El ojo misterioso

9ª parte

            Los avances del buque no fueron muy entretenidos para verlo pero ambos no le quitaron ojo de encima en el tiempo que le vieron anclar a unos doscientos metros de la isla. Salieron una docena de lanchas repletas de soldados armados hasta los dientes y luego las lanchas regresaron al barco, sin dejar ni una en tierra. Luego vieron que éstas regresaban con más soldados y supieron que era su modo de desembarcar.

            — Están acampando en la playa —observó Luis—. ¿Crees que deberíamos ir?

            — ¡Pues claro que tenemos que ir! —exclamó excitada—. Saldremos de este infierno. ¡Vamos a volver a casa!

            Una ráfaga de disparos les sorprendió. Los zombis estaban corriendo hacia ellos y los primeros soldados habían montado metralletas pesadas para detenerlos. Los infectados cayeron como moscas ante semejante lluvia de balas. Se sintieron orgullosos de ellos ya que esa gente sabía a lo que se enfrentaba.

            — Vienen muy bien preparados —opinó Luis, comenzando a ilusionarse—. Seguro que han visto lo que nosotros con nuestras lentillas.

            — ¿Por qué llevan entonces la bandera de Francia en sus uniformes? —indicó María, que había cogido unos prismáticos que habían traído de otra tienda la tarde anterior.

            Luis se mordió el labio con fastidio. Ojala hubiera cogido unos para cada él, pero en aquel momento pensó que no le servirían de nada (y si los necesitara, podía volver a ir a buscarlos).

            — ¿Franceses? —Luis borró su sonrisa—. Espera, espera, ¿por qué iban a mandar franceses a rescatarnos?

            — No lo sé, serían los que más cerca estaban. Vamos, tenemos que ir con ellos.

            — Espera, mejor que limpien la isla de zombis. Es muy peligroso salir de aquí.

            — Mierda... —dijo ella sin quitar los ojos del aparato. Algo estaba pasando que Luis no podía ver.

            — ¿Qué pasa? —preguntó.

            — Los zombis no se detienen. Siguen llegando y los que caen se levantan. Son una multitud…

            — ¿Qué?

            Luis intentó verlo por sí mismo. Nadie podía sobrevivir a una ametralladora pesada, ni siquiera los zombis, y los franceses habían montado tres en el perímetro del campamento.

            — Van a llegar al campamento...

            Luis se moría por coger los prismáticos pero se tuvo que conformar con ver la batalla desde lejos. El grupo de soldados había hecho un semicírculo en la playa norte y todos estaban disparando sin pausa al millar de zombis que se les echaba encima. El estruendo de las balas debía estar invocando a todos los zombis de la isla.

            — Están llamando demasiado la atención —opinó Luis.

            — No van a poder con tantos.

            Entonces vieron que una bomba reventó un grupo de veinte. Los soldados empezaron a usar armamento pesado, usando fusiles con lanzagranadas y a medida que todos iban teniendo equipación los zombis empezaron a mermar en número. El estruendo fue ensordecedor y dejaron de parecer una amenaza a pesar de que incluso los caídos conseguían moverse reptando por la arena. En cuestión de quince minutos los franceses despacharon a la mayoría. Así pudieron comprobar una vez más que esos caníbales tenían un curioso sentido de supervivencia y se retiraban desordenadamente al ver la suerte de sus compañeros de fatigas. La playa se había convertido en un campo de batalla con miles de cuerpos desmembrados. Cuando se acabaron los disparos fueron incinerados con equipos de lanzallamas.

            Luis y María fueron testigos de la victoria con alegría y festejaron su próximo rescate con una botella de vino. Brindaron por el retorno a casa y se quedaron mirando a sus héroes esperando que llegaran para ser rescatados de ese infierno.

            — ¿Por qué no viene ninguno al aeropuerto? —preguntó María.

            — Querrán asegurar la zona y saben que estamos a salvo —respondió Luis.

            — Claro, debe ser eso.

            Los franceses quemaron hasta el último resto de zombi que quedaba en la playa y luego se agruparon. Del buque de guerra llegaron otro tipo de vehículos más voluminosos. Cuando llegaron a la playa vieron que bajaban coches armados con metralletas fijas y tanquetas de combate con un cañón móvil.

            — Mira, seguro que esos los han traído para llevarnos a salvo al barco. Por eso esperaban —dedujo María.

            — Bueno, entonces ya está. Se acabó la pesadilla —Luis se sentó y dejó de mirarlos.

            Era cuestión de tiempo, estaban salvados. Cuando iba a escoger qué cosas se llevaría de sus recientes adquisiciones, escucharon rotores de helicóptero acercándose. Había salido uno del buque de guerra y éste sí parecía que iba directamente al aeropuerto.

            — ¡Tienen helicópteros! —chilló ella, histérica de alegría.

            — Vaya, llegarán antes de lo esperado —se alegró Luis.

            — Qué ganas tengo de que lleguen, pienso tumbarles del abrazo que les voy a dar.

            — Deberíamos ir subiendo al falso techo, no me gustaría que tuvieran que reventar un escaparate para salir.

            — Buena idea, vamos.

            Se subieron al mostrador y la silla y regresaron al falso techo. Avanzaron por los hierros entre los alambres mientras escuchaban que los helicópteros aterrizaban al lado. Fueron al baño de las chicas y Luis ayudó a bajar a María. Luego bajó él y abrieron la puerta con precaución por si había algún zombi en el pasillo. Al asomarse no vieron ninguno y corrieron hacia la puerta abierta por la que habían conseguido entrar en la terminal el día que llegaron. Al mirar hacia la pista los soldados estaban ametrallando a todos los zombis que se acercaban.

            — Espera, espera, no podemos ir, nos tomarán por zombis —le dijo Luis a María, que estaba pidiéndole ayuda para bajar.

            — Tenemos que ir, han venido a por nosotros.

            — Míralos, no están preguntando, simplemente disparan. Deja que al menos acaben con la bestia.

            Como dijo Luis la bestia galopó hacia los soldados y éstos trataron de abatirla con balas y bombas. Algunos impactos fueron espectaculares y frenaron al monstruoso animal, pero éste se levantaba y seguía moviéndose, cada vez con menos fuerzas. Era escalofriante ver una criatura tan grande correr hacia los soldados mientras las balas provocaban una lluvia de sangre a su alrededor. Cuando parecía que les alcanzaría, uno de los soldados sacó un bazuka y disparó un misil que dio de lleno al monstruo en la cabeza. Vieron saltar carne y vísceras y finalmente la bestia quedó inmóvil, destrozada en medio de la pista. Aunque Luis se sintió aliviado de verla caer, sintió algo e pena. Seguramente era un espécimen raro, puede que el último de su especie.

            Los zombis fueron saliendo del aeropuerto ansiosos por comer algo, atraídos por el estruendo de las explosiones. No duraron ni un minuto ante el fuego francés. Entonces volvió a reinar el silencio y los soldados avanzaron hacia ellos.

            — ¡Aquí! —gritó María, emocionada y saludando con la mano desde la puerta de embarque.

            Los soldados la vieron y apuntaron hacia ella. Al principio María pensó que era para verla con la mira telescópica, pero cuando recibieron una lluvia de balas se cayó de culo y con la boca abierta por la sorpresa.

            — Hijo de puta —balbuceó.

            Las ráfagas reventaron las cristaleras de la terminal y no cesaron. La lluvia de proyectiles era tan certera que escuchó silbar las balas. Reptaron por el suelo, alejándose de las vidrieras hasta que estaban a bastante distancia de allí, confundidos y aterrados.

            — ¿Por qué nos disparan? —preguntó ella.

            — Tenemos que salir de aquí —apremió Luis—, vamos al baño, hay que refugiarse.

            Al ver que no tenían miramientos cuando disparaban a los zombis se lo estaba temiendo. Aunque los supervivientes hubieran ido a su encuentro, habrían sido tratados de la misma manera. Esa gente no había ido a buscarlos.

            — ¿Es que están sordos? —siguió gimoteando ella—. No somos zombis...

            — Vamos María, sigue gateando al baño. No podemos dejar que nos vean aquí.

            Cuando ya estaban lejos de la pared sur de la terminal pudieron levantarse y correr. Llegaron al baño y María se subió al secador de manos con ayuda de Luis y subió al falso techo. Luego la siguió él y pusieron el panel en su sitio.

            — Mierda... Tenemos que poner los demás paneles o nos descubrirán.

            — Pues el del baño de los chicos lo van a ver —dijo ella, señalando los dos paneles rotos que había en el suelo del otro baño.

            — Espero que tarden en darse cuenta — rogó Luis—. Sino estamos muertos.

            — Tiene que ser un error, cuando estén aquí les diremos que no somos zombis y nos escucharán mejor.

            — Ya, ¿tú crees? Déjame decirte que si vinieran a rescatarnos sabrían dónde estábamos y nunca nos habrían disparado.

            — Si no han venido por eso, ¿por qué han venido?

            — No pienso preguntárselo.

            — ¿Y qué hacemos?—preguntó ella.

            Seguían avanzando hasta la tienda donde tenían todas las cosas mientras hablaban.

            — Venían preparados para liquidar cualquier amenaza —susurró Luis—. No han esperado a comprobar que los zombis eran caníbales, simplemente abrieron fuego. Saben a lo que vienen y parece que tienen instrucciones de terminar cuanto antes. Además, nos han disparado aún sabiendo que podemos hablar... Estoy convencido de que ni siquiera creen que están masacrando zombis. Deben creer que somos... Enemigos o algo así...

            Al llegar a la tienda de licores colocaron el panel que habían levantado para salir después de empujar la silla del escaparate para que no pudieran saber que se estaban escondiendo en el techo. Luego se dirigieron al soporte de cemento que había sobre la oficina de cambio de divisas y esperaron allí, asustados.

            Las ráfagas de balas entraron en la terminal provocando terribles ecos que anunciaban la llegada de los supuestos salvadores. Pronto comenzaron a escuchar sus voces resonando como ecos lejanos.

           Retrouvez rapidement —dijo uno de los que llegaban.

           Ceux-ci doivent être le dernier —añadió otro.

           Dépêchez-vous, pour le dîner, nous avons d'avoir terminé le travail.

           Qu'est-ce que qui s'est passé ici? Ceux qui sont infectés ne sont pas effrayés par nos balles. Ils doivent être avoir beaucoup de vouloir mourir de cette façon —dijo la misma voz de antes.

            Luis no entendía una palabra pero María parecía que sí ya que miraba al infinito cada vez más asustada.

            — ¿Estás entendiéndoles?

            — Dicen que somos infectados, que quieren liquidarnos a todos antes de la noche.

            — Mierda... —Luis se puso blanco—. Esperaba estar equivocado…

            Desde ese momento, ninguno de los dos se movió casi ni para respirar. En el soporte de cemento permanecieron en silencio mientras escuchaban las botas militares correr de un sitio a otro. Hubo momentos que parecía que se habían ido y otros que escucharon disparos y gritos que no entendían.

            — Incluso muerto David nos está salvando —susurró Luis.

            — ¿Por qué lo dices?

            — Solo quedaban unos pocos zombis aquí arriba, los han matado y pensarán que eran ellos los que les miraban desde aquí. No subirán.

            — ¿Tu crees? Pero esto no está bien, necesitamos a esos militares para escapar de la isla. Si se marchan moriremos aquí.

            — No estás pensando en perspectiva. Fíjate, están eliminando a los infectados y los están quemando. Quieren que la isla vuelva a ser habitable y cuando terminen su trabajo vendrán civiles. No tenemos prisa... Podemos sobrevivir hasta entonces escondidos.

            — Para ti es fácil decirlo, que no tienes trabajo, dinero y si vuelves a casa será con una mano delante y otra detrás. Yo tengo que volver o se me acabarán las vacaciones en el trabajo, me despedirán o me darán por muerta, me quitarán mi apartamento, mis compañeras de piso buscarán a otra...

            — Vaya, no sé qué hago escondiéndome, con lo fácil que sería bajar y que me maten... Por que visto mi futuro como lo ves tú, es bastante negro.

            — Necesito que tengas ideas brillantes no estúpidas —regañó ella aun susurrando.

            Luis volvió a soltar un suspiro de olla Express, uno que le permitió aliviar tensiones y evitar contestarla con un grito que sería fatal para ambos.

            — Ahora mismo creo que no se me ocurre nada brillante —murmuró. «Excepto estrangularte, pero creo que tampoco te gustaría» —pensó.

            Los soldados entraron en el baño donde habían pasado a peor vida Juan y David y empezaron a gritar cosas en francés que María pareció entender perfectamente, a juzgar por la expresión de su rostro.

           Tiens, regarde, le toit est ouvert! Il ya des gens -haut.

            — Qué pasa —bisbiseó Luis.

            — Dicen que hay gente arriba en el techo —replicó ella con la voz temblorosa—. Estamos perdidos, vamos a morir...

 

 

 

Comentarios: 6
  • #6

    Brigitte (jueves, 13 septiembre 2012 12:58)

    La historia ha dado un giro no esperado. Se ha puesto más interesante!!!

  • #5

    carla (jueves, 31 mayo 2012 22:58)

    Uuuuiii!!! :D ahora sii!! Lo dejaste en la mejor parte -_- espero puedas subir la siguiente parte pronto :)

  • #4

    Lyubasha (jueves, 31 mayo 2012 18:55)

    Cada vez está más emocionante, a lo mejor los franceses les explican cómo se produjo la infección y de dónde salió el virus. ¡Qué ganas tengo de leer la continuación!

  • #3

    yenny (miércoles, 30 mayo 2012 17:54)

    Esta emocionante esta parte espero la continuacion quiero saber que pasara con Maria y Luis.

  • #2

    Bellabel (miércoles, 30 mayo 2012 16:38)

    Mil gracias, a ver cuando esta lista la continuación porque ya quiero saber que pasa. ;)

  • #1

    Antonio J. Fernández Del Campo (miércoles, 30 mayo 2012 08:38)

    Puedes comentar lo que te parece la historia.

Animal es el que abandona a su mascota.

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