, ¿no es el lema del ejército?

            Raymond dejó de mirar a Luis y miró hacia el fondo del pasillo. Un científico caminaba con tranquilidad hacia ellos y ambos se quedaron petrificados al ver su rostro. Estaba cuarteado, como si fuera de piedra oscura.

            - Atrás -urgió el sargento apuntando a la amenaza que se acercaba.

            Luis se puso a su lado y apuntó al extraño ser que caminaba con seguridad en su dirección.

            - ¡Quieto o disparo! -gritó Luis, furioso, seguro de que había matado a su compañera.

            Rápido como una lagartija, el científico saltó sobre ellos a cuatro patas y mordió en el cuello a Raymond, que soltó un grito desgarrado mientras abría fuego y agujereaba las paredes y el techo.

            Luis no esperó y disparó sobre la criatura pero las balas rebotaban como si disparara sobre roca de cuarzo. Su piel parecía hecha de material impenetrable.

            Cuando se dio un buen festín con el sargento, la criatura levantó la cabeza y le miró con sus ojos rojos. Tenía rasgos humanos, pero su mirada carecía de racionalidad.

            - No se acerque -dijo Luis, aterrado.

            Apuntó con su arma a la cara del monstruo y disparó frenéticamente.  Las balas no le hicieron el menor daño a pesar de que siguió disparando hasta que su cargador se quedó vacío. Soltó el fusil e hizo lo único que podía hacer, correr en la dirección contraria.

            No dio ni tres pasos cuando la criatura cayó sobre él y le derribó haciéndole caer de bruces contra la dura roca de la gruta. Su cabeza se golpeó tan fuerte que perdió el conocimiento.

Comentarios: 4
  • #4

    x-zero (domingo, 10 junio 2012 23:32)

    baaa bienn C:

  • #3

    carla (domingo, 10 junio 2012 02:04)

    :D espero subas la continuacion rapido :/ lo dejaste en la mejor parte :s

  • #2

    Jaime (sábado, 09 junio 2012 01:37)

    Las historias de zombis, por lo general, son bastante inverosímiles ya que la infección viral no explica el que los zombis cambien su morfología y tengan poderes sobrehumanos. Alguna explicación de tipo sobrenatural haría más creíble la historia. Sin embargo, el relato tiene un ritmo interesante.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 08 junio 2012 20:21)

    Ya puedes comentar lo que quieras.

Animal es el que abandona a su mascota.

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