El ojo misterioso

17ª parte

                Descendieron por el ascensor sin decir una palabra y fueron directamente a la séptima planta del subsuelo. María tenía la esperanza de que todo se iba a arreglar por sí solo y suponía que Pierre había confiado en ella por haberle confesado tan sucio secreto.

                — Al principio este laboratorio era un hervidero de gente, se hacían pruebas con ratones, chimpancés… Llegamos a pensar que lo que hacíamos iba a cambiar el mundo. En las plantas de más abajo tenían a los especímenes en jaulas, según los traían los proveedores. Más arriba estaban los quirófanos, los aparatos médicos... Esto es todo un hospital de última tecnología. En esta planta, estábamos nosotros, los ingenieros de nanotecnología.

                — ¿Cómo podían entrar y salir tantos? ¿Y las mercancías y especímenes?

                — Teníamos una entrada mucho más amplia. Antes de que los americanos nos dejaran en la estacada había un laboratorio en la superficie con un potente ascensor para ese tipo de cosas. Pero tuvimos que volar todo ese acceso para que no pudieran entrar más que por la entrada secreta.

                — ¿No te da miedo que estemos justo debajo del océano? ¿No hay peligro de que se venga todo abajo? —indagó María.

                — Supongo que es lo que sugiere esta gruta en medio de una isla coralina. Aunque después de todo el tiempo que llevo aquí es como si fuera un templo egipcio. Si no han aparecido grietas ni siquiera cuando volamos el túnel del ascensor será porque la arquitectura natural de la gruta y la artificial que nos rodea, es indestructible. Más que miedo, he sentido mucha tristeza cuando estuve separado de mi mujer y mi hija los primeros años. Después del divorcio, que pedí por razones obvias, me convertí en un acróbata de matar el tiempo trabajando casi sin descanso. He luchado tanto contra mí mismo que he olvidado que soy una persona y como tal, tengo sueños sin realizar... Perdona no me has preguntado eso.

                — No.

                — Estamos en lo que en su día fue un volcán submarino. Hace millones de años que se apagó, pero en su interior se formó esta gruta que tiene una sólida pared de roca protegiéndola del océano. El agua que cae al interior llega de los acantilados, las pequeñas chimeneas que quedaron de cuando esto era un infierno de lava. Creo que estamos más seguros aquí que en cualquier ciudad del mundo. Pero continuemos la visita, ya que tanto te interesa.

                María se puso roja al entender la indirecta. No le había sentado muy bien que se escapara por su cuenta.

                — Aquí están todas las muestras que hemos estado obteniendo para el ministro de interior francés.

                Abrió la puerta pasando su tarjeta llave por el sensor y entraron. Las luces se encendieron automáticamente.

                — En esa vitrina están las primeras muestras, el prototipo del virus exterminador selectivo. Este es el virus con el que infectaron a los murciélagos por accidente se extendió por toda la isla. Ya te he contado eso. Aquí tenemos —señaló la siguiente vitrina, el virus que te he puesto a ti. No lo habría hecho si no estuviera seguro de que funciona, no solo lo hemos probado con ratones, fui el primero en usarlo y debo decir que el éxito era evidente hasta que me puse el virus de esta otra. Con este fortalecí mi piel más allá de estructuras como el acero o el titanio. Tengo la piel tan dura por el hecho de que las escamas de mi piel son casi diamantinas, pero flexibles ya que están articuladas como tu piel o la de cualquier otro humano. Lo único malo es que el proceso es irreversible. También tengo problemas al rascarme, que no consigo satisfacción alguna. Aquí, en esta otra vitrina tengo el segundo prototipo de virus exterminador selectivo, este lo hemos probado en chimpancés y tiene un 99% de probabilidades de éxito. Seleccionando unos rasgos escritos en el ADN los sujetos que tienen dicha cadena mueren, es el virus más rápido que existe, en cuestión de segundos desde la infección, el sujeto muere. El resto de individuos lo contagia al aire durante unos días. Es una auténtica obra de arte nanométrica.

                — Vaya, ¿entonces os pidió esto el gobierno francés?

                — Exacto. A veces los huéspedes pueden sufrir efectos secundarios, como locura paranoica. Se sienten responsables de la muerte de sus vecinos y… Sus mentes no pueden soportarlo. Bueno, reza para que nunca te toque sufrir sus efectos —se explicó Pierre—. Al fin y al cabo  estás dispuesta a dárselo a los soldados de ahí arriba. Te deseo suerte.

                Abrió el armario y cogió dos tubos de ensayo.

                — Toma —le ofreció—. No quiero que estés aquí toda tu vida, no sería justo. Estoy seguro de que estas dos muestras te servirán para que los militares franceses te saquen de la isla y entonces me dejarán en paz. Es lo único que pido a cambio.

                María cogió las muestras con sumo cuidado y las guardó en su bolsillo derecho. No quería contagiarse si por accidente se le rompen al guardarlos.

                — Eso es lo que viniste a buscar, ¿no?

                — No... Eso es lo que me pidieron para salir de la isla. Yo no tengo nada que ver con ellos. Verás, hace una semana me llegó un email de una amiga de la universidad en el que se pedían concursantes para un nuevo programa de televisión llamado "El ojo misterioso". Envié mis datos y me llevé la sorpresa de mi vida cuando me eligieron. El concurso regalaba un millón de euros al ganador, y tengo una hipoteca que no expira hasta el año 2034, ¿entiendes? A duras penas llego a fin de mes con la crisis y eso que vivo con unas amigas y me pagan más de la mitad de la hipoteca. Pero el trabajo que tengo es insoportable y no hay otra cosa...

                — Entiendo, era una oportunidad única.

                — Exacto, me presenté, nos implantaron unas lentillas que podían grabar lo que veíamos y nos pusieron unos implantes auditivos invisibles aquí —señaló detrás de su oreja izquierda—. Nos trajeron a la isla con una única misión, encontrar el modo de salir de ella. Te puedes imaginar el shock que tuvimos al llegar y encontrarnos a cientos de zombis que se nos querían comer. Éramos doce y sobrevivimos cuatro cuando salimos del avión, murieron dos en las siguientes veinticuatro horas... —recordó que David había muerto por salvarla—, y Luis y yo hemos sobrevivido a zombis y franceses.

                — Entonces, Luis no era tu novio —dedujo Pierre.

                — No, ni siquiera me caía bien, pero era la única persona con la que podía contar y tuvimos que convivir. No me entiendas mal, me duele su muerte, pero... No le conocía. Era un extraño para mí. Creo que debería estar más apenada.

                — Lamento lo que le ocurrió. Te juro que no me dio elección —se defendió Pierre—. No se atenía a razones, se volvió loco cuando despertó y me vio allí, ni siquiera me dejó hablar. Me preguntó por lo que te había hecho y quiso escapar, yo solo quise dejarlo inconsciente pero no calculo mis fuerzas, le di demasiado fuerte...

                María le miró con cierta compasión, estaba tan agradecida porque le había dado libertad para irse con lo que los franceses pedían, que no podía juzgarlo. Aunque estaba segura de que cuando le perdiera de vista para siempre, se sentiría realmente a salvo. Estaba engañándose a sí misma para poder engañarle a él, haciéndole creer que le entendía y perdonaba todo lo que había hecho.

                — Gracias, Pierre. Supongo que quieres que te dejen tranquilo y soy tu única forma de conseguirlo. Te prometo que... Los franceses recibirán esto y que haré cuanto esté en mi mano para que te dejen tranquilo. Lamento haber desconfiado de ti.

                Pierre asintió.

                — Estoy seguro de que harás todo lo que puedas. Ahora, si no te importa, volvamos arriba.

               

 

 

                La condujo hasta la plataforma de salida y María miró por última vez al extraño científico. Parecía triste pero conforme con que se marchara. Era su última oportunidad para preguntarle qué hacía el virus que le había inyectado y no se subió a la plataforma por que no sabía cómo preguntárselo.

                — ¿A qué esperas? —inquirió él.

                — Necesito saber qué me has puesto... Pero si te empeñas en no decírmelo... —era el miedo el que la obligaba a dudar.

                — Pregúntatelo dentro de treinta años —respondió, enigmático.

                — Por favor, quiero saber si podré llevar una vida normal.

                — Aún no lo entiendes, no necesitarás más el dinero. Todo lo que desees será tuyo. Solo tendrás que cogerlo.

                María no comprendió lo que quería decir pero sabía que Pierre no le daría más pistas. Se subió a la plataforma tumbándose donde estaba dibujada la figura blanca de la plataforma. Parpadeó repetidas veces mientras trataba de imaginar lo que le había dicho... ¿Sería más fuerte? ¿Podría hacerse invisible? No, seguramente había visto demasiadas películas.

                — Si te aburres de tu existencia, ven conmigo, aún estaré aquí. Te esperaré si es que estás dispuesta a compartir el mundo conmigo.

                La plataforma se activó y poco a poco fue elevándose hasta llegar al tubo de salida. La estrechez y el calor casi la asfixiaron. Se deslizó como pudo por el hueco rectangular y salió agarrándose a los percheros del armario. Al poner los pies de nuevo en el suelo, éste cedió y saltaron unos mecanismos que no podía ver. Luego las puertas del armario se abrieron solas y se encontró a diez soldados apuntándola a la cabeza con fusiles de asalto.

                — No disparen, tengo las...

                — ¡Muestras! — exclamó victorioso uno de ellos. El único que no iba de uniforme. Vestía como un cazador de safaris.

                — Sí...

                — Bienvenida, María, vamos acompáñame, tenemos que llevar eso a un lugar seguro.

                — ¿Es usted el que hablaba conmigo por el intercomunicador? —preguntó.

                — Efectivamente, y tengo que felicitarte en nombre de mi gobierno y en nombre de la Alianza Atlántica. Este virus va salvar muchas vidas. He escuchado toda vuestra conversación.

                — ¿Toda? —estaba preocupada porque supieran lo de su virus de su cuerpo.

                — Sí, pero no te preocupes, solo trascenderá lo que tiene que ver con lo que llevas en el bolsillo.

                La condujeron al exterior de la embajada, escoltándolos un par de soldados y el resto se quedó en la habitación del ascensor "secreto", que ya no lo era tanto.

                — ¿Qué hacen esos otros soldados? —preguntó ella, extrañada de que no se fueran.

                — Van a limpiar la zona, tienen orden de volar la gruta.

                — ¿Qué? —exclamó—. Le ha dado lo que estaban buscando, déjenlo tranquilo.

                — Vamos, ¿no le habrás cogido cariño a ese monstruo? Creí que interpretabas tu papel. Recuerda que ha matado a más de doce mil personas, los diez mil habitantes de la isla, incluidos turistas de todos los países del mundo y sus propios compañeros que trabajaron con él hace tres años. Ha liquidado a más de cuarenta soldados en los últimos días,... Ha matado a tu amigo Luis, por el amor de Dios. Es responsable de la muerte de tus compañeros de concurso.

                «Que cerdo mentiroso, el culpable de que esté aquí eres tú» —pensó, mordiéndose la lengua.

                Continuaron caminando y la condujeron al vehículo blindado que les esperaba.

                — Por favor, no hará daño a nadie más si no le molestan...

                — María, entra en razón —ordenó el hombre vestido de safari—. Ese laboratorio tiene armas biológicas capaces de destruir la raza humana en cuestión de horas. Es imperativo que sigan con el plan, no podemos confiar en que ese loco vaya a estarse quieto después de lo que ha hecho. Tenemos que entregar esto a...

                Se llevó las manos a la garganta y puso los ojos en blanco. En cuestión de segundos los ojos se le tiñeron de rojo y la sangre comenzó a manar por ellos como dos fuentes. 

                — ¿Qué le pasa?

               Agghhhh —fue el último sonido que pronunció.

                Al mismo tiempo que murió el hombre de safari, los soldados que la rodeaban murieron de la misma forma espantosa. María se alarmó y no supo qué hacer durante unos instantes. Sintiéndose horrorizada salió del vehículo y vio que todos los soldados a su alrededor estaban muertos. Sus manos temblaron de ansiedad, hasta los zombis que merodeaban cerca caían como piezas de dominó. Se vio obligada a cerrar los ojos y los puños para que su mente no sufriera un colapso y pudiera mantenerse cuerda. Respiró hondamente y recordó lo que Pierre le había dicho: "Los portadores de los virus no sufren daño pero lo distribuyen al aire y matan a aquellos objetivos que tengan la cadena de ADN correcta".

                — Me ha utilizado... Me ha utilizado para matar a todos estos soldados... Soy su bomba biológica... Soy un peligro para el mundo...

                Le costaba trabajo culparlo ya que también pretendían matarlo a él como una rata en su guarida. Sintió cierta admiración por Pierre pero su único deseo seguía siendo salir de la isla. Apartó al conductor del carro blindado y lo arrancó. Volvería a la costa, al campamento francés y procuraría que no la mataran diciendo que llevaba las muestras que andaban buscando. Aún no terminaba de asimilar que llevaba la muerte en sus venas, en su aliento.

                «… No necesitarás más el dinero. Todo lo que desees será tuyo. Solo tendrás que cogerlo.» — ¿Pretendía que se marchara de la isla y acabara con la vida del planeta con el virus que llevaba dentro? Claro, así todo el mundo sería suyo, pero estaría completamente sola.

                Cuando llegó al campamento se dio cuenta de que no había nada que decir porque todos estaban muertos. El silencio era sobrenatural, agobiante, descorazonador. Ni siquiera cantaban los loros tropicales, los grillos y cigarras que  habían dejado de hacer competencia al mar con sus cantos continuos.

                Sólo las olas producían un sonido relajante y a la vez aterrador. Se bajó del carro y miró a su alrededor, sobrecogida. Ahora estaba segura, tenía dentro de su organismo un arma de poder infernal, algo que no resistía ningún ser vivo excepto ella y que a su vez se contagiaba en cuestión de segundos.

                Su convicción de que ella había sido la causante de todas esas muertes la dejó paralizada sin saber qué hacer.

                — Soy una bomba atómica ambulante —recitó—, no puedo irme de la isla o mataré a toda la humanidad...

                «Si te aburres de tu existencia, ven conmigo, aún estaré aquí. Te esperaré si es que estás dispuesta a compartir el mundo conmigo.» —recordó la despedida de Pierre.

                Se acercó a uno de los soldados franceses muertos y cogió su arma. Se arrodillo y comenzó a llorar amargamente. No lo pensó ni un segundo cuando se colocó el cañón bajo la barbilla y puso el dedo gordo en el gatillo.

                «A veces los huéspedes pueden sufrir efectos secundarios, como locura paranoica. Se sienten responsables de la muerte de sus vecinos y… Sus mentes no pueden soportarlo.» — Pierre sabía lo que ocurriría. María no quería vivir.

                Entonces decidió lo que haría.

                Regresó con el carro blindado a la embajada americana y subió corriendo las escaleras que la llevaban a la entrada secreta. Tal y como sospechaba, los soldados no habían podido enviar todavía la bomba ya que estaban todos muertos alrededor del artefacto. Sus rostros estaban ensangrentados por la sangre que salió de sus mucosas oculares.

                Examinó la bomba con ansiedad y vio que solo había que pulsar un botón para comenzar la cuenta atrás. Era del tamaño de una mochila de golf. Pesaba mucho pero pudo meterla dentro del armario y cerró las puertas.

                — Claro que volveré, hijo de puta —susurró, apretando los dientes.

                Se subió al hueco secreto, empujando la bomba delante y mientras descendía a la gruta pulsó el botón. El indicador de cristal líquido mostró, con luz roja, tres minutos en cuenta atrás.

                Dos minutos fue lo que tardó en llegar abajo y en el minuto restante Pierre fue a recibirla.

                Al verla a ella se sorprendió gratamente y sonrió.

                — Sabía que volverías —dijo.

                — Traigo un regalo para ti —respondió ella, con odio.

                Justo en ese momento abrió la mochila y mostró el temporizador cuando el segundero indicaba el tiempo que quedaba:

                "2"

                "1"

 

 

FIN

 

Comentarios: 14
  • #14

    Tony (jueves, 26 septiembre 2013 00:26)

    Gracias a ti, Teresa.
    Puedes continuar la historia de Tupana en "El último amanecer"

  • #13

    Teresa Cardenas (miércoles, 25 septiembre 2013 23:52)

    Wow, Muchas felicidades, Soy una de tus lectoras, y cada vez que abro esta pagina, me sorprende mas tu sensibilidad, para escribir.. me gustaria algun dia leer algo sobre algun barco fantasma o algo por el estilo, tambien sirenas y hadas las cuales me fascinan por cierto, recibe mi entra y total admiracion y gratitud, Como dicen ustedes.. Hombre jolines que hay tener semejante talento!!! Soy de Tijuana Mexico. Recibe Abrazos Cordiales desde aca...

  • #12

    Jaime (sábado, 30 junio 2012 22:00)

    Como comenté anteriormente, las hisorias de zombis no son de mi especial agrado. Además, no me termina de convencer la explicación de que un virus pueda modificar la información genética del huésped, así como incrementar su fortaleza física y convertirlo en bomba, entre otras cosas. Sin embargo, debo admitir que la historia me cautivó desde el principio y el final me dejó con la boca abierta. Gracias por compartir tus historias una vez más con nosotros.

  • #11

    carla (sábado, 23 junio 2012 07:45)

    O.o woohoooooooooooo!!!! Increible. Excelente historia. Me encanto que por fin hicieras una en la que al final todos mueran, pues muestra que si puedes dar el final que se merece y no arreglarlo para que sea una "linda" historia. :) Excelente. :D

  • #10

    naruto7 (martes, 19 junio 2012 22:07)

    Esta entretenido nunca me espere ese final de que todos se morían y que a ella le hubieran puesto ese virus, yo ya e leído todas las historias y esta es una de las que mas me a gustado desde el primer momento me encanto la historia con su trama y por ultimo la pongo un 10

  • #9

    Tony (martes, 19 junio 2012 13:15)

    Teniendo en cuenta que todos mueren, entiendo que lo que no te gusta es cómo muere.

  • #8

    JuanJo (martes, 19 junio 2012 13:12)

    Una historia genial...aunque he de decir que no me gusta la muerte de Luis.

  • #7

    Bellabel (martes, 19 junio 2012 06:26)

    Esperaba un final feliz, pero si estuvo buena, Saludos

  • #6

    Mr. G (martes, 19 junio 2012 05:13)

    La Historia estuvo buena, con algún momento erótico por decirlo así, yo esperaba mas sobre las investigaciones y los secretos del laboratorio, me sorprendió que maría paso de ser muy cobarde a ser muy valiente pues se atrevió a regresar...

  • #5

    Seifer (martes, 19 junio 2012 04:58)

    Me encanto la historia y el desarrollo pero me pareció muy apresurado el final y la verdad que no me terminó de emocionar como creí pero igual gracias por la historia estuvo bueno.


  • #4

    Gestalt (lunes, 18 junio 2012 19:10)

    Una historia cautivadora con tropiezos y giros inesperados, lo que le da una amplitud y profundidad asombrosa, fiel a la característica del autor de sorprendernos con cada entrega.

  • #3

    Lyubasha (lunes, 18 junio 2012 18:34)

    Yo también le he puesto un 10. Es una historia que engancha desde el primer momento y cuando piensas que ya sabes más o menos cómo va a continuar te soprede con algún giro inesperado.

  • #2

    x-zero (lunes, 18 junio 2012 16:50)

    encerio.... que de todas las historias que has escrito, ESTA ha sido la mejor, supera con creces las otras historias, sobretodo el final, es exelente, es la primera de tus historias a la que le pongo un 10, el final me puso la piel chinita, felicidades! ;D continua escribiendo, parece que vas mejorando

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (lunes, 18 junio 2012 12:44)

    Por favor escribe tus comentarios sobre lo que te ha parecido el conjunto de la historia, tus críticas y trata de hacerlo de forma elegante porque escogeré a los mejor redactados y las críticas más constructivas(no necesariamente los que hablen cosas buenas) para la contraportada del libro, cuando lo publique.

Animal es el que abandona a su mascota.

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