El ojo misterioso

5ª parte

            — Quitármelo, por Dios —exclamó Juan, mientras lo sujetaba a duras penas por el cuello.

            Ese zombi era el primero de la nueva oleada a los que David no pudo detener con su arma. Al quedarse desarmado se alejó de su compañero aterrado y no supo qué hacer.

            En cuestión de segundos Juan era devorado por tres, cuatro, cinco zombis que parecían cegados por el olor que despedía la carne fresca y la sangre saliendo a borbotones  encharcando el suelo del baño.

            La chica se quedó paralizada y Luis recogió dos palos más de la bolsa de cuero. David se unió a ellos tan asustado que ya no golpeó a ninguno más. Esas abominables criaturas se morían de hambre y habían tomado a Juan como perros a los que les dan alimento después de una semana sin comer. Los gemidos de su amigo eran cada vez más débiles. Por suerte los demás zombis no podían pasar porque entre los muertos de la puerta y la melé de los que se daban el festín con Juan no quedaba hueco para pasar.

            Luis no pudo evitar imaginar el horrible sufrimiento que debía haber padecido Juan o que seguía padeciendo en silencio. El pánico por que el siguiente fuera él le impedía moverse ni razonar.

            Por suerte para los tres, David no sufrió ese colapso mental. Le llamó desde arriba, ofreciéndole la mano. Había trepado por el lavabo y él solo había subido al falso techo.

            — Vamos subir, os ayudaré —susurró.

            — Tú primero —le dijo a la chica—. Vamos, rápido.

            Ella no podía dejar de mirar a Juan.

            — Vamos —urgió David.

            Luis pestañeó conmocionado y aceptó la mano de su compañero.

            Con un gran esfuerzo se colgó de la barra del techo y con ayuda de David se subió a la guía metálica.

            —Vete hacia allá —ordenó—, despacio esto no aguantará mucho peso a menos que lo repartamos bien.

            Luis se alejó agarrándose a los alambres hasta que llegó donde los anclajes de sujeción eran distintos a los de David. Se volvió y vio que seguía tumbado intentando llamar la atención de la chica.

            — Vamos sube —decía entre susurros—. Reacciona maldita sea.

            — Yo le maté. Le distraje, le regañé y ahora está muerto –se escuchó su voz.

            Luis habría tenido más lástima si no hubiera hablado tan alto. Con ese tono de voz atraería la atención de los zombis que devoraban a Juan. No quiso ni asomarse porque ya la imaginaba devorada. Ya había visto suficiente sufrimiento para tener pesadillas de por vida.

            — Vamos, ya tendrás tiempo de llorar, sube —urgió David.

            — No puedo moverme —escuchó que decía—, tengo mucho miedo...

            — Mierda —protestó David, enojado.

            Entonces ocurrió algo increíble que dejó boquiabierto a Luis. David saltó para ayudarla. ¿Estaba loco?

            — Vamos agárrate arriba yo te empujaré —escuchó desde abajo.

            — No puedo, tengo miedo —seguía diciendo ella.

            La ansiedad por saber qué pasaba le venció y se acercó a la agujero del techo con extremo cuidado y notando que las sujeciones de los anclajes empezaban a soltarse. Entonces se fijó que las manos de la chica se habían aferrado al soporte pero no subía. Ésta pataleaba alocadamente pero no parecía capaz de subir por si sola. Al acercarse más vio la escena completa, horrorizado. Sus frágiles dedos la sostenían a un metro del suelo y abajo vio que David sufría la misma suerte que Juan. Varios zombis estaban atacándole, seguramente la había ayudado a subir y luego le habían sorprendido por la espalda y la chica quedó colgada por las puntas de los dedos.

            — Agárrate fuerte —suplicó Luis mientras llegaba hasta ella.

            Uno de los soportes del techo se soltó y la falta de fijación les hizo tambalearse.

            — ¡No quiero morir! —chillaba ella.

            Luis logró sujetarla antes de que se soltara y mientras la sostenía con la mano izquierda tiró de su blusa hacia arriba hasta que ella misma pudo sujetarse agarrándolo por la chaqueta. Abajo los zombis estaban ocupados con un David que no se había dado por vencido y con su lucha mantuvo alejados a esos salvajes que a base de mordiscos acababan con sus ganas de vivir poco a poco.

            — Sube la pierna, vamos, no te pongas nerviosa —animó Luis, que se forzó a no mirar la terrible escena de David que a pesar de todo permaneció en silencio mientras manoteaba cada vez con menos fuerzas.

            — No puedo —se rindió ella dejando colgar sus pies.

            Luis tuvo que tomar una decisión rápida, o seguían así y la chica terminaba cayendo o bajaba a empujar desde su trasero. La chica no estaba gorda pero no tenía fuerzas en sus brazos. En cambio si le ponía un apoyo podría subir... Pero David estaba pagando por ser tan optimista y tan buena persona.

            De reojo vio cómo uno de los zombis terminaba definitivamente con la vida de su amigo trepando sobre sus compañeros de festín hasta alcanzarle por la espalda, justo en el cuello. David emitió un gemido agónico que anunciaba el fin de su lucha. Un sonido desgarrador que Luis sintió en su propia alma.

            «No pienso volver a casa sin mi premio» —había dicho en algún momento. Sin embargo ahora parecía como si  hubiera profetizado que ya nunca volvería.

            — Vamos sube las malditas piernas, intentaré cogértelas desde aquí —la pobre chica ya casi ni podía sujetarse a la barra.

            — No puedo más —gimió—. Me voy a caer… No quiero morir así…

            — Inténtalo una vez más —ordenó—, te juro que te subiré.

            Eran más palabras de corazón que de coraje, ya que ni él podía tirar de ella ni creía que ella pudiera hacer ese esfuerzo. Sin embargo las manos de la chica apretaron el hierro con más fuerza y trató de elevarse lanzando una patada hacia el vacío. Luis arriesgó su propia estabilidad exponiendo su tronco tratando de alcanzar su pierna. Por un milímetro consiguió coger el pantalón lo justo para engancharla.

            No contaba con que su centro de gravedad cambiaría tanto y comenzó a caer con ella sin poder sujetarse a nada.

            Entonces su pie derecho se topó con uno de los alambres que sostenían la estructura del falso techo y frenó su caída en seco.

            Ni siquiera escuchó el grito de pánico de la chica. Por muy poco no habían caído sobre ese grupo de zombis hambrientos.

            — Por el amor de Dios —chilló ella—. Súbeme, ¡me van a morder!

            Por suerte para ella, ninguno estaba pendiente de ellos dos, tenían tal ofuscación por el musculoso cuerpo de David que no veían nada más. Cualquier zombi podía cogerla desde abajo y tirar de ellos.

            — Eso intento —escupió impotente, pensando que bastante estaba logrando sosteniendo ambos pesos.

            No tenía sentido seguir sosteniéndola, si no la soltaba caería él detrás... Pero si lo hacía jamás podría perdonárselo. No podía ni imaginar que también la devoraran por culpa suya. Por ella había muerto David, pero si no podía subirla, caerían los dos.

            Aquella duda no le dio fuerzas pero sí tiempo de aguante. No podía subirla con un solo brazo pero si lograba que ella pudiera poner el pie en la barra metálica, podría soltarla un par de segundos y después podría alzarla con ambas manos.

            Así lo hizo, con su pierna derecha se impulsó a si mismo hacia atrás. Cuando su pecho estaba más arriba de la barra tiró hacia atrás con todo su cuerpo, que ahora se apoyaba parcialmente en los paneles de corcho y consiguió que la pierna de la chica se apoyara en la barra. Justo en ese momento su rodilla derecha se hundió rompiendo el panel que tenía debajo y haciéndole perder la estabilidad. Por suerte la otra pierna estaba firmemente anclada en las aristas del soporte y no pasó nada.

            — Intenta subir —la animó —. Ya casi está.

            Miró un momento abajo y vio que uno de los zombis se levantaba de los restos de David y se los quedó mirando con sus ojos negros, con la cara llena de sangre y como si ya no tuviera más apetito. Ese horrible rostro sin vida le heló la sangre, su piel estaba cuarteada como si su cuerpo animado no se hubiera enterado que seguía moviéndose y llevara semanas descomponiéndose.

            — Date prisa, no mires abajo.

            Ella no obedeció, al contrario, miró y al hacerlo su pie resbaló un centímetro y por muy poco no se salió de su agarre. Después hizo fuerza con la pierna y consiguió subir un poco.

            De repente se soltó otro alambre y la estructura se meció peligrosamente. Cada cuatro rectángulos estaban anclados al techo de hormigón por cuatro alambres. Dos de ellos estaban sueltos ahora y los otros dos no aguantarían mucho más.

            Luis logró ponerse en pie y, mientras se sujetaba con una mano, con la otra agarró la cadera de la chica por el pantalón y la izó hasta que estaba totalmente arriba. Se quedó sorprendido porque no había sido tan difícil, después de todo.

            — Voy a alejarme —anunció—. Es muy peligroso que estemos los dos en ese soporte, solo quedan dos cables.

            — Gracias —gimió ella mientras descansaba tumbada sobre el hierro y abrazada a él como si fuera su salvador.

            Luis alcanzó otra sección del falso techo y ella comenzó a moverse con inseguridad. Estaba tan nerviosa que le costó mucho levantarse para poder pasar a una sección más segura con soportes intactos.

            Luis no confiaba demasiado que esos dos enganches aguantaran el peso de la chica. Esta sabía el riesgo que corría y no dejó de moverse hasta que sus pies estuvieron en otra sección independiente con cables intactos. Entonces ambos pudieron respirar tranquilos estando a más de tres metros el uno del otro.

            Poco a poco sus corazones fueron reduciendo su ritmo frenético hasta que comenzaron a tranquilizarse.

            Al cabo de unos minutos, Luis pensó en investigar para saber a dónde podían ir pero la chica se quedaría sola y no quería perderla de vista.

            — No puedo, maldita sea, no sale la lentilla —se quejaba ella mientras se tocaba el ojo.

            — ¿Qué haces? —preguntó intrigado.

            — Se me ha pegado...

            Ella seguía tocándose el ojo de forma compulsiva.

            — ¿Es que te molesta?

            — ¿Qué si me molesta? Hay alguien que está grabando lo que estoy viendo y está claro que no piensa pagarnos por ello. Además no quiero ese maldito dinero. No quiero que nadie vea lo que yo y se saque una fortuna mientras me devoran esos monstruos.

            — No creo que los del programa supieran todo esto.

            — ¿Ah no? —inquirió ella enojada—. Lo sabían perfectamente. Lo que no sabían era que lograríamos sobrevivir. Somos dos ratas, ¿entiendes? Las últimas dos ratas de la comilona del mes. Están alimentando a esas bestias con ingenuos como nosotros. ¿No te fijaste? No había público, la presentadora no vino a recibirnos, ni siquiera creo que fuera ella realmente...

            — Vamos —replicó Luis—, cálmate, estás desvariando, te estas poniendo histérica.

            — Que estoy desvariando —se rió ella—. Ni siquiera sé tu nombre, no me conoces de nada y ¿te atreves a juzgarme y llamarme histérica?

            — Te acabo de salvar la vida, creo que...

            — ¿Puedes tomarme como si fuera de tu propiedad?

            — Iba a decir que creo que es normal que estés desvariando.

            — ¡No estoy loca! —insistió ella a grito pelado.

            — Vale, vale, pero no grites.

            — Estoy esperando tu explicación y tu disculpa —añadió ella.

            — Mira yo no sé qué está pasando aquí, pero lo único seguro es que seguimos vivos y tenemos cierta libertad de movimiento aquí arriba.

            — Vaya, te felicito —replicó ella—. Pero eso no ha sonado a disculpa.

            Luis la miró asustado. Ahora sí que empezaba a pensar que estaba loca.

            — Lo siento, ¿de acuerdo? –aunque no sabía exactamente de qué se disculpaba, decidió que no perdía nada pronunciando esas palabras.

            Ella no respondió. Se dejó caer junto a un hierro fuertemente anclado al techo donde tenía espacio para tumbarse en una superficie de hormigón de la que salían todas las aristas del falso techo.

 

 

 

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Comentarios: 6
  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (domingo, 20 mayo 2012 09:19)

    Puedes comentar aquí tus sensaciones sobre el relato.

  • #2

    naruto7 (domingo, 20 mayo 2012 10:27)

    pon la continuacion esta muy buena la historia

  • #3

    Lyubasha (domingo, 20 mayo 2012 14:26)

    De momento el relato me está gustando, pero me dio pena que murieran Juan y David por salvar a alguien que lo único que sabe hacer es quedarse hecha un ovillo, lamentándose sin ayudar a nadie y repetir que no quiere morir.
    De todas formas espero la continuación :)

  • #4

    yenny (domingo, 20 mayo 2012 19:21)

    Muy buena parte aunque me parecio un poco corta, estoy de acuerdo con Lyubasha preferia que David fuera el que continuase vivo era un personaje mas valiente y con determinacion no como la chica, pero tu eres el escritor y sabes porque haces las cosas.
    Cuidate Tony saludos y la continuacion lo mas pronto posible. xoxo

  • #5

    x-zero (lunes, 21 mayo 2012 04:26)

    va perfecto, esperare la siguiente parte ;D

  • #6

    carla (lunes, 21 mayo 2012 06:06)

    Quiero la continuacion!!!!!!!!!!! :D
    Muy buenaaa!! Y emocionante!! :D jajaja... No puedo poner mas de dos palabras juntas para expresar la emocion! :D aaaaaah!!!! Me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!! *-*

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