El ojo misterioso

3ª parte

            Luis estaba ansioso por conocer la isla donde pasarían los próximos días aunque tenía cierta inquietud porque no tenía ni idea de lo que les esperaba. El avión sobrevoló una diminuta isla que parecía un anillo y desde la altura vio figuras humanas que seguían con la mirada la trayectoria del aparato.

            —Parece que no estaremos solos —comentó.

            —Qué mal rollo me da esa gente —respondió el que se sentaba a su izquierda—. No me jodas que tenemos todos esos fans. Colega, que ambientación mas guapa nos tienen preparada, las calles son una ruina.

            No decía ninguna tontería, los detalles eran cada vez más visibles a medida que rodeaban el islote, descendían más y podían ver más cerca. Había un lago en el centro con aguas oscuras. El poblado más grande estaba entre enormes palmeras y las carreteras parecían intransitables por vehículos quemados. Los habitantes se veían con más detalle y algunos tenían problemas para moverse como si les faltaran las extremidades inferiores y se arrastraran por el suelo.

            —¡Son zombis! —gritó entusiasmado el mismo chico—. Esta vez se lo han clavado, tronco, cómo mola. Vamos a vivir en una película de terror. ¡Yujuuu!

            —Juan tiene razón, son actores disfrazados... —apoyó una chica de atrás—. Ya podían haber avisado, detesto el gore.

            — ¿Hellow? —regañó Juan—. El "ojo misterioso", algo debiste imaginar con ese nombre, tolai.

            — No se te ocurra insultarme, no pienso bajar ahí, me dan mucho asco —insistió la misma chica, sentada dos posiciones detrás de Luis.

            —Pues sí, la ambientación es espectacular —susurró éste, contemplando cómo la marea humana comenzada a correr tras el avión como si en ello les fuera la vida—. Está claro que han tirado la casa por la ventana, ha tenido que costar millones preparar ese escenario y pagar a tanta gente.

            Perdieron de vista a los zombis cuando llegaron a la pista de aterrizaje. Pasaron de largo y volvieron a ver el mar bajo las alas mientras el avión se colocaban en línea recta con la cabecera de pista.  Cuando al fin tocaron tierra el frenazo les hizo moverse a todos hacia adelante con tal brusquedad que sin el cinturón habrían salido despedidos de sus asientos.

            Las ruedas del jet se sujetaron al asfalto con desesperación. Entre derrapes estridentes consiguieron frenarlo, aunque no lo suficiente ya que sintieron la rugosidad del suelo arenoso por haber superado la longitud de la pista de aterrizaje. Por suerte el camino de tierra que continuaba estaba preparado para esas eventualidades. Cuando el capitán hacía regresar al aparato giró ciento ochenta grados para regresar a la pista. En el giro vieron llegar a la marea de zombis incansables que ya estaban a menos de cien metros de ellos. El avión se alejó a buena velocidad y se detuvo junto al único edificio que había cerca, lo que debía ser una terminal abandonada.

            —Por favor desalojen el avión —ordenó el capitán—. Les sugiero que no pierdan tiempo.

            —Ni de coña salgo ahí fuera —protestó Juan.

            La azafata morena cogió el micrófono con cara de enfado y anunció.

            — Todo aquel que no baje del aparato cuando cerremos las puertas quedará descalificado del concurso. 

            La amenaza no cayó en saco roto, todos se levantaron de inmediato y comenzaron a sacar sus bolsas de viaje, apelotonándose en la estrecha puerta para salir cuanto antes. Luis pudo llegar de los primeros porque no había sacado casi nada durante el vuelo y su bolsa apenas pesaba.

            — ¡Vamos correr, que están llegando! —apremió el que le seguía.

            — Aún no han bajado la escalera —explicó Luis.

            Inexplicablemente la mujer de sesenta años se las arregló para ponerse la primera y bajó los cinco escalones de la puerta con terrible parsimonia. Luis tuvo que aguantar los empujones de los de atrás y las ganas de empujarla para que dejara libre el estrecho paso. La multitud de zombis se acercaba peligrosamente.

            — Daros prisa, que ya están ahí.

            Apenas despejó la puerta la mujer, Luis saltó los cinco escalones de un brinco y con los pies hinchados y por culpa de los nervios trastabilló y su rodilla izquierda se golpeó contra el asfalto. En otras circunstancias se habría quedado quedándose pero esa panda de actores estaba haciendo increíblemente bien su trabajo, estaba tan asustado que se puso a correr con todas sus fuerzas en cuanto recuperó la verticalidad en dirección al edificio que tenían delante. No quería mirar atrás pero se escucharon gritos desgarrados y tuvo que mirar.

            Al volver la cabeza vio a todos sus compañeros correr. Habían cerrado la puerta del avión y éste se puso en movimiento mientras los actores que hacían de zombis alcanzaban a los últimos. La curiosidad por saber cómo les eliminaban le obligó a dejar de correr para  mirar, para saber lo que pasaba con ellos.

            La más rezagada era la mujer de sesenta años a la que cogieron entre tres y la derribaron con poca delicadeza. Seguramente se había hecho daño en la caída y ésta emitió una carcajada histérica. E estaba aterrorizada a pesar de saber que lo único que le harían era descalificarla del concurso...

            Los actores también alcanzaron a Eva, su amiga del avión, que apenas estaba corriendo por un ataque de risa cuando el zombi la cogió con un escalofriante mordisco en su hombro que le provocó un alarido de dolor no fingido. La sangre salió a borbotones y en zombi no se conformó con ese bocado. Luis se quedó paralizado al verlo y pudo ver con terrible claridad que le mordía la cara y le arrancaba media mejilla con deleite, entre terribles aullidos de dolor de Eva que le rasgaron el alma.

            — Esos no son efectos especiales... —susurró.

            En el tiempo que se detuvo le superaron varios concursantes y los zombis se acercaron a él con ferocidad. Pero ahora que sabía que no eran actores el terror se apoderó de él y tuvo un momento de indecisión, no sabía si correr o gritarles para que no fueran tan salvajes. Tardó dos segundos en darse cuenta de que esa gente no se atenía a razones, el tiempo que tardó en ver cómo alcanzaban a todos los que tenía detrás. Su mano soltó su mochila y corrió con todas sus fuerzas con un zombi pegado a sus talones. Sin maletas que cargar era más rápido que sus compañeros de concurso. A todos los que se quedaron atrás de ellos les trataron igual que a Eva, como si fueran un almuerzo largamente esperado. Había visto cómo arrancaban orejas, trozos de brazos, y piernas y sobre todo vio que la marea humana que les seguía ya tenía puestos los ojos en él.

            — ¡Me cago en la puta! —chilló histérico—. ¡¡Correr cabrones, dejar las mochilas, que estos no son actores!!

            Con facilidad, por tener las manos libres adelantó a los cinco que tenía delante y éstos se detuvieron un instante a mirar atrás. Por hacerlo, uno de ellos fue alcanzado y emitió un alarido de terror, los otros siguieron corriendo aterrados hacia la terminal abandonada pero no soltaron sus mochilas.

            Rodearon el edificio y vieron una puerta lejana de cristal, pero no a la altura normal, sino a casi dos metros sobre un muro de hormigón. Las escaleras motorizadas no estaban cerca y no había modo de subir ahí sin que esa horda de caníbales les alcanzara.

            — ¡Esto tiene que ser un error! —gritó la única chica que quedaba.

            En su huída desesperada, todos fueron dejando caer sus mochilas y habían conseguido alejarse de los zombis unos diez metros porque tenían las piernas más ágiles. Pero esos monstruos parecían incansables.

            — Tenemos que subir a esa puerta, no podrán alcanzarnos —sugirió el que más corría—. Vamos ayúdame a subir, está medio abierta pero no llego. Desde arriba os subiré a los demás. ¡¡De prisa!!!

            Luis no lo veía justo, él quería subir primero pero no hubiera podido subir a pulso al resto porque apenas tenía fuerza en los brazos así que le puso las manos para que subiera. Éste se subió sobre sus palmas y luego puso un pie en su hombro y saltó, haciéndole bastante daño en la clavícula. Subió en un santiamén y luego, desde arriba les ofreció la mano.

            —Vamos daros prisa, ¡que están ahí!

            Luis no dudó en cogerle la mano y el chico tiró de él hacia arriba, apoyado en el cristal medio abierto. Le subió como si fuera un saco de patatas y luego ayudó al siguiente.

            Arriba se fijó que el siguiente que subía era Juan, luego la chica de pelo oscuro y luego escuchó los gritos desgarrados del último que no pudo subir. Los cuatro se asomaron al cristal entre jadeos por el cansancio y vieron cómo los zombis devoraban sin piedad al último superviviente de los concursantes. No pudieron apartar la mirada porque no podían creer lo que veían sus ojos. Se lo estaban comiendo vivo, a bocados, mientras el pobre chico gritaba y trataba de quitárselos de encima como si fueran una manada de lobos hambrienta.

            El camino estaba sembrado de grupos de zombis que trataban de hacer lo propio a todos sus compañeros caídos. En cuestión de un minuto la terminal del pequeño aeropuerto estaba rodeada de centenares de zombis que elevaban los brazos hacia ellos como grotescos fans de rock.

            — Que me ahorquen si esto es una puta película de terror... Joder esa panda de cabrones se ha comido a nuestros colegas —rompió el silencio Juan.

            — Tiene que ser un error —repitió la chica, que tenía la mirada perdida y parecía a punto de sufrir un colapso mental.

            — Estoy de acuerdo, es un error, nos han traído a la isla equivocada —apoyó el chico que les ayudó a subir.

            Luis le miró recordando lo que había hecho, seguían vivos gracias a él, si tenían que elegir a un líder del grupo, no creía que nadie pusiera pegas en elegirle a él.

            — ¿Y ahora qué hacemos? —inquirió, mirándole.

            — Yo qué sé, tío, estoy tan asustado como vosotros...

            — Mirar troncos —invitó Juan, señalando con el dedo.

            El avión giró en la cabecera de la pista seguido por un grupo de zombis desesperados y puso los motores a máxima potencia. Entre todo ese jaleo, pretendían huir cuanto antes.

            Cuando Luis vio que el aparato se llevaba por delante a tres zombis se quedó pálido. Allí no había trampa ni cartón, esos no eran actores, cosa que ya sabían, pero el piloto también lo sabía, sino no los trituraría con el motor ni los arrollaría con el tren de aterrizaje.

            — No lo conseguirá —dijo el chico más fuerte.

            Como si adivinara lo que iba a suceder, al pasar sobre un grupo especialmente numeroso de zombis el motor del ala derecha succionó a varios monstruos seguidos y los trituró. El motor quedó tocado y comenzó a echar humo. Al estropearse y estar el otro motor a máxima potencia dio un giro de noventa grados y fue directo hacia ellos. Se estrelló contra ese lado de la terminal, justo bajo sus pies y notaron que todo el edificio temblaba con el impacto. Por suerte no hubo explosión, solo quedó el moro incrustado quedando abierto un boquete en el piso de abajo.

            — ¿Quién vendrá a buscarnos ahora? —preguntó la chica, aterrada.

            — ¿Eso es lo único que te preocupa? —regañó Juan—. Vamos colegas, tenemos que cerrar esa entrada o esto se llenará de zombis en un santiamén.

            — Pero va a explotar —razonó Luis, preocupado.

            — Tiene razón —abogó el chico fuerte—, además podemos salvar a los pilotos y las azafatas.

            Hasta ese momento no se habían dado cuenta de dónde se encontraban realmente. Aunque las luces estaban apagadas estaban en un lujoso pasillo con suelo encerado y tiendas cerradas con puertas de cristal. Eso era un Duty Free, y podían ver especialmente las perfumerías que tenían de todo, desde chocolates hasta pastelitos, tabaco, caramelos, teléfonos móviles, consolas de videojuegos, cámaras fotográficas... Todo estaba ahí como esperando la llegada de sus dueños para que levantaran las rejas y abrieran sus puertas de cristal.

            Había urinarios públicos cada dos o tres tiendas.

            Fueron corriendo hasta las escaleras mecánicas, que lógicamente sin electricidad no funcionaban y desde donde estaban ellos parecía que bajaban a la boca del infierno ya que no se veían luces ahí abajo salvo y tenue brillo rojizo.

            —¿Tenéis alguna linterna? — preguntó el que Luis había decidido que sería el líder.

            — Tengo mi móvil —respondió Juan—. Tuve que dejar atrás la mochila, ahí tenía de todo. ¿Cómo te llamas? Soy nefasto con los nombres.

            — David —respondió el chico alto—. Enciende eso y alumbra ahí abajo —pidió.

            Luis escuchó ruidos procedentes de la planta baja, como si hubiera gente corriendo ahí abajo. Gente corriendo ahí abajo… De repente tuvo la certeza de que iban a morir. Si los zombis habían entrado por el boquete del avión estaban perdidos.

            — ¡Correr! —gritó aterrado.

            Ni siquiera esperó que le hicieran caso. Rodeó las escaleras y buscó un refugio donde quiera que pudiera encerrarse.

            — ¿Qué le pasa a ese? —preguntó Juan.

            — Que ya están aquí corre, corre —gritó David.

            Luis escuchó que le seguían de lejos mientras él decidía dónde podían esconderse. Miró atrás un momento y vio a la chica siguiéndole de cerca con la cara descompuesta por el pánico, detrás venía David que le ganaba terreno y luego Juan, que venía corriendo con un grupo de zombis hambrientos pisándole los talones.

            — Piensa Luis... —se dijo.

            Entonces vio los servicios y se dirigió hacia allá. Abrió la puerta y la dejó abierta esperando a sus compañeros. David empujó a la chica y entraron casi a la vez, Juan venía gritando como un poseso impulsándose con sus largos brazos con tantos aspavientos que parecía correr con ellos. Al menos le había ganado unos metros a sus perseguidores.

            Cuando cruzó la puerta Luis empujó y cerró de un portazo sujetando con sus manos el pomo para que no abrieran. Inmediatamente después se escuchó un golpe como de un cuerpo chocando con tanta fuerza que casi revienta la cerradura. Por fortuna resistió pero sus compañeros se dieron cuenta del peligro y los tres se apoyaron en la robusta puerta.

            — Vamos a morir —lloraba la chica entre temblores.

            — Esos cabrones son el ansia viva —valoró Juan, medio riendo, medio aterrado.

            Los golpes se fueron suavizando y los sustituyeron gemidos inhumanos. Los cuatro suspiraron profundamente al saber que al fin podían sentirse a salvo por unos momentos.

 

 

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Comentarios: 6
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (martes, 15 mayo 2012 23:37)

    Puedes comentar aquí tus impresiones sobre el relato.

  • #2

    Bellabel (miércoles, 16 mayo 2012 16:39)

    Gracias, esta genial!!!

  • #3

    yenny (miércoles, 16 mayo 2012 23:59)

    Desde que lei en la primera parte la palabra "isla" se me vinieron a la mente los zombies, y no me equivoque, se ve que va a estar muy entretenida esta historia aunque quisiera que se pudiera revelar como se origino esa epidemia( porque ya estoy cansada de las explicaciones de ataques nucleares y virus de todas las peliculas, libros, etc)
    Espero con ansias la siguiente parte Tony.

  • #4

    Lyubasha (jueves, 17 mayo 2012 10:37)

    Pues a mí lo de la isla de los zombies me pilló por sorpresa, pensaba que era el típico relato sobre un reality en que abandonan a los concursantes en una isla o un bosque y uno de ellos resulta ser un asesino en serie.
    Me está gustando mucho la historia, cada vez está más entretenida :)

  • #5

    Jaime (viernes, 18 mayo 2012 03:00)

    Por lo general no me agradan en absoluto las historias de zombis pero esta parece tener un ritmo interesante. Espero no tener que dejar de leer la historia a menos de la mitad como la historia que le antecede.

  • #6

    carla (viernes, 18 mayo 2012 04:52)

    Me imagine que seria la isla de los zombies :D supeeer!!!!!! Me dejaste con el corazon en la mano en esta ultima parte, estas son las historias que me encantan y me trajeron aqui, en primer lugar. No puedo esperar la siguiente parte :D

Animal es el que abandona a su mascota.

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