El ojo misterioso

4ª parte

            - Esto no es un puto concurso de la tele -opinó Juan-. Esos tíos no son actores, joder, estamos acabados, es el fin.

            - No, es el principio -corrigió David-. Hemos podido acabar en esta isla llena de caníbales pero tenemos que decidir ahora mismo si queremos vivir o morir -arguyó.

            - Yo no quiero morir -declaró Luis.

            - Esto se ha escapado de nuestro control -opinó la chica-, estamos acabados, atrapados, no podemos decidir más que el modo en que moriremos.

            - Yo no puedo morir -replicó David-. No puedo dejar sola a mi novia, se suponía que con este dinero compraríamos una casa. Tenemos muchos planes juntos...

            - Te recuerdo que estamos en la perola y que si salimos se nos van a comer vivos -replicó Juan-. Yo que tú no me hacía ilusiones de casitas con flores en la puerta.

            - No vamos a quedarnos aquí -replicó, sonriente mirando al techo-. Si no es un concurso ni son actores solo tenemos un modo de sobrevivir a esto y es luchar.

            - Por si no te has dado cuenta -replicó Luis-, no tenemos armas y estamos encerrados.

            - No, no lo estamos -seguía mirando arriba-. Eso es un falso techo. Saldremos por ahí.

            Se subió a los lavabos y levantó uno de los paneles para ver lo que había. Como suponía, infinidad de alambres salían de los vértices en los rectángulos que sostenían las planchas blancas que formaban el techo y había suficiente distancia hasta el hormigón de arriba como para caminar sobre el techo sin agacharse. Claro que los paneles parecían de corcho blanco.

            - Ayudarme a subir.

            - ¿Estás loco? -inquirió Juan-. Eso no aguantará nuestro peso.

            David se agarró a la arista y tiró hacia abajo. La estructura resistió firme.

            - Ayúdame a subir... No recuerdo tu nombre -le dijo.

            - Soy Luis -se presentó-. Iré contigo.

            - Estupendo, yo David.

            - Lo sé, lo dijiste antes.

            Luis se colocó justo bajo el rectángulo que había retirado y le señaló sus hombros para que se subiera.

            Puso su pie derecho y se agarró al entrante impulsándose con fuerza hacia arriba. Le hizo bastante daño en la clavícula derecha otra vez ya que la tenía dolorida de cuando le ayudó a subir a la terminal.

            - ¿Estás bien? -preguntó David al darse cuenta de que se había quejado.

            - Sí claro, tú cómo lo ves.

            - Juan tiene razón, esto no resistirá a más personas.

            - ¿Puedes por ahí? -preguntó la chica.

            - Sí, sí... Creo que puedo llegar a cualquier sitio de la terminal desde aquí. Volveré con armas y os sacaré.

            Sus pisadas se alejaron mientras el techo se tambaleaba ligeramente. David se alejó caminando sobre las guías del techo y sujetándose de los alambres que lo fijaban al hormigón de más arriba.

            - Qué huevos tiene este tío -alabó Juan.

 

 

            El falso techó se bamboleaba ligeramente y tuvo que sortear los alambres que salían de las barras metálicas haciendo lo posible por no pisar los corchos endebles que le rodeaban como una trampa al acecho de cualquier movimiento en falso.

            Cuando llegó a lo que creía que era el exterior de los baños levantó uno de los paneles y miró abajo.

            Los zombis se estaban acumulando en la entrada, debía haber una veintena y aun seguían llegando.

            Bajó el panel despacio para que no se fijaran en él y siguió caminando entre alambres y haciendo de equilibrista. Miró abajo varias veces más y en una de las ocasiones vio el interior de una tienda.

            Se dejó caer agarrándose al borde y estudió todas las cosas que tenía a su alcance. Era toda una tienda de souvenirs, ropa, zapatos, botellas de vino, chocolates,... Pero lo más interesante era las potenciales armas con las que salir de allí.

 

 

            - Ya vuelve -anunció la chica esperanzada-. ¿Habrá encontrado algo?

            - Espero que no venga con las manos vacías -pidió Luis a modo de oración.

            ¡PLOP!

            Una pesada bolsa de cuero cayó ante ellos y luego apareció David colgado del techo para dejarse caer al lado.

            - He vuelto -anunció, sonriente.

            - ¿Qué es eso? -inquirió Juan con desconfianza.

            - Es hora de rocanrrolear -explicó eufórico al abrirla.

            Unos relucientes y compactos palos de golf asomaron al abrir la cremallera. David escogió el que parecía más pesado y lo blandió como si fuera un bate de béisbol.

            - ¿Qué se supone que vamos a hacer con eso? -inquirió la chica, aterrada.

            - Joder que de puta madre tío, vamos a jugar al golf con sus sesos -exclamó Juan entusiasmado mientras escogía otro palo fuerte.

            - ¿No pensaréis abrir la puerta? -inquirió ella.

            - No sé vosotros -explicó David-. Pero ya estoy cansado de huir.

            - Son demasiados -insistió ella-. Ni hablar, no abriréis esa puerta mientras yo esté aquí.

            - No serán más de treinta y tendrán que pasar de uno en uno -razonó David, seguro de sí mismo-. Si sabes contar, nosotros somos cuatro. Podemos destrozarlos antes de que pongan un pie dentro.

            - Si esperas que te diga que sí estás muy equivocado, guapo -replicó ella, con miedo.

            - Abriré la puerta y le zumbaré en la boca a los que entren -explicó Juan con entusiasmo-, si aun se mueven los rematáis, que yo me dedicaré a terminar con los que lleguen. Pan comido, ¿preparaos?

            - Noo -gritó Luis, recogiendo su propio palo-. Si alguien quiere mi opinión, pienso que es la peor idea posible en el mundo. Pero si vosotros creéis que podemos con ellos…

            Cuando todos estaban armados palos de golf Juan soltó un profundo suspiro mientras agarraba el pomo de la puerta. Lo giró despacio y tiró de la puerta hacia adentro.

            - ¡A por ellos! -gritó.

            Se llevaron una sorpresa tanto ellos como los zombis de fuera, que habían empezado a marcharse con lentitud al ver que no tenían nada a lo que hincarle el diente. 

            Juan se quedó petrificado cuando todos, al escuchar la puerta, se dieron la vuelta como un resorte y comenzaron a correr como salvajes hacia ellos.

            - No les dejes entrar -chilló la chica histérica.

            La reacción al pasar el primero fue muy justa. El palo de golf le impactó en el hombro y ni siquiera consiguió hacerle tambalear.

            David estaba más atento y le dio de lleno en la mandíbula derribándolo inerte como un saco de piedras. Luis le golpeó la cabeza, un gesto inútil ya que el zombi ya tenía el cuello roto.

            - ¡No os distraigáis! -gritó la chica pegándose a la pared.

            El siguiente que entró fue interceptado por un envalentonado Juan, que le atizó con tanta saña en el ojo que salpicó la pared del pasillo y le hundió las fosas nasales llevándose por delante cartílago y un trozo de cara.

            - Tooma -se congratuló con chulería-. Os voy a reventar cabrones ¡Vais a morir!

            Blandió el palo como una espada con ambas manos y se colocó frente a la puerta golpeando a uno, dos, tres zombis, según llegaban.

            Los cuerpos caían uno tras otro a sus pies sin llegar a entrar.

            Cuando tenía una trinchera de zombis a sus pies, a éstos les costaba más llegar y con más saña les destrozaba las cabezas.

            - Morir cabrones, ¡os voy a masacrar como putos nacis!

            David se enojó. Se adelantó y cogió a Juan por el hombro y lo atrajo hacia dentro.

            - Es suficiente -le regañó-. Deja de gritar o vendrán todos los zombis de la isla.

            - Es lo que queremos, ¿no?  Acabar con todos estos hijos de puta.

            Mientras hablaban uno de los zombis escaló la montaña de cuerpos y David le dejó tieso con su palo de golf exhibiendo una precisión escalofriante.

            - Me cago en la mar salá -se mofo Juan-. Mira mi palo tronco, esta hecho una ese. Trae otro para acá -ordenó a Luis.

            -Este obedeció mientras David iba despachando a los siguientes, que comenzaban a demostrar cierto grado de inteligencia al empezar a dispersarse en grupo.

            - Se retiran -dijo David-. Estamos a salvo.

            - Gracias a Dios -oró la chica santiguándose.

            - ¡Qué Dios y qué Dios! -replicó Juan-. Hemos sido nosotros con nuestros cipotes de acero.

            - ¿Puedes ser menos grosero? -se quejó ella.

            - ¡Coño tía tienes razón! Claro, es verdad, estamos saliendo en la tele -se burló-. Despierta pringá, esto no es ningún concurso. Nadie está viendo lo que nos está pasando. Hay que decidir quién muere, si nosotros o ell

            Un zombi especialmente ágil saltó hacia él y le mordió el hombro con ferocidad. Juan soltó un alarido tan fuerte que provocó ecos por toda la terminar. Apartó al zombi de un empellón y se tambaleó hacia atrás gimiendo de dolor y soltando el palo de golf.

            David se encargó de matar al zombi, que no tuvo tiempo ni de masticar su preciado bocado.

            - ¿Duele? -preguntó la chica sintiéndose culpable por distraerle.

            - Joder que si duele tronca, que no estoy ni borracho, coño, menudo hijo de puta, me ha arrancado toda la carne joder...

            - Pues levántate que gracias a tu berrido tendremos a la puerta a todos los zombis de la isla en cuestión de segundos -intervino Luis, mirando hacia el pasillo y comprobar que la montaña de cadáveres les impedía cerrar la puerta.

            - Me gustaría que te mordieran a ti, listillo, verías si berreabas o no -replicó Juan.

            La discusión se acabo cuando se escucharon por el pasillo docenas de gritos inhumanos y cada vez más fuertes pisadas.

            - ¿No los habíamos acojonado? -preguntó Juan.

            - Dudo que tengan buena memoria -dedujo David.

            No tardaron ni cinco segundos en aparecer los primeros rabiosos. El primero trastabilló con los cuerpos caídos pero se levantó como un resorte, con la boca abierta y su lengua verde buscando conseguir un pedazo de Juan. El palo de Luis se partió por la mitad cuando golpeó el rostro del zombi, al que no consiguió detener. Era como si el olor a sangre los enloqueciera aún más de lo que ya estaban por si solos.

 

 

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Comentarios: 6
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (viernes, 18 mayo 2012 20:05)

    Este es el momento en que debes pedir la continuación. Suelo darme más prisa en ponerla cuando las pedís varios.

  • #2

    naruto7 (sábado, 19 mayo 2012 04:42)

    pon la continuación que esta muy buena la historia

  • #3

    carla (sábado, 19 mayo 2012 08:58)

    Wohoooo hay accion tambien!! Acabas de empezar esta historia y ya es mi favorita de entre todas :D Sube la proxima parte prontooo por favooooooooooooooooor!!!!!!!!!!!!!

  • #4

    yenny (sábado, 19 mayo 2012 17:55)

    Por favor la continuacion, se quedo en la mejor parte quiero saber que les va a pasar.
    Esta muy buena la historia tiene mucha accion, aunque ya dije que quiero saber de donde salio el virus, tienes que resolver todas las dudas en esta historia.

  • #5

    x-zero (sábado, 19 mayo 2012 22:20)

    perdona por no aparecerme en tanto tiempo, falte aproximadamente un mes, pero es que he tenido tantos deberes.. pero ya estoy de vuelta, desconosco el tiempo que estare aqui pues puede que no mucho, ya que estoy en semana de examenes, asi que, esta muy buena la historia y asi que por favor pon la continuacion (:

  • #6

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 20 mayo 2012 00:33)

    Cuanto me alegro de que hayas vuelto x-zero. Espero que tengas suerte en tus exámenes.
    No os preocupéis que la continuación la pondré en cuanto tenga un rato libre mañana.

Animal es el que abandona a su mascota.

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