El ojo misterioso

14ª parte

            El video se cortó y encendieron las luces. La pantalla sobre la que se había estado proyectando la película se replegó lentamente mientras los militares que habían estado observándola estaban sobrecogidos, algunos con la boca abierta como si no pudieran creer lo que acababan de ver. Algunos de los presentes estaban amarillos y con ganas de vomitar. El único que estaba en pie era un civil vestido de traje negro, camisa blanca y corbata roja y sostenía un mando a distancia en la mano.

            — Esa es toda la grabación señores —aclaró  en francés—. Suponemos que todos ahí abajo murieron de igual modo. Por suerte la entrada tan angosta al complejo científico ha impedido que esa… Cosa, haya podido escapar. Lo que ninguno podrá negar es que nuestro trabajo ha sido completamente inútil por culpa de su precipitada intervención. Les advertí que no enviaran al ejército hasta que fuera el momento oportuno.

            El militar que parecía de más alto rango, un hombre de unos cincuenta años y con la chaqueta llena de medallas, respondió.

            — Se enviaron más de cincuenta soldados y ninguno ha dado señales de vida desde que se introdujo en el laboratorio secreto —explicó—. No puedo creer que ninguno lograra sobrevivir.

            — No contaban con el dispositivo "Mysterious eye" —respondió el hombre de la corbata roja—. No sabemos qué más pudo pasar, pero es fácil de imaginar. A pesar de su gran metedura de pata, nuestros infiltrados encontraron el laboratorio y posiblemente habrían llegado a encontrar los documentos, si es que no se hubieran visto obligados a separarse. Dos personas hacen menos ruido que un batallón, General.

            — Debieron advertir a sus ojos andantes que iban a enfrentarse a una seria amenaza, ni siquiera sabían lo que debían buscar, hemos perdido millones de euros por su incompetencia, por no estar prevenidos. Deberían haber…

            — Le recuerdo, General Bigeard, que nunca estuvo de acuerdo con enviar a mi gente civil en solitario. La junta del servicio secreto juzgó más interesante nuestro plan de enviar civiles con dispositivos implantados en el cuerpo para investigar la isla. Puede que si sus hombres no hubiera intentado acabar con nuestros "ojos y oídos" nunca la hubieran encontrado, no lo niego, pero fueron ellos, recuérdelo, ellos dos, sin recursos, los que nos han revelado la entrada al complejo.

            — Debería haber sido gente entrenada y armada. Deberían haberles contado la verdad desde un principio.

            — Nadie en su sano juicio hubiera ido a esa isla de saber que lo más probable era que iban a morir —cortó el encorbatado individuo—. Se les advirtió que sería una prueba muy dura, que tendrían que luchar, pero... Eran españoles, por favor. No se toman en serio ni la muerte de un padre. Nunca entenderé porqué se nos prohibió exponer gente de nuestro país.

            — Las decisiones políticas no son responsabilidad mía, señor Wilde.

            — Tenemos la información que necesitábamos —añadió el hombre del traje—. Esos científicos estaban investigando por su cuenta algún tipo de alteración genética en ellos mismos, por eso nos chantajearon, por eso estaban tan interesados en continuar su proyecto —explicó—. Está claro que por más cobayas que enviemos con el "Mysterious eye" no vamos a recuperar nada, es demasiado arriesgado. Propongo la destrucción de la planta científica con una cabeza nuclear.

            — ¿Está usted loco? —preguntó el General Bigeard—. ¿Vamos a desperdiciar tantos años de investigación por un loco? Ni hablar. Enviaremos a los mejores hombres de nuestras fuerzas especiales. Se les dotará de todo el armamento que pidan y por favor, que vean este video antes de ir ahí abajo. No quiero más muertes innecesarias por culpa del secretismo de estado.

            — Señor, ya tenemos a la Marina allí —replicó otro de los militares allí presentes.

            — Sí, y han hecho muy bien su trabajo de limpieza. Que aseguren la entrada hasta la llegada de los especialistas. Y por favor, envíenlos inmediatamente.

           

 

 

 

            María abrió los ojos y notó un fuerte dolor de espalda cuando se movió. Había dormido en una cama por primera vez en varios días y por lo visto su cuerpo prefería el suelo en lugar de eso. Suspiró al recordar lo que había pasado en las últimas horas. Luis le había pedido que fuera a la planta de arriba del laboratorio para cubrirle desde allí. Cuando se asomó al despacho descubrió a un hombre sentado en su escritorio, tomando notas en un cuaderno. Se quedó petrificada porque no sabía cómo presentarse. Era el primer ser humano, aparentemente normal que encontraba en esa isla.

            — ¿Hola? —le había dicho.

            Él se dio la vuelta lentamente y pudo ver su rostro oscuro, sus ojos rojos. No parecía sorprendido de verla.

            — ¿Qué le ha pasado en la cara? —se asustó ella.

            — ¿Quién es usted? —pronunció con dificultad el científico.

            — Nos persiguen los soldados, intento esconderme de ellos, han venido dispuestos a matar a todos los de la isla. Creen que somos infectados.

            — ¿Soldados? —se sorprendió el hombre oscuro.

            Entonces escuchó el grito de Luis amenazando a los franceses.

            — Están exterminando a toda la gente de la isla — repitió María.

            — Escóndase en ese armario, yo me ocupo.

            María obedeció y fue hacia el armario empotrado de la pared.

            — Luego me contará cómo encontró la entrada a mi complejo, sí, luego tendremos una conversación usted y yo —dijo, con cierta nota obsesiva en su voz.

            — No fue muy distinto a esto —susurró ella, sonriente, acurrucándose en el armario.

            Cuando estaba dentro escuchó disparos y gritos. Al principio pensó que su científico de piel oscura había sido abatido, pero a los cinco minutos ya no había ruido y trató de salir, pero la había encerrado en el armario. Golpeó con fuerza la puerta de madera pero era maciza y no había quien la rompiera.

            Entonces alguien la abrió y se encontró el mismo rostro petrificado que había visto antes. La única diferencia era que tenía la bata blanca empapada de sangre que no debía ser suya, ya que no parecía ni herido.

            — Los soldados ya no serán un problema. Su amigo,... Ha sido un accidente, solo quería detenerlo. Le juro que no pretendía hacerle daño.

            María salió corriendo y bajó las escaleras de dos en dos. Por el camino vio que uno de los soldados estaba muerto y destrozado, como si le hubieran mordido salvajemente. Abajo, junto a las celdas había otro con el cuello destrozado y un poco más allá estaba Luis, inmóvil en el suelo.

            Le dio la vuelta y vio que tenía el ojo hinchado y amoratado. Aún respiraba, solo había sido un golpe contra el suelo.

            — ¿Qué ha pasado aquí? —preguntó, confusa.

            Entre los dos llevaron a Luis a una habitación, el complejo estaba lleno como si fuera un hospital, y le dejaron allí. Cerraron la puerta y el científico la condujo hasta la cocina del complejo.

            — No puedo permitir que nadie salga del laboratorio —explicó el científico—. Los soldados tienen razón exterminando a los infectados, si ese virus llega a salir de la isla será el fin del mundo. Ha sido mi error, nunca debí permitir que se llevaran a Francesca.

            — ¿Qué está diciendo?

            — En nuestros experimentos, ella... Se contagió con una cepa defectuosa. Mis compañeros se pusieron de acuerdo en sacarla de aquí para que la vieran en el hospital y... No regresaron. Suponía que los habían detenido, pero por lo visto infectaron a todo el mundo en cuestión de horas.

            — Así que la infección sí que proviene de aquí.

            — Por supuesto. Estábamos probando ya el virus N—Rabia sobre murciélagos y vimos que éstos se volvían locos mordiéndose unos a otros. Uno de los especímenes mordió a la doctora y ésta comenzó a desarrollar la enfermedad. Mis colegas pensaron que arriba tendrían vacunas de la rabia y que con ella podrían curarla... Yo les dije que la rabia, una vez extendida por el cuerpo no tiene cura. Ni siquiera la natural. Y al final yo tenía razón. Nada puede detener a una arma nanotecnológica. No están hechas de proteína, soportan cualquier temperatura, son prácticamente indestructibles.

            — Pero ha dicho que ese era un virus anómalo, ¿acaso tienen uno que no lo sea?

            — Hemos descubierto muchas cosas en estos años de investigación, algunas las he estado experimentando conmigo mismo, como podrá comprobar. Los virus son máquinas de escribir dentro del genoma humano, ¿sabe? Pueden entrar en él y reescribir nuestra estructura genética. Pueden decirle a las células de la piel que comiencen a producir cuerno en lugar de células escamosas, el gen SLC24A5 determina muchas características de la piel y existen tantas posibilidades que no se puede ni imaginar... ¿No quiero aburrirla, quiere tomar algo?

            María no supo qué contestar. Estaba hablando con un hombre que había matado a tres hombres y parecía que no tenía el menor conflicto moral. Por eso no quiso provocar ningún tipo de discusión y, aunque las nauseas le cerraban el estómago, pidió un café. Después de todo, esos soldados habían bajado al complejo para matarla. Se sentía agradecida y asustada por igual.

            Mientras se lo sirvió se escucharon más ruidos en el exterior. El científico levantó la cabeza y le dijo que por favor fuera sirviendo el café, que tenía que encargarse de los nuevos visitantes.

            No le contó mucho más ya que el flujo de soldados fue continuo y su "salvador" estuvo entretenido acabando con todos esos soldados que iban entrando. No sintió pena por ellos, aún sabiendo que estaban muriendo como moscas. Estaba segura de que si llegaban hasta ella, la matarían sin preguntar.

            Decidió que estaba cansada y se fue a un cuarto a dormir un rato. Los disparos continuados le dificultaron un sueño que, después de unos minutos terminó venciéndola.

 

 

            Ahora estaba allí, sola y no había ningún ruido. Se levantó de la cama y abrió la puerta.

            — ¿Hola? — preguntó.

            Rápido como un resorte apareció la cabeza de piedra del científico de una de las salas del pasillo, otro dormitorio, y salió caminando hacia ella, como esforzándose por moverse normal. Era un personaje de lo más extraño, caminaba como una persona pero sus movimientos reflejos eran rapidísimos. Pestañeaba como un lagarto, y sus manos se movían de forma nerviosa. Incluso su forma de hablar era perfecta, como si se esforzara por vocalizar mucho más despacio de lo que estaba acostumbrado. Hablaba francés y le entendía a la perfección, síntoma de que vocalizaba especialmente bien ya que ella no tenía tanto dominio del idioma.

            — Disculpe, su amigo... Se puso violento, no quería hacerle daño...

            — ¿Mi amigo? —preguntó, recordando que esa era la habitación donde habían dejado a Luis.

            — Sí, se puso a gritarme... —cerró la puerta tras él, como si no quisiera que ella viera lo que había pasado—. Me golpeó, me llamó monstruo... No pude evitarlo, no controlo mis fuerzas...

            — ¿Qué ha pasado con Luis?

            — Ha muerto... Ya me ocupo yo de limpiarlo todo. No se preocupe.

            María no quiso insistir, tampoco quería verlo si es que tanto le preocupaba que lo viera. No quería enojarlo ya que su amabilidad con ella era lo único que parecía quedarle de humano. Con los demás era una auténtica amenaza. De hecho, no sabía hasta cuándo sería agradable con ella.

            — Está bien y... Parece que ya no vienen soldados —opinó, sonriente, tratando de aparentar que no había pasado nada.

            — No han dejado de venir en toda la noche, he tenido que ocuparme de ellos. Parece que ya se han cansado de fastidiar.

            — ¿Y no le hacen nada las balas? —preguntó, nerviosa.

            — ¿Por qué lo preguntas? —inquirió él—. ¿Te parece que soy un monstruo?

            María sonrió, aterrorizada negando con la cabeza.

            — Me asombra que haya podido con todos... Desarmado.

            — Mis avances son espectaculares —la actitud del científico cambió y volvió a parecer ese pobre solitario con ganas de hablar.

            — Me parece increíble que pueda manipular los genes como si fuera Dios —aduló María—. Sí, creo que su trabajo es admirable.

            — Estoy deseando saber qué ocurre con el gen que te he inoculado esta noche —respondió el científico—. No me des las gracias hasta que veas los resultados.

  ¿Qué? —gritó ella—. ¿Me ha inyectado algo?

            — No te preocupes, no afectará a tu belleza. Pero avísame cuando empieces a notar su efecto.

            — ¿Efecto? —exclamó, aterrada—. No le he pedido que me inyecte nada, déme el antídoto ahora mismo. Quiero ser normal...

            — ¿Acaso no crees que yo lo sea? —preguntó, enojado, el científico.

            — Por supuesto... Que lo es... Por supuesto, usted es extraordinario. Pero yo no quiero serlo, ¿entiende?

            — Es normal que tengas miedo, al principio siempre se tiene pero la ciencia puede darte respuestas, puede hacer muchas cosas por ti.

            María no se tranquilizó en absoluto, el miedo a tener una infección en el cuerpo similar a la de los zombis la dejó sin respiración y un escalofrío de aprensión le recorrió la espina dorsal.

 

 

Comentarios: 8
  • #8

    carla (jueves, 14 junio 2012 06:56)

    O.o

  • #7

    melich (martes, 12 junio 2012 16:43)

    deberia de estar vivo luis ya que la historia se sentraba en el en el principio

  • #6

    Lyubasha (martes, 12 junio 2012 15:53)

    Yo también pensaba que era Luis el que se iba a salvar. Pobre María, espero que eso que le inyectó el científico no haga que le salgan dos cabezas :D
    Por favor, cuelga pronto la continuación, que me muero de ganas de saber qué pasará después.

  • #5

    Carmen (martes, 12 junio 2012 15:26)

    Quiero saber lo que pasará con María.

  • #4

    naruto7 (lunes, 11 junio 2012 22:28)

    por favor continuacion pronto

  • #3

    yenny (lunes, 11 junio 2012 18:07)

    Pensaba que Luis era el que iba a sobrevivir, ahora quiero saber que pasara con Maria.
    Por favor continuacion pronto.

  • #2

    Bellabel (lunes, 11 junio 2012)

    Gracias, que cambio ya hacía perdida a María. A ver cuanto esta lista la continuación. Saludos.

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 11 junio 2012 12:51)

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